Algunas
consideraciones
en
cuanto
a
los 12
nombres
otorgados
al santuario:
Cimarso,
Cimarço, Margo, Mago,
Amagro,
Magro,
Amarço, Março, Amago,
Jumiaia,
Jumiaga, Almogarén
 |
Corona de Montaña de Las Tabaibas, con muralla de piedras rodeándola. Manolo Rivero
|
PABLO GUEDES GONZÁLEZ
Lo
que nos cuentan las fuentes
Los
textos etnohistóricos nos dan muchísimos datos del Santuario
de Tirajana y de
su montaña sagrada
donde se hacían los ritos, aunque
desgraciadamente, muchos de ellos
sujetos a interpretación. De forma muy resumida, vamos a aportar los
datos que creemos esenciales, que ayudaran a los lectores a hacerse
una idea sobre el tema.
Los
textos que derivan de la desaparecida Crónica Madre de la Conquista
(c. 1520) nos hablan de dos santuarios de los canarios, a los que
hacían peregrinaciones masivas para sus ritos, situados en dos
macizos montañosos, «de dos leguas [11 km] en redondo, que confinan
con el mar», y
que tenían
«límites» (creemos que mojones de piedra, como
se expresa en un pleito de principios del XVI), donde se gozaba de
inmunidad.
A uno de ellos llamaban Tirma (sin contradicción con otras fuentes),
pero al otro,
entre
nombre y juramento le
daban hasta nueve variantes
distintas
según fuera
el texto:
Cimarso,
Cimarço, Margo, Mago,
Amagro,
Magro,
Amarço, Março y
Amago,
que
deben
provenir de
un
original que
sufrió
interpolaciones
y/o corrupciones, y
probablemente también por la
dificultad de la traslación del nombre original al castellano. De
esos nueve, claramente vemos erratas en muchos y nos quedamos con
dos: Amargo
y
Amago.
La
crónica supuestamente más antigua (1491), la de Alonso de Palencia,
corrobora los dos santuarios, además de forma independiente a las
anteriores, pues es escrita en la península, describiéndolos como
«refugios» y llamándolos «Thirma y Tirajana», localizando por
tanto uno de ellos en esta comarca, que
debía ser el mismo al que se refería la Crónica Madre, descartando
por tanto Amagro en Gáldar. Describe la incursión del corsario
Pedro Cabrón terminando en la Batalla de Tirajana, con derrota
castellana. Palencia, nos hace la primera descripción de la montaña
sagrada: relata que se llega a caballo a la cumbre del «monte» (no
de un risco), donde existe un «templo, construido a manera de un
castillo con toda clase de fortificaciones» que los castellanos
destruyen incendiándolo. Nuestra interpretación es que Palencia
recoge los informes de Cabrón, que tiene que justificar su derrota
con los canarios, por lo que exagera las fuerzas de los mismos y
describe un castillo con fortificaciones, por lo que pudiera ser una
simple construcción rodeada por una muralla o cerco de piedras (como
la describe Marín).
A
finales
del XVI,
Abreu
Galindo, nos
habla de Tirma, en
los
términos de Gáldar,
y de un nuevo nombre para el santuario que
ubica en Tirajana,
Umiaya
o
Jumiaia,
describiendo
uno
de los ritos principales para los canarios, las
rogativas de lluvia y hablando también de «mohones»,
«peñascos»
y
«piramides», como parte primordial en sus ritos en distintas islas,
refiriéndose probablemente a mojones de piedras: «Iban
a estas montañas [no riscos: Tirma y Umiaya] […] hacían danzas y
bailes, y cantaban endechas en torno de un peñasco [interpretamos
que un mojón], y de allí iban a la mar, y daban con las varas en el
agua».
Y
a finales del XVII, Marín de Cubas, nos hace la descripción más
detallada del monte sagrado que llama Jumiaga: «era una cassa de
piedra sobre un alto risco [...] hay tres braseros [… donde] hazian
su aguero puestos sobre un paredon a modo de altar de grandes piedras
[…] ha quedado una como capilla, y sacarrones [momias] dentro todo
de una gran cerca de piedras mui grandes, y es el risco el mas
descollado de todos aquellos citios».
Nuestra
interpretación: Se habla de un «risco» destacado y sobresaliente
en el paisaje, donde en su cima hay una casa, con un ara de
sacrificios con tres focos de combustión sobre un paredón, y en la
misma zona una capilla con momias, lo que pudiera ser una cueva (lo
habitual en los canarios), todo ello rodeado por un gran cerco de
piedras. Otro dato importante es que Marín llama «almogarén» al
monte sagrado de Tirajana, corroborado en otras partes de su obra y
también por Escudero, destacando también
el culto a los
ancestros: «hacian grandes romerias a onde havia sepulchros en
riscos sagrados, a su seta [secta], como a Tirma y Almogaren», con
gran similitud con el culto ancestral a los morabitos en Marruecos.
Finalmente
tenemos un pleito de principios del XVI, por los límites del señorío
Episcopal de Agüimes, en el que se citan unos mojones, que muy
probablemente sean los de Amurga, especificándose que la función de
estos mojones, para los antiguos canarios, era la de delimitadores de
una santidad, donde se refugiaban personas y ganados en tiempos de
guerra.
Candidatos
a la montaña sagrada
 |
| Fortaleza de Amurga en el Morro de Los Solapones, el probable Ansite. Tibicena |
|
Con
las descripciones
que nos transmitieron las fuentes
etnohistóricas, hemos buscado esta
montaña, que llamaremos de Umiaga/Amago, dentro de la Tirajana de
aquellos tiempos, que incluía la Caldera, Amurga y la zona de costa
llamada Llanos de Sardina: los llanos a pie de Amurga y la
desembocadura del Bco. de Tirajana. No
tenemos mucho donde buscar en este área y, con los datos de que el
santuario de
11 km lindando con el mar, estaba en un macizo montañoso, se está
señalando indudablemente a Amurga, y conociendo que tenía «límites»
señalizados por mojones, nos está identificando la parte de Amurga
rodeada por estos mojones, especificada en la Carta Arqueológica de
SBT: desde Bco. Hondo a Bco de Fataga.
Aún
así, hemos buscado en las
montañas destacadas en el paisaje de Tirajana, caracterizadas con un
cerco de piedras en su cumbre. Con estas características, tenemos
cuatro candidatos (dos en Amurga):
Mña. de La Santidad, Fortaleza de Santa Lucia, Fortaleza de Amurga
(el probable Ansite) y Montaña de Las Tabaibas. Vamos a descartar a
La Santidad, situada en el Macizo de Pilancones, que aunque
actualmente se considera Tirajana, no lo era así en el pasado. De
las tres restantes, la única que tiene un «gran cerco de piedras»,
como vemos en las fotos, es Las Tabaibas, pues las otras dos solo
tienen pequeños muros en su cima, que ni siquiera la rodean. También
podemos descartar las dos Fortalezas, porque en realidad no son los
hitos más destacados del paisaje, no se
pueden subir a caballo, no tienen las
estructuras destruidas, como Las Tabaibas y por ser
incompatibles con el rito masivo de la rogativa de lluvias: por su
lejanía con el mar y porque en su cima no se puede hacer una
concentración multitudinaria para este rito. A
pies de la de Santa Lucía, hay un poblado, lo que es incompatible
con el derecho de asilo. Igualmente, porque son fortalezas
defensivas, incompatibles con este derecho, pues en los santuarios no
se hace la guerra.
 |
Cima de la Fortaleza de Santa Lucia. Cabildo GC.
|
En
Las Tabaibas, tenemos un gran cerco de piedras de más de 100 m de
diámetro, varias estructuras con indicios o pruebas de haber sido
destruidas, incluyendo lo que podría ser un ara de sacrificios y una
cueva, que pudiera ser la capilla de las momias. Además, vemos
dentro del cerco, dos mojones de piedra destruidos.
Conviene
llamar la atención sobre estos mojones, pues creemos que al ser
símbolos importantes, destacados y muy visibles de su religión
(como podría ser la cruz cristiana), eran más susceptibles de ser
destruidos por los castellanos, por considerarlos efigies del
paganismo, y ser relativamente fáciles de derrumbar. Hemos
encontrado en Amurga, distintos mojones destruidos, tal vez por esta
causa, en sitios que creemos destacados en su cosmogonía, como Mña.
Tabaibas y Risco del Drago (junto al probable Ansite) y también los
más cercanos a Mña. Tabaibas que limitan el santuario: en La
Paredilla y en Cuesta de La Sabina. Los mojones cercanos del gran
yacimiento de El Coronadero, creemos que se salvaron, gracias a su
acceso bastante complicado.
 |
Mojón derruido en Mña. Tabaibas
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En rojo, mojones derrumbados
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Descubrimientos
de expertos en distintas disciplinas
Hasta
ahora, nuestra labor ha sido la de identificar en las fuentes, las
descripciones claves para localizar Umiaga/Amago en el territorio,
siendo el candidato más destacado, Amurga, con Mña. Tabaibas.
Además de ello, como también hemos
resaltado en artículos previos, varios
expertos en distintas disciplinas, han
realizado descubrimientos que consideramos
importantes y que para nosotros son
definitivos en la investigación para
localizar el santuario:
En
los años 90, Julio Cuenca y otros arqueólogos elaboraron la Carta
Arqueológica municipal, en la que localizan (con errores) los
mojones que delimitan una parte de Amurga, que creemos que eran los
«límites» del santuario que nos indicaban las fuentes y es por lo
que propusimos Amurga como el Santuario.
En
1926, el sociólogo Edward Westermarck
publicaba una investigación
en ingles (no traducida todavía al
español) sobre la «religión popular» en
Marruecos, que documenta la misma función aquí y allí para los
mojones: la de señalizar los límites del 'anmuggar' o morábito
donde comienza la inmunidad y la protección sagrada. Así ocurría
hasta principios del XX en el santuario de Moulay Abdallah Amghar, en
Dukkala (Casablanca), rodeado de mojones para esta función, pudiendo
el nombre Amghar, también estar relacionado con 'anmuggar', (lo que
todavía no hemos confirmado), a su vez
relacionado con Amurga, con lo que
tendríamos el mismo topónimo, aquí y
allí, nombrando un espacio con las mismas
características.
En
2001, el filólogo Ahmed Sabir, de la Universidad de Agadir, nativo
en lengua amazigh, vincula el topónimo Amurga con la voz 'anmuggar',
con almogarén y con la esfera religiosa y proponía una
investigación para buscar en este macizo «lugares de culto
aborigen». Posteriormente, también llegan a la misma conclusión
(2018) los filólogos Abraham Loutf (cuya lengua nativa también es
la amazigh) y Maximiano Trapero.

Pero
es que además de la homofonía, Amurga y su más que probable
relación con el santuario de Tirajana y su equivalente en Marruecos,
'almuggar' o 'anmuggar' (plural ilmuggaren), coincidirían también
en el aspecto semántico, pues estas voces designan las
peregrinaciones masivas a las tumbas de los hombres santos, los
morabitos, junto con la ceremonia religiosa que se realizaba y al
lugar donde se encuentra la tumba durante el tiempo de la
peregrinación, todo ello con una tradición ancestral anterior al
Islam. Además, como expresaban los filólogos, estas palabras están
relacionadas con Almogarén, uno de los nombres dados al santuario,
que al igual que en África, aquí, Marín de Cubas la caracterizaba
con el culto a los hombres santos o ancestros: «hacian grandes
romerías a onde havia sepulchros en riscos sagrados, a su seta
[secta], como a Tirma y Almogaren».
Finalmente
en 2019, son el arqueólogo Marcos Moreno y el historiador Jesus
Álvarez, los que descubren la ubicación del topónimo Umiaga en
Amurga, según documentos del Archivo Parroquial de Tunte, lo que por
otro lado, descartaría a la Fortaleza de Santa Lucía y aporta un
fuerte apoyo a nuestra hipótesis. ¿Confirmación definitiva? el
lector puede valorarlo en función de los datos aportados hasta el
momento, pero sobre todo al final.
El
santuario de
Moulay Abdallah Amghar data
del s. XI, fecha en la que fue enterrado el santón venerado allí,
fecha
compatible
con una posible respuesta a todos
estos
paralelismos tan coincidentes en Gran Canaria y en Marruecos. Así,
estas voces y costumbres que se constatan aquí y allí, pueden tener
una mejor explicación y comprensión a partir del nuevo paradigma en
la investigación histórica de Gran Canaria, de la que son
partidarios los arqueólogos Verónica Alberto, Teresa Delgado, Marco
Moreno y Javier Velasco (2023), que es la constatación de dos nuevos
eventos migratorios a la isla (después de la llegada inicial), el
primero en los siglos VII y VIII (600-700 d. C.) y el segundo en el
s. XI (1000 d. C.), que dieron lugar a transformaciones de calado en
el orden social.
Según
estos
investigadores,
la posible llegada de grupos humanos desde el norte de África, en
esas fechas, se refleja en importantes cambios en el registro
arqueológico insular que les hace plantear esta hipótesis. Así, en
el aspecto religiosos, en el s. VII/VIII: el cambio de enterramiento
en cuevas al de grandes necrópolis tumulares; en el cambio de
prácticas sociales vinculados a ceremoniales en centros de
agregación social como la Fortaleza Grande y la Fortaleza de Amurga
(Umiaga para
Moreno);
y en el aumento de la población e incremento de la violencia extrema
con muertes asociadas. En el s. XI: la construcción de casas de
piedra cruciformes, con variantes; el declive de las necrópolis
tumulares para pasar a enterrar en cistas y fosas; y la aparición de
los “ídolos” y las pintaderas, la construcción de graneros
colectivos fortificados (que habían aparecido en el norte de África
el siglo anterior).
Consideraciones
en cuanto a los distintos nombres del Santuario
 |
Muralla que rodea Mña. Tabaibas. Grafcan
|
Como
habíamos indicado anteriormente, el nombre original del santuario no
debía ser habitual a oídos castellanos y podría fácilmente
confundirse, de ahí las múltiples variantes. Lo
que si tenemos claro es
que
el nombre original debía incluir una “g” y que muy probablemente
debía estar relacionado con topónimos del territorio sobre
todo con Amurga (que
los filólogos relacionaron con 'anmuggar')
pero
también con Amargar (centro de Amurga) y con Amoxo (se lee Amojo),
el poblado indígena que se situaba en Las Salinas de Abajo, en
función de las consideraciones que aportamos en los siguientes
apartados.
Ahmed
Sabir nos cuenta, que quienes transmitieron las voces de los antiguos
canarios que nos han llegado, debieron tener errores de escucha que
produjeron distorsiones, pues no tenían un oído fino para una
lengua extraña. Como ejemplos relacionados con las términos que
estamos tratando, y
con las distorsiones de una hipotética “g”,
tenemos las siguientes voces que nos llegaron transmitidas por oídos
castellanos y las que en la actualidad tienen en Marruecos
(Souss-Massa), para el mismo concepto (entre corchetes la
pronunciación):
Canarias
→ Marruecos
Cabra
→ axa [ajá] → aggad [aggád]
Harina
→ ahoren [aorén] → aggurn [aggúrn] → awwern [agüérn] (en
la montaña)
Leche
→ aho [ajó] → aghu [aggó]
Umiaga
o Umiaya
Nosotros
pensamos que debía ser Umiaga, en consonancia con la “g” del
nombre del santuario, y porque, como veremos en el siguiente
apartado, creemos que Umiaga nombraba al mismo territorio que Amurga,
y debían
ser un
mismo topónimo para
los canarios.
Además,
según Westermarck,
determinadas
palabras amazighs que llevan
“g” son pronunciadas
con sonido
muy
próximo a
“y”. Así nos describe que «En
algunas palabras bereberes también se utilizan los siguientes
signos: Gy
(elevada
y),
para representar un sonido que me parecía casi una consonántica “y”
fuertemente pronunciada, pero que mi escriba bereber de Ait Sadden,
que tenía un oído notablemente fino, consideraba más estrechamente
relacionado con una “g”».
Umiaga
/ Amurga
 |
| Área donde se ha localizado Umiaga, obsérvese la imposibilidad de
realizar apañadas, salvo en la parte de los llanos que dan al interior
de Amurga. |
El
topónimo Umiaga se localizó en Amurga, a partir de documentos del
Registro Parroquial de Tunte, en los que aparecía relacionado con
apañadas y con riscos:
«…
del término
del ganado salvaje de umyaya e apañada que de dicho término se
hace...» (1569).
«…
quatro
machos y un cabrito que salieron de la apañada de Umiaya este
presente año...» (1626).
«…
Simón Martín a él qual le mató un Pena (peña) estando en la
apañada de omiaga...» (1649).
«…
del Roquete de Cabello para arriba de aguas vertientes de Riscos de
Umiaya y cumbre para abajo...[tenemos
el topónimo Cho Cabello en el cauce del barranco a 500 m debajo de
El Ingenio]
» (1652).
Nosotros
pensamos que
las citas
a apañadas,
se
deben referir a las famosas
apañadas
de Amurga, las
más importantes de Tirajana, y creemos que únicas en la
comarca
que
estamos tratando,
que
ya tenían
lugar en
1577 culminando
en la
Vega de Amurga, realizándose
las mismas
siempre
a
favor de pendiente y
desarrollándose fundamentalmente en
los llanos en el interior del macizo, y
no en
los grandes precipicios de la
zona donde se localiza el topónimo (cercanas al Almogarén y
Fortaleza de Amurga),
con
riscos en forma de cuchillo, con
grandes precipicios
donde
es prácticamente imposible realizar una apañada.
Por
ello
deducimos, por
su imposibilidad, que no podían existir unas apañadas exclusivas
para estos riscos, por lo que
las apañadas de
Umiaga debían ser las mismas que las de
Amurga,
con lo que ambos nombres debían nombrar lo mismo y probablemente
fueran un
único topónimo en la lengua de los canarios (¿anmuggar?),
interpretado
de dos maneras al
pasar al castellano,
prevaleciendo finalmente
en
la oralidad, Amurga.
Amurga,
creemos que debió ser la forma más cercana al original, pues para
Maximiano
Trapero, es siempre más fiel a la identidad lingüística lo que se
transmite de manera natural por vía oral que por la escritura, pues
esta última implica una doble transformación, lo
que acarrea mayor probabilidad de errores:
cambio del significante de una lengua al significante de otra lengua
sumado
a
transliteración de una secuencia sonora en un segmento ortográfico.
Filológicamante
también se pueden relacionar,
por
las características de las lenguas amazighs. Así,
para Westermarck,
«los
sonidos vocales de las palabras están sujetos a grandes variaciones,
no sólo en diferentes localidades, sino en la misma localidad, e
incluso en la boca de un mismo individuo. La longitud de la vocal, en
particular, es una cuestión muy difícil, tanto porque es muy
variable como porque permite tantos grados diferentes; y en muchos
casos es igualmente difícil distinguir entre la presencia o ausencia
de un sonido vocal antes de una consonante o entre dos consonantes».
¿Por
qué Amagro no podía ser el nombre del Santuario de Tirajana?
La
respuesta puede parecer una obviedad, pero a pesar de todas las
evidencias en su contra, todavía muchos investigadores creen que
Amagro era el nombre del otro santuario principal, junto con Tirma, o
creen en tres santuarios destacados
de los canarios, sin ninguna justificación para ello.
En dos fuentes independientes: Crónica Madre y Alonso de Palencia,
se habla de dos santuarios o refugios principales de los canarios (y
únicamente dos), a los que hacían peregrinaciones masivas. Y
Palencia, fija uno de los dos en Tirajana, después corroborado por
Abreu Galindo, Marín de Cubas y Escudero, llamándolo Umiaga. Se
desprende de los textos que tenían una extensión de unos 11 km a la
redonda con
«límites»,
eran
fronteros
con el mar y se
situaban cada uno
en
un macizo montañoso.
La
montaña que hoy conocemos como Amagro, en Gáldar, que
no se encuentra en un macizo, podía
ser una montaña sagrada para los canarios, pero no una de las dos
principales a la que se refieren las fuentes. Las creencias
religiosas de los canarios afectaban a toda
la
esfera
de su
vida diaria y
la
religiosidad marcaba todos los aspectos de la existencia de esta
sociedad,
como podemos intuir por la multitud de espacios supuestamente
vinculados con lo sagrado, repartidos en toda la isla, con numerosos
almogarenes (espacios con cazoletas), mojones y círculos de piedra,
cuevas cupulares (como Risco Caido), grabados
rupestres
y seguramente otro de tipos de estructuras. El
hecho es confirmado por las fuentes, pues Marín relataba:
«adorabanle
[a Acorán] en muchos sitios sagrados, y benerados assi montes
cuebas, vosques cassas riscos», pero
las mismas reiteran dos santuarios principales
para peregrinaciones masivas.
Tampoco
en
Amagro (al igual que en la conocida hoy como Tirma), no tenemos las
estructuras descritas en las crónicas, para aspirar a ser
candidatas.
Además de ello, en los 11 km a la redonda de inmunidad de
los santuarios principales (en
un macizo y señalizado por mojones),
se
encontraba la gran población de Agaldar, con distintos lugares
especiales, como podían
ser los de ajusticiamiento, los
cuales
eran
incompatibles
con esta función. Los
restos de Montaña
de Amagro consisten en varias torretas y una pequeña estructura
circular de piedras hincadas de 6 m de diametro, que
seguramente
eran
recintos religiosos,
pero resulta
altamente improbable
que en esos espacios se pudieran realizar las concentraciones masivas
que describen las fuentes.
De
los tres textos o
autores que
recogen Amagro, por
este orden: Crónica
Lacunense,
Torriani (1592)
y Sosa (1678),
sabemos
que la
Crónica
Lacunense
es
un manuscrito anónimo que se encontraba en el convento de San
Francisco de La Laguna. Según
los
investigadores Buenaventura Bonnet
y
Elías Serra,
que
la publican en 1933, es
una obra compilada a mitad del s. XVI, a
partir de la Crónica Madre
por un fraile franciscano de Gáldar, probablemente cercano o
descendiente de la familia de los Jáimez, sobre 1554 y reelaborada
dos veces más en 1621 y 1659 por otros
frailes
franciscanos, por lo que permaneció en los conventos de esta orden.
El
nombre que
nos
aparece en el manuscrito es «a [salto
de línea]
magro» y su juramento «assistir
Magro».
Según
Bonnet y Serra, se
pone en evidencia que el manuscrito
es
una copia y no el original del autor de la obra,
y
ello
se conoce
por los múltiples errores de
transcripción imposibles en el último caso,
por ejemplo: «manos» por «naos», «esse odio» por «eso dió» y
«alférez» por «altezas», sumándose
otros muchos errores de copia, por
lo que tenemos
la probabilidad
de
cambio del nombre original por Amagro. Como
el
manuscrito que se conserva está datado alrededor de 1621,
el error se pudo producir por cualquiera
de los copistas, y
apuntamos la posibilidad de que
el
mismo, en su caso, lo cometiera el
primer fraile de Gáldar, conocedor de Amagro
por
situarse junto a esta población, y
que cambiara el nombre por
mala lectura o al
interpretar que era un error en el original.
Después
fue
copiado por Torriani y por
Fray
José de Sosa, también fraile franciscano, que
copió
partes de este texto en su obra (1678).
Para
Álvarez
Delgado (1970),
que
no conocía la obra de Palencia (descubierta
y publicada también
en
1970),
seguido
después por otros investigadores,
Umiaga
sustituyendo
a Amagro,
es
una
interpolación en
el texto de Abreu Galindo, contrario
a las fuentes anteriores,
queriéndose
imponer
un santuario para cada guanartemato
(Telde y Gáldar), por
lo que no creía en la existencia de Umiaga. De
esta manera Amagro
se consolidó
en la investigación (Morales
Padrón, Martín de Guzman, Onrubia, Moreno,
…)
por
tradición, como muchas cosas en la historiografía canaria
(podríamos
decir que por tradición “galdarista”) y
se ha establecido con
el tiempo, sin
cuestionarse su veracidad.
 |
Estructura circular de piedras destruida en Mña. Tabaibas, en hipótesis ara de sacrificios para el humo de los "agüeros". Francisco Peinado.
|
De
esta manera, y paradójicamente para nuestra hipótesis,
el
historiador y arqueólogo galdense, Celso
Martín de Guzmán
(1978),
conociendo
la obra de Palencia, creía
que Umiaga era
una interpolación en Escudero
y un invento de Abreu. Defendía
Amagro, negando la existencia de
un
santuario en Tirajana, argumentando
que Escudero
contaba
que «eran
riscos que caían a la mar», por
lo que su ubicación en La Caldera quedaba
descartada,
pues
pensaba que Tirajana se circunscribía
solo a la Caldera
y no a la costa, como muchos otros investigadores, aún
en la actualidad.
También
sin
conocer la
crónica
de Palencia,
dos investigadores pensaban
lo contrario,
así
el
austriaco
D. J.
Wölfel
(1940)
consideraba
que Amagro y Umiaya son el mismo santuario, buscando
una asimilación
lingüística
entre los dos términos y el
profesor rumano
Alexandro
Cioranescu (1959),
editor de la obra de Torriani, defendía que
Amagro fue
un error de lectura en lugar de Umiaga
en
el
texto
del
ingeniero cremonés.
En
todo caso pensamos que con el reciente descubrimiento de la ubicación
de Umiaga en Amurga, junto
con todas las pruebas citadas, se
debiera descartar la Montaña de Amagro,
como
ubicación del otro monte, junto con Tirma.
Amagro,
es solo uno de los nueve
nombres que aparecen en los
textos que
derivaron
de la desaparecida
Crónica Madre:
Cimarso,
Cimarço, Margo, Mago,
Magro,
Amarço, Março y
Amago,
que
deben
provenir de
un
original que
sufrió
interpolaciones
y/o corrupciones, que
se reflejan en
su
parecido siendo
uno de ellos o uno muy parecido, el que
nos citaba dicha
crónica.
A
primera vista vemos
que,
comparando
las
distintas denominaciones,
intuimos
dos errores de los copistas: cambiar una A
original
por Ci
y
una g
por s
o por ç,
por
lo que nos quedarían, si descartamos Amagro
y su juramento: Amargo
-
Atis
Margo (Ovetense,
López de Ulloa) y Amago
- Atis Mago
(Matritense,
Escudero). Por lo que nuestra hipótesis concluye
en que
el nombre original debía ser Amargo,
Amago
u otro muy parecido. Un
dato importante es el de que se
considera a la
crónica Matritense
(Amago)
la
más primitiva,
mientras
que a
la
Ovetense (Amargo)
la más fiel a la Crónica
Madre.
La
razón definitiva por la que creemos que no puede ser Amagro, es por
lo que nos relataba Marín
de
Cubas acerca
de
que
los canarios «juraban por Magec que es el sol» (Atis
Mago)
y
que «el alma tenian por inmortal hija de Magec» y que «a los
fantasmas llamaban magios, hijos de Magec», por
lo que el juramento debía ser Atis
Mago, y
el nombre original Amago.
Aún
así, creemos que Amargo puede
ser corrupción por Amurga
y que el santuario tenía dos nombres: Amago por un lado y Amurga o
'anmuggar'
relacionados
con Almogarén, para lo cual tenemos una probable explicación que
daremos a conocer en nuestro próximo libro.
Amoxo
/ Amajo
/ Amago
 |
Restos de Salinas de Abajo o de Amoxo
|
Por
último, creemos que podemos relacionar Amago con un topónimo del
territorio, Amoxo, el nombre que recibía el poblado
canario situado, donde
después
se
asentaron las Salinas de Abajo (1537),
al
pie de Montaña de Las Tabaibas, por lo que podía ser el nombre de
esta montaña. Amoxo
se pronuncia
Amosho (con h aspirada), y
muy
probablemente era Amajo, que lingüísticamente, podemos relacionar
con Amago.
Ya
habíamos expresado los errores de escucha y de transcripción de los
castellanos sobre las voces canarias como nos habían expresado Sabir
y Trapero y concretamente con la hipotética voz que podía ser “g”
o “j” o “gg”. Así, tenemos un ejemplo muy parecido al de
Amoxo: axa [ajá], la cabra canaria, que en Marruecos es [aggád].
Francisco
García-Talavera nos
dice que
«la palabra "ajó" o "agó", sabemos que viene
de "aho" (con hache aspirada), que es -según los
cronistas, historiadores y lingüistas- como llamaban los guanches a
la leche en casi todas las islas y que coincide, con ligeras
variantes, con la denominación de tan básico alimento en diferentes
dialectos bereberes: "agu" en tashelhit, "agi" en
rifeño y "akh" en tuareg».
De
la misma manera y en relación con Amajo/Amago,
el filólogo Alvar
López (1968)
nos aporta la
hipótesis de que las voces maho/majo/mago,
tuvieron mismo origen. Nos dice que «maho y
mago fonéticamente
son meras variantes, puesto que las equivalencias h=g o
g=h están
suficientemente probadas en lenguas muy distintas».
También
Westermarck,
nos
hablaba de las grandes variaciones de los sonidos vocales en los
dialectos bereberes, y que en
muchos casos es difícil distinguir entre la presencia o ausencia de
un sonido vocal antes de una consonante o entre dos consonantes, por
lo que Amargo o Amurga son fácilmente confundibles y creemos que
este es el caso de Amajo y Amojo. El que la voz que nos haya llegado
por etimología popular sea Abajo, nos puede dar una pista de la voz
original.
Y,
según Marín de Cubas, los
canarios «juraban por Magec que es el sol» (Atis
Mago) y
que «el alma tenían por inmortal hija de Magec» y que «a los
fantasmas llamaban magios, hijos de Magec».
Las
palabras mago,
majo,
maxio
(Escudero),
y magio
y
majo
(Marín),
designaban
para los canarios
los
«encantados»
o almas de los difuntos, espíritus o fantasmas de los antepasados.
Para
Marín,
los
magios
que llama también «ocultos»
o
«encantados»,
son
identificados
con los «manes»
de
la mitología romana,
término
que se relaciona
a su vez con
los genios de la
creencia amazigh,
unos benignos
y
otros malignos.

En
referencia a los juramentos, Heródoto
de Halicarnaso, en el siglo V antes de Cristo, nos
habla de
que los nasamones,
un
pueblo bereber del norte de África, «en
su modo de jurar y adivinar, juran por aquellos hombres que pasan
entre ellos por los más justos y mejores de todos, y en el acto
mismo de jurar tocan sus sepulcros»,
por
lo que entendemos que con Atis
Mago
también juraban por las almas de sus antepasados.
Siguiendo
la analogía de otros topónimos canarios (Agáldar,
Agando),
Amajo podría tener
un significado relacionado con el
lugar de los majos, de las almas, espíritus o fantasmas de los
antepasados, o de los genios. Como
probable justificación
de
ello,
tenemos
el
relato de Marín citando a los majos
apareciendo
en
el sureste de Gran Canaria, refiriéndose de forma muy probable a la
zona
que estamos analizando.
El
insigne
médico
e
historiador teldense,
describe
a los majos como unos nublados, apareciendo en la orilla del mar
durante las mañanas, tomando lo que creemos que se refiere a nubes,
distintas formas en función de los caprichos del viento alisio.
Según las formas que tomaban los nublados en las fechas del
solsticio de verano, «torres,
navíos, ..., ejércitos de a pie», pronosticaban
la abundancia o esterilidad del año. También nos habla de la
aparición de una isla, debido a estos «encantamientos», que
creemos se debe referir a Fuerteventura, visible aquí en contadas
ocasiones al año, con un alineamiento
señalando su ubicación en las torretas de
el yacimiento de El Coronadero, situado en las cercanías de las
salinas y junto a Mña. Tabaibas.
Exactamente
en el área de las salinas y junto a Mña. Tabaibas, tenemos la zona
de mayor afectación del viento alisio de la isla, con una dirección
NNE y a menudo, con intensidades que pueden llegar a calificarse de
temporal, de 60/70
km/h, manteniéndose
constante
durante todo el verano a
40/50
km/h.
En el mismo área, a unos cientos de metros más al sur tenemos las
calmas de la isla «a
sotavento de los montes», lo
que representa un fenómeno meteorológico llamativo que debía
causar fuerte impresión a los canarios, con
unas creencias en las que se le daba gran importancia a los fenómenos
de la naturaleza. A estos fenómenos, Mircea
Eliade las
llama
hierofanías
atmosféricas, producidas
al ser
el
lugar morada
de los dioses.
 |
Nublados o "Pies de Embate", junto a Mña. Tabaibas
|
En
la zona de confluencia de vientos y calmas se producen unos
fuertes remolinos, que a menudo ocasionan espectaculares tornados en
tierra y en el mar, y que representan la lucha entre el viento y las
calmas (llamadas embate) por establecerse en el lugar. Al mismo
tiempo, se forman unas nubes que aparecen y desaparecen tomando
caprichosas formas, que deben ser los nublados de Marín. Incluso, a
estas nubes o celajes, los lugareños le han dado un nombre: los
“pies de embate”, que podemos ver en la foto adjunta.
Continúa
Marín relatando, que cuando aparecen «los “Majos” o
“Encantados”,
que son ciertas nubes a la parte de el Sur,
por los días maiores de el año, que es a fines de Junio, tenían
por prognóstico serles el año feliz de fructos». Y por tanto, para
los antiguos canarios, la llegada
de los majos
era un signo de buen augurio, pues eran los espíritus de sus
antepasados, de sus ancestros, que según
Tejera Gaspar y Jiménez González, al
estar más cercanos a sus familiares, eran los mejores intermediarios
para la comunicación con el dios supremo. Así
Escudero nos refiere: «
i
dicen
que llamaban
a los Majos
[magos
en la versión A’, donde
vemos de nuevo la dificultad del sonido o
traslación
de esa voz]
que eran los spíritus de sus antepasados que andaban
por los mares y uenían
allí a darles auiso
cuando los llamaban».
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