martes, 24 de enero de 2012

LA CUEVA DE LA MAJADILLA. MORADA DE LOS PASTORES GUEDES, EN AMURGA.

Cueva de La Majadilla. Fotos: Pablo Guedes

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

La cueva de la Majadilla se encuentra en Amurga a unos 400 metros del Arco del Coronadero en lo alto de una pequeña loma en el margen derecho del Barranco Hondo y a escasa distancia de Montaña de Las Tabaibas.

Es una cueva de habitación rodeada de muros de piedras y con algunas  estructuras fabricadas de lajas como podemos observar en las fotos, que servían para las distintas funciones alojativas así como para las labores pastoriles.
Al fondo, Montaña de Las Tabaibas.
Con toda seguridad la cueva debió tener las mismas funciones desde la época aborigen y se encuentra cercana a  importantes puntos de culto de los antiguos canarios de Arco del Coronadero y Montaña Tabaibas, así como de estructuras y cuevas que debieron servir para las funciones del pastoreo desde tiempo inmemorial.

Según la información que me ha transmitido mi padre, Pablo Guedes García,  la cueva era el lugar de alojamiento y de trabajo en las labores pastoriles de una rama de la familia Guedes que explotaban la "Vuelta del ganado de la Montaña".

Los distintos ganados que existían en Amurga tenían asignadas distintas  "vueltas" o lugares de pastoreo, correspondiendo toda la zona de alrededor de la Montaña al ganado de  los Guedes de Castillo del Romeral.

Los últimos pastores que cuidaban este ganado  fueron Victoriano Guedes Sanchez y sus hijos Juan Agustín Guedes Artíles, Wenceslao Guedes Artíles y Juan Antonio Guedes Artíles, siendo este último el que siguió con la explotación  permaneciendo con la misma hasta los años 70 del pasado siglo, fechas en las que vendió el ganado.

Victoriano Guedes era hijo de Blas Guedes López (que era conocido como Ma' Blas Guedes), dueño del ganado y mayordomo de las salinas del Castillo en la segunda mitad del s. XIX . A su vez Ma´Blas Guedes era nieto de Blas Antonio Guedes Gordillo, condestable de la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral  y mayordomo de sus salinas y pensamos que a su vez, dueño del ganado que comentamos. (Ver LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685.)

En nuestro blog hemos publicado un artículo titulado "MANOLITO GUEDES, DEPOSITARIO DE COSTUMBRES Y TRADICIONES CANARIAS ANCESTRALES". Manolito, cuya familia fundó el pueblo de Casa Pastores en Vecindario, era pastor y experto garrotista o luchador del palo y tenía un profundo conocimiento de todo lo relacionado con el pastoreo y las antiguas costumbres. En el artículo hacemos referencia a todas ellas y a la ascendencia de los Guedes. El bisabuelo de Manolito Guedes,  creemos que era hermano de “Ma´Blas Guedes”.

Pensamos que todo ese bagaje de conocimientos de antiguas costumbres de los que era depositario Manolito Guedes, provenían de los antiguos pastores Guedes y las distintas técnicas de la lucha del palo, se debieron de conservar y mantener con  las prácticas y entrenamientos defensivos que se desarrollaban en la Fortaleza del Castillo como preparación en la lucha contra los piratas.

Según mi padre, a su vez biznieto de Ma´Blas Guedes,  los pastores Guedes vivían en el Castillo la mayor parte del año trasladándose diariamente "allá adentro" (Amurga). La producción de leche del ganado la llevaban cada día desde esta cueva de Amurga hasta el Castillo con zurrones hechos de cueros de cabra que se colgaban a la espalda y abastecían al pueblo de la leche que  solía acompañarse en la comida con el gofio y con el  pescado salado constituyendo  estos alimentos la principal dieta de los canarios.

Era típica la imagen del pastor llegando al Castillo con dos zurrones de leche de unos 30 litros colgados en la espalda, que tenían que transportar  a diario en un recorrido de unos 10 km.,  por terrenos escarpados y con mucha pendiente desde la Cueva de la Majadilla.
Llegaba un momento, con la primavera,  desde marzo hasta mayo, en que la cantidad de  leche producida era muy grande por lo que se destinaba a la fabricación de queso que se elaboraba  en esta cueva de La Majadilla. Los pastores y sus familias vivían durante esta época en la cueva y cuenta mi padre que dormían en camas hechas de aulagas cubiertas con cueros de cabras y de ovejas, costumbre que suponemos también de los antiguos canarios.

Muchos vecinos, tanto de Castillo como de Juan Grande, propietarios de algunas cabras, establecían un trato con los pastores y dejaban sus cabras en el ganado siendo la producción de leche compartida a medias entre el propietario y los Guedes. Para distinguir la propiedad de cada cabra, estas tenían marcas de cortes en las orejas, correspondientes a los distintos dueños.

Los propietarios de los ganados en Amurga debían de pagar al dueño de los terrenos, el condado, una cantidad de dinero llamada"remate", por cada cabeza de ganado. Con el tiempo esa cantidad de dinero que según la leyenda de la familia Guedes consistía en una "fisca" (un real de plata) por cabeza fue sustituida por el pago en especie, de baifos y quesos.




LA LEYENDA DEL TABAIBAL DEL CASTILLO PROPIEDAD DE LOS GUEDES.

En la familia Guedes del Castillo existe una leyenda, transmitida desde hace varias generaciones,  que dice que la familia era la propietaria del Tabaibal del Castillo, donde mantenían a su ganado. El territorio de pastoreo de los Guedes  lo constituían todos los terrenos desde Castillo hasta Barranco de Tirajana y hasta el "Camino de la Madera", camino hoy día desaparecido que  se situaba entre Aldea Blanca y la actual carretera C-812 (antiguo "Camino del Conde") que conduce de Doctoral a Juan Grande. El "Camino de la Madera" se llamaba así porque por el mismo se transportaban los troncos de pino arrastrados por bestias, desde Amurga hasta los lugares de transformación, en la época en que Amurga todavía existía el pinar.

El territorio de pastoreo de los Guedes era un auténtico bosque de tabaibas, y según algunas descripciones una selva, donde era fácil perderse pues el tamaño de las tabaibas  eran igual al de higueras y superaban los dos metros de altura. Con las roturaciones posteriores para el cultivo de tomates, se destruyó la totalidad del Tabaibal, no quedando en la actualidad ninguna de estas centenarias tabaibas.
Mapa del territorio en 1787. Cortesía del AHPLP. (Foto: Pablo Guedes)

La imagen adjunta corresponde a un mapa de todo el territorio de 1787, en un pleito sobre las Salinas del Matorral (Barco Quebrado), entre los Rocha y el Condado (la hemos conseguido fotografiando el original en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, Audiencia, Proceso 1222). Hemos aumentado de tamaño y repetido  las leyendas que figuran en el mapa para que se puedan comprender debido a la ilegibilidad de la letra, y destacamos en el mapa,  además de las propiedades condales, la extensión del Tabaibal.

Dice la leyenda de la familia, que Ma´Blas Guedes era el propietario del Tabaibal donde explotaba el ganado y tenía el corral en el barranquillo de la "Cañada del Mato", situado a unos 300 metros de lo que es hoy la carretera de Unelco a la altura de la nueva urbanización de chalets.

El conde de la época hizo un trato con Blas por el que  logró intercambiar estos terrenos por los de Amurga, creemos que los de la "Vuelta de la Montaña". Según la leyenda el Conde engañó a los Guedes, de alguna manera, para hacer que Ma´Blas Guedes aceptara el cambio. Se decía que los terrenos del Tabaibal eran más aptos para el cultivo y los de Amurga lo eran para el pastoreo y que Blas Guedes aceptó a pesar de la oposición de su mujer.

Sigue contando la leyenda que al año de la permuta, el mayordomo del conde,  a su vez primo de Blas Guedes, le fue a reclamar "una fisca" por cabeza de ganado para que pudiera seguir manteniendo el ganado en Amurga.

Nosotros creemos que los Guedes explotaban el Tabaibal, según una antigua costumbre de los vecinos de Agüimes, que se remonta al siglo XVI y reforzada con el "Motín de Agüimes de 1719. El motín se produce porque Amoreto, ascendiente de la familia condal, pretende comprar estos terrenos y los de Sardina a la Corona, por lo que se sublevan los campesinos y pastores de Agüimes, llegando el motín a tal magnitud que el Rey anula la compraventa y la Iglesia (propietaria de los terrenos del señorío episcopal  de Agüimes) devuelve el dinero pagado por Amoreto, se convierte en propietaria  y permite a los campesinos seguir en la misma situación, manteniéndose las tierras comunales para los vecinos de Agüimes.

En esta situación estaban los terrenos explotados por la familia Guedes hasta que se produce la  entrada en vigor la Ley de Desamortización de Mendizábal que hizo que todos los bienes eclesiásticos (y a partir de 1860, los bienes públicos), pudieran ser adquiridos por particulares, mediante pagos al Estado. El estado buscaba aumentar sus arcas con la subasta de los terrenos realengos. Así a partir de 1873, el Estado pone en venta las tierras que considera propias. y según Francisco Tarajano (Memorias de Agüimes VI)  "fueron perjudicadas cientos de personas de Agüimes, de Ingenio, de Sardina, y las que  vivían de los bienes del clero, de los bienes del común y de tierras realengas como arrendatarios o medianeros". Muchas personas quedaron sin trabajo y otras emigraron en busca de fortuna".

Es por estas fechas,  1873-75, cuando el Conde de la época compra el 20% del territorio de San Bartolomé de Tirajana, en la desamortización civil de los bienes del Estado. Ello sumado a sus anteriores propiedades representaba la posesión por el Condado del 33% del territorio municipal.

Creemos que el Conde, sabiendo lo que había pasado en una situación similar, con su antepasado Amoreto en el motín de Agüimes y previniendo el levantamiento de los campesinos y pastores que explotaban estas tierras realengas, tuvo que hacer tratos individuales con ellos, prometiéndoles alguna ventaja, que con el tiempo no se cumpliría. De ahí la tradición oral que se conserva en esta familia y otra historia parecida que conocemos de otra familia de Montaña La Data.

Ma´Blas Guedes trasladó su ganado a la "Vuelta de la Montaña de Las Tabaibas" donde pagaba el  "remate" al condado y así sucedió hasta la venta del ganado sobre los años 70 del siglo XX.

Como hemos indicado muchas personas de la comarca se ven en la necesidad de emigrar después de perder las tierras en las que trabajaban  y esto lo podemos corroborar en el Archivo Parroquial de Agüimes, en el informe del Estado Parroquial de 1883, donde constan el número de feligreses de los distintos barrios. Al final del mismo, después de indicar el número de vecinos por barrios  consta que: “Este estado debe ser considerado como el número más bajo por haber emigrado mucha gente en este mismo año 1883, en especial de Vega Grande, (comarca Castillo- Juan Grande -Aldea) de donde han marchado varias familias enteras para el Brasil.”

Sabemos de algunas familias Guedes que emigraron a Brasil después de estos hechos donde se establecieron en el estado de Minas Gerais.

 BIBLIOGRAFÍA.

Archivo Parroquial de Agüimes, en el informe del Estado Parroquial de 1883.

Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, Audiencia, Proceso 1222


TARAJANO PÉREZ, Francisco: Memorias de Agüimes VI. 2003. Ayuntamiento de Agüimes. Pág. 55.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685. (2ª Parte)

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

La Casa – Fuerte de Santa Cruz del Romeral.

Los barcos pesqueros que realizaban la pesquería africana (normalmente una media entre 25 y 30 durante varios siglos) tenían forzosamente que pasar por la zona de Castillo del Romeral a cargar la sal para posteriormente dirigirse a las zonas de pesca en África, y volver a pasar por el sur de Gran Canaria en su viaje de regreso. También los barcos que se disponían a atravesar el Atlántico con destino a América pasaban por aquí.

Además, las costas de la zona sur de las islas, a sotavento, se encontraban protegidas de los vientos dominantes la mayoría del año, los alisios, de dirección norte o noreste, sobre todo en verano. En Gran Canaria esta costa era conocida con el nombre de “Las Calmas de Maspalomas”, costa comprendida desde Castillo del Romeral, hasta La Aldea. Siempre que sopla el viento alisio, en algún punto de esta zona se encuentra el corte del viento. Los habitantes de Castillo conocen bien la intensidad de los temporales, cuando a unos cientos de metros más al sur se encuentran las calmas, conocidas también con el nombre de "embate", zonas ideales para guarecerse del viento en caso de necesidad.

Era por esto, por lo que piratas y corsarios merodeaban por "Las Calmas" en busca de presas con objeto de robar mercancías, hombres para convertirlos en esclavos y naves, que muchas veces incendiaban y hundían. Además de lo anterior, desembarcaban en la costa, muchas veces desierta, causando el pánico entre la escasa población, para realizar aguadas y pillajes. La charca de Maspalomas y Pozo del Lentisco, (Tarajalillo), eran lugares apetecibles para ello al contar con afluentes de agua y ser zonas de fácil desembarco.
Castillo de San José en Lanzarote, similar
 a la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral

Los salineros de las Salinas de Abajo, (al sur de Juncalillo del Sur) construidas en el siglo XVI, solían quedarse a dormir en la cueva de los salineros, (visible hoy día desde la autopista en la zona de montaña más cercana a las salinas), previendo el ser capturados por piratas.

Por todo lo anterior, con el fin de proteger las salinas, se comienza a construir en 1681, la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral. En 1703, toma posesión el primer alcaide y aparte de los salineros, esclavos y dotación del Castillo, “… a un tiro de mosquete se hallan hasta treinta personas (La Caleta), y a un cuarto de legua Juan Grande, con cuarenta personas de asistencia (…) de dicho paraxe…” lo que nos da información de la escasa población de aquellos tiempos.

Domingo Déniz Grek describe en el siglo XIX, el castillo y los habitantes: “… a seis leguas y media de la ciudad de Las Palmas se deja ver un monumento en prueba de lo que sufrió esta Isla en el siglo XVII, al mismo paso que acredita en cuan alto grado ha dominado siempre el valor marcial a sus habitantes…”. La fortaleza tuvo mejoras durante el siglo XVIII y prosigue Déniz “…que tras las remodelaciones llegarían a poder alojarse hasta los trescientos o cuatrocientos hombres. Los servicios prestados por el castillo fueron muy importantes en cuanto a la defensa de la Isla, de la industria salinera y de los buques de cabotaje y pesca que, perseguidos por los corsarios, se iban a refugiar bajo su potente artillería.”

La construcción, el mantenimiento y la dotación del Castillo, que fundamentalmente estaba constituida por los salineros, fue realizada y costeada de forma privada por Antonio Lorenzo Betancor, dueño de las salinas de la zona. Lorenzo fue abuelo del coronel Antonio de la Rocha y nieto del capitán Antonio Lorenzo, negociador con Van der Does junto con Cairasco de Figueroa, en la invasión de los holandeses a la ciudad de Las Palmas en el verano de 1599.

De la capacidad de la Casa Fuerte, nos da cuenta en 1779, el capitán Miguel Hermosilla, enviado a Gran Canaria, como ingeniero militar con la misión de realizar un informe sobre las defensas militares y hablando de la preparación, y condiciones del castillo afirma: “…siendo la única fortaleza que está en disposición de hacer una defensa honrosa en la Isla”.


A principios del siglo XIX, se encontraba al mando de la Casa Fuerte como condestable, Blas Antonio Guedes Gordillo, además de mayordomo de las salinas. Este hombre fue el ascendiente de los Guedes de Castillo del Romeral y Juan Grande. 

Blas Guedes estuvo al servicio de los dos últimos alcaides de la Casa fuerte que fueron el coronel José Antonio de la Rocha Alfaro, y su hijo el teniente coronel Cayetano Agustín de la Rocha Lorenzo de Bethencourt y Carvajal.

Restos existentes en la actualidad de la Casa Fuerte

Jose Antonio de la Rocha, interviene en la Guerra contra Francia al mando de la Granadera Canaria y fallece en la guerra contra los ingleses en 1800 en un combate contra cinco navíos ingleses, cuando regresaba de Cádiz a Canarias. El último alcaide, Agustín de la Rocha, toma posesión en 1803 y participa, como ya lo habían hecho sus antepasados en la guerra correspondiente,  la  de la independencia contra Napoleón en 1809. Aunque no tenemos la certeza de que sea así, es muy seguro que Blas Guedes participara con sus señores, los dos últimos alcaides, en las guerras en las que intervinieron.

Restos existentes en la actualidad de la Casa Fuerte
Sobre 1800 había un joven salinero en las salinas del Castillo, llamado Francisco Tomás Morales, que seguramente estaba emparentado con Blas Guedes, pues sus padres se llamaban Francisco Morales Guedes y Mariana Alfonso Guedes. Este joven que era analfabeto, recibió entrenamiento militar durante su estancia en la Casa Fuerte y de seguro participó en algún combate. Esto lo creemos así porque en 1801 se traslada a Venezuela donde se establece como comerciante, aprende a leer y a escribir, e ingresa en la milicia, donde realiza una carrera fulgurante, pasando de soldado a capitán general de Venezuela en 20 años, a consecuencia de la guerra de independencia que se desarrolla contra el general Bolívar. En 1823 Venezuela consigue la independencia y Morales regresa a Canarias donde es nombrado Capitán General.

A mediados de siglo XIX, la casa fuerte deja de cumplir las funciones que tenía encomendadas al desaparecer la piratería y se utiliza como almacén de las salinas, hasta los años 60 del siglo XX. En la actualidad solo quedan los restos de dos habitaciones con tejado a dos aguas, que se encuentran incluidas en casas particulares.

El Ataque de 1685.

Después de todo lo explicado creemos que los hechos pudieron haber sucedido de una forma parecida a la que vamos a relatar.

Es muy probable que el navío o navíos franceses hubieran sido avistados desde alguna de las atalayas o se tuvieron noticias del desembarco en Maspalomas para hacer aguada.

En Agüimes creemos que la Atalaya estaba situada en las montañas cercanas a la villa, lugar donde encendieron la hoguera para comunicar la presencia de enemigos a las demás compañías de la isla y a los vecinos del pueblo. En la iglesia las campanas doblaron a rebato y los milicianos se dispusieron a abandonar sus labores, animales y casas para ponerse a las órdenes del capitán Diego Romero, como otras tantas veces, muchas de las cuales eran falsas alarmas, según nos cuentan las crónicas.

En esta ocasión no era una falsa alarma, como por desgracia no lo había sido en épocas anteriores.

Así en 1595 Francis Draque y John Hawkins, corsarios ingleses, atacan Las Palmas de Gran Canaria con 28 navíos y galeones y 2.500 hombres desde donde son rechazados y se dirigen al sur hasta llegar a Arguineguin, “donde desembarcan 20 alabarderos, a fin de hacer alguna aguada de que tenían necesidad. Al punto que los vieron ganaderos del contorno, corren a embestirles armados de piedras y garrotes, matan algunos, rinden dos prisioneros y los demás huyen precipitadamente a sus lanchas, juzgando que toda la isla se les echaba encima”. (Rumeu de Armas, A: Canarias y el Atlántico Piratería y ataques navales. T. II, 2ª p. 673-743). Algunos autores apuntan a que el desembarco fue en Arinaga y no Arguineguin.

Francis Draque, uno de los corsarios mas famosos de la historia.
De la misma manera el corsario holandés Van Der Does, con 73 navíos y 12.000 hombres ataca e invade la ciudad de Las Palmas en 1599 pidiendo un rescate por la misma. Al no obtener lo pedido incendia la misma y se dirige al sur:

“…aviendo salido esta armada deste puerto de Canaria, jueves ocho de julio, otro día viernes amaneció en el puerto de Maspaloma, que son las calmas de la isla y allí estuvieron hasta otro día sábado, saltó alguna gente en tierra con algunos muertos que enterraron, poniendo piedras grandes en señal de sepultura cerca de la playa, y dieron vela y después se a sabido que miércoles, catorce del mes de julio entro en la isla de la Gomera…” (Una relación del ataque de Van der Doez. Pág. 106. Revista El Museo Canario 33 y 34)

Por último, hacemos referencia al campamento inglés de Maspalomas, de 1797, en cuyo artículo del mismo nombre de Felipe Enrique Martín Santiago, publicado en este blog, se da cuenta de un desembarco enemigo en Maspalomas, en plena guerra, esta vez con Inglaterra, y de los distintos ataques ingleses que durante ese año de 1797 se desarrollan en el sur de Gran Canaria.

Despues de mostrar estos ejemplos volvemos a nuestro ataque de 1686. Creemos que una vez reunida la compañía de Agüimes tras el rebato, esta se dirigió a la costa, donde realizó el seguimiento de las naves, o se dirigió directamente a Maspalomas si allí ya se encontraba el enemigo. Por esas fechas la Casa Fuerte del Romeral, se estaba comenzando a construir y los milicianos debieron pasar junto a sus muros y las salinas en persecución del enemigo.

No conocemos el desenlace del combate, pero creemos que no fue muy favorable a los intereses canarios, por el número de bajas y porque no nos han llegado noticias de la batalla. Creemos que si hubiera sido a favor de los agüimenses se hubieran destacado los hechos y hubieran tenido más repercusión, como los dos primeros ejemplos que hemos citado anteriormente que sí han pasado a la historia.

Por otro lado damos a conocer otro importante dato que creemos relacionado con ataques piratas. Hemos relatado como se entierran en Maspalomas los cuerpos de los milicianos muertos para posteriormente ser llevados a Agüimes, mientras que los muertos holandeses, considerados herejes, son enterrados en la Playa de Maspalomas.

En una zona de las Salinas del Romeral, que antiguamente era el punto de las salinas mas alejado de la Casa Fuerte, se encuentra el llamado "Balache de los Muertos", donde han aparecido muchos restos humanos. En este balache, (pequeña montaña de tierra donde se depositan desechos de las salinas) los antiguos habitantes de Castillo del Romeral decían que se enterraban los recién nacidos que fallecían sin estar bautizados.

Normalmente, los cadáveres de los fallecidos en el pueblo eran llevados con muchos esfuerzos, para ser enterrados en Agüimes, en una caja comunitaria y utilizada en todos los entierros, que se encontraba depositada en el Oratorio de la Casa Fuerte.
Calavera con agujero de proyectil encontrada en el "Balache de los Muertos"

Adjuntamos foto de restos humanos encontrados en la zona comentada, concretamente una calavera en la que se observa un orificio que creemos de entrada de un proyectil en el frontal.

Nuestra hipótesis es que estos restos humanos corresponden a algún pirata o enemigo, muerto en combate contra la Casa Fuerte que fue arrojado al mar y enterrado en ese lugar por ser la costumbre, al ser considerado hereje y no poder ser enterrado en el cementerio de Agüimes.

Es posible que en el futuro aparezca nueva documentación o descubrimientos que nos aporten más luz sobre el episodio de 1685, así como de los restos del Balache de los Muertos, como de otros combates que se sucedieron en el sur de Gran Canaria,  que nos reflejan la vida y sufrimiento que pasaron nuestros antepasados defendiendo sus vidas y haciendas. Reflejo de lo que nos hemos podido hacer una ligera idea con los datos y documentación aportados en este artículo.

BIBLIOGRAFÍA.

ALFARO HARDISSON, Emilio: Las Milicias de Tenerife en el siglo XVI. En (4ª. 2000 . La Laguna) Universidad de La Laguna. Cátedra Cultural "General Gutiérrez". Pág. 95.

BETHENCOURT MASSIEU, Antonio: La Revista del Regimiento de Telde de 1757. Revista Vegueta nº 4. 1999. Pág. 173.

BETHENCOURT MASSIEU, Antonio de: “Defensa militar de Gran Canaria”. Anuario de Estudios Atlánticos nº 43. 1997. pág. 106

Una relación del ataque de Van der Doez. Pág. 106. Revista El Museo Canario nº XXXIII-XXXIV. 1972-73.

GONZALEZ RODRÍGUEZ, Angel V.: “Mapa y estado de Gran Canaria del marqués de Tabalosos (1770-1776). En Anuario de Estudios Atlánticos nº 41. 1995. pág. 569-575.


GUIMERÁ RAVINA, Agustín y BLANCO NUÑEZ, Jose María (coords.) - Guerra naval en la Revolución y el Imperio: Bloqueos y operaciones anfibias, 1793-1815 . - Marcial Pons Historia, Madrid - 2008 - 443pp.

HERMOSILLA, Miguel: Descripción topográfica, política y militar de la isla de Gran Canaria. 1785. Copia de D. Agustin Millares. 1877. Archivo del Museo canario. Pág. 43.

MARTIN SANTIAGO, Felipe Enrique: El campamento inglés de Maspalomas, de 1797

MÉNDEZ CASTRO, Juan, «Franceses en Maspalomas en 1685», Boletín Millares Carlo (UNED, Centro Asociado de Las Palmas), 4, (1981), pp. 379-384

MORALES PADRÓN, en MILLARES TORRES: Historia general de las Islas Canarias. 1977 Pág. 304. y MORALES PADRÓN, Francisco: “El último capitán general de Venezuela: el canario Francisco Tomás Morales”. III Coloquio Canarias-América. LPGC, 1978. Pág. 87-94 y “Documentos sobre Francisco Tomás Morales Afonso”, Sevilla 1978. Dossier de documentación variada sobre este tema en el Museo Canario.

RUMEU DE ARMAS, A: Canarias y el Atlántico Piratería y ataques navales. Edición facsimil. Gob Canarias y Cabildo GC. 1991.

“Sumaria historia orgánica de las Milicias canarias”. El museo Canario. (1951- 1953). Pág. 141.

TARAJANO PÉREZ , Francisco: La bandera de Agüimes.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685. (1ª Parte)

Iglesia antigua de Agüimes donde fueron enterrados los milicianos, en el momento de contrucción de la nueva entre 1890 y 1900. Archivo FEDAC.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Por este nombre nos describen los escribanos de la villa de Agüimes  un hecho de armas desarrollado en Maspalomas en el que murieron cinco milicianos de la comarca. Lo único que conocemos y que ha quedado para la historia sobre estos hechos es la constatación de la defunción de los fallecidos en el Archivo Parroquial de Agüimes, hecho que fue sacado a la luz en 1981 por Juan Mendez Castro en un artículo titulado Franceses en Maspalomas en 1685”

En el enfrentamiento mueren el capitán Diego Romero, el alférez Sebastián Bordón de Sotomayor y los 5 milicianos: Francisco de León, Francisco Artiles Melián, Juan Pérez Macias, Juan Rodríguez Peña y Juan de Artiles.

En la partida de defunción del capitán, con el mismo texto para los demás fallecidos, figura:

Recreación de la Batalla de Tamasite en Tuineje ( Fuerteventura,)
 contra los ingleses en 1740. Foto: bienmesabe.org
“En veintiuno de septiembre de mil seiscientos ochenta y cinco, falleció el susodicho capitán don Diego Romero, vecino de esta Villa, Ab intestato. Enterrose en el pago de Maspalomas por haber muerto riñendo con los franceses y no poderle traer a la parroquia”. (Archivo parroquial de Agüimes, libro 1º de Colecturías, folios 197 recto y siguientes.)

Un año después, el 9 de septiembre de 1686, los restos de los muertos, transcurrido el tiempo de putrefacción, son trasladados a Agüimes, para ser sepultados en la parroquia en un acto con bastante pompa.

“En nueve días del mes de septiembre de este año de mil seiscientos y ochenta y seis, trajeron de Maspalomas los cuerpos del capitán D Diego Romero, alférez Sebastián Bordón, Francisco de León, Juan Pérez Macías, Francisco de Artiles, Juan Rodríguez Peña y Juan de Artiles, los cuales estaban enterrados en el pago de Maspalomas (…) y se enterraron en esta parroquia todos en una sepultura de la iglesia, la cual se les dio de gracia...” (Archivo parroquial de Agüimes, libro 1º de Colecturías, folios 211 recto y siguientes.)

Los hechos son catalogados en la época como batalla e incluso como guerra. Así tenemos un protocolo del escribano Lucas Betancourt, el 17 de octubre de 1685 expresando que las autoridades ordenan hacer el inventario de los bienes de los fallecidos “en la guerra que hubo en Maspalomas con los franceses” (AHPLP, Legajo 2504, folios 466 y sigs.) y otro protocolo del mismo escribano indicando que el capitán don Diego Romero “había muerto en batalla que tuvo con los franceses en Maspalomas” (AHPLP, Legajo 2505, folios 548 y sigs.)

Hasta aquí lo poco que conocemos del ataque. Seguidamente aportaremos información de como era en aquellos tiempos la defensa del sur de la isla y de otras acciones  de armas que nos van a ayudar a hacernos una idea de como se debieron desarrollar los hechos de 1685.

Los Rebatos o Alarmas.

Desde la época aborigen se establecieron atalayas de vigilancia en lugares altos de la isla para dar la señal de rebato en caso de divisar naves enemigas y en su caso huir al interior de la isla o preparar la defensa. Ya hemos comentado en varios artículos la función de Montaña de Las Tabaibas, como atalaya de vigilancia además de montaña sagrada, (AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO V. LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.)

Después de la conquista, continuaron estas atalayas de vigilancia y se establecieron otras. Todos los habitantes conocían lo que debían hacer cuando había una alarma, hecho  muy frecuente, debido a la constante presencia de piratas y corsarios y por las continuas guerras contra Francia, Inglaterra, Holanda o contra los berberiscos.

Un ejemplo de protocolo en caso de alarma lo tenemos en 1805, cuando se dictaron normas de un plan de defensa y actuación que debió de haberse hecho de forma parecida en las épocas anteriores:

“...la atalaya de La Isleta al divisar formaciones al menos de cuatro buques grandes lo señalarán al Castillo de La Luz y este mediante bandera al de Santa Ana, que disparará un cañonazo. Inmediatamente la plataforma disparará otros dos sin bala y el Castillo del Rey o San Francisco disparará tres, de ellos dos hacia el interior. Los milicianos acudirán a las armas. El humo de la atalaya implicará que todas las del resto de la Isla mediante el mismo método anuncien el peligro. Al primer disparo las campanas de las Iglesias tañeran a rebato para alertar al vecindario. En caso de segunda alarma, confirmatoria, el vecindario inútil para la defensa se retirará al campo y si es de noche dejarán encendido el farol de sus casas. Los milicianos acudirán a los puntos señalados por sus jefes y el paisanaje a las playas ya citadas. El paisanaje debe acudir con sus garrotes, rozaderas y armas, así como azadas, palas y picos”. (Antonio Bethencourt Massieu: Defensa militar de Gran Canaria)

Como medida de precaución, las villas y poblados antiguamente se asentaban en lugares no visibles o retirados de la costa. Tales son los casos de Tunte, Santa Lucía, Agüimes.

Las Atalayas

Algunas de las antiguas atalayas son hoy día conocidas, porque han dejado el nombre en la toponimia del lugar. Tal es el caso de La Atalaya de Santa Brígida y La Atalaya de Guía. 

Las atalayas del sur de la isla, estaban a cargo de las compañías de la población  cercana donde se situaban y eran tres, una en el Puerto de Melenara, otra en Agüimes, a una legua del mar y la última en Tirajana, demarcación de la 8ª Compañía, desde la cual se divisaba toda la costa del sur, desde la Playa y Puerto de Gando, hasta el Charco y Puerto de Maspalomas. (Miguel Hermosilla: Ob. Cit. Pág. 43.)

El servicio de guardas y atalayeros se realizaba por los milicianos en estos puntos elevados, donde estaba prohibido coger leña, pues esta era destinada a las hogueras, que debían hacerse para avisar a la población, cuando había rebato con señales de humo convenidas cuando descubrían velas extrañas. Como ya hemos comentado, la alarma, cuando se veía la señal de humo, se extendía por la población al sonido de tambores, caracolas o campanas. Las mujeres ancianos y niños, salían en desbandada, temerosos hacía las montañas del interior. Todos los hombres útiles se dirigían al lugar de reunión para combatir.

El Regimiento de Telde.

La defensa del sur de la isla desde Jinamar hasta Veneguera, estaba encomendada a este Regimiento que junto con los de  Guia y Las Palmas defendían Gran Canaria. El regimiento lo componían un número de compañías que según las épocas iban desde 9 hasta 14, siendo las del sur las compañías de Agüimes y Tirajana, normalmente la 7ª y la 8ª.

Las compañías estaban constituidas por todos los hombres que pudieran portar un arma a partir de 16 años, que tenían que llevar su propio armamento, ya que la corona no los pertrechaba, y este consistía en picas, palos, piedras y hondas.

Según Francisco Tarajano, “…en 1776, el capitán del Regimiento de Telde, D. Sancho Figueroa, al hacer la distribución territorial de las milicias, afirmaba que la quinta y sexta compañías correspondían a Agüimes, con los anexos de Ingenio, Sardina, Aldea Blanca, Juan Grande, Arguineguín y Maspalomas”. (La bandera de Agüimes ). A esta compañía, era a la que pertenecían los milicianos muertos, pues son enterrados en la villa de Agüimes.

En otras épocas, por intereses políticos se cambió la distribución y mandos de la compañía,  cambio que duró poco tiempo puesto que según Francisco Tarajano  Pérez “los antiguos agüimenses consideraron que sus costas se extendían desde Gando al Castillo del Romeral”, y a su vez los antiguos habitantes de Castillo del Romeral también se consideraban de Agüimes, pues era la villa más cercana y sus vecinos recibían el bautismo, se casaban y eran enterrados en Agüimes.

Milicianos de Canarias.
 Así, en 1770 se agrupó la 7ª compañía en los territorios del condado, de Aldea Blanca y Juan Grande, escasos de población a los que se les añaden Sardina (sin nombrarla) y Santa Lucía con su entorno dejando fuera a la villa de Agüimes. Según Angel González (Mapa y estado de Gran Canaria del marqués de Tabalosos (1770-1776)) en la configuración de esta  hubo influencias políticas claras, pues el capitán Sancho de Figueroa, oficial encargado de establecer las divisiones,  estaba emparentado con las familias Rocha (dueños de las salinas y la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral) y Castillo (dueños de las salinas de Abajo y de las tierras del condado) para conseguir formar un distrito con estos territorios.

El marqués de Tabalosos, comandante general de las islas, permanecerá dos de los seis días que emplea en visitar por primera vez el Regimiento de Telde, en Septiembre de 1775, en el Castillo de las Salinas del Romeral y en la Casa Condal de Juan Grande como huésped de Antonio Lorenzo de La Rocha y de Fernando Bruno del Castillo, (este último obtendría, dos años más tarde, el título de Conde de la Vega Grande).

A lo largo de todo el siglo XVIII, el coronel al mando del Regimiento siempre lo ostentará el cabeza de la familia más poderosa, en este caso el Conde de la Vega Grande, y cuando este ocupe una posición militar superior, en este caso gobernador de Gran Canaria, será ocupado por el miembro destacado de la familia Rocha. Así Antonio de la Rocha como su padre y su hijo, fueron coroneles del regimiento y Fernando Bruno fue primero coronel y después  gobernador  de las armas de Gran Canaria.

Restos humanos hallados en el "Balache de los Muertos", al sur de Castillo del Romeral.

Los oficiales y mandos del regimiento, que debían dirigir a los milicianos, también eran voluntarios, por lo que el mando estaba en función del estatus social del que lo detentaba. Es de suponer que los que dirigían a los campesinos en las tareas agrícolas, eran a su vez los que los mandaban en la milicia. Por tanto los milicianos eran a la vez sus subordinados en lo militar y sus medianeros o trabajadores de sus haciendas.

El coronel Pedro Nava Grimón, en 1757, procedente de Tenerife, desempeña el cargo de coronel durante unos cuantos meses y nos hace una descripción de las tropas de la milicia (La Revista del regimiento de Telde de 1757. Bethencourt Massieu):

“debiedo decir a V.E. ser esta una gente muy propia para la guerra, pues su osadía y gran sufrimiento en toda especie de trabaxos, vniendose tener una talla ventajosa”.

Comentando la altura física de los milicianos que les permitía llevar ventaja en la lucha. 

(En la segunda parte del artículo, aportaremos datos inéditos sobre la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral y sobre el "Balache de los Muertos" y daremos nuestra interpretación de como pudieron haber sucedido los hechos en el ataque de 1685)

martes, 22 de noviembre de 2011

ENCONTRADAS CUEVAS FUNERARIAS JUNTO AL ARCO DEL CORONADERO.

Solapón con muros y cuevas. Fotos: Pablo Guedes.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Desde hace tiempo, teníamos localizadas varias estructuras compuestas por muros de piedras y cuevas en las cercanías del Arco del Coronadero, en un lugar de difícil acceso en mitad de Barranco Hondo.

En fechas recientes hemos podido acceder a estas estructuras, compuestas por muros de piedra alrededor de un solapón en el que se hallan distintas cuevas, (adjuntamos fotos).

Entrada a la cueva con restos vegetales, que pudieron pertenecer  a la mortaja de una momia canaria.

Una de ellas, cuenta con un pequeño orificio de entrada, de alrededor de un metro por 50 cm., situado a unos dos metros de altura con respecto al solapón, con varias piedras dispuestas en lo que en su tiempo debió ser un muro que cerraba la cueva, actualmente derrumbado a los pies de la misma. Es posible que la entrada a la cueva haya sido labrada artificialmente agrandándola para obtener un mejor acceso.

La cueva, de forma ovalada, se ensancha a partir de la entrada hasta tener unas dimensiones de unos 2x2 metros en su parte más amplia. En su interior encontramos restos vegetales entre los que había juncos aplastados, similares a los que los antiguos canarios utilizaban para hacer el fardo o mortaja en la que solían envolver a las momias.














Interior de la cueva con los restos vegetales.

Creemos que podía haber sido una cueva funeraria por la forma en que se dispone y por los restos encontrados. La cueva debió ser expoliada en un tiempo que desconocemos y sustraidos los restos humanos que contenía.

Es posible que las otras cuevas, especialmente una de ellas, pudieran contener más restos por la forma en que se disponen, pero en ellas no entramos nada parecido a lo que se encuentra en la primera cueva descrita.
Otra posible cueva funeraria.

La importancia del hallazgo, del cual hemos informado a Patrimonio Histórico, radica además de por sí mismo, por su situación en las cercanías del Arco del Coronadero y de los mojones del Alto del Coronadero, que usaban los antiguos canarios para realizar ritos astrales y para conocer las distintas fechas importantes de su calendario.

OTRAS MOMIAS Y RESTOS HUMANOS ENCONTRADOS EN LA ZONA.

En nuestro anterior artículo, “AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.”  hacíamos referencia a este tema y apuntábamos a que se habían descubierto más restos de antiguos canarios en la zona de costa de Amurga. Citamos como ejemplo, una momia en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de las cuales nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy día.

Recordamos en este punto la leyenda de los antiguos pastores de Castillo del Romeral, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín, destruido por la roturación de los terrenos para el cultivo de tomates.

Otras cuevas en el solapón.

Según René Vernau, en su obra "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" (1891):

"En la aldea de Juan Grande  he encontrado una cueva sepulcral que, aunque había sido desgraciadamente saqueada, me ha permitido hacer una comprobación que creo interesante señalar. Todos los cadáveres que contenía presentaban lesiones en los huesos. Eran tumores óseos de diversa naturaleza, viejas fracturas consolidadas, artritis deformantes, etc. Me encontraba en presencia de un verdadero cementerio de lisiados y esto me condujo a preguntarme si los enfermos no serían objeto de alguna creencia supersticiosa."(pág.80).

Sebastian Jiménez Sánchez (Embalsamamientos y enterramientos de los “canarios” y “guanches”, pueblos aborígenes de las islas canarias”, en Revista de Historia, VII, 55. 1941.pgs. 257-268) señala que en el sur de Gran Canaria se encontraron momias con 12 y 16 pieles superpuestas, sin citar su procedencia. Añade además el descubrimiento en Arguineguín de una momia de dos metros de largo envuelta en numerosas pieles, así como otras encontradas en Juan Grande. En estos dos lugares señala Jiménez que se encontraban las momias de mayores dimensiones, apuntando que los hitos relevantes a nivel de hallazgos de restos momificados incluían Arguineguin, Juan Grande y Guayadeque, añadiendo Acusa-Tejeda.

El mayor número de envolturas en las momias indicaba más rango social del individuo.

LAS PRÁCTICAS FUNERARIAS DE LOS ANTIGUOS CANARIOS.

18 en 16. Memorias de un cementerio from www.estodotuyo.com on Vimeo.  Documental producido por el Cabildo de Gran Canaria y dirigido por Francis Quintana, en el que a raíz de la excavación de un cementerio de canarios en Gáldar, se dan a conocer sus ritos funerarios y su relación con los muertos.

Vamos a seguir en este punto a José M. Bernal y a Pablo Atoche (Rituales funerarios en la Protohistoria de Gran Canaria (Islas Canarias)

En Canarias el ritual funerario más extendido, a semejanza del implantado en el Norte de África por los colonizadores fenicios, utilizaba como recinto funerario cuevas naturales o grietas tapiadas con muros de piedra seca, tanto de manera individual como colectiva.

En el proceso de embalsamado, no se hacía eviscerado, aunque sí un método que permitía la conservación de los tejidos corporales: ungían el cuerpo con una mezcla de manteca de cabras, yerbas aromáticas, corcho de pino, resina de tea, polvos de brezo, piedra pómez y otros absorbentes y secantes, dejándole después expuesto a los rayos del sol para realizar la desecación. Se repetía el procedimiento varias veces para finalizar envolviendo el cuerpo en pieles y juncos.

Desde la perspectiva del ritual, la momificación parecía reservada sólo para aquellos ritos funerarios que tenían las cuevas como última morada de los difuntos, y parece ser que se trataba de una práctica condicionada por diferencias sociales y étnicas. Se supone que a mayor jerarquía del individuo, mayor esmero en la preparación del cadáver y en el número de pieles que lo envolvían.

Los cadáveres se ataviaban con similares prendas que en vida y envueltos en un sudario elaborado con capas de piel, hasta 17 en algún ejemplo de momificación de Gran Canaria, isla donde ocasionalmente se han teñido de rojo o se han empleado pieles de cerdo o mortajas elaboradas con tejidos vegetales, normalmente de junco o palma.

Las momias se depositaban en posición decúbito supino (boca arriba). No se colocaban directamente sobre el suelo, habiéndose realizado en todos los casos un mínimo acondicionamiento del lugar mediante la preparación de un lecho con elementos vegetales, la colocación de tablones de madera, lajas de piedra o simplemente mediante la nivelación del terreno.

BIBLIOGRAFÍA.

Bernal Santana, José M., Atoche Peña, Pablo: Rituales funerarios en la Protohistoria de Gran Canaria (Islas Canarias)
Jiménez Sánchez, Sebastian: Embalsamamientos y enterramientos de los “canarios” y “guanches”, pueblos aborígenes de las islas canarias. En Revista de Historia, VII, 55. 1941.pgs. 257-268
Guedes González, Pablo: “AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.”
Vernau, René. "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" (1891)

jueves, 15 de septiembre de 2011

LA “ALDEA NEGRA” DE TIRAJANA

Niños esclavos en Puerto Rico.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ

En un anterior artículo habíamos hablado de la novela de Julio Verne que nos describe a los negros de Tirajana,

La novela titulada "Thompson y Cia", en su parte que describe a las islas, está basada en la obra del antropólogo francés René Vernau "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" publicada en 1891, en la que Vernau describía en esas fechas, a la aldea negra hoy día desaparecida, de la siguiente manera:

“…cuando se introdujo la caña de azúcar en el archipiélago, se trajeron negros para cultivarla. Ellos han permanecido en Tirajana y todavía forman, al lado de Santa Lucía, una aldea distinta. No conservan su tipo original. Hoy día son mulatos de todas clases.”

En la novela de Verne se habla de la existencia de esta aldea de la siguiente forma:

"- ¿qué clase de colonia es esa, negra en pleno país de raza blanca?
- Una antigua república de negros ... Hoy, hallándose como se halla abolida la esclavitud en todo país dependiente de un Gobierno civilizado, esta república ha perdido su razón de ser. Pero los negros tienen cerebros obstinados, y los descendientes persisten en las costumbres de los antepasados, y así continúan enterrados en el fondo de sus cavernas salvajes, viviendo en un aislamiento casi absoluto, sin aparecer a veces en las poblaciones próximas durante más de un año."

No sabemos si lo que se dice en la novela era cierto en cuanto a las costumbres y a que vivían en cavernas, pero en este artículo aportaremos más información sobre este poblado de personas de color.

A partir de información reflejada en distintas actas notariales, sabemos que el Barranco de los Negros se encontraba en el Barranco de Tirajana en el tramo desde Cueva Grande a la Cuesta de Garrotes, y entre Los Cuchillos y El Gallego, estos dos últimos, topónimos que todavía existen y se sitúan a menos de dos kilómetros de la población de Aldea Blanca, por lo que pensamos que esta “aldea negra” pudiera tener alguna relación con el nombre que se le dio a “Aldea Blanca”.


Los documentos notariales nos indican la compraventa de los terrenos donde se situaría la población negra, en 1605, por Antón Pérez Cabeza, negro libre que compró la propiedad al regidor Marcos de León y en ella se estableció con sus hijos y nietos. Según los documentos, fue el primer negro que se estableció en el lugar y anteriormente vivía en una casa terrera lindante con la ermita de San Antón en Agüimes. Casó en primeras nupcias con Juana García y, en segundas, con Antonia Mendoza.

Este Antón Pérez Cabeza tuvo que ser descendiente de esclavos pertenecientes a otro Antón Pérez Cabeza, propietario de plantaciones de caña en Sardina, quien en 1527, arrienda a Alonso de Matos el ingenio azucarero de Aguatona en Agüimes (que se situaba en el actual Ingenio), pues se solía poner a esclavos, nombre y apellidos de sus dueños.

Bartolomé Cabrera “el negro santo”, era nieto del primer negro del Barranco, Antón Pérez, hecho que se refleja en un documento de compraventa en 1667 cuando dicho Bartolomé vende un día y una noche de agua de sus posesiones del barranco al capitán Francisco Amoreto, ascendiente de los futuros condes de la Vega Grande, (Francisco Tarajano: Memorias de Agüimes ).

Cuando los documentos indican que Antón Pérez fue el primer negro de esta aldea negra, pensamos que es posible que se refiera al primer negro de esa zona del barranco, o al primer propietario de color, pues en el siglo XVI en el curso alto del Barranco, en el ingenio azucarero de Santa Lucía, y en Sardina, donde había plantaciones de azúcar, con toda seguridad debió haber mano de obra esclava, de color, como era habitual en la época.

Los ingenios azucareros necesitaban gran cantidad de leña para hacer funcionar sus calderas y mano de obra para traerla. Fueron la causa, en buena parte, de la desaparición del pinar en Amurga.

Existen además, topónimos por todo el sur, relacionados con personas de color: Los Moriscos en Santa Lucia, Hoya de la Negra, Cueva de la Negra, Casa del Negro Santo, Ladera de los Negros, Soco del Negro, lo que nos indica lugares donde vivían personas de esta raza, con toda seguridad apartados de los blancos.

En 1677 la ciudad hace nombramiento de capitán alférez y demás oficiales de una compañía de negros y mulatos que no constaban en las listas por ser esclavos. Se hizo capitán de ellos a un cristiano viejo y negro libre, de Taidía, (Santa Lucía) llamado Juan Felipe Liria. A él se le encargó de hacer una lista por toda la isla y halló un número de 648 negros, que con los mulatos, criollos, esclavos y otros, llegaron a 6.478, con los cuales acudía a la plaza de armas el día de la ocasión, a ponerse a las ordenes del capitán a guerra. (Suarez V., Rivero B., Lobo M., González A.: (1995). “La comarca de Tirajana en el antiguo Régimen”.) 

Por esas mismas fechas, Marin de Cubas, describe el importante papel que la población negra del Barranco de Tirajana tenía para la defensa de la costa sur:

“… El Cavildo y Regimiento de Canaria a su costa fabricó, y hiso armason de dos fragatas, y el factor o comisario fue Juan Siverio Música, y otro primo suio Lescano regidores para limpiar estas costas de piratas assi moros como otros, y correr la costa de Africa, y Guinea onde hasian entradas trhose de Guinea negros para el servicio de los yngenios, y viñas que después sus dueños dexandolos libres por voluntad de Sus Altezas tiene un pueblo onde avitan todos negros en Tirajana son vivos entendidos, y valientes que defienden aquellas costas remotas de enemigo, que por allí entran a hazer aguada, y a rovar ganado y lo que pueden;…” (Historia de las Siete Islas de Canarias)

También en la fortaleza y salinas de Santa Cruz del Romeral había esclavos. En el acto del Pleito homenaje que realiza el teniente general de artillería Luis Romero de Xaraquemada en 1704 se dice:

“...Y en dicha Casa- Fuerte hallé cuatro ayudantes artilleros que reconosco eran capaces para el manejo de dicha artillería, y asimismo hallé cuatro soldados de centinelas, sin los salineros y esclavos del dicho Don José que tiene para el servicio de su casa...”

Entre las posesiones de Antonio Lorenzo Bethencourt, fundador de la casa fuerte de Santa Cruz, a finales del siglo XVII: tenemos que:

“... Se le contaban ocho esclavos negros y una mulata que le trabajaban la finca y le atendían la casa….; en los Montes de Amurga, ganado salvaje, donde todos los años se hacían las apañadas.” (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995)

Pedro Agustin del Castillo describe refiriéndose a Tirajana: "...su vecindad, de cuatrocientos dieciséis vecinos, muchos de ellos negros, que se mantiene su color tan atezado como si vinieran ahora de Guinea...". (Descripción histórica y geográfica de las Islas de Canaria. 1737).

El fraile mercedario Medinilla escribe acerca del Barranco de los Negros (1750-1761): “Hay en Tirajana muchos negros y mulatos avecindados y muy antiguos. Vi a un negro y lo traté llamado Francisco Liria de 108 de edad cumplidos, cabal en su juicio y buena razón, está casado y no ha tenido más matrimonio que el presente, su mujer no tiene tanta edad... El suegro de este negro murió en esta parroquia de 115 años, llamábase Pedro de la Cruz, era negro también.” (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995)

Las negras y mulatas eran grandes artesanas en los trabajos de la palma y en los hilados, pero sobre todo eran tenidas como brujas y hechiceras. En el siglo XVIII son procesadas como tales la mulata María Morales y la negra Maria Mostaza, quienes hacían oraciones con el fín de hacer sortilegio. En el mismo caso se hallaban Ana de Santiago, denunciada en 1698, Francisca Pérez, Lucía Alemán y Margarita de Cabrera. De ellas fueron encauzadas la mulata María del Pino, que se ocupaba en hacer escobas y esteras, que fue desterrada cuatro años de la isla, además de aplicársele otras penas, y María de Morales, también mulata; la negra e hilandera María Mostaza fue condenada a 200 azotes y desterrada a Lanzarote y la negra y esterera Margarita de la Cruz a 200 azotes y tres años de cárcel. Entre los hombres de color sólo se cita como dedicado a estas prácticas al mulato Sebastián García de León, molinero y pastor, que fue condenado a 200 azotes, vergüenza pública y a tres años de galeras. (Fajardo Spínola, F: “Hechicería y brujería en Canarias en la Edad Moderna”. 1992)

En 1817 tenemos constancia del poblado de los negros por el problema que tuvieron con el cura de Tunte porque este no les dejó sacar en procesión la imagen de San Sebastián como lo venían haciendo tradicionalmente cada año por esas fechas y menospreciando a las gentes de color. (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995)

Hasta 1880, existió la esclavitud en España. En ese año Alfonso XII sanciona la ley de abolición, que se extingue definitivamente en 1886.

Entre 1884-1888 Verneau visita las Islas Canarias y describe todavía la existencia de la aldea negra como hemos relatado al principio del artículo.

Volviendo a la hipótesis del poblado de negros que vivían apartados en contraposición al de blancos de Aldea Blanca, tenemos que comentar las discriminaciones que sufrían las personas de color en las islas. Si la vida de los blancos, pertenecientes a las clases bajas, se podría considerar miserable, la de los negros, lo debió de ser en mucha mayor medida.

De hecho y según revela Ana Viña Brito y colaboradores, la instalación de los esclavos en las islas preocupó en gran medida a las autoridades locales y por ello se dictan una serie de disposiciones tendentes a su control, como fueron la prohibición de andar por los caminos después de “campana tañida”, llevar marcas visibles en el hombro para ser fácilmente reconocibles, algunos fueron herrados en la cara e incluso se autorizó “cortarles las orejas si sus culpas lo merecían”.(La organización social del trabajo en los ingenios azucareros canarios (siglos XV-XVI)

El poblado que después se llamó Aldea Blanca, ya existía en el tiempo de los aborígenes canarios pues según Suarez Grimón y Andrés Quintana: "El 27 de mayo de 1616 presentó escrito en el Cabildo el regidor Pedro Espino Castellano pidiendo se le hiciese merced de 300 fanegadas de tierra en el Llano de Aldea Blanca, unos solares de “casas de canarios”que estaban en las cabezadas de dicho Llano y la mitad del agua que salía del Barranco de Tirajana. Esta solicitud fue contradecida por Juan Alonso Romero y Lope Franco, alegando eran suyas dichas tierras y aguas. Por ello el Cabildo acordó darle al regidor Espino solo las casas canarias." (Historia de la Villa de Agüimes).

Estas “casas de canarios” se situaban en lo que hoy es el pueblo de Aldea Blanca, y el topónimo lo conocemos como tal, por vez primera, el 8 de noviembre de 1511, cuando se da en Burgos merced a Lope Conchillos, de seis caballerías de tierra con el agua necesaria para su riego: “…agua que ha de tomar de la que aprovechan los canarios en Varvega, debajo de Aldea Blanca, y luego fue adjudicada a Luis de Armas, por estar desaprovechada,…” ( Carta Arqueológica de SBT).

Se podría considerar que si se le asigna ese nombre al poblado, en razón de que hay otro poblado donde viven los negros, este podría existir en esas fechas.

Abundando en la hipótesis vemos que los terrenos de Sardina comienzan a cultivarse a principios del siglo XVI. En 1523, Antón Pérez Cabeza (del que posteriormente toma nombre el primer negro del barranco) ya tenía plantaciones de caña de azúcar en Sardina, que molía en su ingenio de Agüimes (Aguatona- Ingenio), que era también de Alonso de Matos (el Viejo), aunque debieron de molerse también en el ingenio de Santa Lucía . (Azúcar. Los ingenios en la colonización canaria. Ana Viña Brito y colaboradores).

Desconocemos la fecha de construcción del ingenio de Santa Lucía, aunque debió ser a principios de siglo. Su fundador fue Tomás Rodríguez de Palenzuela, hecho que conocemos porque su hijo, Lorenzo Palenzuela, que poseía tierras en Sardina donde tenía la plantación de caña de azúcar, pretendió trasladar el ingenio desde Santa Lucía a Sardina, hecho que creemos finalmente no sucedió, pues no tenemos noticias de que se instalara y llegase a funcionar.


Así, el 29 de octubre de 1554, se le concede una data a Lorenzo Palenzuela por el Cabildo secular: "Se concede licencia a Lorenzo de Palenzuela para hacer una acequia desde el barranco de Tirajana a las tierras que el Cabildo le había dado en Sardina para hacer un ingenio":

“Petición de Lorenzo de Palenzuela, vecino de la isla, le hagan merced de dar licencia para hacer una acequia por donde pueda llevar sus aguas del barranco de Tirajana a las tierras que le hicieron merced en el lomo que dicen de Sardina, la cual acequia ha de comenzar desde la cueva de Juan Adobar, por donde pueda hacerla, hasta sus tierras" Es edificio que ha de hacer por riscos y gastar mucho dinero y soltar su agua y deshacer su hacienda de Tirajana y pasarla abajo", y por ello suplica que ya que le dieron las tierras y sitio de ingenio, le den titulo del salto por donde ha de ir la acequia, que sea suya como lo son las tierras y aguas, y de sus descendientes, y lo manden asentar. Se le da el asiento y sitio de ingenio, y el sitio de acequia.”

Por ello, debieron de haber en la zona personas de color, desde esas fechas, que podrían vivir separadas y de ahí el nombre de Aldea Blanca, para indicar la población blanca en la zona. Según Manuel Lobo, los cálculos para Gran Canaria establecen una media de 30 ó 35 esclavos entre hombres y mujeres por ingenio y plantación que representarían entre un 10% y un 12%, de la mano de obra, lo que nos indica la probable población de la zona. (Azúcar. Los ingenios en la colonización canaria. Ana Viña Brito y colaboradores)

Por último, según Santiago Cazorla León (Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995), existe una tradición oral que afirma que los negros llegaron al Barranco de Tirajana procedentes del naufragio de algún barco hundido por aquellos mares y nos explica en su obra los pleitos de los curas de Tirajana y Agüimes (1690-1694) por la jurisdicción de estos negros del barranco que nos aportan bastante información.

Según Manuel Guedes (Coplas de Laito. 2002. Proyecto Vivencias. IES Santa Lucía) pastor, hijo y nieto de pastores, que fue vecino de Casa Pastores, y descendiente de los Guedes de Castillo del Romeral, la historia de los Guedes en Gran Canaria se inició con una embarcación portuguesa que llevaba esclavos negros para América, en el barco venían Guedes y Torres. El mal tiempo hizo que la embarcación zozobrará en la costa sureste de Gran Canaria, donde desembarcaron por la costa de Las Salinas. (Castillo del Romeral).

En este artículo hemos pretendido aportar información sobre la extraña aldea negra que existía en la comarca, en la que con toda probabilidad debieron vivir ascendientes de muchos vecinos de Castillo del Romeral, en los que todavía hoy podemos observar rasgos de sus ascendientes de color, así como de otros vecinos en los que no se observan estos rasgos que tienden a desaparecer a raíz del mestizaje, tras el paso de varias generaciones.

Por nuestras venas corre sangre de estos negros, descendientes de esclavos, que estaban en nuestra comarca desde el siglo XVI, signo inequívoco de nuestro mestizaje así como del de la población canaria en general.

BIBLIOGRAFÍA

Coplas de Laito. 2002. Proyecto Vivencias. IES Santa Lucía.

CUENCA; JULIO; GIL M. CARMEN Y BETANCOR ANTONIO, 1997. Carta Arqueológica del Término Municipal de San Bartolomé de Tirajana. El Museo Canario, Nº. 52, pp. 57-166.

DEL CASTILLO, PEDRO AGUSTIN. Descripción histórica y geográfica de las Islas de Canaria. 1737.

FAJARDO SPÍNOLA, F: “Hechicería y brujería en Canarias en la Edad Moderna”. 1992

MARÍN DE CUBAS, TOMÁS ARIAS (1986): Historia de las Siete Islas de Canarias. Real sociedad Económica de Amigos del País. Las Palmas. pág. 32.  

SÁNCHEZ VALERÓN, RAFAEL. (Cronista Oficial de Ingenio): Alonso de Matos, entre la Vega de Telde y la Vega de Aguatona 

SUAREZ V., RIVERO B., LOBO M., GONZÁLEZ A.: (1995). La comarca de Tirajana en el antiguo Régimen

SUAREZ GRIMÓN, VICENTE Y QUINTANA ANDRÉS, PEDRO: Historia de la Villa de Agüimes (1486-1850). 2003. Ayuntamiento de Agüimes.

TARAJANO, FRANCISCO: Memorias de Agüimes .

VIÑA BRITO, ANA y colaboradores. Azúcar, Los ingenios en la colonización canaria.

VIÑA BRITO, ANA y colaboradores. La organización social del trabajo en los ingenios azucareros canarios (siglos XV-XVI).