miércoles, 29 de febrero de 2012

EL MOTÍN DEL SUR DE GRAN CANARIA DE 1718-19. (1ª Parte)

Representación del motín, grupo Bejeque. www.afbejeque.com

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Con el nombre de "Motín de Agüimes", se conocen unos hechos que se desarrollaron en el sur de Gran Canaria, en 1718-19, cuando la mayoría de los vecinos, dependientes de una manera u otra de Agüimes, se sublevan contra la compra de tierras situadas en Aldea Blanca, Llanos de Sardina y Castillo del Romeral, que hasta la fecha eran realengas, pero que los campesinos y pastores explotaban para poder subsistir. El comprador de las tierras era Francisco Amoreto, antecesor de los futuros condes de la Vega Grande y propietario de las tierras de Juan Grande.

Los hechos van adquiriendo mayor gravedad, a medida que se van desarrollando, en un primer momento en las tierras donde hoy se asienta Doctoral, Aldea Blanca y la casa condal de Juan Grande, para pasar al pueblo de Agüimes, sitiado por los propios vecinos y luego a la misma ciudad de Las Palmas, que es tomada por los campesinos de toda la isla y donde es retenido el Capitán General de Canarias. Finalmente el Rey se ve obligado a resolver el problema, retornando todas las tierras a los campesinos y pastores.

El Rey asume esa solución porque se encuentra en juego la españolidad de las islas, puesto que en aquellos momentos España se encuentra en guerra con Inglaterra, y al no tener un ejército regular, son los propios canarios amotinados, que constituyen las milicias canarias, los responsables de la defensa de la isla.

Debido a la extensión del tema que nos ocupa, el mismo será desarrollado dividido en varios artículos, en nuestro blog.

FUENTES DOCUMENTALES.

Casas de Amoreto en Juan Grande.

En la descripción de los hechos vamos a seguir fundamentalmente a Antonio de Bethencourt Massieu, que en su artículo "El Motín de Agüimes - Las Palmas (1718-1719)", publicado en Anuario de Estudios Atlánticos en 1987, hace un profundo y detallado relato de los hechos ocurridos en esas fechas. A su vez el libro está basado fundamentalmente en el contenido del legajo 305 de la sección "Consejos Suprimidos" del Archivo Histórico Nacional, que es el expediente originado por el motín de 1718 y en el cual se encuentra la abundante documentación relacionada con los hechos.

Bethencourt Massieu, catedrático de Historia Moderna, rector de la Universidad de La Laguna y decano de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, presidente de la Academia Canaria de Historia, entre otros muchos cargos y méritos, es uno de nuestros mas prestigiosos historiadores, que hoy día, a su avanzada edad continúa su fructífera labor investigadora.

En 2003, los historiadores Vicente Suarez Grimón y Pedro C. Quintana Andrés, sacan a la luz "Historia de la Villa de Agüimes", publicación en dos tomos que supone un estudio excepcional de la historia de la zona sur de la isla desde 1486 hasta 1850. En esta obra se aportan e interpretan más datos sobre el motín de los que también nos haremos eco en nuestro artículo.

Por último aportaremos nuestros conocimientos sobre los principales personajes intervinientes en la historia y nuestra visión del motín en referencia a nuestra zona.

EL SEÑORÍO EPISCOPAL DE AGUIMES.

Iglesia antigua de Aguimes, con la nueva al fondo.

El Señorío de Agüimes era un señorío territorial, bajo jurisdicción eclesiástica, donde los obispos eran dueños absolutos de las tierras y de sus frutos, “pudiendo arrendar, cobrar la renta y todas las otras cosas del lugar y Heredamiento de Agüimes”. Asimismo, les correspondía el derecho de nombrar al alcalde (ordinario), que no era único pues había otro de nombramiento real por parte del Cabildo, el gobierno de la Isla. Los conflictos del obispado con el Cabildo y con el Gobernador, debido a esta doble administración fueron frecuentes a lo largo de todo el Antiguo Régimen.

La villa de Agüimes era cabeza del señorío, perteneciente a la Cámara Episcopal de Canarias desde 1486. Los dominios del Obispo abarcaban los municipios de Agüimes e Ingenio, hasta Gando en los lindes de Telde y hasta el Barranco de Balos, aunque en realidad la parroquia también atendía a los términos de Sardina, Aldea Blanca y Las Salinas (Juan Grande y Santa Cruz del Romeral) que jurisdiccionalmente pertenecían a Tirajana, y allí se enterraban todos los fallecidos en estos pagos, e incluso los de Maspalomas y Arguineguín. (Ver nuestro anterior artículo: NUESTRA DEPENDENCIA RELIGIOSA Y ADMINISTRATIVA DE AGÜIMES. )

Según Bethencourt Massieu, la aridez del suelo y la necesidad de riego en invierno para asegurar la cosecha de cereales explica que al producirse el crecimiento de la población, sus habitantes roturaran y pusieran en cultivo las tierras de realengo de Sardina y Llano del Polvo (actuales Doctoral y Vecindario) en un primer momento, y más tarde roturaran las de Aldea Blanca, Las Salinas y otros términos.

El alejamiento de Las Palmas y la dificultad de un control estricto por el Cabildo y la Audiencia facilitó la puesta en cultivo ilegalmente y las obras de riego para aprovechar las aguas del Barranco de Tirajana. Estos procesos comienzan en el siglo XVII y continúan en el XVIII.

En nuestra zona hay 108 fanegadas (566.000 m2), en el litigio, creemos que eran las tierras lindantes con la Casa Fuerte en las que se construyeron las Salinas. Por otro lado estaban las tierras del “Tabaibal del Castillo", tierras “montuosas”, que llegaban hasta el Barranco de Tirajana, que eran tierras realengas, explotadas para pastos y pensamos que entraban en la compra que había hecho Amoreto. Después del motín continuaron como realengas y con el paso del tiempo, fueron las utilizadas por los Guedes para el pasto de su ganado.

LOS PERSONAJES PRINCIPALES DEL MOTÍN.

Francisco Amoreto Manrique. Dueño, además de otras tierras, de las del señorío de Juan Grande, que comprende tierras de Aldea Blanca, Juan Grande, lo que hoy es Juncalillo y Tarajalillo. En Juan Grande construye, la después llamada Casa Condal, que son sus casas en Juan Grande, además de las casas canarias a dos aguas, aún existentes hoy día, para sus medianeros. Es sargento mayor del Regimiento de Telde y yerno del coronel del Regimiento, Fernando del Castillo Olivares, al mando del mismo. Propietario de las Salinas de Abajo (La Tabaibita) y parte de las del Castillo (las que están más al sur, junto al “Balache de los muertos”). Pretende comprar a la corona las tierras de realengo explotadas por los campesinos y pastores de la comarca.

Cristóbal de la Rocha Bethencourt. Teniente coronel y posteriormente a los hechos coronel del regimiento de Telde, propietario de las salinas del Castillo y de la Casa Fuerte y Alcaide de la misma. Cristóbal de la Rocha se pone al lado de los vecinos desde el principio, sobre todo porque en la disputa se encuentran 108 fanegadas de sus tierras de las salinas, que empezaron a ser explotadas por su suegro Antonio Lorenzo Bethencourt (fundador de la Casa Fuerte) y que paga anualmente el real por fanega al Cabildo.

Según Grimón y Quintana, las casas de Amoreto y Rocha tienen una rivalidad creciente buscando la hegemonía en Telde y en el sureste de Gran Canaria. Disputan en tierras y también en el mercado regional de la sal pues las salinas más importantes del Archipiélago se encuentran en Castillo del Romeral, e incluso la casa Rocha posee la fortaleza mejor pertrechada de las islas en cuanto a hombres y artillería. Se habla incluso de disputas por la calidad de la sal de las respectivas salinas.

Por otro lado, Amoreto no paga diezmos a la iglesia mientras que la casa Rocha debe apartar en las salinas un décimo de la producción para este impuesto, a pesar de correr con las gastos de la Casa Fuerte para proteger a todos los pesqueros de la piratería, lo que incrementa la rivalidad. En "Los Tirajanas de Gran Canaria", su autor, Santiago Cazorla León informa de un largo pleito de Antonio Lorenzo, constructor de la Casa fuerte, con la iglesia por este motivo.

La rivalidad se acrecienta porque ambos pretenden el coronelato del regimiento de Telde. En el momento del motín, Rocha era coronel electo del regimiento, nombrado por el Rey, aunque debido al motín, el capitán general retiene el título en su poder. (El motín de Telde de 1723. Vicente Suárez Grimón.)

En la villa se establecen dos bandos, uno a favor de Amoreto y otro de los vecinos que nombran a Rocha su portavoz.

Los personajes que están con Amoreto son: Diego de Tolosa, oidor (juez) decano de la Audiencia, juez comisionado para el asunto de las tierras. Joaquin González, alcalde real de Agüimes, nombrado por el Cabildo. Juan Melián, presbítero (religioso) residente en Juan Grande y apoderado de Amoreto. Fernando del Castillo Olivares, coronel del regimiento de Telde y suegro de Amoreto.

Personajes a favor de los vecinos y de Cristóbal de la Rocha: Fernández Alfonso, Alcalde ordinario de Aguimes (nombrado por el Espicopado) que además fue detenido. Los mandos de las compañías de milicianos: los cinco oficiales de milicia de Agüimes, entre ellos su capitán Antonio de Roxas y su alférez Leonardo Alemán el capitán de la compañía de Ingenio, Gregorio Pérez, y Bartolomé Guedes, creemos que también oficial de Ingenio.

La iglesia y el obispo Lucas Conejero, cuya residencia estaba en Santa Cruz de Tenerife, se pone de parte de los vecinos y el cabildo catedralicio propone que la tierra fuera concedida a los campesinos a los que le prestaría el dinero equivalente a valor del remate abonado por el sargento mayor Amoreto, como posteriormente se hizo.

Otros personajes importantes son el Fiscal Francisco Román, como juez especial, nombrado en un principio para llevar la causa del motín, posteriormente sustituido por el oidor (juez fiscal) Alejandro González de Barcia y el capitán general Jose Antonio de Chaves Osorio.

LAS MILICIAS DEL REGIMIENTO DE TELDE.


Para comprender la reacción de los campesinos, apuntamos unos datos sobre la milicia de Telde a la que pertenecían los amotinados. Un hecho a destacar es que los campesinos se regían por el fuero militar, lo que les daba el privilegio de no ser despojados de sus propiedades por deudas. Esto es muy importante pues los campesinos debían pagar anualmente por la explotación de las tierras realengas un real por fanega, que les había impuesto el Cabildo, hecho que la mayoría incumplía y que fue motivo para la venta de las tierras.

Según Bethencourt Massieu (La Revista del Regimiento de Telde), la defensa de las islas, de gran importancia estratégica, puesto que por ellas pasaban las rutas marítimas que comunicaban todo el Imperio español, eran delegadas en las milicias, constituidas por los canarios a cambio de conservar una serie de privilegios y franquicias. Las milicias estaban formadas por todos los hombres mayores de 16 años capaces de manejar armas, excepto negros, mulatos, borriqueros, arrieros y molineros, principalmente eran campesinos. Disfrutaban por ser milicianos del fuero militar, lo que les permitía gozar de una justicia mucho más laxa que la ordinaria, como por ejemplo, no podían ser despojados de sus propiedades por deudas, más una serie de privilegios. Los oficiales también lo eran de forma gratuita y no profesional, lo que también les permitía gozar de una serie de privilegios. Los cargos eran hereditarios.

Así tenemos que la familia Rocha es propietaria de la fortaleza de Castillo del Romeral, que protege sus salinas y todo el sur. Según los historiadores es la mejor fortaleza y más pertrechada de la época en Canarias.

También los poderosos son nombrados oficiales porque tienen muchos campesinos y hombres a su servicio, que a su vez constituyen las compañías. Un representante de la familia Rocha ostentará generalmente el cargo de teniente coronel del Regimiento (antiguamente sargento mayor), y la familia del Castillo y Ruíz de Vergara tendrán a su representante en el puesto de coronel.

El regimiento de Telde, era mandado por un coronel (anteriormente maestre de campo) y estaba formado por catorce compañías, entre ellas la de Agüimes. Entre las obligaciones de los milicianos estaba el no cobrar ni un maravedí, asistir todos los domingos a hacer instrucción y traer su propio armamento ya que eran muy pocas las armas que enviaba el Rey. El armamento consistía en picas, chuzos (palo con un pico de hierro), rosaderas y hondas, además del lanzamiento de piedras.

En cuanto se declaraba una guerra, lo cual era muy frecuente, los milicianos debían abandonar las labores del campo, los animales y sus casas, en función de los continuos rebatos que eran anunciados por los atalayeros. Cuando se divisaba un barco las milicias debían seguirlo en su recorrido por la costa, para evitar que este atacara. Además el Regimiento de Telde era responsable de toda la costa desde Jinamar hasta Veneguera, con infinidad de playas donde hacer aguadas, descanso o rapiñas, en zonas casi despobladas.

El coronel Nava en la revista que hace al Regimiento en 1758 (La Revista del Regimiento de Telde) describe a los milicianos muy positivamente “… debiendo decir a V.E. ser esta una gente muy propia para la guerra, pues su osadía y gran sufrimiento en toda especie de trabaxos, vniendose tener una talla ventajosa.” Valorando la altura física y el valor de la población, que explican de cierta manera el motín.

En esta revista de 1758 el Regimiento esta mandado por el coronel Nava que estará en el puesto durante seis meses. El Conde de la Vega Grande, que tradicionalmente ejerce el mando, es en ese momento capitán general de Canarias. El Regimiento consta de 11 compañías, entre ellas la del coronel con 343 hombres y la compañía del teniente coronel, segundo al mando del Regimiento, que era mandada, como era tradición por Antonio de la Rocha Bethencourt, con 158 hombres.

Para mayor información sobre la defensa del sur de la isla por aquellos tiempos, ver nuestro artículo LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685.

martes, 24 de enero de 2012

LA CUEVA DE LA MAJADILLA. MORADA DE LOS PASTORES GUEDES, EN AMURGA.

Cueva de La Majadilla. Fotos: Pablo Guedes

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

La cueva de la Majadilla se encuentra en Amurga a unos 400 metros del Arco del Coronadero en lo alto de una pequeña loma en el margen derecho del Barranco Hondo y a escasa distancia de Montaña de Las Tabaibas.

Es una cueva de habitación rodeada de muros de piedras y con algunas  estructuras fabricadas de lajas como podemos observar en las fotos, que servían para las distintas funciones alojativas así como para las labores pastoriles.
Al fondo, Montaña de Las Tabaibas.
Con toda seguridad la cueva debió tener las mismas funciones desde la época aborigen y se encuentra cercana a  importantes puntos de culto de los antiguos canarios de Arco del Coronadero y Montaña Tabaibas, así como de estructuras y cuevas que debieron servir para las funciones del pastoreo desde tiempo inmemorial.

Según la información que me ha transmitido mi padre, Pablo Guedes García,  la cueva era el lugar de alojamiento y de trabajo en las labores pastoriles de una rama de la familia Guedes que explotaban la "Vuelta del ganado de la Montaña".

Los distintos ganados que existían en Amurga tenían asignadas distintas  "vueltas" o lugares de pastoreo, correspondiendo toda la zona de alrededor de la Montaña al ganado de  los Guedes de Castillo del Romeral.

Los últimos pastores que cuidaban este ganado  fueron Victoriano Guedes Sanchez y sus hijos Juan Agustín Guedes Artíles, Wenceslao Guedes Artíles y Juan Antonio Guedes Artíles, siendo este último el que siguió con la explotación  permaneciendo con la misma hasta los años 70 del pasado siglo, fechas en las que vendió el ganado.

Victoriano Guedes era hijo de Blas Guedes López (que era conocido como Ma' Blas Guedes), dueño del ganado y mayordomo de las salinas del Castillo en la segunda mitad del s. XIX . A su vez Ma´Blas Guedes era nieto de Blas Antonio Guedes Gordillo, condestable de la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral  y mayordomo de sus salinas y pensamos que a su vez, dueño del ganado que comentamos. (Ver LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685.)

En nuestro blog hemos publicado un artículo titulado "MANOLITO GUEDES, DEPOSITARIO DE COSTUMBRES Y TRADICIONES CANARIAS ANCESTRALES". Manolito, cuya familia fundó el pueblo de Casa Pastores en Vecindario, era pastor y experto garrotista o luchador del palo y tenía un profundo conocimiento de todo lo relacionado con el pastoreo y las antiguas costumbres. En el artículo hacemos referencia a todas ellas y a la ascendencia de los Guedes. El bisabuelo de Manolito Guedes,  creemos que era hermano de “Ma´Blas Guedes”.

Pensamos que todo ese bagaje de conocimientos de antiguas costumbres de los que era depositario Manolito Guedes, provenían de los antiguos pastores Guedes y las distintas técnicas de la lucha del palo, se debieron de conservar y mantener con  las prácticas y entrenamientos defensivos que se desarrollaban en la Fortaleza del Castillo como preparación en la lucha contra los piratas.

Según mi padre, a su vez biznieto de Ma´Blas Guedes,  los pastores Guedes vivían en el Castillo la mayor parte del año trasladándose diariamente "allá adentro" (Amurga). La producción de leche del ganado la llevaban cada día desde esta cueva de Amurga hasta el Castillo con zurrones hechos de cueros de cabra que se colgaban a la espalda y abastecían al pueblo de la leche que  solía acompañarse en la comida con el gofio y con el  pescado salado constituyendo  estos alimentos la principal dieta de los canarios.

Era típica la imagen del pastor llegando al Castillo con dos zurrones de leche de unos 30 litros colgados en la espalda, que tenían que transportar  a diario en un recorrido de unos 10 km.,  por terrenos escarpados y con mucha pendiente desde la Cueva de la Majadilla.
Llegaba un momento, con la primavera,  desde marzo hasta mayo, en que la cantidad de  leche producida era muy grande por lo que se destinaba a la fabricación de queso que se elaboraba  en esta cueva de La Majadilla. Los pastores y sus familias vivían durante esta época en la cueva y cuenta mi padre que dormían en camas hechas de aulagas cubiertas con cueros de cabras y de ovejas, costumbre que suponemos también de los antiguos canarios.

Muchos vecinos, tanto de Castillo como de Juan Grande, propietarios de algunas cabras, establecían un trato con los pastores y dejaban sus cabras en el ganado siendo la producción de leche compartida a medias entre el propietario y los Guedes. Para distinguir la propiedad de cada cabra, estas tenían marcas de cortes en las orejas, correspondientes a los distintos dueños.

Los propietarios de los ganados en Amurga debían de pagar al dueño de los terrenos, el condado, una cantidad de dinero llamada"remate", por cada cabeza de ganado. Con el tiempo esa cantidad de dinero que según la leyenda de la familia Guedes consistía en una "fisca" (un real de plata) por cabeza fue sustituida por el pago en especie, de baifos y quesos.




LA LEYENDA DEL TABAIBAL DEL CASTILLO PROPIEDAD DE LOS GUEDES.

En la familia Guedes del Castillo existe una leyenda, transmitida desde hace varias generaciones,  que dice que la familia era la propietaria del Tabaibal del Castillo, donde mantenían a su ganado. El territorio de pastoreo de los Guedes  lo constituían todos los terrenos desde Castillo hasta Barranco de Tirajana y hasta el "Camino de la Madera", camino hoy día desaparecido que  se situaba entre Aldea Blanca y la actual carretera C-812 (antiguo "Camino del Conde") que conduce de Doctoral a Juan Grande. El "Camino de la Madera" se llamaba así porque por el mismo se transportaban los troncos de pino arrastrados por bestias, desde Amurga hasta los lugares de transformación, en la época en que Amurga todavía existía el pinar.

El territorio de pastoreo de los Guedes era un auténtico bosque de tabaibas, y según algunas descripciones una selva, donde era fácil perderse pues el tamaño de las tabaibas  eran igual al de higueras y superaban los dos metros de altura. Con las roturaciones posteriores para el cultivo de tomates, se destruyó la totalidad del Tabaibal, no quedando en la actualidad ninguna de estas centenarias tabaibas.
Mapa del territorio en 1787. Cortesía del AHPLP. (Foto: Pablo Guedes)

La imagen adjunta corresponde a un mapa de todo el territorio de 1787, en un pleito sobre las Salinas del Matorral (Barco Quebrado), entre los Rocha y el Condado (la hemos conseguido fotografiando el original en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, Audiencia, Proceso 1222). Hemos aumentado de tamaño y repetido  las leyendas que figuran en el mapa para que se puedan comprender debido a la ilegibilidad de la letra, y destacamos en el mapa,  además de las propiedades condales, la extensión del Tabaibal.

Dice la leyenda de la familia, que Ma´Blas Guedes era el propietario del Tabaibal donde explotaba el ganado y tenía el corral en el barranquillo de la "Cañada del Mato", situado a unos 300 metros de lo que es hoy la carretera de Unelco a la altura de la nueva urbanización de chalets.

El conde de la época hizo un trato con Blas por el que  logró intercambiar estos terrenos por los de Amurga, creemos que los de la "Vuelta de la Montaña". Según la leyenda el Conde engañó a los Guedes, de alguna manera, para hacer que Ma´Blas Guedes aceptara el cambio. Se decía que los terrenos del Tabaibal eran más aptos para el cultivo y los de Amurga lo eran para el pastoreo y que Blas Guedes aceptó a pesar de la oposición de su mujer.

Sigue contando la leyenda que al año de la permuta, el mayordomo del conde,  a su vez primo de Blas Guedes, le fue a reclamar "una fisca" por cabeza de ganado para que pudiera seguir manteniendo el ganado en Amurga.

Nosotros creemos que los Guedes explotaban el Tabaibal, según una antigua costumbre de los vecinos de Agüimes, que se remonta al siglo XVI y reforzada con el "Motín de Agüimes de 1719. El motín se produce porque Amoreto, ascendiente de la familia condal, pretende comprar estos terrenos y los de Sardina a la Corona, por lo que se sublevan los campesinos y pastores de Agüimes, llegando el motín a tal magnitud que el Rey anula la compraventa y la Iglesia (propietaria de los terrenos del señorío episcopal  de Agüimes) devuelve el dinero pagado por Amoreto, se convierte en propietaria  y permite a los campesinos seguir en la misma situación, manteniéndose las tierras comunales para los vecinos de Agüimes.

En esta situación estaban los terrenos explotados por la familia Guedes hasta que se produce la  entrada en vigor la Ley de Desamortización de Mendizábal que hizo que todos los bienes eclesiásticos (y a partir de 1860, los bienes públicos), pudieran ser adquiridos por particulares, mediante pagos al Estado. El estado buscaba aumentar sus arcas con la subasta de los terrenos realengos. Así a partir de 1873, el Estado pone en venta las tierras que considera propias. y según Francisco Tarajano (Memorias de Agüimes VI)  "fueron perjudicadas cientos de personas de Agüimes, de Ingenio, de Sardina, y las que  vivían de los bienes del clero, de los bienes del común y de tierras realengas como arrendatarios o medianeros". Muchas personas quedaron sin trabajo y otras emigraron en busca de fortuna".

Es por estas fechas,  1873-75, cuando el Conde de la época compra el 20% del territorio de San Bartolomé de Tirajana, en la desamortización civil de los bienes del Estado. Ello sumado a sus anteriores propiedades representaba la posesión por el Condado del 33% del territorio municipal.

Creemos que el Conde, sabiendo lo que había pasado en una situación similar, con su antepasado Amoreto en el motín de Agüimes y previniendo el levantamiento de los campesinos y pastores que explotaban estas tierras realengas, tuvo que hacer tratos individuales con ellos, prometiéndoles alguna ventaja, que con el tiempo no se cumpliría. De ahí la tradición oral que se conserva en esta familia y otra historia parecida que conocemos de otra familia de Montaña La Data.

Ma´Blas Guedes trasladó su ganado a la "Vuelta de la Montaña de Las Tabaibas" donde pagaba el  "remate" al condado y así sucedió hasta la venta del ganado sobre los años 70 del siglo XX.

Como hemos indicado muchas personas de la comarca se ven en la necesidad de emigrar después de perder las tierras en las que trabajaban  y esto lo podemos corroborar en el Archivo Parroquial de Agüimes, en el informe del Estado Parroquial de 1883, donde constan el número de feligreses de los distintos barrios. Al final del mismo, después de indicar el número de vecinos por barrios  consta que: “Este estado debe ser considerado como el número más bajo por haber emigrado mucha gente en este mismo año 1883, en especial de Vega Grande, (comarca Castillo- Juan Grande -Aldea) de donde han marchado varias familias enteras para el Brasil.”

Sabemos de algunas familias Guedes que emigraron a Brasil después de estos hechos donde se establecieron en el estado de Minas Gerais.

 BIBLIOGRAFÍA.

Archivo Parroquial de Agüimes, en el informe del Estado Parroquial de 1883.

Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, Audiencia, Proceso 1222


TARAJANO PÉREZ, Francisco: Memorias de Agüimes VI. 2003. Ayuntamiento de Agüimes. Pág. 55.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685. (2ª Parte)

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

La Casa – Fuerte de Santa Cruz del Romeral.

Los barcos pesqueros que realizaban la pesquería africana (normalmente una media entre 25 y 30 durante varios siglos) tenían forzosamente que pasar por la zona de Castillo del Romeral a cargar la sal para posteriormente dirigirse a las zonas de pesca en África, y volver a pasar por el sur de Gran Canaria en su viaje de regreso. También los barcos que se disponían a atravesar el Atlántico con destino a América pasaban por aquí.

Además, las costas de la zona sur de las islas, a sotavento, se encontraban protegidas de los vientos dominantes la mayoría del año, los alisios, de dirección norte o noreste, sobre todo en verano. En Gran Canaria esta costa era conocida con el nombre de “Las Calmas de Maspalomas”, costa comprendida desde Castillo del Romeral, hasta La Aldea. Siempre que sopla el viento alisio, en algún punto de esta zona se encuentra el corte del viento. Los habitantes de Castillo conocen bien la intensidad de los temporales, cuando a unos cientos de metros más al sur se encuentran las calmas, conocidas también con el nombre de "embate", zonas ideales para guarecerse del viento en caso de necesidad.

Era por esto, por lo que piratas y corsarios merodeaban por "Las Calmas" en busca de presas con objeto de robar mercancías, hombres para convertirlos en esclavos y naves, que muchas veces incendiaban y hundían. Además de lo anterior, desembarcaban en la costa, muchas veces desierta, causando el pánico entre la escasa población, para realizar aguadas y pillajes. La charca de Maspalomas y Pozo del Lentisco, (Tarajalillo), eran lugares apetecibles para ello al contar con afluentes de agua y ser zonas de fácil desembarco.
Castillo de San José en Lanzarote, similar
 a la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral

Los salineros de las Salinas de Abajo, (al sur de Juncalillo del Sur) construidas en el siglo XVI, solían quedarse a dormir en la cueva de los salineros, (visible hoy día desde la autopista en la zona de montaña más cercana a las salinas), previendo el ser capturados por piratas.

Por todo lo anterior, con el fin de proteger las salinas, se comienza a construir en 1681, la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral. En 1703, toma posesión el primer alcaide y aparte de los salineros, esclavos y dotación del Castillo, “… a un tiro de mosquete se hallan hasta treinta personas (La Caleta), y a un cuarto de legua Juan Grande, con cuarenta personas de asistencia (…) de dicho paraxe…” lo que nos da información de la escasa población de aquellos tiempos.

Domingo Déniz Grek describe en el siglo XIX, el castillo y los habitantes: “… a seis leguas y media de la ciudad de Las Palmas se deja ver un monumento en prueba de lo que sufrió esta Isla en el siglo XVII, al mismo paso que acredita en cuan alto grado ha dominado siempre el valor marcial a sus habitantes…”. La fortaleza tuvo mejoras durante el siglo XVIII y prosigue Déniz “…que tras las remodelaciones llegarían a poder alojarse hasta los trescientos o cuatrocientos hombres. Los servicios prestados por el castillo fueron muy importantes en cuanto a la defensa de la Isla, de la industria salinera y de los buques de cabotaje y pesca que, perseguidos por los corsarios, se iban a refugiar bajo su potente artillería.”

La construcción, el mantenimiento y la dotación del Castillo, que fundamentalmente estaba constituida por los salineros, fue realizada y costeada de forma privada por Antonio Lorenzo Betancor, dueño de las salinas de la zona. Lorenzo fue abuelo del coronel Antonio de la Rocha y nieto del capitán Antonio Lorenzo, negociador con Van der Does junto con Cairasco de Figueroa, en la invasión de los holandeses a la ciudad de Las Palmas en el verano de 1599.

De la capacidad de la Casa Fuerte, nos da cuenta en 1779, el capitán Miguel Hermosilla, enviado a Gran Canaria, como ingeniero militar con la misión de realizar un informe sobre las defensas militares y hablando de la preparación, y condiciones del castillo afirma: “…siendo la única fortaleza que está en disposición de hacer una defensa honrosa en la Isla”.


A principios del siglo XIX, se encontraba al mando de la Casa Fuerte como condestable, Blas Antonio Guedes Gordillo, además de mayordomo de las salinas. Este hombre fue el ascendiente de los Guedes de Castillo del Romeral y Juan Grande. 

Blas Guedes estuvo al servicio de los dos últimos alcaides de la Casa fuerte que fueron el coronel José Antonio de la Rocha Alfaro, y su hijo el teniente coronel Cayetano Agustín de la Rocha Lorenzo de Bethencourt y Carvajal.

Restos existentes en la actualidad de la Casa Fuerte

Jose Antonio de la Rocha, interviene en la Guerra contra Francia al mando de la Granadera Canaria y fallece en la guerra contra los ingleses en 1800 en un combate contra cinco navíos ingleses, cuando regresaba de Cádiz a Canarias. El último alcaide, Agustín de la Rocha, toma posesión en 1803 y participa, como ya lo habían hecho sus antepasados en la guerra correspondiente,  la  de la independencia contra Napoleón en 1809. Aunque no tenemos la certeza de que sea así, es muy seguro que Blas Guedes participara con sus señores, los dos últimos alcaides, en las guerras en las que intervinieron.

Restos existentes en la actualidad de la Casa Fuerte
Sobre 1800 había un joven salinero en las salinas del Castillo, llamado Francisco Tomás Morales, que seguramente estaba emparentado con Blas Guedes, pues sus padres se llamaban Francisco Morales Guedes y Mariana Alfonso Guedes. Este joven que era analfabeto, recibió entrenamiento militar durante su estancia en la Casa Fuerte y de seguro participó en algún combate. Esto lo creemos así porque en 1801 se traslada a Venezuela donde se establece como comerciante, aprende a leer y a escribir, e ingresa en la milicia, donde realiza una carrera fulgurante, pasando de soldado a capitán general de Venezuela en 20 años, a consecuencia de la guerra de independencia que se desarrolla contra el general Bolívar. En 1823 Venezuela consigue la independencia y Morales regresa a Canarias donde es nombrado Capitán General.

A mediados de siglo XIX, la casa fuerte deja de cumplir las funciones que tenía encomendadas al desaparecer la piratería y se utiliza como almacén de las salinas, hasta los años 60 del siglo XX. En la actualidad solo quedan los restos de dos habitaciones con tejado a dos aguas, que se encuentran incluidas en casas particulares.

El Ataque de 1685.

Después de todo lo explicado creemos que los hechos pudieron haber sucedido de una forma parecida a la que vamos a relatar.

Es muy probable que el navío o navíos franceses hubieran sido avistados desde alguna de las atalayas o se tuvieron noticias del desembarco en Maspalomas para hacer aguada.

En Agüimes creemos que la Atalaya estaba situada en las montañas cercanas a la villa, lugar donde encendieron la hoguera para comunicar la presencia de enemigos a las demás compañías de la isla y a los vecinos del pueblo. En la iglesia las campanas doblaron a rebato y los milicianos se dispusieron a abandonar sus labores, animales y casas para ponerse a las órdenes del capitán Diego Romero, como otras tantas veces, muchas de las cuales eran falsas alarmas, según nos cuentan las crónicas.

En esta ocasión no era una falsa alarma, como por desgracia no lo había sido en épocas anteriores.

Así en 1595 Francis Draque y John Hawkins, corsarios ingleses, atacan Las Palmas de Gran Canaria con 28 navíos y galeones y 2.500 hombres desde donde son rechazados y se dirigen al sur hasta llegar a Arguineguin, “donde desembarcan 20 alabarderos, a fin de hacer alguna aguada de que tenían necesidad. Al punto que los vieron ganaderos del contorno, corren a embestirles armados de piedras y garrotes, matan algunos, rinden dos prisioneros y los demás huyen precipitadamente a sus lanchas, juzgando que toda la isla se les echaba encima”. (Rumeu de Armas, A: Canarias y el Atlántico Piratería y ataques navales. T. II, 2ª p. 673-743). Algunos autores apuntan a que el desembarco fue en Arinaga y no Arguineguin.

Francis Draque, uno de los corsarios mas famosos de la historia.
De la misma manera el corsario holandés Van Der Does, con 73 navíos y 12.000 hombres ataca e invade la ciudad de Las Palmas en 1599 pidiendo un rescate por la misma. Al no obtener lo pedido incendia la misma y se dirige al sur:

“…aviendo salido esta armada deste puerto de Canaria, jueves ocho de julio, otro día viernes amaneció en el puerto de Maspaloma, que son las calmas de la isla y allí estuvieron hasta otro día sábado, saltó alguna gente en tierra con algunos muertos que enterraron, poniendo piedras grandes en señal de sepultura cerca de la playa, y dieron vela y después se a sabido que miércoles, catorce del mes de julio entro en la isla de la Gomera…” (Una relación del ataque de Van der Doez. Pág. 106. Revista El Museo Canario 33 y 34)

Por último, hacemos referencia al campamento inglés de Maspalomas, de 1797, en cuyo artículo del mismo nombre de Felipe Enrique Martín Santiago, publicado en este blog, se da cuenta de un desembarco enemigo en Maspalomas, en plena guerra, esta vez con Inglaterra, y de los distintos ataques ingleses que durante ese año de 1797 se desarrollan en el sur de Gran Canaria.

Despues de mostrar estos ejemplos volvemos a nuestro ataque de 1686. Creemos que una vez reunida la compañía de Agüimes tras el rebato, esta se dirigió a la costa, donde realizó el seguimiento de las naves, o se dirigió directamente a Maspalomas si allí ya se encontraba el enemigo. Por esas fechas la Casa Fuerte del Romeral, se estaba comenzando a construir y los milicianos debieron pasar junto a sus muros y las salinas en persecución del enemigo.

No conocemos el desenlace del combate, pero creemos que no fue muy favorable a los intereses canarios, por el número de bajas y porque no nos han llegado noticias de la batalla. Creemos que si hubiera sido a favor de los agüimenses se hubieran destacado los hechos y hubieran tenido más repercusión, como los dos primeros ejemplos que hemos citado anteriormente que sí han pasado a la historia.

Por otro lado damos a conocer otro importante dato que creemos relacionado con ataques piratas. Hemos relatado como se entierran en Maspalomas los cuerpos de los milicianos muertos para posteriormente ser llevados a Agüimes, mientras que los muertos holandeses, considerados herejes, son enterrados en la Playa de Maspalomas.

En una zona de las Salinas del Romeral, que antiguamente era el punto de las salinas mas alejado de la Casa Fuerte, se encuentra el llamado "Balache de los Muertos", donde han aparecido muchos restos humanos. En este balache, (pequeña montaña de tierra donde se depositan desechos de las salinas) los antiguos habitantes de Castillo del Romeral decían que se enterraban los recién nacidos que fallecían sin estar bautizados.

Normalmente, los cadáveres de los fallecidos en el pueblo eran llevados con muchos esfuerzos, para ser enterrados en Agüimes, en una caja comunitaria y utilizada en todos los entierros, que se encontraba depositada en el Oratorio de la Casa Fuerte.
Calavera con agujero de proyectil encontrada en el "Balache de los Muertos"

Adjuntamos foto de restos humanos encontrados en la zona comentada, concretamente una calavera en la que se observa un orificio que creemos de entrada de un proyectil en el frontal.

Nuestra hipótesis es que estos restos humanos corresponden a algún pirata o enemigo, muerto en combate contra la Casa Fuerte que fue arrojado al mar y enterrado en ese lugar por ser la costumbre, al ser considerado hereje y no poder ser enterrado en el cementerio de Agüimes.

Es posible que en el futuro aparezca nueva documentación o descubrimientos que nos aporten más luz sobre el episodio de 1685, así como de los restos del Balache de los Muertos, como de otros combates que se sucedieron en el sur de Gran Canaria,  que nos reflejan la vida y sufrimiento que pasaron nuestros antepasados defendiendo sus vidas y haciendas. Reflejo de lo que nos hemos podido hacer una ligera idea con los datos y documentación aportados en este artículo.

BIBLIOGRAFÍA.

ALFARO HARDISSON, Emilio: Las Milicias de Tenerife en el siglo XVI. En (4ª. 2000 . La Laguna) Universidad de La Laguna. Cátedra Cultural "General Gutiérrez". Pág. 95.

BETHENCOURT MASSIEU, Antonio: La Revista del Regimiento de Telde de 1757. Revista Vegueta nº 4. 1999. Pág. 173.

BETHENCOURT MASSIEU, Antonio de: “Defensa militar de Gran Canaria”. Anuario de Estudios Atlánticos nº 43. 1997. pág. 106

Una relación del ataque de Van der Doez. Pág. 106. Revista El Museo Canario nº XXXIII-XXXIV. 1972-73.

GONZALEZ RODRÍGUEZ, Angel V.: “Mapa y estado de Gran Canaria del marqués de Tabalosos (1770-1776). En Anuario de Estudios Atlánticos nº 41. 1995. pág. 569-575.


GUIMERÁ RAVINA, Agustín y BLANCO NUÑEZ, Jose María (coords.) - Guerra naval en la Revolución y el Imperio: Bloqueos y operaciones anfibias, 1793-1815 . - Marcial Pons Historia, Madrid - 2008 - 443pp.

HERMOSILLA, Miguel: Descripción topográfica, política y militar de la isla de Gran Canaria. 1785. Copia de D. Agustin Millares. 1877. Archivo del Museo canario. Pág. 43.

MARTIN SANTIAGO, Felipe Enrique: El campamento inglés de Maspalomas, de 1797

MÉNDEZ CASTRO, Juan, «Franceses en Maspalomas en 1685», Boletín Millares Carlo (UNED, Centro Asociado de Las Palmas), 4, (1981), pp. 379-384

MORALES PADRÓN, en MILLARES TORRES: Historia general de las Islas Canarias. 1977 Pág. 304. y MORALES PADRÓN, Francisco: “El último capitán general de Venezuela: el canario Francisco Tomás Morales”. III Coloquio Canarias-América. LPGC, 1978. Pág. 87-94 y “Documentos sobre Francisco Tomás Morales Afonso”, Sevilla 1978. Dossier de documentación variada sobre este tema en el Museo Canario.

RUMEU DE ARMAS, A: Canarias y el Atlántico Piratería y ataques navales. Edición facsimil. Gob Canarias y Cabildo GC. 1991.

“Sumaria historia orgánica de las Milicias canarias”. El museo Canario. (1951- 1953). Pág. 141.

TARAJANO PÉREZ , Francisco: La bandera de Agüimes.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA BATALLA CONTRA LOS FRANCESES EN MASPALOMAS, EN 1685. (1ª Parte)

Iglesia antigua de Agüimes donde fueron enterrados los milicianos, en el momento de contrucción de la nueva entre 1890 y 1900. Archivo FEDAC.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Por este nombre nos describen los escribanos de la villa de Agüimes  un hecho de armas desarrollado en Maspalomas en el que murieron cinco milicianos de la comarca. Lo único que conocemos y que ha quedado para la historia sobre estos hechos es la constatación de la defunción de los fallecidos en el Archivo Parroquial de Agüimes, hecho que fue sacado a la luz en 1981 por Juan Mendez Castro en un artículo titulado Franceses en Maspalomas en 1685”

En el enfrentamiento mueren el capitán Diego Romero, el alférez Sebastián Bordón de Sotomayor y los 5 milicianos: Francisco de León, Francisco Artiles Melián, Juan Pérez Macias, Juan Rodríguez Peña y Juan de Artiles.

En la partida de defunción del capitán, con el mismo texto para los demás fallecidos, figura:

Recreación de la Batalla de Tamasite en Tuineje ( Fuerteventura,)
 contra los ingleses en 1740. Foto: bienmesabe.org
“En veintiuno de septiembre de mil seiscientos ochenta y cinco, falleció el susodicho capitán don Diego Romero, vecino de esta Villa, Ab intestato. Enterrose en el pago de Maspalomas por haber muerto riñendo con los franceses y no poderle traer a la parroquia”. (Archivo parroquial de Agüimes, libro 1º de Colecturías, folios 197 recto y siguientes.)

Un año después, el 9 de septiembre de 1686, los restos de los muertos, transcurrido el tiempo de putrefacción, son trasladados a Agüimes, para ser sepultados en la parroquia en un acto con bastante pompa.

“En nueve días del mes de septiembre de este año de mil seiscientos y ochenta y seis, trajeron de Maspalomas los cuerpos del capitán D Diego Romero, alférez Sebastián Bordón, Francisco de León, Juan Pérez Macías, Francisco de Artiles, Juan Rodríguez Peña y Juan de Artiles, los cuales estaban enterrados en el pago de Maspalomas (…) y se enterraron en esta parroquia todos en una sepultura de la iglesia, la cual se les dio de gracia...” (Archivo parroquial de Agüimes, libro 1º de Colecturías, folios 211 recto y siguientes.)

Los hechos son catalogados en la época como batalla e incluso como guerra. Así tenemos un protocolo del escribano Lucas Betancourt, el 17 de octubre de 1685 expresando que las autoridades ordenan hacer el inventario de los bienes de los fallecidos “en la guerra que hubo en Maspalomas con los franceses” (AHPLP, Legajo 2504, folios 466 y sigs.) y otro protocolo del mismo escribano indicando que el capitán don Diego Romero “había muerto en batalla que tuvo con los franceses en Maspalomas” (AHPLP, Legajo 2505, folios 548 y sigs.)

Hasta aquí lo poco que conocemos del ataque. Seguidamente aportaremos información de como era en aquellos tiempos la defensa del sur de la isla y de otras acciones  de armas que nos van a ayudar a hacernos una idea de como se debieron desarrollar los hechos de 1685.

Los Rebatos o Alarmas.

Desde la época aborigen se establecieron atalayas de vigilancia en lugares altos de la isla para dar la señal de rebato en caso de divisar naves enemigas y en su caso huir al interior de la isla o preparar la defensa. Ya hemos comentado en varios artículos la función de Montaña de Las Tabaibas, como atalaya de vigilancia además de montaña sagrada, (AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO V. LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.)

Después de la conquista, continuaron estas atalayas de vigilancia y se establecieron otras. Todos los habitantes conocían lo que debían hacer cuando había una alarma, hecho  muy frecuente, debido a la constante presencia de piratas y corsarios y por las continuas guerras contra Francia, Inglaterra, Holanda o contra los berberiscos.

Un ejemplo de protocolo en caso de alarma lo tenemos en 1805, cuando se dictaron normas de un plan de defensa y actuación que debió de haberse hecho de forma parecida en las épocas anteriores:

“...la atalaya de La Isleta al divisar formaciones al menos de cuatro buques grandes lo señalarán al Castillo de La Luz y este mediante bandera al de Santa Ana, que disparará un cañonazo. Inmediatamente la plataforma disparará otros dos sin bala y el Castillo del Rey o San Francisco disparará tres, de ellos dos hacia el interior. Los milicianos acudirán a las armas. El humo de la atalaya implicará que todas las del resto de la Isla mediante el mismo método anuncien el peligro. Al primer disparo las campanas de las Iglesias tañeran a rebato para alertar al vecindario. En caso de segunda alarma, confirmatoria, el vecindario inútil para la defensa se retirará al campo y si es de noche dejarán encendido el farol de sus casas. Los milicianos acudirán a los puntos señalados por sus jefes y el paisanaje a las playas ya citadas. El paisanaje debe acudir con sus garrotes, rozaderas y armas, así como azadas, palas y picos”. (Antonio Bethencourt Massieu: Defensa militar de Gran Canaria)

Como medida de precaución, las villas y poblados antiguamente se asentaban en lugares no visibles o retirados de la costa. Tales son los casos de Tunte, Santa Lucía, Agüimes.

Las Atalayas

Algunas de las antiguas atalayas son hoy día conocidas, porque han dejado el nombre en la toponimia del lugar. Tal es el caso de La Atalaya de Santa Brígida y La Atalaya de Guía. 

Las atalayas del sur de la isla, estaban a cargo de las compañías de la población  cercana donde se situaban y eran tres, una en el Puerto de Melenara, otra en Agüimes, a una legua del mar y la última en Tirajana, demarcación de la 8ª Compañía, desde la cual se divisaba toda la costa del sur, desde la Playa y Puerto de Gando, hasta el Charco y Puerto de Maspalomas. (Miguel Hermosilla: Ob. Cit. Pág. 43.)

El servicio de guardas y atalayeros se realizaba por los milicianos en estos puntos elevados, donde estaba prohibido coger leña, pues esta era destinada a las hogueras, que debían hacerse para avisar a la población, cuando había rebato con señales de humo convenidas cuando descubrían velas extrañas. Como ya hemos comentado, la alarma, cuando se veía la señal de humo, se extendía por la población al sonido de tambores, caracolas o campanas. Las mujeres ancianos y niños, salían en desbandada, temerosos hacía las montañas del interior. Todos los hombres útiles se dirigían al lugar de reunión para combatir.

El Regimiento de Telde.

La defensa del sur de la isla desde Jinamar hasta Veneguera, estaba encomendada a este Regimiento que junto con los de  Guia y Las Palmas defendían Gran Canaria. El regimiento lo componían un número de compañías que según las épocas iban desde 9 hasta 14, siendo las del sur las compañías de Agüimes y Tirajana, normalmente la 7ª y la 8ª.

Las compañías estaban constituidas por todos los hombres que pudieran portar un arma a partir de 16 años, que tenían que llevar su propio armamento, ya que la corona no los pertrechaba, y este consistía en picas, palos, piedras y hondas.

Según Francisco Tarajano, “…en 1776, el capitán del Regimiento de Telde, D. Sancho Figueroa, al hacer la distribución territorial de las milicias, afirmaba que la quinta y sexta compañías correspondían a Agüimes, con los anexos de Ingenio, Sardina, Aldea Blanca, Juan Grande, Arguineguín y Maspalomas”. (La bandera de Agüimes ). A esta compañía, era a la que pertenecían los milicianos muertos, pues son enterrados en la villa de Agüimes.

En otras épocas, por intereses políticos se cambió la distribución y mandos de la compañía,  cambio que duró poco tiempo puesto que según Francisco Tarajano  Pérez “los antiguos agüimenses consideraron que sus costas se extendían desde Gando al Castillo del Romeral”, y a su vez los antiguos habitantes de Castillo del Romeral también se consideraban de Agüimes, pues era la villa más cercana y sus vecinos recibían el bautismo, se casaban y eran enterrados en Agüimes.

Milicianos de Canarias.
 Así, en 1770 se agrupó la 7ª compañía en los territorios del condado, de Aldea Blanca y Juan Grande, escasos de población a los que se les añaden Sardina (sin nombrarla) y Santa Lucía con su entorno dejando fuera a la villa de Agüimes. Según Angel González (Mapa y estado de Gran Canaria del marqués de Tabalosos (1770-1776)) en la configuración de esta  hubo influencias políticas claras, pues el capitán Sancho de Figueroa, oficial encargado de establecer las divisiones,  estaba emparentado con las familias Rocha (dueños de las salinas y la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral) y Castillo (dueños de las salinas de Abajo y de las tierras del condado) para conseguir formar un distrito con estos territorios.

El marqués de Tabalosos, comandante general de las islas, permanecerá dos de los seis días que emplea en visitar por primera vez el Regimiento de Telde, en Septiembre de 1775, en el Castillo de las Salinas del Romeral y en la Casa Condal de Juan Grande como huésped de Antonio Lorenzo de La Rocha y de Fernando Bruno del Castillo, (este último obtendría, dos años más tarde, el título de Conde de la Vega Grande).

A lo largo de todo el siglo XVIII, el coronel al mando del Regimiento siempre lo ostentará el cabeza de la familia más poderosa, en este caso el Conde de la Vega Grande, y cuando este ocupe una posición militar superior, en este caso gobernador de Gran Canaria, será ocupado por el miembro destacado de la familia Rocha. Así Antonio de la Rocha como su padre y su hijo, fueron coroneles del regimiento y Fernando Bruno fue primero coronel y después  gobernador  de las armas de Gran Canaria.

Restos humanos hallados en el "Balache de los Muertos", al sur de Castillo del Romeral.

Los oficiales y mandos del regimiento, que debían dirigir a los milicianos, también eran voluntarios, por lo que el mando estaba en función del estatus social del que lo detentaba. Es de suponer que los que dirigían a los campesinos en las tareas agrícolas, eran a su vez los que los mandaban en la milicia. Por tanto los milicianos eran a la vez sus subordinados en lo militar y sus medianeros o trabajadores de sus haciendas.

El coronel Pedro Nava Grimón, en 1757, procedente de Tenerife, desempeña el cargo de coronel durante unos cuantos meses y nos hace una descripción de las tropas de la milicia (La Revista del regimiento de Telde de 1757. Bethencourt Massieu):

“debiedo decir a V.E. ser esta una gente muy propia para la guerra, pues su osadía y gran sufrimiento en toda especie de trabaxos, vniendose tener una talla ventajosa”.

Comentando la altura física de los milicianos que les permitía llevar ventaja en la lucha. 

(En la segunda parte del artículo, aportaremos datos inéditos sobre la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral y sobre el "Balache de los Muertos" y daremos nuestra interpretación de como pudieron haber sucedido los hechos en el ataque de 1685)

martes, 22 de noviembre de 2011

ENCONTRADAS CUEVAS FUNERARIAS JUNTO AL ARCO DEL CORONADERO.

Solapón con muros y cuevas. Fotos: Pablo Guedes.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Desde hace tiempo, teníamos localizadas varias estructuras compuestas por muros de piedras y cuevas en las cercanías del Arco del Coronadero, en un lugar de difícil acceso en mitad de Barranco Hondo.

En fechas recientes hemos podido acceder a estas estructuras, compuestas por muros de piedra alrededor de un solapón en el que se hallan distintas cuevas, (adjuntamos fotos).

Entrada a la cueva con restos vegetales, que pudieron pertenecer  a la mortaja de una momia canaria.

Una de ellas, cuenta con un pequeño orificio de entrada, de alrededor de un metro por 50 cm., situado a unos dos metros de altura con respecto al solapón, con varias piedras dispuestas en lo que en su tiempo debió ser un muro que cerraba la cueva, actualmente derrumbado a los pies de la misma. Es posible que la entrada a la cueva haya sido labrada artificialmente agrandándola para obtener un mejor acceso.

La cueva, de forma ovalada, se ensancha a partir de la entrada hasta tener unas dimensiones de unos 2x2 metros en su parte más amplia. En su interior encontramos restos vegetales entre los que había juncos aplastados, similares a los que los antiguos canarios utilizaban para hacer el fardo o mortaja en la que solían envolver a las momias.














Interior de la cueva con los restos vegetales.

Creemos que podía haber sido una cueva funeraria por la forma en que se dispone y por los restos encontrados. La cueva debió ser expoliada en un tiempo que desconocemos y sustraidos los restos humanos que contenía.

Es posible que las otras cuevas, especialmente una de ellas, pudieran contener más restos por la forma en que se disponen, pero en ellas no entramos nada parecido a lo que se encuentra en la primera cueva descrita.
Otra posible cueva funeraria.

La importancia del hallazgo, del cual hemos informado a Patrimonio Histórico, radica además de por sí mismo, por su situación en las cercanías del Arco del Coronadero y de los mojones del Alto del Coronadero, que usaban los antiguos canarios para realizar ritos astrales y para conocer las distintas fechas importantes de su calendario.

OTRAS MOMIAS Y RESTOS HUMANOS ENCONTRADOS EN LA ZONA.

En nuestro anterior artículo, “AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.”  hacíamos referencia a este tema y apuntábamos a que se habían descubierto más restos de antiguos canarios en la zona de costa de Amurga. Citamos como ejemplo, una momia en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de las cuales nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy día.

Recordamos en este punto la leyenda de los antiguos pastores de Castillo del Romeral, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín, destruido por la roturación de los terrenos para el cultivo de tomates.

Otras cuevas en el solapón.

Según René Vernau, en su obra "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" (1891):

"En la aldea de Juan Grande  he encontrado una cueva sepulcral que, aunque había sido desgraciadamente saqueada, me ha permitido hacer una comprobación que creo interesante señalar. Todos los cadáveres que contenía presentaban lesiones en los huesos. Eran tumores óseos de diversa naturaleza, viejas fracturas consolidadas, artritis deformantes, etc. Me encontraba en presencia de un verdadero cementerio de lisiados y esto me condujo a preguntarme si los enfermos no serían objeto de alguna creencia supersticiosa."(pág.80).

Sebastian Jiménez Sánchez (Embalsamamientos y enterramientos de los “canarios” y “guanches”, pueblos aborígenes de las islas canarias”, en Revista de Historia, VII, 55. 1941.pgs. 257-268) señala que en el sur de Gran Canaria se encontraron momias con 12 y 16 pieles superpuestas, sin citar su procedencia. Añade además el descubrimiento en Arguineguín de una momia de dos metros de largo envuelta en numerosas pieles, así como otras encontradas en Juan Grande. En estos dos lugares señala Jiménez que se encontraban las momias de mayores dimensiones, apuntando que los hitos relevantes a nivel de hallazgos de restos momificados incluían Arguineguin, Juan Grande y Guayadeque, añadiendo Acusa-Tejeda.

El mayor número de envolturas en las momias indicaba más rango social del individuo.

LAS PRÁCTICAS FUNERARIAS DE LOS ANTIGUOS CANARIOS.

18 en 16. Memorias de un cementerio from www.estodotuyo.com on Vimeo.  Documental producido por el Cabildo de Gran Canaria y dirigido por Francis Quintana, en el que a raíz de la excavación de un cementerio de canarios en Gáldar, se dan a conocer sus ritos funerarios y su relación con los muertos.

Vamos a seguir en este punto a José M. Bernal y a Pablo Atoche (Rituales funerarios en la Protohistoria de Gran Canaria (Islas Canarias)

En Canarias el ritual funerario más extendido, a semejanza del implantado en el Norte de África por los colonizadores fenicios, utilizaba como recinto funerario cuevas naturales o grietas tapiadas con muros de piedra seca, tanto de manera individual como colectiva.

En el proceso de embalsamado, no se hacía eviscerado, aunque sí un método que permitía la conservación de los tejidos corporales: ungían el cuerpo con una mezcla de manteca de cabras, yerbas aromáticas, corcho de pino, resina de tea, polvos de brezo, piedra pómez y otros absorbentes y secantes, dejándole después expuesto a los rayos del sol para realizar la desecación. Se repetía el procedimiento varias veces para finalizar envolviendo el cuerpo en pieles y juncos.

Desde la perspectiva del ritual, la momificación parecía reservada sólo para aquellos ritos funerarios que tenían las cuevas como última morada de los difuntos, y parece ser que se trataba de una práctica condicionada por diferencias sociales y étnicas. Se supone que a mayor jerarquía del individuo, mayor esmero en la preparación del cadáver y en el número de pieles que lo envolvían.

Los cadáveres se ataviaban con similares prendas que en vida y envueltos en un sudario elaborado con capas de piel, hasta 17 en algún ejemplo de momificación de Gran Canaria, isla donde ocasionalmente se han teñido de rojo o se han empleado pieles de cerdo o mortajas elaboradas con tejidos vegetales, normalmente de junco o palma.

Las momias se depositaban en posición decúbito supino (boca arriba). No se colocaban directamente sobre el suelo, habiéndose realizado en todos los casos un mínimo acondicionamiento del lugar mediante la preparación de un lecho con elementos vegetales, la colocación de tablones de madera, lajas de piedra o simplemente mediante la nivelación del terreno.

BIBLIOGRAFÍA.

Bernal Santana, José M., Atoche Peña, Pablo: Rituales funerarios en la Protohistoria de Gran Canaria (Islas Canarias)
Jiménez Sánchez, Sebastian: Embalsamamientos y enterramientos de los “canarios” y “guanches”, pueblos aborígenes de las islas canarias. En Revista de Historia, VII, 55. 1941.pgs. 257-268
Guedes González, Pablo: “AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.”
Vernau, René. "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" (1891)