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| Vapor
‘Zuleica’ encallado en 1920 en la desembocadura del Guiniguada,
con niños observando desde el ‘sorrio’, en una estampa que
pudiera ser exacta, a los niños de Castillo del Romeral contemplando
al ‘Michael Ging’, en Barco Quebrado, en 1927. Archivo FEDAC. |
PABLO
GUEDES GONZÁLEZ
El
arqueólogo, investigador y submarinista, Eduardo Grandio, con un
excelente y muy documentado sitio web , dedicado a los pecios de Gran
Canaria (www.grandio.org), nos relata como fueron los últimos
momentos del pesquero de 38 m, anteriormente dragaminas británico,
‘Michael Ging’, en 1927, embarrancado frente a lo que hoy es el
barrio de Salinas de Matorral.
El
Michael Ging volvía de los pesqueros africanos, cargado de pescado,
con destino a Barcelona, donde había estado descargando el 25 de
noviembre y, a los pocos días había vuelto a partir para la pesca
(normalmente se quedaba cuatro o cinco días en puerto):
...
A la 1:45 de ese día 17 de diciembre, navegando rumbo nordeste,
procedente de la pesca y cargado con gran cantidad de pescado
refrigerado en hielo. Bordeando la costa de Gran Canaria, pasada la
punta de Maspalomas, embarrancó, según su piloto, D. Miguel
Zaragoza, a causa de "los
fuertes chubascos y a haber una pequeña niebla que impedía
distinguir las costas y los faros".
El barco se quedó varado casi en tierra, habiéndose estropeado la
radio y abriéndose vías de agua que inundaron las bodegas y
paralizaron las máquinas.
Los
primeros auxilios, como es habitual
en nuestras costas, los prestaron los pescadores locales, que
consiguieron salvar a la totalidad de la tripulación, 20 tripulantes
y el capitán, el gaditano D. Vicente Hidalgo. En una primera
instancia se esperaba reflotar a la embarcación y para ello se envió
al remolcador
Océano
en
auxilio de la embarcación encallada, pero las vías de agua en el
casco impidieron el reflotamiento.
El
barco fue despojado de todo su utillaje (redes, cables, cabos,
anclas, cadenas, faroles, bitácoras y muchos más objetos) que
fueron puestos a la venta en Las Palmas.
La
realidad es que tampoco debía haber mucho interés en reflotar el
barco pues a finales de los años veinte el sector pesquero de altura
español volvía a enfrentarse a otra gran crisis. En estos años,
tras la quiebra de Pesca
y Navegación S.A.
"los
veinte barcos de altura pertenecientes a las cuatro casas restantes
(una de ellas Galiana
y Vejarano)
estaban
todos amarrados".
Es indudable que esta crisis pudo tener relación con el estado de
abandono que sufrió el Michael
Ging
una vez embarrancado. En cualquier caso, el armador liquidó la
empresa el 31 de Mayo de 1934...»
 |
El
HMT Cardiff, un dragaminas/arrastrero
de la clase Castle,
gemelo del
Michael
Ging, Obsérvese
el cañón a proa. www.grandio.org |
A
esta información, recopilada del diario La Provincia en esas fechas,
añadimos lo que conocemos de la rica tradición oral del pueblo, que
me relata mi padre, Pablo Guedes García, acerca de los múltiples
‘vapores’ y barcos a vela, encallados a lo largo de estos siglos
en esta punta, así como de los personajes del pueblo que tuvieron
relación con los sucesos. Una puntualización: él se refiere a
estos barcos como ‘vapores’, como se los conocía en el pueblo,
no porque todos funcionaran a vapor como en los primeros tiempos de la
navegación a motor, sino siguiendo la tradición que llamaba así,
a estos barcos para distinguirlos de los habituales, que navegaban a
vela, en esta costa ventosa de obligado paso de buena parte del
tráfico marítimo de la isla, en su travesía atlántica o a las
pesquerías africanas.
El
primer barco del que tenemos noticia escrita en esta zona, es el que
nos refiere Eduardo Grandio, a partir de una nota de prensa del
Diario de Tenerife del 3 de febrero de 1891, que nos informa del
hundimiento del pailebot ‘Santiago’ de matrícula canaria en las
Salinas de Matorral. No tenemos más datos, pero con toda seguridad
se trataría de un pesquero que regresaba de las pesquerías y
embarrancó en La Punta. El pailebot (más moderno) y el
bergantín (más antiguo), eran los típicos barcos de vela que se
utilizaban para las pesquerías africanas, con dos palos, con el
trinquete (palo de proa) más corto que el palo de popa o mayor.
Pensamos que la diferencia entre ambos radica en el tipo de vela, en
el bergantín velas cuadras o cuadradas montadas en vergas (palo
horizontal sujeto al mastil como si fuera una percha, origen del
nombre de bergantín), más favorables para una navegación, con
viento en popa o a favor y en el pailebot (considerada como una
goleta pequeña) con velas de cuchillo y cangrejas, más
fáciles de manejar y que hacen al barco más maniobrable y que
pueda navegar con velocidad también en rumbos de ceñida (con la
proa en la dirección más cercana al viento) o contrarios, como los
que se encuentran en el regreso desde las costas de África.
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| Bergantín canario pescando en la costa de África. Histoire
naturelle des îles Canaries I, 2. Les Miscellanées Canariennes.
Planches. 1839. Bayerische StaatBibliotheck Digital.
https://www.digitale-sammlungen.de. |
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| Velero
tipo pailebot, modelo común de la flota canaria en el s. XX,
aparejado con velas cangrejas. Francisco Suárez Moreno. |
En
el pueblo, se conocía a los barcos que encallaron durante el s. XX,
por el tipo de carga que llevaban. Y nuestro protagonista era
conocido como “el barco del pescado”, y que sepamos, fue uno de
los tres que no pudieron ser desencallados y se perdieron, junto con el
primero ya relatado y el tercero, el Plasencia, sí desembarrancado
pero finalmente perdido, pues se hundió en las cercanías por una
vía de agua. Otros barcos referenciados por su carga, eran
conocidos como el del café (1915), el del trigo y el de afrecho
(alimento para animales), estos creemos que en los años 40 o 50,
puesto que los presenció mi padre y el Plasencia, que llevaba carga
de pescado, en 1962. Nosotros, fuimos testigos del encallamiento y
reflotamiento de otros dos grandes buques, a finales del XX, y del
último naufragio del que tenemos noticia el de la goleta ‘Grand
Folly’ en 2019.
El
conocido como ‘barco del café’ , debe corresponderse con el
‘Pembrokeshire’,
un barco inglés de 6.500 toneladas de registro que
encalla en La
Punta,
a
las cinco de la madrugada del lunes 16 de noviembre de 1915, y
cuya
historia conocemos
por un artículo en el diario La Provincia (enlace
aquí).
A
similitud con
lo que posteriormente ocurriría con el Michael Ging, el
primer oficial, declaró
que la causa de la catástrofe fue
una densa neblina que
le
impedía ver la costa.
El
barco, venía con un cargamento de café y cacao para Inglaterra,
procedente de Argentina, siendo los últimos puertos en los que había
recalado, los de Santos, Río de Janeiro y Bahía Blanca, desde donde
había partido el 26 de octubre de 1915. Llevaba a bordo 83 marineros
y tres pasajeros, al mando del capitán Chas L. Willats y era la
segunda vez que el buque hacía escala en Gran Canaria. Tras el
varamiento, en su ayuda acudieron, el crucero alemán Carmania, de
vigilancia por estas aguas (estratégicas como venimos recalcando en
muchos artículos) a causa de la I Guerra Mundial, donde se libraba
una batalla por el control del Atlántico, junto con otro buque, de
bandera inglesa. Fueron necesarios para sus rescate, más de 150
hombres y tres barcos.
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| Alzado y planta del Plasencia. Eduardo Grandio. |
Según
mi padre, el conocido como ‘barco del trigo’, procedía de
Argentina, y era uno de los múltiples buques, que en la época de
hambruna de la postguerra, ayudaron a la supervivencia de la
población canaria en aquellos tiempos de penurias. Venían barcazas
que trasportaban el trigo desde el barco hasta el Puerto de La Luz,
descargando peso hasta que se logró desembarrancar. Al igual que se
hizo con otros barcos, se amarraban cabos a la popa desde varios
remolcadores, esperando a la marea alta, momento en que tiraban y
lograban sacarlo de la situación.
Mi
padre recuerda especialmente el ‘barco del afrecho’, alimento
para animales, y nos relata que las sacos de este producto salían
flotando del barco arrastrados por la corriente y que venían gentes
desde muy lejos incluso desde Tirajana, con bestias para recuperar
estos sacos, con los que poder alimentar a los animales, en esa época
de miseria. Recuerda también a la gente del pueblo recuperando los
sacos vacíos, por ser de buena calidad, para utilizarlos en
diversos usos.
El
naufragio más conocido actualmente es el del ‘Plasencia’, barco
de madera de 142 toneladas, de 28 m de eslora,
ocurrido
el
11 de abril de 1962,
sobre el cual publicamos un artículo (enlace
aquí),
que encalló en el mismo lugar que el ‘Michael Ging’ y pudo ser
rescatado, pero con tan mala fortuna que debido a una vía de agua se
hundió a escasa distancia de la costa frente a la Central Térmica a
34 m. de profundidad. El pecio es considerado, hoy día, la
joya del submarinismo deportivo de Gran Canaria.
A
continuación exponemos el recorte original de la noticia del Diario
de Las Palmas, del sábado, 14 de abril de 1962, donde se detallan
los hechos:
En
fechas mas recientes recordamos, por haberlos vistos in situ, los
encallamientos de dos barcos cargueros, el primero, tuvo lugar donde
posteriormente se construyó la central térmica, en los años 80 y
el otro en Juncalillo del Sur, en los 90. Los dos pudieron ser
reflotados.
El
último naufragio del que tenemos noticia, fue el de la goleta ‘Grand
Folly’, de bandera americana, que se perdió en agosto de 2019,
embarrancando junto al Parque Marítimo en la parte norte del pueblo,
siendo rescatada por una gran grúa, dejándola en la zona, para
incendiarse posteriormente.
 |
| Rescate
de la goleta ‘Grand Folly’. En Prensa. |
La
pauta
de la mayor parte de los naufragios de esta costa, se produce de la
siguiente manera. Los
barcos suben confiados por
Las Calmas de Maspalomas, desde
el sur de la isla,
cuando de improviso y de forma desprevenida se encuentran con la
marejada producida por los fuertes vientos contrarios
que caracterizan esta zona, sobre todo en verano (de
media de hasta 70 y 80 km/h),
haciéndoles
tomar, en
caso de navegación a vela,
el rumbo de ceñida o bolina, muy duro para la navegación, y más
para frágiles embarcaciones.
A
ello añadimos
dos
factores importantes,
que
la
navegación se
realice
en noche sin luna, lo
que produce la invisibilidad de
la silueta de la costa que
es
muy baja y
llana
y que La
Punta se encuentra en el rumbo de navegación hacia el Puerto de la
Luz. Si
los pilotos y
la tripulación no
están prevenidos
y preparados
o
el barco no está en buenas condiciones, lo normal es que ocurra el
encallamiento.
Este
hecho fue el motivo de la construcción del Faro de Arinaga entre
1889-92, entrando en funcionamiento en 1897, con proyecto del
ingeniero León y Castillo, al igual que el de Maspalomas, construido
también por aquellos años. Esto no fue óbice, para que se
siguieran produciendo encallamientos, según los pilotos, por
‘neblinas’ que impedían ver la costa, que podría enmascarar
también despistes, o el estar durmiendo en la madrugada, en el
momento de la catástrofe.
Y
los mismos hechos, podrían haber ocurrido a lo largo de los siglos,
pues tenemos el topónimo histórico del s. XVI, pensamos que de
origen portugués, ‘Barco Quebrado’, en la zona de la
piscifactoria ADSA, que también creemos que daba nombre a toda la
zona, desde el norte de Castillo del Romeral, hasta la actual Central
Térmica. Y refleja, ya desde aquellos tiempos, la peligrosidad para
la navegación de esta costa de fuertes vientos y corrientes, una
costa llana y baja que se adentra en el mar, y por tanto con poca
visibilidad, que fue causa de múltiples encallamientos nocturnos.
‘Barco
Quebrado’, cuadra con una leyenda de la comarca, sobre el origen de
los habitantes de un poblado negro, (ver
nuestro artículo sobre este tema, enlace aquí)
que se situaba en el curso medio del Barranco de Tirajana, también
desde el s. XVI: el naufragio
de una carabela portuguesa cargada
de esclavos negros, en esta zona.
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| Mapa de la' Costa de Las Salinas', con los topónimos 'El Matorral'. 'Tabaibal del Castillo', 'Barco Quebrado', Tenefé o Tenefent. 'Boca de Las Casillas' (tomadero de agua de las salinas). El viento habitual es de NNE o NE, casi paralelo a la costa, lo que produce la navegación con viento en contra, en el rumbo hacia el Puerto de La Luz. |
Como
venimos incidiendo en diversos artículos, esta era una costa
estratégica de obligado paso en la navegación. Se convirtió en el
punto más destacado, transitado y comunicado del despoblado Sur,
durante más de 400 años. Una media de entre 15 y 20 bergantines
acudían periódicamente a cargar sal para dirigirse a las pesquerías
de África, y a retornar por la misma zona a la vuelta. También,
pasaban por aquí los navíos que se dirigían a la travesía
atlántica y a la travesía a la India pasando por el Cabo de Buena
Esperanza.
Los
barcos pesqueros, partían de LPGC con destino al caladero africano,
a ‘La Costa’ como era llamada por los pescadores, que llegaba
desde el Cabo Bojador al sur de El Aaiún hasta la península de Cabo
Blanco en la frontera entre Mauritania y el antiguo Sahara Español,
en las villas de La Güera y Port Etienne (protectorado francés)
llamado en la actualidad Nouadhibou (Mauritania), un área de pesca
muy rica, de las primeras a nivel mundial.
Tenemos
un documentado artículo (enlace
aquí) del investigador Jose Daniel Rodríguez Zaragoza, donde se
relata como eran los rumbos y técnicas de navegación de los
pesqueros canarios a lo largo de los siglos, desde la isla a las
pesquerías africanas y el regreso. Y nos relata especialmente, un
viaje del naturalista belga Arthur Taquin que se embarca en 1902 en
el costero ‘Federico’, uno de los 24 que componen la flota
grancanaria en aquel momento. El barco sale de Gran Canaria, carga
sal en nuestra comarca, para después dirigirse a las pesquerías de
Cabo Blanco, donde se detalla la dura navegación de los canarios en
la costa occidental africana y especialmente la ruta de regreso que
viene a llegar hasta la vista del Faro de Maspalomas. Los patrones en
su mayoría no sabían leer ni escribir y conocían la navegación de
memoria, por la experiencia acumulada durante siglos en estas
pesquerías.
Debido
a la dirección de los alisios y al dibujo de la costa de la isla,
los pesqueros debían pasar por esta costa ventosa, lo que fue el
origen de la construcción de las salinas, desde el s. XVI y es por
ello que el lugar se convirtió en punto de recalada para cargar la
sal. Luego, se dirigían a los caladeros con el viento a favor, a los
cuales llegaban en unos tres días. En la vuelta, esta vez con viento
en contra, debían navegar de ceñida o bolina en un rumbo que les
hacia llegar al sur de la isla volviendo a retornar a esta comarca,
en un trayecto en el que podían tardar unos 15 días.Tenemos
un artículo (enlace
aquí), reflejando las razones por las que creemos que esta costa
podría ser el litoral histórico más importante de Canarias, por
la que, a su vez, han pasado los más importantes navegantes. Así
creemos que Colón, que debía conocerla muy bien, la elige para las
reparaciones de La Pinta durante 15 días en el viaje del
descubrimiento, pues conoce que en las condiciones en las que estaba
la
nave (haciendo
mucha agua y con el timón averiado),
sería imposible superar ‘La Punta’ en pleno verano por los
fuertes vientos y corrientes en
contra, que
la harían
naufragar inevitablemente.
Expertos
en historia naval y en los viajes de Colón, los capitanes Carlos
Etayo y Luis Ayesta y el almirante Cristóbal Colón de Carvajal
(descendiente de Colón) apuntaron que fue en alguna playa del sur de
la isla, donde la Pinta estuvo perdida durante más de medio mes
(enlace
aquí a sus artículos). Pensamos que la playa más conveniente
para una varada de esta embarcación, en todo el sur es la de la
desembocadura del Barranco de Berriel, junto a Pozo del Lentisco
(Bahía
Feliz),
fundamentalmente, por sus características físicas y por contar con
los avituallamientos necesarios.
Sumado
a lo comentado, la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral, se
convirtió en el refugio de los barcos perseguidos por los piratas y
por naves enemigas en las múltiples guerras de España y así
conocemos de barcos refugiados al abrigo del Castillo durante los
años 1797 y 1798, cuando se produce el ataque de Nelson a Santa
Cruz, en la guerra con Gran Bretaña.
En
cuanto a hundimientos por estos motivos, reseñar los informes de
hundimientos de pesqueros por parte de piratas en esta costa y el
pecio de la probable carabela de principios del XVI, hundida en La
Tabaibita, del que conservamos un cañón pedrero rescatado, en la
Casa de la Cultura del pueblo (ver
nuestros artículos sobre los restos hundidos en esta costa). Por
último el ataque, frente a la costa de Castillo del Romeral, y
posterior hundimiento en las Burras, del submarino alemán U167, por
parte de los aliados en la II Guerra Mundial (artículos
aquí).
 |
| Submarino
U167 rescatado en 1952, al fondo Amurga. Foto archivo Santiago
Guillén. |
Y
respondiendo al interrogante del título del artículo, según nos
cuenta Eduardo Grandio, antes de convertirse en pesquero el ‘HMT
Michael Ging’ (HMT:
His/Her Majesty's Troopship
o
Buque
de Tropas de Su Majestad),
era uno
de los 197 arrastreros de la clase Castle,
construidos para servir como dragaminas por el Almirantazgo Británico
entre 1916 y 1918, durante
la I Guerra Mundial. Estaba incluido en el Royal
Navy Patrol Service
que utilizó una ingente cantidad de arrastreros como un arma barata
en la guerra antisubmarina y las operaciones de desminado,
protegiendo las costas y los convoyes.
Junto
al Michael
Ging,
se construyeron 145 buques en el Reino Unido para el Almirantazgo.
Después
de la guerra, otros 52 buques encargados se completaron como
pesqueros y muchos de los dragaminas se reconvirtieron para uso
comercial. Y
este fue el destino del
‘Michael
Ging’, vendido a la compañía barcelonesa Galiana y Vejarano en
1922,
una
de las cinco casas armadoras que aglutinaban a toda la flota pesquera
de altura de Barcelona.
Su
equipamiento militar fue el estandar básico, un cañón QR de 12
libras montado sobre una plataforma en la proa. No fue equipado, como
si lo fue el ‘Alcyon’, el otro arrastrero de la patrulla hundido
en Gran Canaria (en
la Baja de Gando),
con un lanzador de cargas de profundidad y, mucho menos con un
hidroavión (solamente el ‘Alcyon’ y otros tres arrastreros lo
montaban).
Según
Grandia:
… el
Almirantazgo
Británico, para bautizar a los arrastreros de la clase Castle,
recurrió a nombres de oficiales y marineros que, el 21 de octubre
de 1805, participaron en la batalla de Trafalgar. Entre los enrolados
en el famoso y victorioso HMS
Victory,
buque insignia de la flota británica durante la batalla de
Trafalgar, comandado por el vicealmirante Horatio Nelson, 820 hombres
recibieron premios en metálico y una subvención del Gobierno por
los buques enemigos destruidos o capturados durante la batalla. En
esa honorable (para los británicos) lista, encontramos a Michael
Ging,
un joven irlandés, de 21 años de edad, enrolado como marinero
(ordinary
seaman),
que es quien daría nombre al arrastrero que nos ocupa, al acabar sus
días tras encallar en las costas del Castillo
del Romeral.
Entre
1922
y
1927, el ‘Michael
Ging’
realizó
labores de
arrastrero de pesca,
teniendo
su base en el
Muelle de Levante del Puerto
de
Barcelona,
donde descargaba
abundante pescado refrigerado, procedente de las aguas africanas del
banco canario-sahariano. Asimismo, era un habitual del Puerto de la
Luz, y
de paso por nuestra costa, en tránsito de su trayecto de ida y
vuelta.
Según
me cuenta mi padre, el barco embarrancó frente a las llamadas
“Salinas de Chanito Cruz” (su último arrendador y salinero),
situadas durante unos doscientos años, justo, donde hoy encontramos
la entrada sur del poblado de Salinas de Matorral. A su vez,
situadas estas, a unos doscientos metros de las antiguas Salinas del
Conde y la Casa o almacén de la Sal de estas salinas, que estuvo en
pie (y todavía podemos ver los restos, junto a la Factoría de
acuicultura ADSA), hasta bien entrados los 2000, que es donde según
mi padre se localiza el topónimo ‘Barco Quebrado’.
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| Salinas
de El Matorral o de La Punta en 1955, al sur las de Barco Quebrado (donde la actual piscifactoría), pertenecientes al
Condado, construidas en 1787. Le siguen las de Chanito Cruz (comienzo
del actual poblado) y las de Manuel Méndez con dos planes y un
cocedero, las más al norte todavía en pie, construidas en 1795 por
José Benítez de Lugo. Creemos que toda la zona hasta Bocabarranco
(después de la actual Central Térmica) era conocida en la
antigüedad como Barco Quebrado. También la zona era conocida como
El Matorral, por el bosque tabaibal muy tupido, calificado como una
selva, con tabaibas del tamaño de higueras. CECAF Centro
Cartográfico y Fotográfico del Ejército del Aire. |
El
salvamento del barco, tras el varamiento, no llegó a buen fin y el
14 noviembre de 1928 se vendía el casco para chatarra, sin
resultados. Durante unos veinte años se fueron desmantelando, con
los temporales de Sur, los restos del barco, que se situaba a escasa
profundidad, unas dos brazas (unos 3 o 4 m.). Y mi padre recuerda ver
la caldera del barco sobresaliendo del agua con un agujero en la
parte superior, y a similitud de los bufaderos, creándose un chorro
de agua elevándose en el cielo a medida que venían las olas.
Todavía
en los años 50 se encontraban muchos restos del barco desde unas
escasas dos brazas de profundidad. Y es en esta época cuando tres
personas entre las que se encontraba mi abuelo Pablo Guedes Sánchez,
junto con otro vecino del pueblo, Manuel Mendez Saavedra y un “buzo”
del Puerto de la Luz llamado Antonio, que creemos que pudiera ser Antonio Delgado según explicaremos, se dedicaron a rescatar estos
restos por medio de cargas explosivas. Esta labor la realizaron por
espacio de unos seis años, hasta que los restos fueran completamente
rescatados (quedan unos pocos).
Y
cuando hablamos de buzo, queremos decir el buceo a la antigua usanza,
con escafandra compuesta por
un casco metálico,
un traje de lona recubierta de caucho y unas botas lastradas con
plomo para caminar por el fondo del mar. El casco estaba
conectado
a la superficie mediante una manguera por el que se suministraba
el aire comprimido que el buzo respiraba
durante su inmersión. Mi
abuelo me contaba, que ponían explosivos para romper las planchas y
cuando no estaba Antonio
el
buzo, él se tiraba al fondo junto con una piedra y un cabo, para
bajar mas fácil
y rápido
y luego amarraba los restos al cabo para izarlos desde arriba.
Mayor
mérito, si cabe, es que esto lo hacia sin ningún equipamiento, y
sin visibilidad, pues en aquellos tiempos se carecían de las gafas
de buceo actuales. En una ocasión, embarcado en La Costa de África en un pesquero, se le cayó al fondo el cuchillo, fundamental en sus tareas, en un sitio profundo, y relataba el asombro de la tripulación cuando lo ven tirarse a recuperarlo, pasando un buen rato antes de salir a la superficie con el cuchillo recuperado.
 |
Buzos
del rescate del Alfonso XII hundido
en 1885 en
la Baja
de Gando. El
buzo de la derecha es Alexander Lamber, el otro es "Mister
Tester" que murió en 1896 al tratar de recuperar la última
caja de oro que quedaba en el barco. Archivo
fotográfico FEDAC. |
Todavía
hoy, se pueden ver en la zona chapas retorcidas semienterradas en la
arena, creemos que correspondientes al naufragio y hasta no hace
muchos años veíamos lo que pensábamos que era un torpedo hueco,
por tener dicha forma, que debía corresponder también a una pieza
del barco.
Manuel Méndez, fue el último arrendador de las salinas que son conocidas
por su nombre, que se se sitúan justo por debajo de la Central
térmica y por encima del poblado de Las Salinas. Procedía de
Agaete, y se asentó en Castillo del Romeral dedicándose a distintos
negocios, tenía una tienda al principio de la calle María de la
Rocha, y una camionetilla en la que se dedicaba a vender sal llegando
hasta Telde, en estas tareas. Este señor fue el artífice del
rescate de los restos del barco, contratando a Antonio y a mi abuelo
Pablo.
 |
| Mapa
de la Costa de Las Salinas con errores: las de La Caleta y La Mejora
se situaban donde la actual Playa de la Caleta en el Muelle. Las de
La Casa de En Medio, por encima del muelle en el actual aparcamiento.
Las del resto de las de Castillo, donde hoy se sitúan las piscinas y
el parque marítimo, eran: las viejas (frente a la Casa Fuerte –
restaurante Las Salinas) y Las Casillas, pegadas a las anteriores,
las últimas de arriba (mal situadas en el mapa). El jardín era otro
plan, a más altura, construido en los años 40, situado donde la
Casa de la Cultura. Donde se señala las de Chanito, se situarían
estas por debajo y las de Manuel Méndez por encima. Las de
Bocabarranco, nunca existieron. Foto de la obra Espacios Naturales de
Gran Canaria. |
Las
salinas que llevan su nombre, son las únicas que perviven en la
comarca, junto con los pocos restos que quedan en pie de las de La
Caleta (por debajo de La Cofradía de Castillo) y las Salinas de
Abajo o de Amajo, las más antiguas, en Juncalillo del Sur. Su hijo,
con el mismo nombre, Manuel Méndez Ramírez junto con mi tío Juan
García Ortega y con Juan López Bordón, de Juan Grande son los tres
únicos salineros que permanecen con vida, de toda esta tradición
salinera de más de 400 años en la comarca (ver
nuestro artículo y video documental sobre los últimos
salineros)
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| Antonio Delgado, poniéndole la escafandra de buzo a su madre (María del Pino Ayala) en una playa de Gran Canaria, posiblemente Melenara. Vicente Benítez Cabrera, en Okeanos, Revista de la Sociedad Atlántica de Oceanógrafos nº 12, ene-jun 21. |
Y
del buzo Antonio, conocemos lo que nos relata Grandio en su artículo:
«… que según el investigador Vicente Benítez, gran especialista
de la historia de los buzos de casco en Gran Canaria, es posible que,
entre los varios buzos llamados Antonio, que trabajaban en el
desguace en ese momento, el que nos ocupa, no fuera otro que Antonio
Delgado Ayala, hermano de Raimundo Delgado Ayala, el primer buzo
local en la isla y patriarca de toda una saga de buzos que se
extiende por tres generaciones, durante la segunda mitad del siglo
XIX y casi todo el siglo XX, incluyendo a María del Pino Ayala, la
primera mujer buzo de Canarias». Entendemos que debe haber un error en el texto, o nuestro buzo debía ser descendiente del primer Antonio, pues Vicente Benítez nos informa de Antonio Delgado, hijo de Maria del Pino Ayala, que vemos en la foto que adjuntamos.
Según mi padre, Antonio residió en el pueblo durante todos los años
que duró el rescate de restos y aunque destacaba por ser un poco
aficionado a la bebida, también fue muy conocido, respetado y
querido en el pueblo.
 |
| Manuel Méndez Saavedra y su hijo Manuel Méndez Ramírez, último salinero aún con vida, de las Salinas de El Matorral, años 50. |
En
cuanto a mi abuelo, Pablo Guedes Sánchez, fue pescador habitual en
‘La Costa’ de África, que creemos uno de los trabajos más
duros, sacrificados, exigentes y peligrosos, al que los pescadores de
Castillo eran muy demandados por la experiencia acumulada en la
navegación con los fuertes vientos de la comarca, conociendo toda la costa africana y especialmente la península de Cabo Blanco, perteneciente en aquel tiempo, mitad a España y mitad a Francia, (actualmente Sahara y Mauritania). Era
un gran nadador, y recuerdo una anécdota que siempre contaba a sus
nietos, el salvar del ahogamiento en un rio, a un oficial del
ejército mientras realizaba el servicio militar. Había nacido en
1905 y por tanto le correspondió hacer el servicio militar en la
quinta del 25, a los 20 años, como era habitual en la época, en
plena Guerra de África. Y fue destinado a Larache, al noroeste de
Marruecos, ciudad española desde 1610 a 1689 y desde 1911 a 1958,
situada a 87 km de Tánger y 158 km de Ceuta. Según lo que sabemos,
la guerra no le afectó, pues los acontecimientos principales habían
ocurrido por la zona de Melilla con el llamado ‘Desastre de Annual’
ocurrido en julio de 1921 con 11.000 muertos en el bando español.
Junto con él y pertenecientes a su quinta, estuvieron en Larache,
otros dos paisanos del pueblo: Luterito (Eleuterio) Trujillo, y
Antonio Artiles Guedes, de Juan Grande.
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| Pablo Guedes Sánchez en 1938 y 1947, en las fotos de su carnet de pesca profesional. |
El
servicio militar en aquellos tiempos, solo lo hacían los pobres,
porque los señoritos de las clases medias y altas, se libraban del
servicio y de la posibilidad de morir por medio del pago de una
cantidad económica que les permitía elegir el destino y el tiempo
del servicio. Por tanto los "hijos de los pobres" eran
enviados a morir a Marruecos, lo que fue una de las causas, junto con
la negligente gestión de esta guerra por parte del Rey, de su
destitución y del proclamamiento de la República.
Afortunadamente,
a mi abuelo le salvó el ser llamado cuando ya el conflicto estaba
medio resuelto, e ir a una zona menos conflictiva, pero de igual
forma, según me contaba, estuvo muy grave y a punto de perder la vida, por una
reacción adversa a las vacunas que le pusieron al entrar en
servicio. De hecho, sus descendientes podemos decir que estamos aquí
por pura suerte, puesto que tanto él como su padre, estuvieron a
punto de desaparecer en servicio en distintas guerras. Su padre, mi
bisabuelo, fue dado por muerto por la familia en la Guerra de Cuba
(1895-1898).
Serafín
Bartolomé Guedes Sánchez, como se llamaba, fue reclutado para la
guerra, donde participó en diversos combates viendo caer a distintos
compañeros. Cuando se comunicó su desaparición, y tras varios años
dado por muerto, su novia, mi bisabuela Sinforosa Sánchez Bolaños
(a la que llegué a conocer), se comprometió para un nuevo
matrimonio. Pero, según cuenta la historia familiar, ella tuvo
noticia de su regreso a la isla y que había sobrevivido, por lo que
de inmediato rompió su compromiso para volver con Bartolo, con el
que llegó a tener 7 hijos y 37 nietos, entre los que se encontraba
mi padre, siendo todos ellos, antecesores de muchos vecinos actuales
de Castillo del Romeral. Lo que es el destino, ninguno de ellos
hubiese existido, si Bartolo o Pablo no hubieran regresado.
Calculando siguiendo la misma progresión, su prolífica descendencia
se compone de 195 biznietos entre los que me encuentro, unos 1.000
tataranietos y entre 1.000 y 5.000 hijos de tataranietos. Me cuenta
mi padre, que en los años 50 el Gobierno de Cuba concedió una paga
a todos los que participaron en la guerra, y se encargó de arreglar
los papeles a su abuelo para que pudiera cobrarla.
Continuando
con mi abuelo Pablo, en aquellos tiempos, la vida no era fácil
para los soldados en Larache. Y para hacernos una
idea, exponemos el relato recogido de un artículo titulado 'La mili en
Larache en 1943' (enlace
aquí), que no debió ser muy distinta de la de 1925, teniendo en
cuenta además, que en 1943 no había guerra. Los
primeros meses eran de instrucción en el llamado “campo amarillo”,
donde se hacían innumerables
guardias nocturnas, difíciles y complicadas, con el fusil en las
manos siempre con una bala en la recámara, y
ante la menor sospecha las ordenes eran abrir fuego. Esto
nos lo cuenta el autor,
Francisco Sánchez, cronista oficial de Villagonzalo, que
continua con el relato:
En
las expediciones de castigo que hicieron a las kábilas de tribus
hostiles sin apenas armamento, todo ello transportado en mulos por lo
escarpado de un terreno desconocido por nosotros pero en el que ellos
se movían como pez en el agua. Cuando empezaban a silbar las balas
comenzaban las carreras entre los riscos, el nudo en la boca del
estómago, el sudor frío que recorría las espaldas, los tragos al
aguardiente para dar ánimos, los gritos de los heridos; tiempo
después el silencio total, lúgubre y profundo, a veces mas doloroso
que el estruendo de la batalla. Una vez a salvo, los comentarios en
voz baja: ¡Que mal lo hemos pasado¡ ¡estamos vivos de milagro¡
¡quién dijo miedo¡
Recorrieron
pueblos y paisajes con nombres desconocidos para ellos y que años
más tarde recordarían en las tertulias en cualquier esquina o bar
de Villagonzalo: Larache, Arcila, Alcazarquivir, Aulef....
Una
vida rutinaria y repetitiva con la instrucción, marcha, teórica...
Siempre con mucho cuidado, pues los errores, la indisciplina, la
insubordinación se pagaba con la prevención o la cárcel con lo que
ello conllevaba: suciedad, hambre, piojos, ratas...
Y
en el escaso tiempo libre, no se hacía nada, permanecían inertes
sentados a la sombra, o bien recostados en los camastros, sin bares,
sin libros porque la mayoría no sabía leer ni escribir, solo
esperar la llegada del correo.
Y
así transcurría el tiempo, con mucho calor de día pero un frío
que pelaba por las noches; la cama sucia y muchos piojos; unos
barracones viejos y oscuros que, en cuanto anochecía, unas ratas de
miedo campaban a sus anchas; el rancho malo y escaso; el agua poca y
de mala calidad, habitualmente había que filtrarla en arena para
limpiarla de impurezas y aun así transmitía la enfermedad del
paludismo que se trataba con quinina.
P.D.
El 7 de abril de 1956, el Estado español reconoció la independencia
de Marruecos, dando por finalizado el protectorado ejercido durante
tantos años.
No
se si mi abuelo pasó por las mismas calamidades, pero debió
disfrutar también de buenos momentos, pues me contaba que en Larache
había mucha población judia y me describía la sorprendente belleza
de las muchachas de esta etnia. Esta ciudad tenía la mayor población
sefardí después de Tetuán y de Tánger. Los sefardies fueron los
judios expulsados de España por los reyes católicos, que hasta la
actualidad conservan la lengua española. Aquí, se refugiaron y establecieron estos judíos a finales del s. XV y más tarde los
venidos de Portugal. A partir de la constitución del estado de
Israel, la población sefardí comenzó su exilio, seducida por los
planes sionistas y a principios de este siglo se marcharon los
últimos judíos.
 |
| Sur de Larache, Castillo
de San Antonio, situado a corta distancia del de Santa María y desembocadura
del rio Lucus. El Hospital Militar se situaba en Santa María, donde probablemente fue ingresado mi abuelo https://larache-historia.blogspot.com |
Volviendo
a nuestro tema, y en relación al mismo, la anécdota de mi abuelo
es que mientras estaba haciendo instrucción en Larache, en un lugar
junto a un rio (probablemente el Rio Lucus), le salvó la vida a un
teniente, al que se le había desbocado su caballo mientras cruzaba
sobre un puente en este rio, arrojándolo al agua. Viéndolo mi
abuelo, rompió la formación se quitó la ropa (que según me
contaba fue lo que más vergüenza le causó), se amarró a un cabo
que sujetaron los compañeros y pudo salvarlo. Según el relato, los
mandos de la Compañía y sobre todo el teniente, fueron muy
agradecidos recomendándolo para un ascenso, lo que afortunadamente,
por lo que habría de venir en los siguientes años, no se llevó a
cabo, debido a que mi abuelo no sabia leer ni escribir.
Después
de ello mi abuelo se casó, con mi abuela Carmen Garcia Guedes,
naciendo su primer hijo, mi padre, en 1932 y teniendo siete hijos
más, dedicándose toda su vida a la pesca en África y a la
navegación de cabotaje entre las islas. Así, trabajó en un barco
que traía cal desde Fuerteventura, actividad muy peligrosa pues la
cal reacciona con el agua salada, aumentando la temperatura, lo que
puede provocar incendios. También transportó madera de brezo desde
La Palma (‘jolcones’) para los tomateros.
Entre viaje y viaje, se dedicaba a la pesca de bajura en Castillo del Romeral y a diversas
ocupaciones para llevar dinero a casa, como esta de la venta de
restos hundidos. En una pequeña barca, cargaba sal y se dirigía a
remo a Arguineguin, Mogán, Tasarte, llegando hasta Guguy para
hacer trueque de la sal por productos del campo y verduras. Ya más mayor, cuando dejó la pesca en La Costa, se dedicó al cultivo de tomateros.Recuerdo
verle llegando
de la pesca del atún, con
albacoras amarradas al costado del barco como era habitual en
aquellos tiempos. Era
un experto en la pesca de viejas, al estilo antiguo, (ver aquí documental sobre esta técnica) herencia muy
posiblemente
de los antiguos canarios, con una caña con el extremo de cuerno de
macho cabrio afilado, para obtener mayor sensibilidad en la picada y
luego un sedal con los anzuelos a los que se le ponía cangrejo de
carnada. Cuenta mi padre, que su zona de pesca habitual, era la que
estamos tratando en
La
Punta, donde se introducía en el agua hasta media cintura para
realizar
la tarea.
Para hacernos una idea de la extraordinaria abundancia pesquera
de esta zona, me relata mi padre que una vez se
dirigió
solo a pescar en un pequeño barco
a remo, a esta zona donde después de la jornada de pesca regresó
con el barco lleno de grandes viejas rojas
y grises, hasta
la serreta (borde de la banda del barco).
 |
| Pescador de viejas en La Aldea con caña y serón. Francisco Suárez Moreno. |
Mi
padre me dice, que cuando los pescadores llegaban de la pesca de la vieja,
normalmente sobre las tres o las cuatro de la tarde, los niños y las
mujeres arreglaban y descamaban el pescado en el ‘sorrio’ de la
playa (orilla de callaos), lo que hacían con lazcas de piedra
afiladas que buscaban en el lugar. El tamaño de las viejas era
descomunal, de los que ya no se ven, pues solían llegar a más de kilo por
pieza. Después mi padre se dirigía a pie a Juan Grande, con cierta
cantidad de pescado en una cesta, que vendía casa por casa, a medio
real por kilo, normalmente una sola pieza de vieja, o dos piezas que
pasaban con creces del kilo.
Lo
que nos puede dar idea de la pobreza en aquellos tiempos de penuria
de la postguerra, era el valor del pescado. La moneda era la peseta,
que equivalía a 4 reales. Había monedas de 25 ctm (que llamaban real) y de
50 ctm (dos reales) y la más común y utilizada era la perra gorda
que equivalía a 10 céntimos de peseta, también estaba la perra
chica a 5 ctm. Por tanto, el precio equivalía a 12´5 ctm por kilo,
que para redondear eran una perra gorda más una perra chica (15 ctm),
aunque el cliente siempre salía ganando porque el peso del pescado
vendido siempre pasaba del kilo (pues normalmente eran dos piezas).
Al cambio actual, si un euro eran 166´3 pts., 15 ctm serían 0´0009
€.
FUENTES
BIBLIOGRÁFICAS
BENITEZ CABRERA, Vicente (2021). Mujeres buzo en Canarias. En Okeanos, Revista de la sociedad Atlántica de Oceanógrafos, nº 12, enero - junio 2021.
ETAYO
ELIZONDO, Carlos (1995): Navegación
de Cristobal Colón por aguas canarias en 1492.
En
Aportación de Gran Canaria al descubrimiento de América y
conmemoración del V Centenario pp. 107-170. Real Sociedad
Económica de Amigo del País.
GRANDIO,
Eduardo. (2024). El
'Michael Ging'. Ex Dragaminas del Almirantazgo, hundido en 1927 en
Punta del Matorral. En https://www.grandio.org
GUEDES
GÓNZÁLEZ, Pablo. En https://historiacastilloromeral.blogspot.com
SÁNCHEZ
GARCÍA, Francisco (2013). 1943.
"Mili"
en Larache. Marruecos.
https://elcronistadevillagonzalo.blogspot.com