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viernes, 3 de junio de 2016

LOS ‘PIRATAS’ DRAKE Y VAN DER DOES EN EL SUR DE GRAN CANARIA . 2ª PARTE: LA ARMADA DE VAN DER DOES

El galeón insignia de Van der Does, "De Holladsche "Tuyn" (Cuadro de HC Vroom, Rijksmuseum, Amsterdam)
PABLO GUEDES GONZÁLEZ

A fines del XVI, los Países Bajos se encuentran en plena rebelión contra la dominación española, fundamentalmente por razones de índole religiosa, aunque los desencadenantes de la expedición objeto del presente artículo, son también de índole económica por las trabas impuestas al comercio holandés. La poderosa flota de Holanda y Zelanda, las provincias independientes del norte se habían unido a Isabel de Inglaterra para luchar contra España.

Pieter Van der Does, marino, general de artillería y corsario holandés, que había luchado contra la “Armada Invencible” en 1588 es designado en mayo de 1599 por los Estados Generales de los Países Bajos, también conocidos como las Provincias Unidas de Holanda y Zelanda, como almirante de una flota de 74 buques de guerra “de alto bordo” y nueve compañías de 200 soldados, con un total de 8 ó 9.000 hombres. La armada se agrupaba en tres escuadras, cada una con insignia naranja, blanca y azul.

Retrato de Pieter van der Does (1562-1599). Archivo de Dordreht.
Tan inmensa armada debía asestar un duro golpe a los españoles, cortando las
comunicaciones entre España y sus territorios ultramarinos capturando barcos y atacando puertos y dominios. Sin embargo, la misión fue un fracaso total.

La expedición es financiada en gran parte por comerciantes de las Provincias Unidas con la esperanza de conseguir un gran botín con el que recoger beneficios. Es por ello que hablamos de piratería, aunque el nombre formal es el de corsarios, puesto que los buques llevaban las banderas de las Provincias Unidas, al tener patente de corso para ejercer la guerra y el pillaje en nombre del Estado, en la guerra con España, donde ya se conocían los planes holandeses y se habían reforzado las guarniciones y preparado las defensas.

Tras zarpar de  Flesinga a fines de Mayo, la armada intenta atacar La Coruña y Cádiz sin éxito. Y es el 26 de junio, cuando la mayor flota nunca vista en Canarias, ancla en la Bahía de Las Isletas, causando la alarma general en la Isla y  el pavor en su habitantes.

Podemos decir que la ciudad de Las Palmas, fue holandesa durante 9 días, del 26 de junio al 8 de julio de 1599 y los acontecimientos que se sucedieron dieron lugar a una de las efemérides más trágicas en la historia de Gran Canaria. Incapaces de conquistar la isla  y derrotados  en la batalla del Monte Lentiscal cuando intentaban llegar a Santa Brígida, los días 3 y 4 de julio la capital fue saqueada e incendiada por las fuerzas holandesas. El 8 de julio se retiran ante al acoso de los canarios. A continuación, la armada se dirige a La Gomera, donde saquea igualmente la isla.

Las bajas holandesas son de unos 1.400 muertos y 60 heridos, según su versión de los hechos. Las bajas españolas según sus fuentes son de 50 o 60 muertos, pero todo ello debemos considerarlo como bajas mínimas porque en la guerra cada bando adorna las cifras según su interés.

Este hecho de armas se considera el ataque más importante en la historia de Canarias, poniendo a las islas en la partida de ajedrez de las potencias mundiales durante esas fechas.
 
Recreación de la Batalla de El Batán o Monte Lentiscal del pintor Carlos Morón.
De la misma manera como habíamos expresado en referencia al ataque de Drake, los acontecimientos del ataque de Van der Does y su paso por Canarias fueron recogidos por todos los historiadores de las Islas y documentados posteriormente en 1947 por el historiador y catedrático Antonio Rumeu de Armas. En su obra Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias, realiza el relato más documentado y detallado de esta historia (y en general sobre toda la piratería en Canarias desde los siglos XV al XVII), recopilando multitud de fuentes.

Centrándonos en nuestro objetivo, en referencia al paso por el sur de Gran Canaria de la armada holandesa escribe lo siguiente (Tomo II. 2ª Parte (2)  pág. 885-887):
El jueves 8 de julio, en las primeras horas de la mañana, la escuadra holandesa levó anclas y prosiguió su ruta con rumbo sur toda ella engalanada (76). Al frente marchaban tres naves capitanas y tres almirantas, navegando las demás en hilera con el mejor orden posible. Temióse que la armada se dirigiese a Telde, con objeto de desembarcar en Melenara o Gando; y para conjurar el peligro, el licenciado Pamochamoso, de acuerdo con la Audiencia, organizó inmediatamente un cuerpo de socorro compuesto por unos 400 hombres reclutados entre las compañías de la ciudad y del interior de la isla. Marchaban a la cabeza de estas tropas, con el teniente, el sargento mayor Antonio de Heredia y los capitanes Juan Martel, Antonio Lorenzo, Baltasar de Armas, Francisco de Cabrejas Toscano, Pedro de Torres, Francisco de Carvajal, Melchor de Aguilar y Baltasar Arancibia, yendo en vanguardia con un nutrido grupo de caballeros el capitán Miguel de Múxica.
Llegados a Telde, donde el obispo había preparado por mediación del provisor García de Ceniceros mantenimientos abundantes, en particular pan, queso y vino, que fueron repartidos con liberal mano, las tropas esperaron durante largo rato por si el enemigo intentaba el desembarco en aquella costa, mas le vieron pasar de lejos sin detenerse, como si solo se propusiese contornear la isla para ganar la de Tenerife. Entonces el cuerpo expedicionario regresó a Las Palmas considerando a la isla fuera de todo peligro (77). 
La ciudad de Allagona (La Laguna), en la isla de Gran Canaria. 1599. Autor desconocido. Publicado en el libro de Jan Orlers "Nassanches Laurecrans". Leiden. 1610.
Más tarde se supo que Van der Does había anclado su flota en el puerto de Maspalomas, al sur de la isla, para efectuar su aguada, pormenor que aparece confirmado por las crónicas holandesas. En efecto, habiendo dejado de soplar el viento favorable que hasta entonces había inflado las velas de los navíos, la escuadra echó anclas en la rada de Maspalomas. Al día siguiente, 9 de julio, bajaron a tierra algunos tripulantes para hacer aguada y enterrar los cadáveres de varios heridos holandeses, fallecidos en la jornada anterior. Entre los muertos se encontraba Jan Cornelisz, hijo del condestable del Almirantazgo de Rotterdam (78). Según los documentos coetáneos, los holandeses colocaron al borde de la playa grandes piedras sobre las tumbas en señal de sepultura (79).
La estancia de Van der Does en Maspalomas fue en absoluto tranquila, sin que nadie se atreviese a molestar a los soldados en tierra, pues apenas si algunos pastores lograron divisarlos, hasta que el sábado 10 de julio se separó la escuadra de las costas de Gran Canaria desapareciendo para siempre de sus aguas.

Así finalizó el desembarco de Pieter Van der Does en Gran Canaria, una de las mayores operaciones de guerra que ha tenido por escenario las islas del archipiélago afortunado, y en la que contrasta la enorme desigualdad de los medios empleados y los frutos recogidos. El propósito de conquistar la isla para Holanda fracasó rotundamente; el botín no compensó ni una mínima parte de los gastos de la expedición, según confiesan con testimonio unánime los historiadores holandeses y solo los daños del brutal saqueo, tampoco muy exagerados, pudieron saciar los odios y la sed de venganza del invasor.
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(76) Al Verla prepararse para zarpar, temíase que intentara un desembarco más al sur de la caleta de San Telmo, por lo que los naturales colocaron los barcos de pesca a manera de parapetos o trincheras. Véase OSSUNA (tomo II, pág. 85).
(77) Relación de la Audiencia, Relación impresa en Sevilla, Relación del obispo, Diario de Juan de Quintana, Relación de la ciudad, etc., etc.
(78) Obra citada del cronista Michiel Joostens van Heede.
(79) Relación de la Audiencia.
Rumeu nos cuenta que el desembarco tuvo lugar en  la “rada de Maspalomas”, siguiendo a las fuentes españolas y holandesas (cronista Joosten van Heede), e incluso relata que confirmado por las fuentes holandesas aunque como veremos más adelante, la versión holandesa difiere de la historia  que conocemos hasta ahora.

Una de las fuentes españolas es la “Relación de la Audiencia”,  titulada en realidad  Relaciones circunstanciadas de las operaciones navales de desembarco efectuadas en las islas de Gran Canaria y La Gomera por parte de la escuadra holandesa mandada por el almirante Pieter Van der does (1599)”. Es el informe que el órgano judicial de la isla remite al Rey sobre la batalla, que reproducimos aquí en la parte que nos interesa (pág. 10):
[…] Habiendo salido esta Armada deste puerto, jueves 8 de julio, otro día Viernes amanecio en el puerto de Maspalomas, que son las calmas de la isla, y allí estuvieron hasta otro dia Sabado. Saltó alguna gente en tierra con algunos muertos que enterraron, poniendo piedras grandes en señal de sepultura cerca de la playa, y dieron vela.
Portada original libro van Heede
Pero, como habíamos dicho,  este relato se contradice en parte con la versión holandesa que expondremos en dos traducciones sobre la misma fuente escrita por Michiel Joostens van Heede, escribano de la expedición,  con el título traducido de “Relato y descripción de las islas de Gran Canaria y Gomera juntamente con la conquista y retirada de las mismas” (fuente original) sobre “datos reunidos de diferentes diarios”. El autor se define como  “escribano de la armada de los Señores de los Estados de los Paises Bajos a las ordenes de Pieter van der Doest como almirante general”. En la fecha de impresión hecha por Gillis Pietersg en Rotterdam figura el  mismo año de 1599. Según de lo que se desprende del texto el autor parece haber tomado parte en la expedición por el detalle con que anota las distintas circunstancias de navegación.

La primera traducción es la realizada por Sebastián Jiménez Sánchez y colaboradores publicada en Revista de Historia en 1952 titulada El ataque de Van der Does a Las Palmas en 1509”, traducido de la relación impresa en Holanda según explica  el prólogo:
8 de julio. Dos horas después de la salida del sol, el Sr. General, con todos los buques, navegó hacia alta mar, llevando a los españoles que no habían pagado por sus rescates. Hemos costeado las playas de la isla de Gran Canaria. En este viaje murió Jan Cornelisz, llamado Zwarte Kees, que perdió su pierna derecha por una bala durante el ataque a la isla de Gran Canaria. Cuando doblábamos el cabo de Gran Canaria, dejando la isla al Sur de nosotros (suponemos que es una mala traducción y debería decir: cuando dejamos atrás el cabo sur de la isla), hemos visto el buque del capitán Hertman, con otras tres naves, anclados allí. Cuando han divisado la Armada han zarpado inmediatamente para unirse con nosotros, costeando la Isla. Éstos fueron los buques que habían enviado antes a alta mar. Navegando así juntos hasta la puesta del sol, el viento se levantó más, por lo que no pudimos seguir nuestra ruta y nos vimos  obligados a ir todos juntos al cabo S.W. de la isla de Gran Canaria. Echando ancla allí hemos visto la isla llamada Tenerife, una de las islas Canarias, donde se encuentra una montaña muy alta, llamada Pico. Esta montaña aparecía a distancia de catorce millas de nosotros, pero por su gran altura parecía estar a cuatro o cinco millas; sin embargo, durante el día, mientras había sol, no se pudo ver esta montaña.
El Teide desde Puerto Rico. Panoramio.
9 de Julio. Asi, quedándonos anclados, se dirigieron por la mañana todas las chalupas nuestras a tierra, para buscar agua fresca, que se encontró allí, llevándose también con ellos el cuerpo de Jan Cornelisz (hijo del condestable de la Hacienda de Roterdam, llamado Zwarte Kees) para enterrarlo en la altura de dicha isla. Terminado esto hemos incendiado y quemado la madera cortada de las selvas, que estaba sobre la playa para la venta. Allí no hemos visto ni encontrado españoles.
10 de Julio. Cuando todas las chalupas con nuestra gente se dirigieron de nuevo a bordo de los buques, hemos levantado el ancla por la mañana para navegar con viento del N.E. Navegando todos juntos se calmó el viento de tal manera, que todos quedamos parados a falta de viento.

11 de Julio. Por la mañana el viento se levantó, hasta llegar a haber un viento bastante fuerte N.N.E. Pero cuando navegábamos acercándonos a la isla de Tenerife hemos encontrado muchos vientos variables, de manera que seis o siete naves navegando cerca de la costa tenían de vez en cuando un viento fuerte, cambiando de repente en una falta total de viento. Asi estuvimos sin poder seguir la dirección y fuimos obligados a virar en redondo más de doce veces en el día.
Al final del diario el autor nos relata que “la isla de Gran Canaria, con la ciudad de Allegona, situada en esta isla, en toda su totalidad, ha sido dibujada e impresa artísticamente, señalando todos los lugares donde esta historia se desarrolló. Estos dibujos se encuentran en todas las librerías.” Cita Allegona por  La Laguna, capital de las islas en aquellas fechas, puesto que pensaban que era la ciudad que habían atacado.  Desgraciadamente no hemos podido encontrar esos mapas que nos hubieran aclarado bastante este asunto, salvo el dibujo de la ciudad de Las Palmas, que ya hemos expuesto.
 
La otra versión se corresponde con una traducción realizada de un ejemplar en ingles encontrado en el Museo Británico, en el que figura igualmente fecha de impresión el mismo año de 1599, cuando tuvieron lugar los hechos. En esta versión no figura autor, ni nombre del traductor. La traducción al español titulada La conquista de las Canarias: diario de un ataque holandés a GranCanaria y Gomera en 1599, es de Julio César Santoyo en Anuario de Estudios Atlánticos nº 25 en 1979.

A continuación la traducción castellana de la versión inglesa de la obra:
8 de julio. Dos horas después de salir el sol la capitana y demás naves izaron velas, llevando con ellas a los españoles que no habían sido liberados, y continuaron bordeando la costa de Gran Canaria. Este día falleció Jan Cornelesson Zwartekeys a quien un cañonazo había cercenado la pierna durante el ataque a la isla. Cuando rebasamos ésta y la dejamos a nuestras espaldas vimos el barco del capitán Hertnan y tres más que estaban fondeados. Levaron anclas al divisarnos y continuaron con nosotros. Estos eran los navíos que el general había enviado anteriormente a mar abierto. Navegamos unidos hasta que el sol se situó a occidente. Comenzó a levantarse entonces un viento cada vez más recio, hasta el punto de no poder mantener fijo el rumbo y vernos obligados a dirigirnos al sudoeste de Gran Canaria, donde anclamos. Desde allí distinguíamos Tenerife, con la elevada montaña que llaman El Pico, y otra isla. Nos encontrábamos a catorce millas del Teide, pero parecía por su gran altura que sólo nos separaba de él una distancia de cuatro o cinco; bien es cierto que durante el día y a plena luz no podíamos verlo.

Así fondeados en la mañana del 9 de julio los botes partieron hacia la costa en busca del agua dulce que pudiera encontrarse llevaron también con ellos el cadaver de Jan Cornelesson, hijo del oficial mayor del almirantazgo de Rotterdam, apellidado Zwartekeys, que fue dignamente enterrado en tierra firme y seca. Después prendimos fuego a unos montones de leña apilada entre los árboles de la orilla. No vimos allí ningún español.

10 de julio. Los botes devolvieron las tripulaciones a sus barcos respectivos, que levaron anclas e izaron velas con viento del noroeste. Pero cuando ya todos navegábamos, amainó la brisa y, por falta de ésta y por la gran calma que sucedió, las naves quedaron a la deriva.

El 11 de julio por la mañana un recio vendaval empujó desde el nordeste las gavias pero varió considerablemente a medida que nos acercábamos a la isla de Tenerife. El viento hinchaba a veces las velas de seis o siete barcos, al igual que las de los demás que navegaban próximos a la costa y a veces desaparecía por lo que íbamos a la deriva, sin poder ajustarnos al viento o al rumbo y viéndonos obligados a cambiarlo aquella jornada en más de doce ocasiones.
 Punta y Faro del Castillete y Puerto de Mogán (punta SW de la isla), vemos al fondo la banda de nubes
 indicativa del viento N o NE que se encuentra tras la Punta del Descojonado. Panoramio.
Itinerario de la flota. Observese en la foto satélite con los habituales vientos de NE, la zona de calmas que se forma al sur de las islas en color más claro, en Gran Canaria, las Calmas de Maspalomas, desde Castillo del Romeral a Punta del Descojonado.

Deducimos de estos dos textos de la versión holandesa, que el jueves, 8 de julio la Armada va costeando la isla  y cuando pasan la Punta de Maspalomas  ven cuatro buques fondeados allí, que se unen al resto de la flota. Siguen navegando en dirección a la isla de La Gomera (bordeando la isla) cuando se encuentran con los vientos alisios de NE (noreste), después de pasar las calmas de la isla.

Este viento se acelera en la Punta del Descojonado, llamada así según se cuenta por el "acojono" que le entra a los marinos, al pasar de una zona de calmas a una zona de mala mar y fuertes vientos.  La flota entra de improviso en esa zona de gran marejada y vientos fuertes y se acerca la noche, por lo que se vuelven atrás y deciden ir en busca de refugio a la punta SW (suroeste) de la isla dentro de Las Calmas. El punto más al SW de la isla es Playa de Mogán, que cuenta además con un roque prominente distinguible perfectamente “cabo SW”, la Punta del Castillete, donde existe un faro con el mismo nombre responsable de la navegación segura en el SW. Es el sitio más probable donde debieron fondear, pero también pudieron haberlo hecho en la desembocadura de alguno de los barrancos importantes del suroeste:  Puerto Rico, El Perchel, Veneguera, Tasarte, Tasartico. Desde todos ellos se puede contemplar el Teide, y están relativamente cercanos a la Punta del Descojonado, donde se encontraron con el viento fuerte.

Vista de la costa SW detrás de Puerto de Mogán, al fondo Punta del Descojonado. Panoramio.

Después de Mogán la costa se vuelve más abrupta, formada por un acantilado, solo interrumpido por los barrancos descritos. Hemos consultado la obra de Mederos y Escribano, Ensenadas y puertos de Gran Canaria por la que  llegamos a la conclusión de que los lugares más aptos para realizar aguada en aquella época, con los nombres que dio Torriani (1592) y que contaban con fuente de agua según Riviere (1740-43) eran : Porto Rico, Mogán, donde desde época aborigen estaba el poblado de Lomo Los Gatos, Veneguera y Tasart, aunque este último con escasez de agua.

El 9 de julio, desembarcan  para hacer la aguada,  entierran a Jan Cornelisz en “tierra firme y seca” y queman “la madera cortada de las selvas, que estaba sobre la playa para la venta”. Entendemos que en aquella época el paisaje era muy diferente al actual y la desembocadura era rica y fértil con mucha agua y árboles, comparable a una selva. Otro argumento para la playa de Mogán, es el de contar con pobladores que cortaran la leña, pues al igual que sucede en nuestros días, el resto de los barrancos creemos que debían estar desiertos, no podían tener muchos habitantes.

El 10 de julio levan anclas y aquí una contradicción: un texto indica con viento de NE y otro de NW. Sea como fuere cogen rumbo oeste a la Gomera y poco después se calma el viento. El 11 de julio vuelve a soplar el alisio fuerte de NE y al llegar a las calmas de Tenerife, se desventan y tienen de nuevo problemas de navegación.

Sur de Gran Canaria, 1592. Torriani. Hemos orientado el mapa al norte y remarcado las letras para hacerlas más legibles.
Después de ver la versión española o canaria y la versión holandesa con la contradicción sobre el lugar del desembarco, podemos llegar a dos conclusiones. La primera y menos verosímil, por las fechas,  es que los cuatro buques que estaban pasada la Punta de Maspalomas (La Charca ¿?), enterraran a sus muertos allí y luego se reincorporan a la flota el día 8, siguiendo los acontecimientos tal como hemos indicado.

La conclusión más verosímil es que los hechos se desarrollaran según como relata la versión holandesa. Para dar validez a las dos versiones, el lugar de Maspalomas debería señalar a toda la zona de Las Calmas en el sur de la isla, como hemos aportado en artículos anteriores en referencia a la aguada de Colón. Ello debe ser así porque desde el Oasis de Maspalomas, no se ve el Teide y porque el entierro tuvo lugar el día 9, según coinciden las dos versiones. El Teide comienza a verse desde poca distancia a la costa después de pasada la Punta del Perchel en Arguineguín.

En el relato de la Audiencia se indica “en el puerto de Maspalomas, que son las calmas de la isla”, extendiéndose las Calmas de la isla desde Castillo del Romeral hasta la Punta del Descojonado.

Por otro lado en referencia a Maspalomas, (La Charca - Oasis), observamos que la aguada presentaba una mayor dificultad que en otros puntos de la costa. Desde donde hoy se sitúa El Faro hacia la zona de Meloneras, la orilla está llena de peligrosos arrecifes y hacia La Punta de Maspalomas, nos encontramos con una barra de callaos semisumergida, visible con marea vacía, similar a la de Las Canteras, que dificulta mucho el desembarco. De hecho Riviere  (1740-43), en su obra Descripción geográfica de las Islas Canarias señala los fondeos por esta costa en Las Burras, Meloneras y Maspalomas, señalando para este último la necesidad de entrar con un práctico a la Charca de Maspalomas, que denomina Boca del Río indicando “tiene agua en el rio, pero no se puede entrar sin práctico” (pág. 146). Según Mederos y Escribano, en su obra ya citada,  el uso de Maspalomas (Oasis , La Charca) como ensenada de fondeo no figura en  los mapas más antiguos de la isla: ni en el de Torriani (1592), ni en el de Pedro Agustín del Castillo (1686).

Continuando con las crónicas de los hechos, otro punto en la versión española es que enterraron a los muertos “poniendo piedras grandes en señal de sepultura cerca de la playa”, señalando el lugar de enterramiento e indicando la posibilidad de muchos muertos. Es otra contradicción entre las dos versiones, que nunca podremos descifrar. Pero podemos aportar otra dato y es que, poco después, cuando muere Van der Does en la isla de Santo Tomé (Golfo de Guinea), es enterrado bajo una casa que después queman para que no se descubriera su tumba, incluso se organiza una ceremonia para hacer parecer que se va a enterrar en el mar, con el fin de que no se profanaran sus restos.

Es muy probable que hubieran más muertos aparte del personaje principal, pero en la Relación de la Audiencia, se relata que durante muchas semanas después del ataque, el mar fue devolviendo a las playas de la isla infinidad de cadáveres envueltos en esteras, que era la forma habitual  de los holandeses de dar sepultura a sus muertos en combate.

Por último existe una teoría muy extendida, que no sabemos de donde procede, por la cual el nombre de la actual Playa del Inglés, se debe a Van der Does y su recalada en Maspalomas. Creemos que esto no es así por varias razones. La primera es porque en la antigüedad, las playas raramente tenían nombre, este hecho surge modernamente con los baños y el turismo de playa. Otra razón  es  porque la flota era holandesa y no inglesa y por último en ningún mapa anterior al siglo XX encontramos Playa del Inglés y sí el nombre que recibía anteriormente: Morro de Colchas, entendemos que debido a las dunas, que simulaban la forma de una colcha.


Playa de Mogán, 1965. Hernández Gil. FEDAC.
Según mi padre, Pablo Guedes García, el nombre de Playa del Inglés se debe a los cultivadores de tomates de principios de s. XX en la zona, que eran ingleses. Creemos que el nombre proviene de algún “encargado” o representante de la compañía inglesa naviera-frutera Elder & Fyffes Lted., que estaba establecida en Maspalomas y arrendaba las tierras al Condado. En la playa de Las Burras, tenían un almacén desde donde embarcaban el tomate en barco para llevarlo al muelle de Santa Catalina en Las Palmas GC. Contaban también con otro almacén en el casco antiguo de San Fernando y otro en Sardina del Sur.

Corroborando esta hipótesis, Humberto Pérez Hidalgo, en su blog Toponimia de Gran Canaria, expone que el proyecto de urbanización Maspalomas Costa Canaria, en 1963 pretendía urbanizar 500.ooo m2 en los “Llanos del Inglés”, aunque no conocemos su fuente.

Nosotros, el primer testimonio escrito del nombre lo recogemos en la génesis del proyecto Maspalomas Costa Canaria, el concurso de ideas realizado por el Condado de la Vega Grande y titulado Maspalomas Costa Canaria 1961 : Concurso internacional España  publicado en 1961, en el que se nombra la “Playa  y la Bahía del Inglés” (págs. 26 y 76). También la empresa ganadora del concurso de ideas, el atelier francés AS ATEA+SETAP, en su proyecto de 1962 que nunca se llevó a cabo, expone un mapa con el nombre de “Los Ingleses”.

Tampoco descartamos que el nombre  lo hubiera dado el Condado  en el proyecto, al igual que hizo con el de “Maspalomas Costa Canaria” y otras zonas del futuro emporio turístico.

Imagen del plano ganador en el Concurso Internacional de Ideas Maspalomas Costa Canaria. Atelier ATEA+SETAP. 1962. En la Tesis Doctoral de Iván Álvarez León,  a su vez cortesía de Pedro José Franco López
Por último, esperamos haber aportado con estos artículos una nueva visión a las dos expediciones marítimas más importantes que pasaron por el Sur de Gran Canaria, con los datos de la versión inglesa y holandesa, además de contribuir a la divulgación de nuestra muy rica historia, paradójicamente poco conocida.

BIBLIOGRAFÍA.

ÁLAMO, Néstor: Drake y Van der Doez en Gran Canaria. 1932. Revista de Historia. Tomo 5, Año 9, nº 35-36 pags. 75-100. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna.

2013. Tesis doctoral. 




JIMÉNES SÁNCHEZ, S.; RUIZ ALVAREZ, A.; BONNET y SUÁREZ, S.F.: El ataque de Van derDoes a Las Palmas en 1509. 1952. Revista de Historia, Tomo 18. Año 25. n.º 97. Pág. 42-69. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna.

JOOSTENS VAN HEEDE, Michiel: Discovrs ende beschryvinge van het groot eylandt Canaria,ende Gomera. 1599. Gillis Pietersz. Rotterdam

MEDEROS MARTÍN, A.; ESCRIBANO COBO, G.: Ensenadas y puertos de Gran Canaria. 2002. Anuario de Estudios Atlánticos nº 48. Cabildo Insular de Gran Canaria. Madrid, Las Palmas.

PÉREZ HIDALGO, Humberto: Inglés. Bahía, Llano y playa del (San Bartolomé de Tirajana). 2012. Blog Toponimia Gran Canaria.

RUMEU DE ARMAS, Antonio: Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias. 1947. Editorial Instituto Jerónimo Zurita. 3 tomos.

SANTOYO, Julio César:  La conquista de las Canarias :diario de un ataque holandés a Gran Canaria y Gomera en 1599. 1979. Anuario de Estudios Atlánticos nº 25. Cabildo Insular de Gran Canaria. Madrid, Las Palmas.

TOUS MELIA, Juan. Descripción Geográfica de las Islas Canarias (1740-1743) de Dn. Antonio Riviere y su equipo de ingenieros militares. Madrid: Tabapress/ Museo Militar de Canarias, 1997.

jueves, 19 de mayo de 2016

LOS ‘PIRATAS’ DRAKE Y VAN DER DOES EN EL SUR DE GRAN CANARIA. 1ª PARTE: LA ARMADA DE FRANCIS DRAKE

Ataque holandés a la ínsula de Gran Canaria. Autor desconocido. Publicado en el libro de Michiel Joostens van Heede, uno de los escribanos de la expedición de Van der Does. Roterdam 1599 . Casa de Colón. Se señala Allagoena, (pronunciación en holandés de La Laguna), en vez de Las Palmas, pues los holandeses creían que atacaban la capital de las islas en aquella época.

 PABLO GUEDES GONZÁLEZ

En este artículo dividido en dos partes, explicaremos los pasos que siguieron por el sur de Gran Canaria los corsarios Francis Drake de Inglaterra, con una armada de 27 galeones y Pieter Van der Does, de la República de los Países Bajos con una armada  de 74 galeones, la más formidable que pasara por Canarias en todas las épocas. Las dos se sucedieron muy cercanas en el tiempo, la primera en 1595 y la segunda en 1599, enmarcadas en la Guerra de España contra estos países.

Las dos armadas habían atacado previamente la ciudad de Las Palmas GC, siendo la primera rechazada mientras que los holandeses habían ocupado y destruido la ciudad, antes de retirarse.

Aportamos en este artículo además de la visión española sobre los hechos, la visión   inglesa y holandesa, puesto que hemos podido localizar diarios de navegación de las dos expediciones. Esto nos ha llevado, en el caso del ataque holandés, a descubrir nuevos datos  que se desprenden de sus diarios de navegación, que nos llevan a  un cambio sobre la historia que se conocía hasta ahora,  y es que  la aguada y entierro de muertos de esa armada espectacular, de 72 galeones (al perder 2 en Las Palmas GC), se realizó en un puerto del Suroeste, probablemente en  Mogán y no en Maspalomas.

A fines de s. XVI, la ciudad de Las Palmas  con poco más de un siglo de existencia, tenía una importante actividad económica fundamentada en la exportación de la caña de azúcar. La ciudad era pequeña, solo ochocientas casas y contaba con unos 4.000 habitantes.  Después de la derrota de la Armada Invencible en 1588 el Rey Felipe II establece en ella la sede de la Capitanía General de las Islas Canarias, con un gobernador que concentra el mando político, militar y judicial, en casos de ataque. 

A lo largo de la historia, ya desde tiempos de los canarios, la isla entera era muy apetecible para piratas y corsarios, estando continuamente en estado de alarma, debido a su lejanía y sus pocas defensas. Es en este estado de cosas, donde se producen estos dos ataques piráticos, en busca de pillaje y riquezas,  aunque podríamos hablar de ataques corsarios, pues aunque las dos armadas fueron financiadas mayoritariamente con capital privado, las flotas llevaban el pabellón de sus respectivos países y sus almirantes llevaban patente de corso para ejercer la guerra.

Por último en referencia al sur de Gran Canaria, podemos decir que fue lugar estratégico en  las islas, pues cualquier barco que pasara por Las Palmas GC,  escogía esta ruta aprovechando los vientos alisios u obligado por los mismos debido a su intensidad  que en muchos relatos califican de temporal. La forma de navegación de la ruta del Atlántico y de los barcos de la época, en las que las velas estaban dispuestas para aprovechar los vientos portantes o de empopada (viento en popa) favorecía
esta ruta, más segura y más rápida, que permitía además realizar aguadas y descansos en “Las Calmas de Maspalomas” en  los lejanos y desiertos puertos del sur, que se situaban entre el actual Castillo del Romeral y la Punta del Descojonado, en La Aldea. Así vemos el paso por aquí de Bethencourt, Colón, Drake, Van der Does  y muchos de  los marinos más importantes de todos los tiempos.

LA ARMADA DE DRAKE EN EL SUR DE GRAN CANARIA


Francis Drake.
Francis Drake, el “Dragón”, el “Draco” o el “Drac”, pirata y azote para los españoles o Sir Francis Drake, héroe y caballero para los británicos era un navegante y corsario que destacó por ser el primer inglés en circunnavegar el globo y por hacerse en una de sus expediciones con el mayor botín de la historia. Era fanático anglicano,  durante un tiempo fue predicador y tenía un profundo odio hacia los católicos.

De nacimiento humilde, pues provenía de una familia de labradores, aprovechó que su tío era hermano del pirata y corsario John Hawkins, para entrar a su servicio. En 1567, realiza uno de los primeros viajes esclavistas ingleses y forma parte de una flota dirigida por Hawkins. En 1572 intentó apoderarse de la plata española que iba a ser embarcada en el istmo de Panamá, capturando el puerto de Nombre de Dios, forjándose aquí su reputacioón como pirata y corsario.

En 1577, Isabel I le encarga realizar su expedición más importante. Captura al Santa María, junto con su capitán, experto conocedor de las rutas marítimas y se hace con las cartas de navegación del Pacífico, el secreto hasta ese momento mejor guardado por los españoles. Gracias a ellas consigue ser el primer inglés en pasar por el peligroso estrecho de Magallanes, donde se queda solo con un barco. Ya en el Pacífico consigue un gran tesoro al capturar al Galeón de La Plata y al Galeón de Manila. Se convierte en  el europeo en llegar más al norte en la costa oeste de los Estados Unidos, intentando encontrar un pasaje al Atlántico. Se dirige al oeste a través del Pacífico, doblando el cabo de Buena Esperanza, completando la vuelta al mundo, por segunda vez tras 55 años después de la expedición de Magallanes-El Cano. Regresó a Inglaterra en 1580 con el mayor botín de la historia,  más las cartas de navegación del Pacífico, información conseguida  por españoles y portugueses, con un alto coste de barcos y vidas humanas. El botín obtenido fue valorado en 250.000 libras, una cantidad de dinero tan enorme para su época, que equivalía al presupuesto real inglés de varios años, por lo que es nombrado caballero.

En 1585, saqueó la costa gallega con 21 buques, pasa por Las Palmas GC  y desiste de atacarla por estimarlo demasiado arriesgado, prosigue hacia La Palma donde fracasa al intentar conquistar Santa Cruz, navegó al Caribe donde destruyó Santo Domingo y Cartagena de Indias.

En 1587,  preparandose la Armada Invencible, Drake entra en el puerto de Cádiz y destruyendo 30 de las naves de esta armada. Después de ello en 1588, es artífice de la victoria contra la Armada Invencible, siendo vicealmirante de la flota y al año siguiente en la llamada “Contraarmada” quiso tomar La Coruña y Lisboa con una flota de 80 naves y 20.000 hombres, expedición en la que fracasó.

La  última expedición de Drake es la que comentamos en este artículo en 1595, en su ataque a Las Palmas GC. Le acompaña su pariente John Hawkins. Gracias al aviso dado desde Gran Canaria, los puertos del Caribe están prevenidos, por lo que la expedición es un completo desastre muriendo por enfermedad tanto él como  Hawkins.

John Hawkins
 

John Hawkins fue almirante con Drake en esta expedición quesería la última para ambos. En Canarias se le conocía como Aquines, debido a la castellanización del nombre. Comenzó su carrera siendo el primer inglés que se dedicó al tráfico de esclavos negros, creando una empresa para ello. La reina Isabel le concedió patente de corso para realizar este negocio y gracias a los beneficios obtenidos le concede el título de caballero. Junto con Drake contribuye al hostigamiento del poderío naval español. En 1578 se convierte en el tesorero de la Marina reorganizándola y preparándola para la guerra contra España, favoreciendo con sus dotes organizativas la expansión marítima inglesa. En 1588, a bordo del Victory, fue el almirante de la flota inglesa que derrotó a la Armada Invencible.

Después de esbozar las biografías de los principales personajes nos centraremos en la expedición, que como habíamos dicho, tiene lugar  en 1595. La escuadra la formaba siete galeones de la Armada Real inglesa y los 21 restantes armados en corso (financiados con capital privado con el fin de obtener beneficios), con 4.000 hombres y dos generales del Ejército británico. La empresa no pudo empezar de peor forma ya que debido a la fama obtenida por Drake se alistan unos cientos de hombres más de los previstos, por lo que es necesario hacerse con provisiones urgentemente. Es entonces, en contra de la opinión de Hawkins que quería tener el factor sorpresa en su ataque al Caribe, cuando Drake ordenó atacar las Canarias y abastecerse allí.


Mapa Arguineguín - Punta de Maspalomas. Torriani. 1590 en Piraterias y Ataques Navales

Cuando llegan a Gran Canaria anclan en La Isleta y después de inspeccionar la costa intentan hacer el desembarco. Consideramos interesante la descripción de Marín de Cubas, del episodio que en la página 284 de su Historia de las siete islas de Canaria, publicada casi un siglo después en 1687, nos sintetiza de esta manera: 
    [...]  la armada de Francisco Drac yngles 30 navios de a mas de 500 toneladas venían todas sus lanchas llenas de gente a saltar en la plaia de Santa Catalina tan temprano y de repente, que en aiunas el gobernador y vecinos le salieron a resistir, y por tres veses con las piesas de campo y arcabusería las retiraron valerosamente aiudando los dos fuertes La Luz y Santa Anna. Después de dos horas de combate vinieron los navios a ponerse frontero de la ciudad onde se havia en los saltaderos ya hecho muchos reparos estuvieronse todo aquel dia a la vista voltejeando, y las lanchas andavan de unos a otros navios, y ia cerca de noche las recojieron, y navegaron la vuelta del sur, y puestas espias descubrieron gran número de enemigos que hacia aguada en el Ganeguin y cinco pastores avisados de las espias, que iban a la ciudad acometen de repente huien las lanchas deriscanse muchos ingleses y apricionan dos de ellos, que ante el gobernador dixeron ser el Drac, que pasaba a las Yndias.

Golden Hind, nave de Drake con la que circunnavegó La Tierra.
Calculaba Drake tomar Las Palmas, defendida por apenas 1.000 hombres, la mayoría milicias civiles en cuestión de cuatro horas, pero los defensores rechazaron sin dificultad el primer desembarco. Con 40 muertos y numerosos heridos, Drake que supuso que iba a ser una empresa fácil, desiste del ataque y se retira al sur a realizar la aguada.

Los ataques de Drake y Van der Does y su paso por Canarias,  de los más importantes sufridos en el archipiélago fueron recogidos por todos los historiadores de las Islas y documentados posteriormente en 1947 por el historiador y catedrático Antonio Rumeu de Armas que hace un exhaustivo análisis de los hechos. En su obra Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias, realiza el relato más documentado y detallado de esta historia (y en general sobre toda la piratería en Canarias desde los siglos XV al XVII), recopilando multitud de fuentes.

Centrándonos en el objetivo de este artículo, en referencia al paso por el sur de Gran Canaria de la armada inglesa, Rumeu nos cuenta el episodio de la siguiente manera: (Tomo II 2ª Parte (1)  pag. 720-723):

En las primeras horas del amanecer, visto que el enemigo había desaparecido por completo, el gobernador y capitán general Alonso de Alvarado se dirigió al frente de sus tropas, haciendo triunfal entrada en la ciudad.

Allí tuvo conocimiento de que por la noche unos campesinos habían visto navegar a la armada con los faroles encendidos con rumbo probable a la bahía de Gando. El teniente y sargento mayor se encargaron de cumplir las órdenes de Alvarado; eran éstas las siguientes: las cuatro compañías de Telde y Agüimes, y un capitán de caballos con 16 jinetes, marcharían inmediatamente a defender cualquier intento de desembarco de la armada, y seis soldados de la compañía de Agüimes irían siguiendo su navegación por la costa para si desembarcaban a tomar leña o agua poderles coger algún prisionero que diese cuenta del origen y propósitos de aquella armada.

El domingo 8 de octubre Francisco Drake dio fondo con sus naves en la rada de Arguineguín, a 14 o 15 leguas de la ciudad. Drake desembarcó con 500 hombres de tripulación, hizo levantar una espaciosa tienda y pasó aquel día en tierra entregado al descanso y al disfrute de las delicias del otoño canario. Los “ingleses estaban holgándose con mussicas”, añade un testigo presencial de la escena (126)
   
A todo esto, los seis soldados canarios,  los que se habían unido número aproximado de pastores y campesinos, andaban escondidos, valiéndose de la aspereza del terreno, sin perder de vista los movimientos del inglés. Hizo la casualidad, que por haber subido la mar un capitán inglés llamado “Gremiston”, que iba en un batel con diez soldados , viniese  a desembarcar algo alejado del lugar donde estaba Francisco Drake con los suyos. No encontraron mejor ocasión los canarios, y dando pruebas inequívocas de su legítima ascendencia aborigen, cayeron como tromba sobre ellos y en pocos minutos, a golpes y palos, dejaron a nueve tendidos en tierra y huyeron con dos     prisioneros . Entre los muertos hallábase el sargento mayor y capitán Grimston, gran amigo de Drake, quien experimentó extraordinario sentimiento por su muerte (128).

Después vino también huyendo a nado un polaco llamado Gaspar Ham,  y los tres fueron reclamados por la Audiencia para tomarles declaración, cuando eran conducidos a presencia del capitán general Alvarado.

Por ellos se tuvo noticia de que la armada había partido de las costas inglesas hacía treinta días, al mando de sir Francis Drake y de John Hawkins, con el propósito de apoderarse de la isla y abastecerse de vino y de todo lo demás que hallase, saqueándola de paso; que iban en ella 3.000 hombres, de los que habían muerto 40 el día del ataque, sin contar los otros nueve de Arguineguín; que cinco naves habían sufrido grandes desperfectos, quedando una de ellos casi inservible, y, por último, que se dirigían a América con objeto de atacar los puertos antillanos.

En cuanto tuvo noticia don Alonso de Alvarado de ello, ante la imposibilidad material de avisar desde la isla a las Indias, por no hallarse en el puerto ningún navío pronto a zarpar para las mismas, dio cuenta de ello a la de Tenerife y La Palma, para que lo hiciesen a la mayor brevedad, como efectivamente se realizó, primero por la de La Palma, y después por Tenerife, previniendo a los puertos americanos del ataque del temido corsario.
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(126, 128) Biblioteca Pública de Ginebra: Colección Favré: “Relación del sucesso que se tuvo en la ysla de Canaria en el acometimiento que a ella hico la armada ynglessa en que venían por generales Juan Acles y Francisco Draque”.
Hemos intentado localizar esta “Relación” que cita Rumeu, donde parece que hay más información sobre la estancia en Arguineguín pero no hemos podido hacernos con ella.

Después de los sucesos guerreros citados, casi todos los “hidalgos” isleños que en ellos se destacaron, tuvieron buen cuidado de hacer informes de  los servicios prestados. Es por ello que tenemos muchos testimonios de los hechos. Néstor Álamo publica  en 1932 en Revista de Historia, un artículo titulado Drake y Van der Doez en Gran Canaria donde se exponen los informes hechos  a instancias del Teniente y Licenciado Antonio de Pamochamoso, segundo del Gobernador Alvarado durante los ataques de Drake y Van der Does, con una recopilación de testimonios de distintos testigos ante notario donde se relata todo el ataque.


Punta del Perchel y El Pajar de Santa Agueda, donde se situaba el antiguo poblado aborigen de Arguineguín. 1925-30. Foto: Teodoro Maisch. FEDAC.
En cuanto a los hechos de Arguineguín, tenemos el testimonio de siete testigos, del que citaremos dos:

Testigo nº 2. Bernardino de San Juan, Capitán a guerra y regidor perpetuo de la isla (pág 95): 

Por orden de los señores de la audiencia el dho. Señor governador y capitán gral y el dho tiniente fueron algunos hombres de la compañía de aguimes a la vuelta del puerto de arganeguin mui tras desta isla adonde se entendio que yria a Parar la da. Armada y se juntaron con otros apañadores y honce hombres de los que fueron mas adelante y los apañadores arremetieron a la gente de una lancha que auia saltado en tierra y matando y hiriendo algunos prendieron a dos yingleses que truxeron a esta ciudad de los cuales supo que armada era y quen eran los generales que fue cosa ymportante y saber donde yban para ymbiar aviso a las yndias y a su magd.
Testigo nº 5. Capitán de Infantería, Andrés de Betancor vecino de la ciudad de Telde. (Pag 182 -183)
[...]  se tuvo por entendido que yba la buelta del sur hazia el puerto de arganeguin a donde suelen surgir de ordinario y el dho. theniente aquella mañana proueyó a toda la ge. de los pueblos j a la conpañia deste t.° y a las demás de telde bastimento y trato con este t.° y el dho. capitán y cabo Jusefe hernandes que convenía inbiar alguna gente suelta qe fuese a el dho. puerto de arganeguin que es más de doce o catorce leguas de agrio camino atrabesando la sierra y parescio convenia para reconosser que armada y que gente Era y ver si podian tomar algun hombre para saver el disinjo y asi por orden de el dho. Tenjente y tanbien Entendio q. lo comunico con el señor Regente y fueron seis hombres sueltos los quales se Encontraron con cinco apañadores y todos onze En el dho. puesto de argeneguin donde estava surta toda la armada y la gente En tierra arremetieron con honze ingleses que vieron un poco apartados y prendieron dos que truxeron a esta ciudad que dieron razón ser armada jnglesa y que jba a jndias y que Era general franc.° draque y los nueve dellos mataron y dellos derriscaron según se supo todo lo qual el dho. señor tenjente es digno de que su mgd. le haga merced.
Bahía de Santa Agueda, El Pajar, con Lomo Galeón al fondo.1940. FEDAC
Hemos expuesto dos testimonios, pues el resto vienen a contar casi lo mismo. Para  el posterior análisis,  de los siete testigos, dos no hacen referencia a como fue el suceso de Arguineguín, uno  dice que “arremetieron a la gente de una lacha que había saltado a tierra” como describe en parte Rumeu y finalmente cuatro testigos  aseguran que “acometieron a 11 ingleses que vieron un poco apartados”, prendieron a dos y el resto los mataron o murieron mientras huían desriscándose, lo que difiere de la historia como tradicionalmente se conoce, según la obra de Rumeu de Armas.

Una aclaración, cuando nombran a cinco “apañadores” se refieren a pastores que realizan apañadas, acostumbrados a moverse por terrenos abruptos con el garrote del pastor y a utilizar este para defenderse. En Agüimes las apañadas se realizaban en Amurga (parte del Agüimes de aquella época), por lo que los pastores se podrían haber incorporado a la expedición desde este territorio, además de pertenecer también a las milicias de Agüimes.

Vamos a conocer las fuentes inglesas sobre los hechos, siendo la  más importante la narración de Thomas Maynarde, uno de los capitanes de la expedición, titulada Sir Francis Drake his voyage, 1595. Together with the Spanish account of Drake´s attack on Puerto Rico, publicada en Londres en 1849. En las páginas 7 y 8 describe fugazmente el episodio. El texto está en inglés antiguo y nos hemos atrevido con nuestro modesto inglés a traducirlo, a riesgo de cometer algún error:

Sir Francis spent much time in seekinge out the fittest place to land; the enemie therby gaininge time to drawe theyr forces in rediness to impeach our approach. At length we puttinge for the shore in our boats an pinnaces, found a greet seege and such power of men to encounter us, that it was then thought  it would hazarde the whole action if we should give further upon it, wherupon we returned without recevinge or doinge any harme worthy the writinge; but, undoubtedly, had we lanced under the forte at our first cominge to anchor, we had put fayre to be possessors of the towne, for delayes gave the enemie greate stomackes and daunted our owne; and it beinge the first service our new men were brought into, it was to be doubted they would prove the worse the whole jorney followinge.

We presently wayed hence and came to anchor the twentyseventh at the west south west part of the islande, where we watered. Here Captain Grimstone, one of the twelve captaines for lande, was slaine by the mountainors, with his boy and a surgeon.
Y la traducción:
Sir Francis dedicó mucho tiempo en la búsqueda del lugar más apto para el desembarco; el enemigo ganó tiempo para juntar sus fuerzas estando prevenidos para impedir nuestra aproximación. Al fin realizamos el desembarco en la orilla en nuestros botes y pinazas, encontrando una gran resistencia y tal cantidad de hombres venían a nuestro encuentro que se pensó que era demasiado arriesgado si continuábamos con el desembarco, con lo cual regresamos sin hacer o recibir daño que mereciera mencionarse, pero sin duda  si hubiéramos atacado el Castillo desde el principio, hubiéramos podido confiar en ser poseedores de la ciudad, el retraso dio al enemigo soporte y nos perjudicó a nosotros; y siendo el primer servicio al que nuestros nuevos hombres fueron llevados, indudablemente sería demostrado duramente en siguientes combates. 

Continuamos nuestro viaje y seguidamente anclamos el 27  en el ESE de la isla donde hicimos aguada. Aquí el Capitán Grimstone, uno de los doce capitanes por desembarcar, fue asesinado por los montañeros, con su grumete y un cirujano.
Todavía tenemos otra fuente, Julian S Corbett que en 1899 publica en Londres una obra titulada Drake and the Tudor Navy, sobre los viajes de Drake, recopilando amplitud de fuentes. En el Tomo II, pág. 388 nos relata el episodio:
The same evening the fleet was taken round to the lee side of the island, where it proceeded to water without iterruption. Even here ill luck followed them. For a captain and a party of soldiers who had wandered too far inland were cut off and killed or captured to a man.
La misma tarde la flota costeó a sotavento de la isla, donde se procedió a hacer la aguada sin interrupción. Incluso en este caso la mala suerte los siguió. Para un capitán y un grupo de soldados que se habían alejado demasiado tierra adentro, fueron interceptados y asesinados, siendo capturado un hombre.
Vemos diferencias, según la fuente sea inglesa o española, siendo normal, porque como sabemos en las guerras los hechos se engrandecen o se minimizan en función de cómo haya ido la batalla a cada parte. Lo primero que nos llama la atención es que para los ingleses el anclaje en Arguineguín es el 27 de septiembre, mientras que para los españoles es el domingo, 8 de octubre.  Esto es así porque los ingleses seguían el calendario juliano, mientras que los españoles habían cambiado en 1582 al calendario gregoriano, sumándose 10 días al calendario del momento. Gran Bretaña seguía con ese desfase de 10 días  hasta 1752, fecha en la que adoptó el nuevo calendario.

El Pajar y Lomo Galeón. 1965. Foto: Nieves Sánchez. FEDAC

Volviendo a los hechos, vemos que el gobernador Alvarado, ordena a seis milicianos de la compañía de Agüimes seguir a la Armada. Esta compañía estaba compuesta por todos los hombres, capaces de portar armas, de Ingenio, Agüimes, Sardina y Aldea Blanca. A estos seis se les unen otros cinco pastores o “apañadores” que encuentran durante el camino.

Creemos que el desembarco tuvo lugar en la Bahía de Santa Águeda, donde hoy está El Pajar (Arguineguín) y antiguamente se situaba un poblado aborigen. Según Torriani en esos mismos años, el lugar era un punto de desembarco.

Los 11 milicianos, probablemente acechaban en la montaña junto a la playa, llamada Lomo Galeón posiblemente por estos hechos,  esperando la oportunidad y esta surge cuando un grupo de ingleses  se aleja del campamento y sube a la montaña. Aquí los pastores y milicianos arremeten contra ellos, capturando dos prisioneros y matando al resto o muriendo estos mientras huían “desriscándose”, según las fuentes españolas. Para los ingleses los atacantes eran “montañeros”, por lo que la acción se desarrolló en el monte, muriendo el capitán, un cirujano y un grumete.

Por último, pensamos que este grupo de milicianos del sur, son los que realizan una de las acciones más meritorias,  como es la de  coger dos prisioneros que proporcionan la información más importante, para después transmitirla a los puertos del Caribe, ya que gracias a ello se encontraran preparados para rechazar a Drake, quitando la ventaja más importante en estos ataques: la sorpresa.

Portada original La Dragontea.

Es una pena que no conozcamos los nombres de estos pastores y milicianos del sur, puesto que como suele suceder, los “hidalgos”, las personas de alcurnia e influencia si que hicieron valer sus méritos en esta batalla para luego obtener títulos y prebendas, pero de ellos, que arriesgaron su vida en esta acción, no conocemos nada.

Finalmente Lope de Vega, uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español, dedicó un poema épico al último viaje de Drake, titulado La Dragontea, donde nos relata la escena de Arguineguín, en los siguientes términos:
Cinco leguas corrió más adelante:
mas no hay remedio, aunque la Isla ciña,
para sus pretensiones importante,
por más que sus montañas escudriña.
Determinóse a hacer agua bastante,
y veinte ingleses pone en la campiña
que llaman los isleños Melenara,   (Lope la confunde con Arguineguín)
pero vendióse el agua allí muy cara.

Que ciertos ganaderos que a sus dueños
guardaron más el agua que las reses,
ya con tejidas hondas, ya con leños
como troncos de pinos o cipreses,
prueban los brazos rústicos isleños
en los soldados míseros ingleses,
como ministros de la yunque en fragua
haciéndoles llevar sangre por agua.
Que como no eran de David soldados,
ni la cisterna de Belén aquella,
quedaron en el campo destrozados
sin llevar al Dragón el agua della     
a cual deja los sesos machucados
la voladera piedra, que con ella
 no hiciera más extraña batería
el pedrero mejor de artillería.
Hinchan los nervios de los fuertes brazos,
y con rústica voz escaramuzan,
dividiendo los cuerpos en pedazos,
las piernas quiebran y las caras cruzan.
Al que por su desdicha viene a brazos,
Cruxiéndole los huesos desmenuzan,
y allí se vio que al fin de tantos robos
mueren a manos del pastor los lobos.
Como suele quedar, después que ha sido
acabada la fiesta de los toros:
éste desjarretado, aquél tendido,
vertiendo sangre los abiertos poros,
ansí en el campo el esquadrón herido
miraba el vencedor riendo a coros;
porque de veinte a los catorce tienden,
y de seis que quedaban, los tres prenden.
Que los huidos se arrojaron luego
De aquellos riscos al tormento eterno,
Que aun en la mar vencidos, se dan fuego
y se van a gozar el del infierno.
El Draque entonces, de corage ciego,
no le sonando muy alegre y tierno
de los canarios el presente canto,
arrojóse a la mar trocado en llanto.
Por tanto esperamos con este artículo haber difundido este importante hecho de armas de nuestra historia y aportado nuevos datos que nos ayudan  a aclarar como se pudo haber desarrollado la historia.

BIBLIOGRAFÍA.

ÁLAMO, Néstor: Drake y Van der Doez en Gran Canaria. 1932. Revista de Historia. Tomo 5, Año 9, nº 35-36 pags. 75-100. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna.
 

CORBETT, Julian Stafford: Drake and the Tudor navy, with a history of the rise of England as a maritime power. Longmans, Green and Co. Londres 1917.

MARIN DE CUBAS, Tomás: Historia de las siete islas de Canaria. 1986. Real Sociedad Económica de Amigos del País (Las Palmas GC).

MAYNARDE, Thomas (1595); COOLEY, William Desborough (1849): Sir Francis Drake his voyage, 1595. Togueter with the Spanish account of Drake´s attack on Puerto Rico.  Hakluyt Society. Edición de Willian Desborough Cocley. Londres, 1883. 

NUEZ CABALLERO, Sebastian: Las Canarias en la obra de Lope de Vega. 1964. Anuario de Estudios Atlánticos, n.º 10. Madrid, Las Palmas. Cabildo Insular de Gran Canaria.

RUMEU DE ARMAS, Antonio: Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias. 1947. Editorial Instituto Jerónimo Zurita. 3 tomos.

VEGA CARPIO, Lope Félix de: (1965): Obras completas de Lope de Vega. Edición de Joaquín de Entrambasaguas. Madrid. CSIC.