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miércoles, 13 de abril de 2016

EL TEJAR DE JUNCALILLO DEL SUR

Restos actuales del Horno. Pablo Guedes García con parte de una teja

PABLO GUEDES GONZÁLEZ

En este artículo damos a conocer una industria existente en nuestra comarca ya en el siglo XVIII y que estuvo presente hasta los años 60 del pasado siglo. Esta industria, una fábrica de  ladrillos y tejas de barro cocido, estuvo situada en medio de lo que hoy es la arboleda de eucaliptos de Juncalillo del Sur, donde todavía podemos observar el horno y la hondonada donde se extraía la tierra, así como restos de construcción a la orilla de la playa. Ya desaparecido se encuentra el pozo, que suministraba el agua. Las tejas que producía esta industria, todavía las podemos contemplar en todos las casas antiguas con tejado a dos aguas de la comarca, sobre todo en Juan Grande.

 Entrevista a mi padre Pablo Guedes García, trabajador en 
el Horno, en su juventud

VALORES NATURALES.

Juncalillo del Sur es un humedal, constituido hoy día fundamentalmente por salados, algunos juncos, por los que recibió el nombre el paraje y una arboleda de eucaliptos y palmeras, plantada artificialmente. Hasta no hace muchos años, hoy en mucha menor medida, recibía las filtraciones de agua que provenían del Barranco de Juan Grande (o de Las Palmas) constituyendo en época de lluvias, un auténtico barrizal, pues había agua filtrándose hacia la superficie por todas partes.  Es por ello que se plantaron eucaliptos y palmeras en la zona, con un objetivo doble:  la desecación del terreno, al ser árboles con un alto consumo de agua y el aprovechamiento de la madera para la fabricación de útiles en las distintas labores del Condado de la Vega Grande,  a quién pertenecían las tierras. La introducción en la isla de los eucaliptos, árbol proveniente de Australia, tuvo lugar a finales del XIX, por lo que la arboleda tal como la conocemos,  debió de plantarse después de esas fechas. 

Horno de Tejas parecido al de Juncalillo, en Tunte.

Hasta los años 60, 70 del pasado siglo, junto a la zona de la arboleda, todavía podían contemplarse los juncales de gran porte (Juncus acutus), hoy casi extinguidos y prados de  greña (Cynodon dactylon), ya desaparecidos. La greña era una hierba rastrera, similar al cesped, por lo que se solía utilizar estos prados tapizados con esta hierba, como espacios para jugar al fútbol y de hecho había un campo de fútbol, hoy día desaparecido. Destaca en todo el territorio las plantas halófilas, comúnmente llamadas salados y también plantas de la sal, por convivir en espacios de aguas salobres. Dentro de la amplia variedad destacamos la brusquilla (Suaeda vermiculata), la más abundante, el balancón (Traganum moquinii) y el salado verde (Schizogyne glaberrima), planta endémica del sur de Gran Canaria, de la que tenemos la hipótesis de que por ella procede el topónimo Castillo del Romeral, al tener similitudes con el romero (ver nuestro artículo: EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO ‘CASTILLO DE LA SANTA CRUZ DEL ROMERAL’: UNA PLANTA ENDÉMICA DEL SUR DE GRAN CANARIA.) 

Todo esto era posible por el agua que daba vida al lugar.

 

Hondonada rodeada de salados formada por la extracción de barro a lo largo de 3 siglos

 

El principal valor natural de este espacio es el faunístico, puesto que cobija al 33% de la población de aves esteparias que nidifican en la isla, fundamentalmente el alcaraván (Burhinus oedicnemus distinctus), el camachuelo trompetero o pájaro moro (Rodopechys githagineus amantum) y la terrera marismeña o calandro (Calandrella rufescens polatzeki). Además proporciona un lugar de descanso y alimentación a unas treinta especies de aves migratorias y limícolas. También nidifican en él especies catalogadas, como el chorlitejo chico y el charrán patinegro.

 

Es por ello que en 1987 fue declarado Paraje Natural de Interés Nacional por la Ley 12/1987, de 19 de junio,  al ser incluido en la Declaración de Espacios Naturales de Canarias. En el año 1994, fue reclasificado como Sitio de Interés Científico por la Ley 12/1994. En 2010 el Estado compra los terrenos al Condado por un importe de 10,64 millones de euros, financiados con fondos europeos. El área de medio ambiente del Cabildo es el responsable de su mantenimiento y conservación, acometiéndose distintos trabajos desde estas fechas como repoblación, eliminación del ganado de cabras, delimitación de caminos y desgraciadamente la eliminación de la “Casa del Pastor” y la cuadra.


CONSTRUCCIONES.

En el lugar había también edificaciones, estaba la conocida como casa del pastor ya citada, una casa a dos aguas antigua, similar a las de Juan Grande, en un primer momento residencia del boyero que cuidaba las vacas que estaban en una cuadra al lado de la vivienda. En el Rodeo, estaba la cuadra principal, con vacas lecheras y a la cuadra de Juncalillo se llevaban los becerros para ser destetados. Posteriormente se cambia la cuadra de vacas por un rebaño de cabras y ovejas y la casa pasa a ser residencia del pastor de Juncalillo. Se cerca un corral para el ganado, que tiene como lugar de pasto todo el espacio con la consiguiente degradación del lugar. Junto a la cuadra se encontraba un pozo y un estanque de agua, que aún se conserva.  También existía una fuente de agua entre la casa del pastor y la actual fábrica de salsa de tomate Intercasa, construida en los años 70.

Por último, dentro del espacio protegido, en la zona conocida como La Tabaibita, se encuentran las “Salinas de Abajo”, las más antiguas de Gran Canaria y las segundas de Canarias, de las que se conocen datos desde 1537, aunque con mucha probabilidad podrían haber sido utilizadas por los antiguos canarios.
Restos cosntrucción al lado Pozo.

Además en el amplio territorio que ocupa el espacio protegido se han encontrado distintos restos aborígenes y en la orilla de la playa junto a donde se situaba el pozo podemos ver restos de una construcción, de los cuales adjuntamos fotos, de la que no tenemos referencia. No sabemos a que época corresponden estos restos: podrían
ser aborígenes o podrían estar relacionados con el Tejar, o  de la misma manera podrían tener relación con las construcciones de la II Guerra Mundial, junto con el bunker que se situaba también cercano a la zona, que fue derribado por la Demarcación de Costas.

Podría ser también una construcción preparada junto al pozo para los barcos que fondeaban para hacer aguadas, de hecho justo frente a Juncalillo se encuentra un ancla muy antiguo, creemos el más antiguo que hemos visto en esta costa, que enrocó en un veril, hecho por el cual fue abandonado. El ancla se encuentra totalmente incrustado con el fondo por lo que es difícil de apreciar.

EL TEJAR.

De quién primero tenemos referencias sobre el horno de tejas es de Don Santiago Cazorla León, que en su obra insigne sobre la historia del municipio, Los Tirajanas de Gran Canaria,  en la página 137, nos indica la existencia de la misma:

 “La explotación de la sal y la agricultura no fueron las únicas actividades en Juan Grande. En un documento fechado el 6 de julio de 1798 se menciona la existencia de una fábrica de ladrillos de barro cocido, de calidad no despreciable, puesto que el Cabildo Catedral hace pedidos para su Iglesia”.

Vemos no solo la existencia de la explotación, sino la calidad de la misma, bien valorada en la ciudad de Las Palmas, por lo que debería haber un tráfico de esta mercancía, desde un embarcadero que estaría con toda probabilidad en La Caleta (Castillo del Romeral), donde también se embarcaba la sal del condado y que muchos años después también se utilizó para el embarque de la producción de tomates de los cultivos cercanos.

Esta explotación, propiedad del condado,  debió  funcionar desde la época de construcción del poblado de Juan Grande a finales del XVII y principios del XVIII, pues la mayoría de  las casas, con tejado a dos aguas,  aún existentes hoy día, se construyeron por esa época. Incluso la Iglesia, que data de 1693, aunque a este edificio se le cambió tejado y pavimento completamente en una reciente remodelación. El pavimento primitivo, actualmente cubierto por otro,  estaba realizado con losetas de barro cocido.

Fue mi padre,  Pablo Guedes García, quién me indicó la pista acerca  del lugar donde se encontraba el tejar, pues él mismo trabajó en esa industria en los años 50-60 del pasado siglo.  Me cuenta que junto al horno había un pozo de agua, hoy desaparecido, que suministraba el agua necesaria para hacer el barro. El pozo era de agua más o menos salobre, según la época.

Lugar donde se situaba el Pozo.
En referencia a este pozo de agua salobre, aprovechamos para hacer un inciso y  citar nuestro artículo:   NUEVAS APORTACIONES A LA HISTORIA DEL SUR DE GRAN CANARIA: TIRAJANA, AMURGA, MASPALOMAS, POZO DEL LENTISCO  en el que hacíamos referencia al paso de Colón por “Maspalomas” a hacer aguada, e indicábamos que el Maspalomas de esa época, el lugar de desembarco de Colón, nombraba a una amplia zona de costa a partir de donde hoy está Castillo del Romeral hacia el sur.  Podría ser este perfectamente el lugar de la aguada. Como posibilidad para ese hecho, sumamos los restos de construcción que encontramos cercanos al pozo, en la orilla de la playa y los restos del ancla, ya citados anteriormente.

Siguiendo con el proceso de fabricación de las tejas o ladrillos, este comenzaba con la obtención de la tierra. Para ello, se picaba en la hondonada que se encuentra cercana al horno y con el agua del pozo amasaban el barro, este proceso se hacía pisando el barro hasta lograr la consistencia necesaria. Se dejaba reposar el barro hasta el día siguiente y  luego hacían las tejas o ladrillos con moldes y las dejaban a la sombra de un cañizo uno o dos días  para posteriormente apilarlas verticalmente dentro del horno, manteniéndolas con calor, guisándose por espacio de uno o dos días, para lo cual se hacían turnos de guardia. La leña utilizada era aulaga o cardón.

"Oreando" las tejas en Moya. Años 1950. FEDAC.
Una vez terminado el proceso se llevaban las tejas en carreta de bueyes hasta Juan Grande, donde por medio de camiones se transportaban a donde fuera necesario en las distintas  posesiones del condado: en la propia comarca de Juan Grande, a Jinámar, Maspalomas o Arguineguín.

El horno tenia forma de cono, más ancho en la parte inferior  estrechándose hacia arriba formando escalones. Estaba construido con “piedras muertas”, que no se rompen con las altas temperaturas, unidas por mortero de barro, que a su vez recubría todo el interior. Se componía de dos partes: la cuba, donde se depositaban las tejas y el hogar, para la leña, separadas ambas por una parrilla.  La cuba disponía de una base que se comunica con el hogar a través de un conjuntos de toberas por donde ascendía el calor. Tanto la cuba como el hogar tenían sus entradas, la primera con vista a Amurga por donde se introducían las tejas apiladas verticalmente salvo la última hilera que era horizontal. El hogar tenía su entrada mirando al mar por donde se introducía la leña.

Cuenta mi padre que habían varios maestros tejeros que conocían el oficio, que seguramente se transmitía de padres a hijos,  siendo un trabajo ocasional, puesto que solo se efectuaba en determinadas épocas del año. Aunque es posible que en tiempos pasados se desarrollara todo el año.
Transportando tejas con carreta bueyes. Moya 1950s. FEDAC


Esta industria desapareció en los años 60 del pasado siglo, cuando comienza la importación de tejas foráneas y se generaliza la construcción de techos con azotea.

Pedro Socorro Santana, cronista oficial de Santa Brígida, en un artículo de la revista “Bienmesabe” nos aporta más información sobre los tejares:

 “A medida que crecía la población, en extensión y en almas, destacaron pronto otras industrias como los hornos de tejas, cuya producción artesanal y comercio del producto quedó regulado desde los primeros años de la colonización a través de las ordenanzas y otras disposiciones del Cabildo de la isla. Pues el uso del tejado, habitualmente a dos aguas, fue común en la arquitectura religiosa (iglesias, ermitas y conventos) y en edificaciones institucionales.
Hornada de tejas cocinándose, colocadas en hiladas verticales,
 excepto la última de encima que va horizontal. Pellagofio.

… Es cuando aparecen muchos hornos por la zona de barlovento de la isla, en lugares -como siempre se hizo- cercanos a las terreras (de tierra arcillosa) y a las fuentes o puntos por donde discurría agua continua de acequias. Sus oficiales, los tejeros, conocían a la perfección el oficio y desarrollaron técnicas para una mayor producción. Estos hornos debían tener un amplio espacio anexo donde se esponjaba, amasaba el barro y se oreaba la teja (para lo cual se hacían cubiertas de palos y ramas de árboles a fin de que la insolación no afectara al producto a cocer luego en los hornos). Para cubrir esta demanda de construcción, sobre todo del ladrillo para tabiques, en la ciudad de Las Palmas aparecen algunos hornos industriales.”

A raíz de este artículo, en que damos a conocer este importante valor de nuestro patrimonio histórico y etnográfico, aprovechamos la ocasión para solicitar que  el mismo sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC),  por la importancia que tuvo su actividad productiva en las construcciones de todo el sur de la isla y en su historia.

Esperamos  que tanto el horno como el pozo sean sacados a la luz,  reformados y rehabilitados, para su pervivencia en el futuro. El hecho de estar enclavados en un espacio natural protegido, de seguro ayudará en este objetivo.

BIBLIOGRAFÍA.

CAZORLA LEÓN, Santiago: Los Tirajanas de GranCanaria. Notas y documentos para su historia. (2000). Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Pág. 137.


GUEDES GONZÁLEZ, Pablo: EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO ‘CASTILLO DE LA SANTA CRUZ DEL ROMERAL’: UNA PLANTA ENDÉMICA DEL SUR DE GRAN CANARIA. 2015.

MILLARES, Yuri: Los mejores barros de Canarias los tienen las islas más antiguas. Revista Peñagofio. 2012. 


SUÁREZ MORENO, F: Ingenierías Históricas de La Aldea. Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria. 1994. Págs. 283-287.

Hornos de Tejas en Carta Etnográfica de Gran Canaria




viernes, 15 de mayo de 2015

PIRATAS MOROS EN LAS “SALINAS DE ABAJO” EN 1622.

Jabeque berberisco, como los que solían usar los piratas de la época.
PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

En este artículo damos a conocer un episodio de nuestra historia por el que dos navíos piratas berberiscos con base en Salé  (Marruecos), fondean en Las Calmas de la isla, con el objeto de negociar el rescate de 26 prisioneros cristianos capturados en abordaje a dos barcos. Estos hechos los conocemos gracias a los archivos de la Inquisición o Santo Oficio (S.O.),  por declaraciones realizadas en procesos abiertos a renegados,  secuestrados españoles y de otros países llevados a tierras moras que abjuraban del catolicismo  y se convertían al islam. En concreto este episodio con la declaración de Juan Roldegas, natural de La Mancha que huye de uno de los barcos piratas.

Conocemos la historia gracias a una ponencia realizada en 1982 por Luis  Anaya Hernández, titulada “Repercusiones del Corso Berberisco en Canarias durante el siglo XVII Cautivos y Renegados Canarios”, en el V Coloquio de Historia Canario-Americana.

Anaya comenta que los testigos canarios citan el lugar de los hechos como Puerto de las Salinas o Bahía de las Salinas; indicando que podría tratarse de la actual Punta Salinas, al sur de Arinaga o de Castillo del Romeral, donde existían salinas. Nosotros creemos que debe tratarse del lugar
nombrado en aquellas fechas como Las Salinas, situado en el actual Salinas de Abajo o La Tabaibita en Juncalillo del Sur, las únicas salinas existentes en esa época, pues tanto las de Arinaga, como las de Pozo Izquierdo, Matorral o Santa Cruz del Romeral, se construyeron con posterioridad. 
Salinas de Abajo, actualmente en desuso, pero observese la sal como cuaja (cristaliza) de forma natural. Foto: Pablo Guedes.

Los bajeles fondearon en Las Salinas, donde además de hacer aguada, establecieron negociaciones con el obispado y el gobernador para rescatar a los cautivos. La tripulación estaba compuesta por berberiscos, turcos, expulsados moriscos, renegados flamencos y dos renegados canarios. Tenían 26 personas como prisioneros cristianos, capturados de dos barcos, uno en el Cabo de San Vicente y otro de un viaje entre Tenerife y Lanzarote.

Uno de los capitanes o arraez, como eran conocidos los jefes de los bajeles moros, se llamaba Calafate Hasan y era renegado griego, mientras que el otro estaba al mando de Jans Jansz, renegado flamenco,  alias Murad Rais o Morato Arraez,  que después sería presidente del Consejo o “Diván” de la república pirática de Salé. Destacado por su osadía y personalidad, llegó en sus correrías hasta Islandia donde invadió Reykjavik cautivando  entre  400 a 800 personas.

Por declaraciones de testigos al Santo Oficio sabemos que era de origen holandés y participó en la lucha de su país contra el dominio español como corsario. Se cree que abandonó Holanda cuando la tregua de 1609 con España y es cuando llega a las islas como otros compatriotas suyos aprovechando la reanudación del comercio con su país. Vivió en Lanzarote hasta 1618 y es este año cuando la isla es invadida por una flota de 36 bajeles y 4.000 hombres mandados por Tabán y Solimán capturando 900 lanzaroteños, entre los que se encuentra Jans Jansz, que es enviado a Argel, donde permanece cautivo hasta que  reniega del cristianismo. 

Cuando reniega comienza su carrera pirática en las costas de Berbería, incluso contra los barcos de su patria instalándose en Argel como piloto de Solimán Reis. A la muerte de este, pasa a Salé  desde donde desarrollará sus correrías.

Salé,  junto con Argel, en la costa mediterránea son los principales centros piráticos contra las islas. Es una ciudad  de la costa atlántica de Marruecos, que se sitúa junto a Rabat, separada por la desembocadura de un rio. Destaca  en esas fechas por ser casi el único puerto marroquí en el Atlántico y a ella llegan a partir de 1609 los moriscos expulsados de la península, en número de 40.000, lo que representa una  valiosa aportación técnica y humana, que va a desarrollar una próspera actividad corsaria y de venganza contra los españoles por su expulsión. Dependientes en un principio del Sultán, a quien cotizaban el 10% de las presas hasta 1626, se independizan en este año y crean una república pirática, gobernada por un Diván de 16 miembros, cuyo primer presidente, como hemos comentado, fue nuestro protagonista Jans Jansz.

Jans Jansz aprovecha su conocimiento de las islas para realizar incursiones en ellas. Tenemos testimonio al menos de dos de ellas, en las cuales usó la misma táctica: apostarse por las zonas de tránsito entre las islas para capturar los navíos que pasaran y seguidamente con sus cautivos, anclar en algún paraje seguro: Las Salinas,  para solicitar rescate por los mismos, llevándose a Salé a los que no podían liberar.

Así en el proceso del morisco expulso Andrés, éste afirma haber venido con Jans Jansz a Canarias antes de 1622 y haber capturado dos carabelas isleñas entre islas, con muchos cristianos, rescatando unos y llevándose el pirata el resto a Salé. Una de las dos carabelas fue capturada de nuevo por navíos canarios, pues de este modo fue apresado el procesado.

De la expedición de 1622,  tenemos más información, gracias al proceso del renegado Juan Roldegas, que huye del barco de Jans Jansz. Roldegas, natural de Villacañas en la Mancha, había sido capturado en 1617 cuando embarcaba como soldado en una flota de 7 bajeles flamencos, que se dirigía de Cartagena a Nápoles. Fueron asaltados por 17 navíos argelinos, capturando a su navío y a otro, cayendo presos 456 soldados españoles y muriendo en la lucha unos 200, demostrando el poder de la piratería  argelina. Llevado a Argel fue vendido a un turco que le hizo trabajar como aguador y en una vid, hasta que embarcó como corsario con el arraez Calafate Hasan.

Recreación aproximada de la travesía seguida por Jansz.
Siguiendo con el testimonio de Roldegas, en Salé, Jans Jansz convenció a Calafate para que comprara una saetía,  para ir a Canarias donde, según el holandés hallarían buenas presas. La saetía era una embarcación de una sola cubierta, típica del Mediterráneo, generalmente de dos palos y con vela latina utilizada habitualmente para la piratería. Era un barco que soportaba bien la mar, que tenía una capacidad de carga mayor que la correspondiente a su tamaño y podía llevar hasta 10 cañones.

Aunque al principio patrullaron por el cabo de San Vicente ya que allí capturaron el 13 de septiembre un navío francés de Olon, “La Jorna”, con 13 tripulantes según el testimonio de su patrón, Juan Friolin, que tuvo la fortuna de ser rescatado en Las Salinas. Saquearon también un navío flamenco con bacalao, aunque por las paces que tenían con Holanda, lo liberaron.

Ya en Canarias atacaron dos carabelas con mucha gente de las islas, según el testimonio de Friolín, aunque según Roldegas fue sólo una con 10 hombres y 3 mujeres. Posteriormente, los navíos anclaron en Arguineguín según Roldegas y en el puerto de Las Salinas según otros testimonios, para hacer aguadas y rescatar a los cautivos, momento que aprovechó el renegado español, mientras acarreaba agua, para huir a Agüimes y de allí a Las Palmas.

Aquí Luis Anaya indica que los testigos canarios citan el lugar como Puerto de las Salinas o Bahía de las Salinas; que podría tratarse de la actual Punta Salinas, al Sur de Arinaga o de  Castillo del Romeral, donde existían salinas. Nosotros pensamos que no fue en ninguno de esos sitios sino en las conocidas en la época como Las Salinas, las únicas existentes en ese momento, que se corresponde con  las actuales “Salinas de Abajo”, en Juncalillo del Sur. Adjuntamos mapa de Torriani de 1592 donde se señalan. 
Mapa de Gran Canaria del Ingeniero Leonardo Torriani, 1590. Observese a la dcha: Maspaloma, Pozo del Lentisco, Las Salinas y Pta. de Tenefent.
Según el testimonio de Roldegas, los dos navíos piratas no eran de gran tamaño pues el de Jans Jansz traía 65 hombres de tripulación y el de Calafate unos 40, más los cautivos que habían hecho en el viaje. Se supo después que también iban 6 renegados españoles, 3 de Madrid, 1 de Toledo y otros 2 sin concretar provincia, que fueron capturados junto con él en el Cabo de Palos (Cartagena). Roldegas no los declara al Santo Oficio por temor puesto que él mismo era renegado. Esto se sabe porque al haber huido, Jans Jansz lo denuncia a los negociadores canarios del rescate con la intención de que el S.O. le ajustara las cuentas.

Es por ello que la Inquisición lo condena a prisión y es entonces cuando termina confesando y reconoce su apostatía  achacándola a los malos tratos recibidos y para poder huir, ya que al no ser marino no lo enviaban a corso (piratear), mientras que haciéndose musulmán podía embarcar, al creer los moros, que el apostatar era un freno para la huida por el temor al S.O. Como resultado del proceso es  condenado a reclusión por dos meses en un convento y cumplida la pena en julio de 1623 se le concede licencia para retornar a España.

María Candelaria, de la Gomera,  que fue una de las 3 mujeres cautivadas días atrás en una carabela y que consiguió ser rescatada, declaró que dos muchachos de Canaria que habían renegado estaban con Jans Jansz, lo que era de utilidad como conocedores del territorio y la costa lo que será utilizado por otros piratas con frecuencia.  Se cree que uno de estos renegados de Gran Canaria fue Salvador Gutierrez Perdomo Betancor, alias «Perdomito», quien fue denunciado posteriormente al S.O. en 1644 por varios testigos.

Respecto a los cautivos que llevaba Jans Jansz, sólo consta el rescate del capitán francés y de María Candelaria, aunque debieron ser más pues uno de los testigos del proceso, el esclavo Pedro de Brito, declaró que fue comisionado por el gobernador al ser conocido de Jans Jansz, junto con otros para negociar el rescate y que todos los días entraba varias veces en el barco a contar el dinero del mismo, lo que parece indicar que fueron cantidades importantes. De hecho, la única cifra que se conoce así parece indicarlo, son 200 ducados que el 18/10/1622 aporta el cabildo catedralicio para contribuir “a rescatar de entre moros unos pobres cautivos apresados sobre estas islas”.

Después de la liberación de los cautivos rescatados y de realizar aguada,  los dos navíos piratas regresan a Salé con el resto de cautivos.

Charca en La Tabaibita, junto a Las salinas de Abajo. Al fondo Montaña de Las Tabaibas.

 Según  Robert C. Davis en su obra   “Esclavos Cristianos, Amos Musulmanes” a los presos los colocaban generalmente en la bodega para el viaje de regreso: apiñados, apenas sin poder  moverse entre la suciedad, el mal olor y los parásitos. A su llegada a Salé, era tradición hacer desfilar a los recién capturados por las calles para que la gente pudiera hacer burla de ellos y los niños cubrirlos de basura.

  En el mercado de esclavos, los hombres estaban obligados a brincar para demostrar que no eran cojos y los compradores a menudo querían desnudarlos para ver si estaban sanos, lo cual también permitía evaluar el valor sexual de hombres y mujeres; las concubinas blancas tenían un gran valor y también había un mercado homosexual.
Los compradores que buscaban pedir el rescate examinaban los lóbulos de las orejas para encontrar marcas de perforación, lo cual era indicio de riqueza. También era habitual examinar los dientes de un cautivo para ver si podía sobrevivir a un régimen esclavista duro. Era común afeitar la cabeza y la barba de los esclavos públicos como humillación adicional, pues los moros consideraban cabello y barba como parte importante de la identidad masculina.
 Los esclavos llevaban un anillo de hierro alrededor de un tobillo y arrastraban una pesada cadena de entre 11 y 14 kg.
La ocupación más dura y miserable para los esclavos eran las galeras, donde pasarían el resto de sus días. Otros se destinaban a trabajos agrícolas y otros que tenían habilidades eran alquilados por sus dueños. Algunos eran “soltados” por el día con la obligación de regresar con una cantidad de dinero por la noche, bajo amenaza de ser golpeados brutalmente en caso de no hacerlo.
Una forma de aligerar la carga de la esclavitud era "tomar el turbante" y convertirse al islam. Esto eximia del servicio en galeras, de los trabajos más penosos y de los trabajos impropios para los musulmanes, pero no de ser esclavo.
En Salé, Jansz continua con sus proezas piráticas y en 1626 gracias a su fama y a su matrimonio consigue ser nombrado presidente de la república pirática  de Salé por  el Consejo o Diván de la misma.

A pesar de su posición, sigue saliendo al corso (hacer la piratería) en múltiples ocasiones. En 1627 realizó sin duda, su mayor proeza pirática, pues guiado por un cautivo danés llegó hasta Islandia, saqueando Reykjavik y volviendo con un botín de cautivos que oscilaba entre 400 a 800 personas. Instalado de nuevo en Argel, fue capturado por los Caballeros de Malta, que le liberaron a cambio de un importante rescate. En 1640 figura como gobernador de la fortaleza  en Salé, y es por estas fechas cuando se supone que muere debido a las luchas entre salesinos y sus vecinos marroquíes

Las Salinas de aquella época.

Creemos que la poca población existente en esos momentos en el territorio, salineros y pastores,  al detectar los navíos piratas huyen de la costa y se adentran en Amurga o el interior de la isla por el terror que se les tenía a los piratas. De hecho existe la llamada Cueva o Cuevas de Los Salineros, a poca distancia de Las Salinas, al pié de Amurga, que es donde creemos vivían y pasaban noche los salineros, por temor a secuestros.

En esa época todavía no existía el núcleo de Juan Grande en el lugar que hoy lo conocemos. Juan Grande fue un vecino de Agüimes, en la mitad del s. XVI, de lo cual tenemos noticias por documentos notariales de compra de tierras de 1544. Según  Francisco Tarajano en sus “Memorias de Agüimes”, Juan Grande  fue labrador y pastor y con sus ganados recorría todo el territorio desde Agüimes hasta Amurga. Por esos sitios se pasaba hasta tres meses con su ganado mientras su familia permanecía en Agüimes y fue en 1572 cuando decidió ir a vivir a la costa con su familia, en un lugar que se convertiría años después en el caserío de Juan Grande.
Cuevas de Los Salineros.

Creemos que es sobre los años posteriores a 1660 cuando el capitán Francisco Amoreto Manrique (abuelo del Francisco Amoreto, protagonista en el Motín de Agüimes), construye las primeras casas en el Lomo de Buenavista (Suarez Grimón y Quintana Andres, “Historia de la Villa de Agüimes”),  no donde hoy esta el pueblo, cuyas primeras casas  construye su nieto, sino  en las primeras estribaciones de Amurga, entre el pueblo actual y Aldea Blanca,  lugar en el que como indica su nombre y tal vez debido a ello, debía haber una "buena vista", de la costa desde donde se podia dar la alarma en caso de "moros en la costa" y huir a las alturas.

Las Salinas era, por tanto, el único punto en la costa del sur, que podría tener un cierto poblamiento al existir aquí la industria salinera, pues  por aquellos lugares desiertos solo se adentraban los pastores con mucha precaución por miedo a ser secuestrados por piratas. Cercano a Las Salinas a menos de 2 km.,  se encontraba  Pozo del Lentisco (actual Bahía Feliz), que hemos dado a conocer en otros artículos ( NUEVAS APORTACIONES A LA HISTORIA DELSUR DE GRAN CANARIA: TIRAJANA, AMURGA, MASPALOMAS, POZO DEL LENTISCO.), lugar donde se culminaban “las apañadas” de ganado de Amurga y donde creemos existía antiguamente un poblado aborigen y donde también pudieron desarrollarse los hechos de este episodio.
 
Cueva de los Salineros, con vista a autopista, Las Salinas y Tabaibita.
Las costas del sur de las islas  son las que están a sotavento, protegidas de los vientos dominantes la mayoría del año, pero sobre todo en verano. Estos vientos, los alisios, son de dirección norte o noreste.  Esto es bien sabido por todos los navegantes, y de hecho a la zona sur de Gran Canaria, se la conocía con el nombre de “Las Calmas de Maspalomas”.  

En la zona de Castillo del Romeral, Las Salinas y Pozo del Lentisco es donde normalmente se encuentra el corte del viento y sus habitantes saben de la intensidad del mismo cuando a unos cientos de metros más al sur se encuentran las calmas. Es por ello que esta zona sea utilizada por los navegantes para hacer aguadas y para refugiarse de los temporales, así como también para hacer pillerías por parte de piratas y corsarios, al ser una zona prácticamente deshabitada y como describen sus antiguos habitantes, una selva. Como medida de precaución, las villas y poblados se asientan en lugares no visibles o retirados de la costa, Tunte, Santa Lucía, Agüimes.

Prueba de ello es la cita del Deán del Cabildo de la Diócesis canariense en carta dirigida al rey Felipe V, en 1719, un siglo después, con motivo del “Motín de Agüimes":

El pago de Sardina era antes una selva, abrigo solamente para desembarco de piratas sarracenos que con su continuación la hicieron tan sospechoso para los naturales, que nunca penetran sin peligro de muerte o cautiverio.  A costa de sus fatigas lo desmontaron, y con la repetida efusión de sangre que derramaron en defensa de su ribera, lo hicieron fecundas heredades y lo cultivaron, de suerte que son el único medio de sustentación”  (Santiago Cazorla Los Tirajanas de Gran Canaria) canaria).

Las Salinas era un punto estratégico, puesto que todos los  barcos que hacían la pesca en Berbería debían pasar por este lugar a cargar la sal, permaneciendo fondeado dos o tres días realizando esta labor. De la misma forma cuando regresaban de África, su recorrido pasaba por aquí en su camino a la ciudad de Las Palmas.  Desde la construcción de las salinas en 1537, la media de barcos que se dedicaban a la pesca en África, era de unos 30, los cuales obligatoriamente debían aprovisionarse de sal en este lugar para realizar su negocio.

Desde los primeros años de la conquista se produjeron ataques que lo que pretendían era el saqueo y la captura de indígenas canarios para ser esclavizados. Después de la conquista y hasta el s. XIX las islas fueron atacadas por franceses, ingleses y holandeses principalmente, ya sea por guerras formales entre la corona española y estos países, como también  por actividades piráticas. Pero es a partir de la segunda mitad del XVI y hasta el XVIII cuando los piratas berberiscos, que desde diversos puertos como Larache, Safí, Túnez, pero sobre todo Salé y Argel, atacan de forma ininterrumpida a las islas y a su tráfico marítimo. Los navíos piratas se apostaban por los puntos habituales de navegación, acechando a los navíos, o se acercaban a  “la Costa” de Berbería  a la caza de pesqueros. 

Como hemos indicado “Las Salinas” era un punto estratégico por su privilegiada situación en las comunicaciones marítimas y en su costa acechaban los piratas para capturar navíos. Por este lugar  poco defendido hasta la construcción de la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral a principios del XVII,  desembarcaban para aprovisionarse de agua, leña y provisiones.

Su principal presa era la mercancía humana, fundamentalmente los pescadores canarios, pero también capturaban pastores y a cualquiera que encontraran en su aguadas en aquellos deshabitados lugares. También atacaban poblaciones, así como islas enteras. Prueba de ellos son las entradas a Lanzarote, destacando la de septiembre de 1569, cuando piratas berberiscos al mando de Calafat con 10 galeras y 600 hombres, saquean la isla durante 18 días, llevándose 200 cautivos, después recorre los puertos de Gran Canaria, tomando los navíos ó quemándolos.

De igual forma sucede en 1586 y 1618, en esta última es una flota de 36 bajeles y 4.000 hombres mandados por Tabán y Solimán capturando 900 lanzaroteños, entre los que se encuentra Jans Jansz, el protagonista de nuestra historia.  Después de quemar  haciendas y campos, los moros se dirigieron a La Gomera, capturando más esclavos. Esta vez capturan a una mujer anciana, para ellos de poco valor, que entierran en la arena hasta la cintura, utilizándola  como diana para las bocas de fuego (cañones). Es por ello que los canarios viven aterrorizados y el temor va más allá de la realidad,  ya de por si bastante temible.

Las victimas eran vendidas  en los puertos africanos, donde los destinaban a múltiples trabajos. También sus nuevos amos obtenían buenos beneficios por su rescate. La  vida de esclavo estaba marcada por el intento de recobrar la libertad en la que se involucraban los familiares para pagar el rescate. Muchos de ellos, viendo la imposibilidad de regreso a su tierra cambiaron de religión para obtener una mejor forma de vida, eran los llamados renegados. De estos, los que anteriormente habían sido pescadores ahora pasaran a ejercer la piratería, aprovechándose de sus conocimientos de las costas canarias contribuyendo a aprovisionar los mercados de esclavos berberiscos con material humano isleño.

Algunos de estos últimos aprovechaban su visita a las islas para escapar y otros eran capturados y a través de sus procesos y de las declaraciones al Santo Oficio (Inquisición) de antiguos cautivos rescatados, se obtuvo la información de lo que se conoce sobre este tipo de piratería.

También hay que apuntar que los españoles también practicaron la piratería en las costas africanas, a lo largo del XVI, como lo habían hecho antes de la conquista con los antiguos canarios y de la misma manera a como después la ejercerán los moros en Canarias, formas de vida lamentables que se han realizado a lo largo de toda la historia. Los berberiscos actuaban arrasando los poblados que encuentran en las islas como represalia a las cabalgadas, o ataques de los cristianos, que se hacían en el norte de África.

BIBLIOGRAFÍA.

ANAYA HERNÁNDEZ, Luis Alberto. Repercusiones del corso berberiscoen Canarias durante el siglo XVII: cautivos y renegados canarios. V Coloquio de Historia Canario-Americana,  t. II, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 1982, pp. 124-177

CAZORLA LEÓN, Santiago: Los Tirajanas de Gran Canaria. Notas y documentos para su historia. (2000). Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Pág. 174.

DAVIS, Robert C.: Christian Slaves, Muslim Masters: White Slavery in the Mediterranean, the Barbary Coast, and Italy, 1500-1800. Palgrave Macmillan, 2003.
GUEDES GONZÁLEZ, Pablo (2013). Nuevas Aportaciones a la Historia del Sur de Gran Canaria: Tirajana, Amurga, Maspalomas, Pozo del Lentisco. En historiacastilloromeral.blogspot.com

SANTANA PÉREZ, German. Documentos y estudios sobre el corsarismo en Canarias. Descripción archivística, transcripción y edición facsímil. Editorial BEGINBOOK

SUAREZ GRIMÓN, Vicente y QUINTANA ANDRÉS,  Pedro: Historia de la Villa de Agüimes. Tomo II. 2003. Ayuntamiento de Agüimes.

TARAJANO PÉREZ, Francisco: Memorias de Agüimes 6. 2003. Ayuntamiento de Agüimes.

viernes, 24 de octubre de 2014

EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO ‘CASTILLO DE LA SANTA CRUZ DEL ROMERAL’: UNA PLANTA ENDÉMICA DEL SUR DE GRAN CANARIA.

PABLO GUEDES GONZALEZ

En este artículo damos a conocer nuestra hipótesis de que el topónimo “El Romeral”, podría provenir de un arbusto: Schizogyne glaberrima, conocido como  Salado Verde, especie endémica del sur de Gran Canaria,  que se encuentra amenazada y que debió ser muy abundante en tiempos de la fundación de la Casa Fuerte. Esta especie tiene muchas similitudes con el romero.

De la misma forma se hace un repaso a la historia de los inicios de Castillo del Romeral con la construcción de las salinas y la Casa Fuerte en el s. XVII, que da nombre al pueblo.


EL CASTILLO DE LA SANTA CRUZ DEL ROMERAL.

Recreación a partir de planos de la fortaleza sobre 1700 en  Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones
de Canarias. J.M. Pinto de la Rosa. Consideramos que hay alguna diferencia, según descripción de testimonios.

Antonio Lorenzo Bethencourt (1626-1696), Sargento Mayor y regidor perpetuo de la Isla, construye unas salinas en los años 1660 en el lugar donde hoy se encuentran las piscinas naturales de Castillo del Romeral. Estas salinas se unen a las “Salinas de Abajo” pertenecientes a Francisco Amoreto (abuelo de Francisco Amoreto, protagonista en el Motín de Agüimes), para surtir de sal a la importante flota pesquera, que en esos años se dedicaba a la  pesquería africana. Las “Salinas de Abajo”ya existían en Juncalillo del Sur desde 1537.

El importante tráfico marítimo en la zona, unido al despoblamiento del sur de la Isla, atrae a piratas y corsarios en busca de presas y para realizar aguadas, produciéndose muchos ataques a los pesqueros. Es por este hecho por el cual Antonio Lorenzo solicita autorización a  Carlos II en 1669 para construir un castillo, la cual se la concede y le nombra a él y a sus descendientes Alcaldes Perpetuos, como vemos en la Real Cédula de 22 de marzo de 1677:

Considerando que el puesto que llaman Las Calmas de Maspalomas, se halla sin ninguna defensa, para los naturales que habitan en él, con que con ser su situación a la vista de África, está infestada de los enemigos de nuestra Santa Fe, que llevan cautivas la gente de dicha Costa y los ganados que pastan en dichos campos. Y atendiendo a la oferta que vos, Don Antonio Lorenzo Bethencourt, de dicha isla de Canaria hacéis dándoos licencia, fabricaréis casa fuerte o torreón en dicho puesto, Las Caletas de dicha Costa de Maspalomas, la artillareís y proveeréis de armas y municiones y pondréis guarnición y centinela que vele día y noche para avisar a los naturales de las embarcaciones que se arrimaran a tierra, siendo la fábrica y todo lo demás que habéis de hacer y mantener en ella a vuestra costa, os hago merced y a vuestros herederos y sucesores de nombraros Alcaide de dicha casa-fuerte o torreón con el Pleito Homenaje”  (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, pág 168. Original en Archivo Marquesado de Arucas. Leg. 36. Real Cédula Carlos II, Madrid 22 marzo 1677)

Obsérvese que en la cédula se cita al territorio como “
Las Calmas de Maspalomas” y al lugar concreto como “Las Caletas de dicha Costa de Maspalomas”, abundando en la hipótesis de que antiguamente Maspalomas nombraba a un amplio territorio y no a un punto en concreto (Ver nuestro artículo: Nuevas Aportaciones a la Historia del Sur de Gran Canaria) . 

Nos damos cuenta también de que el topónimo “La Caleta”, que se corresponde con un antiguo barrio del pueblo, hoy día desaparecido, situado al sur del actual muelle, es anterior al de “Castillo del Romeral”.

Restos que perviven de la Casa Fuerte. Pablo Guedes
La Real cédula llega a manos de Antonio Lorenzo tres años después, en 1681, y tras cumplimentar los requisitos legales que figuran en la misma se empieza la construcción. Pero por diversos motivos, entre los que creemos un largo pleito con la familia Amoreto,  no logra terminar la obra en vida. A su muerte en 1696,  su hijo el capitán José Jacinto Bethencourt Ayala y Roxas, es quien lo termina de pertrechar y armar y es a quien se le hace pleito homenaje, dándole posesión del castillo, y siendo su primer Alcaide en 1704:

Bajó a las Calmas de Maspalomas, en el sitio de Las Salinas y visitó la Casa-Fuerte, ()que atento a estar perfeccionada la obra de la fortaleza del Castillo de Santa Cruz del Romeral ()Y hallé que dicha casa-fuerte, es y está muy capaz, que tiene de largo más de ciento veinte varas (100 mt.) y de ancho más de cuarenta, (33.4 mt.) y las murallas por todas partes de ancho seis palmas ( 1,26 mt.) y 30 de altura (6,3 mt.); y enterraplenada la que mira al mar; y enlosada la plataforma con doce troneros muy capaces con doce varas de merlón de distancia cada una, las seis mirando al mar, dos  a las playas de sus lados y dos para la tierra fuera de las casas de su morada, que están contiguas a dicha plataforma o casa-fuerte que todo está debajo de un muro o cerca con sus guardapuertas o ladrones que defienden la entrada, y dos garitas en dicha plataforma en cada esquina de la frontera dicha con su abrigo debajo del terraplén. ()

Y tiene cuatro cañones de artillería de fierro de a ocho y siete libras de calibre (...) y más de siete mosquetes (...) y asimismo seis dardos nuevos enastados. ()

Y en dicha Casa- Fuerte hallé cuatro ayudantes artilleros que reconosco eran capaces para el manejo de dicha artillería, y asimismo hallé cuatro soldados de centinelas, sin los salineros y esclavos del dicho Don José que tiene para el servicio de su casa, y en dicho parage, a un tiro de mosquete se hallan hasta treinta personas, y a un cuarto de legua Aldea Blanca y Sardina (Juan Grande) con cuarenta personas de asistencia () de dicho paraxe, y esto es lo que vi y reconocí y llegue a entender y lo firmé, Canaria y enero 20 de 1704, don Luis Romero de Xaraquemada. (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, Pág. 165-166 y 169.)
Casa Condal Juan Grande 1940. Naranjo Suarez. Observese cruz sbre entrada.

Obsérvese otro nuevo topónimo, “Las Salinas”, que creemos existe desde la construcción de las primeras salinas en 1537, que aparece ya en el mapa de Torriani de finales del XVI.

La población existente en esos momentos en el pueblo es de 30 personas, que viven a un tiro de mosquete (50 a 100 metros), creemos que en las típicas casas canarias de tejas a dos aguas, que se mantuvieron en pie hasta mediados de s. XX, iguales a las actualmente existentes en Juan Grande.
 
En este texto de 1704 vemos que ya se nombra, por vez primera a la fortaleza como “Casa Fuerte y Castillo de Santa Cruz del Romeral, nombre que creemos debió ser designado por Antonio Lorenzo o por José Jacinto Lorenzo.

El nombre de Santa Cruz, proviene de la religiosidad típica de esa época, en la que muchos topónimos, llevan nombres relacionados con la religión, normalmente vírgenes o santos, patrones del lugar. Tal es el caso de Vega de Guadalupe, nombre que también recibe Juan Grande, por ser la devoción a a esta virgen la que tiene la ermita de Juan Grande, fundada pocos años antes que la Casa Fuerte, en 1691, por Francisco Amoreto.

Sabemos que en el oratorio o ermita de la Casa Fuerte, existía una virgen del Rosario, patrona de Agüimes, por la que se tenía devoción en el poblado, sin embargo, sus fundadores le imponen el nombre de Santa Cruz. Conocemos también que existía una cruz en el pórtico de entrada al Castillo, típico de la época, parecido al que vemos a la entrada de la Casa Condal de Juan Grande. La virgen del Rosario se lleva a finales del s. XIX a la Iglesia de Agüimes.


ORIGEN DEL TOPÓNIMOEL ROMERAL.

Rama Salado Verde. Igoterra.com
Rama Romero. nutricion.nichese.com















 






En las fuentes escritas no hemos encontrado ninguna explicación al origen de “El Romeral” por lo que establecemos la hipótesis de que al no haber ningún apellido con esta nominación en la familia de los fundadores, estos le dieron dicho nombre por la abundancia de este arbusto o de uno muy parecido en el lugar. De las especies existentes en Canarias que pudieran inducir al nombre tenemos: el romero común (rosmarinus officinalis) y el romero de costa (Campylanthus salsoloides) y con ciertos parecidos: el salado verde (Schizogyne Glaberrima) y el salado blanco (Schizogyne Sericea).

En las indagaciones que hemos hecho a mayores del pueblo, no consta que en la zona existieran romeros, ni el común, ni el de costa. Según mi padre, en Juan Grande conoció la existencia de un romero, posiblemente introducido. Tampoco conocemos que el salado blanco estuviera en la zona. Sin embargo el salado verde si era común y pensamos que antiguamente muy abundante.

Es posible que en la época de la fundación, alguna de estas especies si creciera en el territorio, pero creemos, aunque en estas cosas no se puede tener certeza absoluta, que la mayor probabilidad es la de que el origen este vinculado al salado verde (Schizogyne Glaberrima).  


El arbusto, de igual porte que el romero, tiene cierto parecido en las ramas y hojas, pero sus flores amarillas son diferentes a las lilas del romero. La mayor similitud es en que ambas son plantas aromáticas que desprenden un olor agradable. Creemos que la gran abundancia de salados con los olores que desprendían, debió llamar mucho la atención a Antonio Lorenzo, lo cual pudo llevar a confusión o a comparación, para asignar la nominación de "El Romeral".

Distribución mundial de Schizogyne
Glaberrima en Atlas y Libro Rojo
Según el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España el Salado Verde (Schizogyne glaberrima) es una especie endémica del sur de la isla de Gran Canaria, por lo que es el único lugar del mundo donde crece de forma natural. El Libro Rojo propone que sea incluida en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias en la categoría de Sensible a la Alteración del Hábitat.

Es un arbusto de hasta 1,2 mt densamente ramificado con hojas lineares o filiformes. Sus flores de un amarillo intenso producen un agradable aroma y con el tiempo toman un color amarillo-pálido para terminar pasando a marrón cuando se secan.

La especie habita entre el límite inferior del cardonal-tabaibal (cuando existía) y las zonas litorales, junto a los “sorrios” de las playas y a las charcas que se forman debido a la marea, a menudo en sustratos arenosos y con alto contenido en sal y se adapta muy bien a períodos de sequía. Es por ello por lo que creemos que debía de darse en gran cantidad en las zonas cercanas a las salinas donde se construyó la Casa Fuerte.

Crece en colonias densas que en la actualidad se ven alteradas o eliminadas por la fuerte actividad urbanística desarrollada por el turismo, que ha hecho que las grandes colonias se fragmenten, disminuyendo mucho su distribución. Se dá también en bordes de carreteras y suelos removidos o antropizados. Se está utilizando en jardinería, principalmente en los viales y urbanizaciones. 

Hay otra especie con las mismas características, que crece en todas las islas, el salado blanco Schizogyne Sericea, con la que suele hibridarse. Se diferencian únicamente en que esta última es de un color mucho más claro.

Colonia de Salados Verdes o Saladar en Dunas de Maspalomas. photos.v-d-brink.eu
Volviendo a la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral, observamos que se construyó en la misma zona que se considera  hábitat ideal de esta planta y creemos que antiguamente debió de haber una gran distribución de la misma, por lo que "del Romeral" se le suma al nombre por su parecido o confusión con el romero, que después derivó en el pueblo.

Actualmente observamos esta planta en los bordes de la carretera de acceso a Castillo del Romeral, concretamente entre la penúltima y la última curva antes de llegar al pueblo y en zonas aisladas cercanas a los “sorrios” de las playas, aunque en una cantidad muy inferior a las que recordamos cuando éramos niños, por lo que tememos que están desapareciendo en su hábitat natural.

Carpobrotus en Meloneras.
Aprovechamos el artículo para hacer una reflexión: Tenemos en Canarias muchas especies únicas en el mundo con una gran belleza, como la que estamos dando a conocer. Aun así nos empeñamos en importar, con un fin ornamental, muchas especies foráneas que traen consigo plagas, enfermedades, que ocupan el hábitat de las autóctonas y que tienen un alto coste económico.

Un ejemplo de lo desacertado de estas decisiones es el siguiente, denunciado en el blog
Invasiones Biológicas: El bálsamo es uno de los nombres comunes de la especie Carpobrotus edulis, de la que adjuntamos foto en Meloneras, donde se ha plantado a lo largo de todo el paseo, ocupando el mismo hábitat que el salado verde, erradicándolo solo a puntos aislados del paseo, pues una vez cubierto todo el acantilado no hay sitio para otras especies.
Carpobrotus junto a Salado Verde

El carpobrotus ha sido considerada la número uno de las cien especies invasoras más peligrosas en Madeira y Azores y la que mayores problemas causa. Todos los años se gastan miles de euros para erradicar esta planta, por lo que hacemos un llamamiento a las autoridades para repoblar los espacios públicos únicamente con especies autóctonas.

BIBLIOGRAFÍA.

CAZORLA LEÓN, Santiago: Los Tirajanas de Gran Canaria. Notas y documentos para su historia. (2000). Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Pág. 174. Originales en Archivo Marquesado de Arucas, leg 36.

Carpobrotus edulis. Aprender en cabeza ajena. En el Blog Invasiones Biológicas en Canarias”.

PINTO DE LA ROSA, José María. Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias. Madrid: Tabapress y Museo Militar Regional de Canarias. 1996. 32x24 cm; 764 p.; 467 mapas, planos y dibujos. 

SANTANA, I.; NARANJO, J.: Schizogyne Glaberrima en Atlas y Libro rojo de la Flora Vascular Amenazada de España (2010).