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miércoles, 13 de abril de 2016

EL TEJAR DE JUNCALILLO DEL SUR

Restos actuales del Horno. Pablo Guedes García con parte de una teja

PABLO GUEDES GONZÁLEZ

En este artículo damos a conocer una industria existente en nuestra comarca ya en el siglo XVIII y que estuvo presente hasta los años 60 del pasado siglo. Esta industria, una fábrica de  ladrillos y tejas de barro cocido, estuvo situada en medio de lo que hoy es la arboleda de eucaliptos de Juncalillo del Sur, donde todavía podemos observar el horno y la hondonada donde se extraía la tierra, así como restos de construcción a la orilla de la playa. Ya desaparecido se encuentra el pozo, que suministraba el agua. Las tejas que producía esta industria, todavía las podemos contemplar en todos las casas antiguas con tejado a dos aguas de la comarca, sobre todo en Juan Grande.

 Entrevista a mi padre Pablo Guedes García, trabajador en 
el Horno, en su juventud

VALORES NATURALES.

Juncalillo del Sur es un humedal, constituido hoy día fundamentalmente por salados, algunos juncos, por los que recibió el nombre el paraje y una arboleda de eucaliptos y palmeras, plantada artificialmente. Hasta no hace muchos años, hoy en mucha menor medida, recibía las filtraciones de agua que provenían del Barranco de Juan Grande (o de Las Palmas) constituyendo en época de lluvias, un auténtico barrizal, pues había agua filtrándose hacia la superficie por todas partes.  Es por ello que se plantaron eucaliptos y palmeras en la zona, con un objetivo doble:  la desecación del terreno, al ser árboles con un alto consumo de agua y el aprovechamiento de la madera para la fabricación de útiles en las distintas labores del Condado de la Vega Grande,  a quién pertenecían las tierras. La introducción en la isla de los eucaliptos, árbol proveniente de Australia, tuvo lugar a finales del XIX, por lo que la arboleda tal como la conocemos,  debió de plantarse después de esas fechas. 

Horno de Tejas parecido al de Juncalillo, en Tunte.

Hasta los años 60, 70 del pasado siglo, junto a la zona de la arboleda, todavía podían contemplarse los juncales de gran porte (Juncus acutus), hoy casi extinguidos y prados de  greña (Cynodon dactylon), ya desaparecidos. La greña era una hierba rastrera, similar al cesped, por lo que se solía utilizar estos prados tapizados con esta hierba, como espacios para jugar al fútbol y de hecho había un campo de fútbol, hoy día desaparecido. Destaca en todo el territorio las plantas halófilas, comúnmente llamadas salados y también plantas de la sal, por convivir en espacios de aguas salobres. Dentro de la amplia variedad destacamos la brusquilla (Suaeda vermiculata), la más abundante, el balancón (Traganum moquinii) y el salado verde (Schizogyne glaberrima), planta endémica del sur de Gran Canaria, de la que tenemos la hipótesis de que por ella procede el topónimo Castillo del Romeral, al tener similitudes con el romero (ver nuestro artículo: EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO ‘CASTILLO DE LA SANTA CRUZ DEL ROMERAL’: UNA PLANTA ENDÉMICA DEL SUR DE GRAN CANARIA.) 

Todo esto era posible por el agua que daba vida al lugar.

 

Hondonada rodeada de salados formada por la extracción de barro a lo largo de 3 siglos

 

El principal valor natural de este espacio es el faunístico, puesto que cobija al 33% de la población de aves esteparias que nidifican en la isla, fundamentalmente el alcaraván (Burhinus oedicnemus distinctus), el camachuelo trompetero o pájaro moro (Rodopechys githagineus amantum) y la terrera marismeña o calandro (Calandrella rufescens polatzeki). Además proporciona un lugar de descanso y alimentación a unas treinta especies de aves migratorias y limícolas. También nidifican en él especies catalogadas, como el chorlitejo chico y el charrán patinegro.

 

Es por ello que en 1987 fue declarado Paraje Natural de Interés Nacional por la Ley 12/1987, de 19 de junio,  al ser incluido en la Declaración de Espacios Naturales de Canarias. En el año 1994, fue reclasificado como Sitio de Interés Científico por la Ley 12/1994. En 2010 el Estado compra los terrenos al Condado por un importe de 10,64 millones de euros, financiados con fondos europeos. El área de medio ambiente del Cabildo es el responsable de su mantenimiento y conservación, acometiéndose distintos trabajos desde estas fechas como repoblación, eliminación del ganado de cabras, delimitación de caminos y desgraciadamente la eliminación de la “Casa del Pastor” y la cuadra.


CONSTRUCCIONES.

En el lugar había también edificaciones, estaba la conocida como casa del pastor ya citada, una casa a dos aguas antigua, similar a las de Juan Grande, en un primer momento residencia del boyero que cuidaba las vacas que estaban en una cuadra al lado de la vivienda. En el Rodeo, estaba la cuadra principal, con vacas lecheras y a la cuadra de Juncalillo se llevaban los becerros para ser destetados. Posteriormente se cambia la cuadra de vacas por un rebaño de cabras y ovejas y la casa pasa a ser residencia del pastor de Juncalillo. Se cerca un corral para el ganado, que tiene como lugar de pasto todo el espacio con la consiguiente degradación del lugar. Junto a la cuadra se encontraba un pozo y un estanque de agua, que aún se conserva.  También existía una fuente de agua entre la casa del pastor y la actual fábrica de salsa de tomate Intercasa, construida en los años 70.

Por último, dentro del espacio protegido, en la zona conocida como La Tabaibita, se encuentran las “Salinas de Abajo”, las más antiguas de Gran Canaria y las segundas de Canarias, de las que se conocen datos desde 1537, aunque con mucha probabilidad podrían haber sido utilizadas por los antiguos canarios.
Restos cosntrucción al lado Pozo.

Además en el amplio territorio que ocupa el espacio protegido se han encontrado distintos restos aborígenes y en la orilla de la playa junto a donde se situaba el pozo podemos ver restos de una construcción, de los cuales adjuntamos fotos, de la que no tenemos referencia. No sabemos a que época corresponden estos restos: podrían
ser aborígenes o podrían estar relacionados con el Tejar, o  de la misma manera podrían tener relación con las construcciones de la II Guerra Mundial, junto con el bunker que se situaba también cercano a la zona, que fue derribado por la Demarcación de Costas.

Podría ser también una construcción preparada junto al pozo para los barcos que fondeaban para hacer aguadas, de hecho justo frente a Juncalillo se encuentra un ancla muy antiguo, creemos el más antiguo que hemos visto en esta costa, que enrocó en un veril, hecho por el cual fue abandonado. El ancla se encuentra totalmente incrustado con el fondo por lo que es difícil de apreciar.

EL TEJAR.

De quién primero tenemos referencias sobre el horno de tejas es de Don Santiago Cazorla León, que en su obra insigne sobre la historia del municipio, Los Tirajanas de Gran Canaria,  en la página 137, nos indica la existencia de la misma:

 “La explotación de la sal y la agricultura no fueron las únicas actividades en Juan Grande. En un documento fechado el 6 de julio de 1798 se menciona la existencia de una fábrica de ladrillos de barro cocido, de calidad no despreciable, puesto que el Cabildo Catedral hace pedidos para su Iglesia”.

Vemos no solo la existencia de la explotación, sino la calidad de la misma, bien valorada en la ciudad de Las Palmas, por lo que debería haber un tráfico de esta mercancía, desde un embarcadero que estaría con toda probabilidad en La Caleta (Castillo del Romeral), donde también se embarcaba la sal del condado y que muchos años después también se utilizó para el embarque de la producción de tomates de los cultivos cercanos.

Esta explotación, propiedad del condado,  debió  funcionar desde la época de construcción del poblado de Juan Grande a finales del XVII y principios del XVIII, pues la mayoría de  las casas, con tejado a dos aguas,  aún existentes hoy día, se construyeron por esa época. Incluso la Iglesia, que data de 1693, aunque a este edificio se le cambió tejado y pavimento completamente en una reciente remodelación. El pavimento primitivo, actualmente cubierto por otro,  estaba realizado con losetas de barro cocido.

Fue mi padre,  Pablo Guedes García, quién me indicó la pista acerca  del lugar donde se encontraba el tejar, pues él mismo trabajó en esa industria en los años 50-60 del pasado siglo.  Me cuenta que junto al horno había un pozo de agua, hoy desaparecido, que suministraba el agua necesaria para hacer el barro. El pozo era de agua más o menos salobre, según la época.

Lugar donde se situaba el Pozo.
En referencia a este pozo de agua salobre, aprovechamos para hacer un inciso y  citar nuestro artículo:   NUEVAS APORTACIONES A LA HISTORIA DEL SUR DE GRAN CANARIA: TIRAJANA, AMURGA, MASPALOMAS, POZO DEL LENTISCO  en el que hacíamos referencia al paso de Colón por “Maspalomas” a hacer aguada, e indicábamos que el Maspalomas de esa época, el lugar de desembarco de Colón, nombraba a una amplia zona de costa a partir de donde hoy está Castillo del Romeral hacia el sur.  Podría ser este perfectamente el lugar de la aguada. Como posibilidad para ese hecho, sumamos los restos de construcción que encontramos cercanos al pozo, en la orilla de la playa y los restos del ancla, ya citados anteriormente.

Siguiendo con el proceso de fabricación de las tejas o ladrillos, este comenzaba con la obtención de la tierra. Para ello, se picaba en la hondonada que se encuentra cercana al horno y con el agua del pozo amasaban el barro, este proceso se hacía pisando el barro hasta lograr la consistencia necesaria. Se dejaba reposar el barro hasta el día siguiente y  luego hacían las tejas o ladrillos con moldes y las dejaban a la sombra de un cañizo uno o dos días  para posteriormente apilarlas verticalmente dentro del horno, manteniéndolas con calor, guisándose por espacio de uno o dos días, para lo cual se hacían turnos de guardia. La leña utilizada era aulaga o cardón.

"Oreando" las tejas en Moya. Años 1950. FEDAC.
Una vez terminado el proceso se llevaban las tejas en carreta de bueyes hasta Juan Grande, donde por medio de camiones se transportaban a donde fuera necesario en las distintas  posesiones del condado: en la propia comarca de Juan Grande, a Jinámar, Maspalomas o Arguineguín.

El horno tenia forma de cono, más ancho en la parte inferior  estrechándose hacia arriba formando escalones. Estaba construido con “piedras muertas”, que no se rompen con las altas temperaturas, unidas por mortero de barro, que a su vez recubría todo el interior. Se componía de dos partes: la cuba, donde se depositaban las tejas y el hogar, para la leña, separadas ambas por una parrilla.  La cuba disponía de una base que se comunica con el hogar a través de un conjuntos de toberas por donde ascendía el calor. Tanto la cuba como el hogar tenían sus entradas, la primera con vista a Amurga por donde se introducían las tejas apiladas verticalmente salvo la última hilera que era horizontal. El hogar tenía su entrada mirando al mar por donde se introducía la leña.

Cuenta mi padre que habían varios maestros tejeros que conocían el oficio, que seguramente se transmitía de padres a hijos,  siendo un trabajo ocasional, puesto que solo se efectuaba en determinadas épocas del año. Aunque es posible que en tiempos pasados se desarrollara todo el año.
Transportando tejas con carreta bueyes. Moya 1950s. FEDAC


Esta industria desapareció en los años 60 del pasado siglo, cuando comienza la importación de tejas foráneas y se generaliza la construcción de techos con azotea.

Pedro Socorro Santana, cronista oficial de Santa Brígida, en un artículo de la revista “Bienmesabe” nos aporta más información sobre los tejares:

 “A medida que crecía la población, en extensión y en almas, destacaron pronto otras industrias como los hornos de tejas, cuya producción artesanal y comercio del producto quedó regulado desde los primeros años de la colonización a través de las ordenanzas y otras disposiciones del Cabildo de la isla. Pues el uso del tejado, habitualmente a dos aguas, fue común en la arquitectura religiosa (iglesias, ermitas y conventos) y en edificaciones institucionales.
Hornada de tejas cocinándose, colocadas en hiladas verticales,
 excepto la última de encima que va horizontal. Pellagofio.

… Es cuando aparecen muchos hornos por la zona de barlovento de la isla, en lugares -como siempre se hizo- cercanos a las terreras (de tierra arcillosa) y a las fuentes o puntos por donde discurría agua continua de acequias. Sus oficiales, los tejeros, conocían a la perfección el oficio y desarrollaron técnicas para una mayor producción. Estos hornos debían tener un amplio espacio anexo donde se esponjaba, amasaba el barro y se oreaba la teja (para lo cual se hacían cubiertas de palos y ramas de árboles a fin de que la insolación no afectara al producto a cocer luego en los hornos). Para cubrir esta demanda de construcción, sobre todo del ladrillo para tabiques, en la ciudad de Las Palmas aparecen algunos hornos industriales.”

A raíz de este artículo, en que damos a conocer este importante valor de nuestro patrimonio histórico y etnográfico, aprovechamos la ocasión para solicitar que  el mismo sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC),  por la importancia que tuvo su actividad productiva en las construcciones de todo el sur de la isla y en su historia.

Esperamos  que tanto el horno como el pozo sean sacados a la luz,  reformados y rehabilitados, para su pervivencia en el futuro. El hecho de estar enclavados en un espacio natural protegido, de seguro ayudará en este objetivo.

BIBLIOGRAFÍA.

CAZORLA LEÓN, Santiago: Los Tirajanas de GranCanaria. Notas y documentos para su historia. (2000). Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Pág. 137.


GUEDES GONZÁLEZ, Pablo: EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO ‘CASTILLO DE LA SANTA CRUZ DEL ROMERAL’: UNA PLANTA ENDÉMICA DEL SUR DE GRAN CANARIA. 2015.

MILLARES, Yuri: Los mejores barros de Canarias los tienen las islas más antiguas. Revista Peñagofio. 2012. 


SUÁREZ MORENO, F: Ingenierías Históricas de La Aldea. Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria. 1994. Págs. 283-287.

Hornos de Tejas en Carta Etnográfica de Gran Canaria




1 comentario:

  1. Muchas gracias. Me ha gustado por su interés histórico y por la forma en que se ha hecho todo. Saludos y gracias otra vez.

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