martes, 22 de noviembre de 2011

ENCONTRADAS CUEVAS FUNERARIAS JUNTO AL ARCO DEL CORONADERO.

Solapón con muros y cuevas. Fotos: Pablo Guedes.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Desde hace tiempo, teníamos localizadas varias estructuras compuestas por muros de piedras y cuevas en las cercanías del Arco del Coronadero, en un lugar de difícil acceso en mitad de Barranco Hondo.

En fechas recientes hemos podido acceder a estas estructuras, compuestas por muros de piedra alrededor de un solapón en el que se hallan distintas cuevas, (adjuntamos fotos).

Entrada a la cueva con restos vegetales, que pudieron pertenecer  a la mortaja de una momia canaria.

Una de ellas, cuenta con un pequeño orificio de entrada, de alrededor de un metro por 50 cm., situado a unos dos metros de altura con respecto al solapón, con varias piedras dispuestas en lo que en su tiempo debió ser un muro que cerraba la cueva, actualmente derrumbado a los pies de la misma. Es posible que la entrada a la cueva haya sido labrada artificialmente agrandándola para obtener un mejor acceso.

La cueva, de forma ovalada, se ensancha a partir de la entrada hasta tener unas dimensiones de unos 2x2 metros en su parte más amplia. En su interior encontramos restos vegetales entre los que había juncos aplastados, similares a los que los antiguos canarios utilizaban para hacer el fardo o mortaja en la que solían envolver a las momias.














Interior de la cueva con los restos vegetales.

Creemos que podía haber sido una cueva funeraria por la forma en que se dispone y por los restos encontrados. La cueva debió ser expoliada en un tiempo que desconocemos y sustraidos los restos humanos que contenía.

Es posible que las otras cuevas, especialmente una de ellas, pudieran contener más restos por la forma en que se disponen, pero en ellas no entramos nada parecido a lo que se encuentra en la primera cueva descrita.
Otra posible cueva funeraria.

La importancia del hallazgo, del cual hemos informado a Patrimonio Histórico, radica además de por sí mismo, por su situación en las cercanías del Arco del Coronadero y de los mojones del Alto del Coronadero, que usaban los antiguos canarios para realizar ritos astrales y para conocer las distintas fechas importantes de su calendario.

OTRAS MOMIAS Y RESTOS HUMANOS ENCONTRADOS EN LA ZONA.

En nuestro anterior artículo, “AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.”  hacíamos referencia a este tema y apuntábamos a que se habían descubierto más restos de antiguos canarios en la zona de costa de Amurga. Citamos como ejemplo, una momia en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de las cuales nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy día.

Recordamos en este punto la leyenda de los antiguos pastores de Castillo del Romeral, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín, destruido por la roturación de los terrenos para el cultivo de tomates.

Otras cuevas en el solapón.

Según René Vernau, en su obra "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" (1891):

"En la aldea de Juan Grande  he encontrado una cueva sepulcral que, aunque había sido desgraciadamente saqueada, me ha permitido hacer una comprobación que creo interesante señalar. Todos los cadáveres que contenía presentaban lesiones en los huesos. Eran tumores óseos de diversa naturaleza, viejas fracturas consolidadas, artritis deformantes, etc. Me encontraba en presencia de un verdadero cementerio de lisiados y esto me condujo a preguntarme si los enfermos no serían objeto de alguna creencia supersticiosa."(pág.80).

Sebastian Jiménez Sánchez (Embalsamamientos y enterramientos de los “canarios” y “guanches”, pueblos aborígenes de las islas canarias”, en Revista de Historia, VII, 55. 1941.pgs. 257-268) señala que en el sur de Gran Canaria se encontraron momias con 12 y 16 pieles superpuestas, sin citar su procedencia. Añade además el descubrimiento en Arguineguín de una momia de dos metros de largo envuelta en numerosas pieles, así como otras encontradas en Juan Grande. En estos dos lugares señala Jiménez que se encontraban las momias de mayores dimensiones, apuntando que los hitos relevantes a nivel de hallazgos de restos momificados incluían Arguineguin, Juan Grande y Guayadeque, añadiendo Acusa-Tejeda.

El mayor número de envolturas en las momias indicaba más rango social del individuo.

LAS PRÁCTICAS FUNERARIAS DE LOS ANTIGUOS CANARIOS.

18 en 16. Memorias de un cementerio from www.estodotuyo.com on Vimeo.  Documental producido por el Cabildo de Gran Canaria y dirigido por Francis Quintana, en el que a raíz de la excavación de un cementerio de canarios en Gáldar, se dan a conocer sus ritos funerarios y su relación con los muertos.

Vamos a seguir en este punto a José M. Bernal y a Pablo Atoche (Rituales funerarios en la Protohistoria de Gran Canaria (Islas Canarias)

En Canarias el ritual funerario más extendido, a semejanza del implantado en el Norte de África por los colonizadores fenicios, utilizaba como recinto funerario cuevas naturales o grietas tapiadas con muros de piedra seca, tanto de manera individual como colectiva.

En el proceso de embalsamado, no se hacía eviscerado, aunque sí un método que permitía la conservación de los tejidos corporales: ungían el cuerpo con una mezcla de manteca de cabras, yerbas aromáticas, corcho de pino, resina de tea, polvos de brezo, piedra pómez y otros absorbentes y secantes, dejándole después expuesto a los rayos del sol para realizar la desecación. Se repetía el procedimiento varias veces para finalizar envolviendo el cuerpo en pieles y juncos.

Desde la perspectiva del ritual, la momificación parecía reservada sólo para aquellos ritos funerarios que tenían las cuevas como última morada de los difuntos, y parece ser que se trataba de una práctica condicionada por diferencias sociales y étnicas. Se supone que a mayor jerarquía del individuo, mayor esmero en la preparación del cadáver y en el número de pieles que lo envolvían.

Los cadáveres se ataviaban con similares prendas que en vida y envueltos en un sudario elaborado con capas de piel, hasta 17 en algún ejemplo de momificación de Gran Canaria, isla donde ocasionalmente se han teñido de rojo o se han empleado pieles de cerdo o mortajas elaboradas con tejidos vegetales, normalmente de junco o palma.

Las momias se depositaban en posición decúbito supino (boca arriba). No se colocaban directamente sobre el suelo, habiéndose realizado en todos los casos un mínimo acondicionamiento del lugar mediante la preparación de un lecho con elementos vegetales, la colocación de tablones de madera, lajas de piedra o simplemente mediante la nivelación del terreno.

BIBLIOGRAFÍA.

Bernal Santana, José M., Atoche Peña, Pablo: Rituales funerarios en la Protohistoria de Gran Canaria (Islas Canarias)
Jiménez Sánchez, Sebastian: Embalsamamientos y enterramientos de los “canarios” y “guanches”, pueblos aborígenes de las islas canarias. En Revista de Historia, VII, 55. 1941.pgs. 257-268
Guedes González, Pablo: “AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.”
Vernau, René. "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" (1891)

jueves, 15 de septiembre de 2011

LA “ALDEA NEGRA” DE TIRAJANA

Niños esclavos en Puerto Rico.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ

En un anterior artículo habíamos hablado de la novela de Julio Verne que nos describe a los negros de Tirajana,

La novela titulada "Thompson y Cia", en su parte que describe a las islas, está basada en la obra del antropólogo francés René Vernau "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" publicada en 1891, en la que Vernau describía en esas fechas, a la aldea negra hoy día desaparecida, de la siguiente manera:

“…cuando se introdujo la caña de azúcar en el archipiélago, se trajeron negros para cultivarla. Ellos han permanecido en Tirajana y todavía forman, al lado de Santa Lucía, una aldea distinta. No conservan su tipo original. Hoy día son mulatos de todas clases.”

En la novela de Verne se habla de la existencia de esta aldea de la siguiente forma:

"- ¿qué clase de colonia es esa, negra en pleno país de raza blanca?
- Una antigua república de negros ... Hoy, hallándose como se halla abolida la esclavitud en todo país dependiente de un Gobierno civilizado, esta república ha perdido su razón de ser. Pero los negros tienen cerebros obstinados, y los descendientes persisten en las costumbres de los antepasados, y así continúan enterrados en el fondo de sus cavernas salvajes, viviendo en un aislamiento casi absoluto, sin aparecer a veces en las poblaciones próximas durante más de un año."

No sabemos si lo que se dice en la novela era cierto en cuanto a las costumbres y a que vivían en cavernas, pero en este artículo aportaremos más información sobre este poblado de personas de color.

A partir de información reflejada en distintas actas notariales, sabemos que el Barranco de los Negros se encontraba en el Barranco de Tirajana en el tramo desde Cueva Grande a la Cuesta de Garrotes, y entre Los Cuchillos y El Gallego, estos dos últimos, topónimos que todavía existen y se sitúan a menos de dos kilómetros de la población de Aldea Blanca, por lo que pensamos que esta “aldea negra” pudiera tener alguna relación con el nombre que se le dio a “Aldea Blanca”.


Los documentos notariales nos indican la compraventa de los terrenos donde se situaría la población negra, en 1605, por Antón Pérez Cabeza, negro libre que compró la propiedad al regidor Marcos de León y en ella se estableció con sus hijos y nietos. Según los documentos, fue el primer negro que se estableció en el lugar y anteriormente vivía en una casa terrera lindante con la ermita de San Antón en Agüimes. Casó en primeras nupcias con Juana García y, en segundas, con Antonia Mendoza.

Este Antón Pérez Cabeza tuvo que ser descendiente de esclavos pertenecientes a otro Antón Pérez Cabeza, propietario de plantaciones de caña en Sardina, quien en 1527, arrienda a Alonso de Matos el ingenio azucarero de Aguatona en Agüimes (que se situaba en el actual Ingenio), pues se solía poner a esclavos, nombre y apellidos de sus dueños.

Bartolomé Cabrera “el negro santo”, era nieto del primer negro del Barranco, Antón Pérez, hecho que se refleja en un documento de compraventa en 1667 cuando dicho Bartolomé vende un día y una noche de agua de sus posesiones del barranco al capitán Francisco Amoreto, ascendiente de los futuros condes de la Vega Grande, (Francisco Tarajano: Memorias de Agüimes ).

Cuando los documentos indican que Antón Pérez fue el primer negro de esta aldea negra, pensamos que es posible que se refiera al primer negro de esa zona del barranco, o al primer propietario de color, pues en el siglo XVI en el curso alto del Barranco, en el ingenio azucarero de Santa Lucía, y en Sardina, donde había plantaciones de azúcar, con toda seguridad debió haber mano de obra esclava, de color, como era habitual en la época.

Los ingenios azucareros necesitaban gran cantidad de leña para hacer funcionar sus calderas y mano de obra para traerla. Fueron la causa, en buena parte, de la desaparición del pinar en Amurga.

Existen además, topónimos por todo el sur, relacionados con personas de color: Los Moriscos en Santa Lucia, Hoya de la Negra, Cueva de la Negra, Casa del Negro Santo, Ladera de los Negros, Soco del Negro, lo que nos indica lugares donde vivían personas de esta raza, con toda seguridad apartados de los blancos.

En 1677 la ciudad hace nombramiento de capitán alférez y demás oficiales de una compañía de negros y mulatos que no constaban en las listas por ser esclavos. Se hizo capitán de ellos a un cristiano viejo y negro libre, de Taidía, (Santa Lucía) llamado Juan Felipe Liria. A él se le encargó de hacer una lista por toda la isla y halló un número de 648 negros, que con los mulatos, criollos, esclavos y otros, llegaron a 6.478, con los cuales acudía a la plaza de armas el día de la ocasión, a ponerse a las ordenes del capitán a guerra. (Suarez V., Rivero B., Lobo M., González A.: (1995). “La comarca de Tirajana en el antiguo Régimen”.) 

Por esas mismas fechas, Marin de Cubas, describe el importante papel que la población negra del Barranco de Tirajana tenía para la defensa de la costa sur:

“… El Cavildo y Regimiento de Canaria a su costa fabricó, y hiso armason de dos fragatas, y el factor o comisario fue Juan Siverio Música, y otro primo suio Lescano regidores para limpiar estas costas de piratas assi moros como otros, y correr la costa de Africa, y Guinea onde hasian entradas trhose de Guinea negros para el servicio de los yngenios, y viñas que después sus dueños dexandolos libres por voluntad de Sus Altezas tiene un pueblo onde avitan todos negros en Tirajana son vivos entendidos, y valientes que defienden aquellas costas remotas de enemigo, que por allí entran a hazer aguada, y a rovar ganado y lo que pueden;…” (Historia de las Siete Islas de Canarias)

También en la fortaleza y salinas de Santa Cruz del Romeral había esclavos. En el acto del Pleito homenaje que realiza el teniente general de artillería Luis Romero de Xaraquemada en 1704 se dice:

“...Y en dicha Casa- Fuerte hallé cuatro ayudantes artilleros que reconosco eran capaces para el manejo de dicha artillería, y asimismo hallé cuatro soldados de centinelas, sin los salineros y esclavos del dicho Don José que tiene para el servicio de su casa...”

Entre las posesiones de Antonio Lorenzo Bethencourt, fundador de la casa fuerte de Santa Cruz, a finales del siglo XVII: tenemos que:

“... Se le contaban ocho esclavos negros y una mulata que le trabajaban la finca y le atendían la casa….; en los Montes de Amurga, ganado salvaje, donde todos los años se hacían las apañadas.” (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995)

Pedro Agustin del Castillo describe refiriéndose a Tirajana: "...su vecindad, de cuatrocientos dieciséis vecinos, muchos de ellos negros, que se mantiene su color tan atezado como si vinieran ahora de Guinea...". (Descripción histórica y geográfica de las Islas de Canaria. 1737).

El fraile mercedario Medinilla escribe acerca del Barranco de los Negros (1750-1761): “Hay en Tirajana muchos negros y mulatos avecindados y muy antiguos. Vi a un negro y lo traté llamado Francisco Liria de 108 de edad cumplidos, cabal en su juicio y buena razón, está casado y no ha tenido más matrimonio que el presente, su mujer no tiene tanta edad... El suegro de este negro murió en esta parroquia de 115 años, llamábase Pedro de la Cruz, era negro también.” (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995)

Las negras y mulatas eran grandes artesanas en los trabajos de la palma y en los hilados, pero sobre todo eran tenidas como brujas y hechiceras. En el siglo XVIII son procesadas como tales la mulata María Morales y la negra Maria Mostaza, quienes hacían oraciones con el fín de hacer sortilegio. En el mismo caso se hallaban Ana de Santiago, denunciada en 1698, Francisca Pérez, Lucía Alemán y Margarita de Cabrera. De ellas fueron encauzadas la mulata María del Pino, que se ocupaba en hacer escobas y esteras, que fue desterrada cuatro años de la isla, además de aplicársele otras penas, y María de Morales, también mulata; la negra e hilandera María Mostaza fue condenada a 200 azotes y desterrada a Lanzarote y la negra y esterera Margarita de la Cruz a 200 azotes y tres años de cárcel. Entre los hombres de color sólo se cita como dedicado a estas prácticas al mulato Sebastián García de León, molinero y pastor, que fue condenado a 200 azotes, vergüenza pública y a tres años de galeras. (Fajardo Spínola, F: “Hechicería y brujería en Canarias en la Edad Moderna”. 1992)

En 1817 tenemos constancia del poblado de los negros por el problema que tuvieron con el cura de Tunte porque este no les dejó sacar en procesión la imagen de San Sebastián como lo venían haciendo tradicionalmente cada año por esas fechas y menospreciando a las gentes de color. (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995)

Hasta 1880, existió la esclavitud en España. En ese año Alfonso XII sanciona la ley de abolición, que se extingue definitivamente en 1886.

Entre 1884-1888 Verneau visita las Islas Canarias y describe todavía la existencia de la aldea negra como hemos relatado al principio del artículo.

Volviendo a la hipótesis del poblado de negros que vivían apartados en contraposición al de blancos de Aldea Blanca, tenemos que comentar las discriminaciones que sufrían las personas de color en las islas. Si la vida de los blancos, pertenecientes a las clases bajas, se podría considerar miserable, la de los negros, lo debió de ser en mucha mayor medida.

De hecho y según revela Ana Viña Brito y colaboradores, la instalación de los esclavos en las islas preocupó en gran medida a las autoridades locales y por ello se dictan una serie de disposiciones tendentes a su control, como fueron la prohibición de andar por los caminos después de “campana tañida”, llevar marcas visibles en el hombro para ser fácilmente reconocibles, algunos fueron herrados en la cara e incluso se autorizó “cortarles las orejas si sus culpas lo merecían”.(La organización social del trabajo en los ingenios azucareros canarios (siglos XV-XVI)

El poblado que después se llamó Aldea Blanca, ya existía en el tiempo de los aborígenes canarios pues según Suarez Grimón y Andrés Quintana: "El 27 de mayo de 1616 presentó escrito en el Cabildo el regidor Pedro Espino Castellano pidiendo se le hiciese merced de 300 fanegadas de tierra en el Llano de Aldea Blanca, unos solares de “casas de canarios”que estaban en las cabezadas de dicho Llano y la mitad del agua que salía del Barranco de Tirajana. Esta solicitud fue contradecida por Juan Alonso Romero y Lope Franco, alegando eran suyas dichas tierras y aguas. Por ello el Cabildo acordó darle al regidor Espino solo las casas canarias." (Historia de la Villa de Agüimes).

Estas “casas de canarios” se situaban en lo que hoy es el pueblo de Aldea Blanca, y el topónimo lo conocemos como tal, por vez primera, el 8 de noviembre de 1511, cuando se da en Burgos merced a Lope Conchillos, de seis caballerías de tierra con el agua necesaria para su riego: “…agua que ha de tomar de la que aprovechan los canarios en Varvega, debajo de Aldea Blanca, y luego fue adjudicada a Luis de Armas, por estar desaprovechada,…” ( Carta Arqueológica de SBT).

Se podría considerar que si se le asigna ese nombre al poblado, en razón de que hay otro poblado donde viven los negros, este podría existir en esas fechas.

Abundando en la hipótesis vemos que los terrenos de Sardina comienzan a cultivarse a principios del siglo XVI. En 1523, Antón Pérez Cabeza (del que posteriormente toma nombre el primer negro del barranco) ya tenía plantaciones de caña de azúcar en Sardina, que molía en su ingenio de Agüimes (Aguatona- Ingenio), que era también de Alonso de Matos (el Viejo), aunque debieron de molerse también en el ingenio de Santa Lucía . (Azúcar. Los ingenios en la colonización canaria. Ana Viña Brito y colaboradores).

Desconocemos la fecha de construcción del ingenio de Santa Lucía, aunque debió ser a principios de siglo. Su fundador fue Tomás Rodríguez de Palenzuela, hecho que conocemos porque su hijo, Lorenzo Palenzuela, que poseía tierras en Sardina donde tenía la plantación de caña de azúcar, pretendió trasladar el ingenio desde Santa Lucía a Sardina, hecho que creemos finalmente no sucedió, pues no tenemos noticias de que se instalara y llegase a funcionar.


Así, el 29 de octubre de 1554, se le concede una data a Lorenzo Palenzuela por el Cabildo secular: "Se concede licencia a Lorenzo de Palenzuela para hacer una acequia desde el barranco de Tirajana a las tierras que el Cabildo le había dado en Sardina para hacer un ingenio":

“Petición de Lorenzo de Palenzuela, vecino de la isla, le hagan merced de dar licencia para hacer una acequia por donde pueda llevar sus aguas del barranco de Tirajana a las tierras que le hicieron merced en el lomo que dicen de Sardina, la cual acequia ha de comenzar desde la cueva de Juan Adobar, por donde pueda hacerla, hasta sus tierras" Es edificio que ha de hacer por riscos y gastar mucho dinero y soltar su agua y deshacer su hacienda de Tirajana y pasarla abajo", y por ello suplica que ya que le dieron las tierras y sitio de ingenio, le den titulo del salto por donde ha de ir la acequia, que sea suya como lo son las tierras y aguas, y de sus descendientes, y lo manden asentar. Se le da el asiento y sitio de ingenio, y el sitio de acequia.”

Por ello, debieron de haber en la zona personas de color, desde esas fechas, que podrían vivir separadas y de ahí el nombre de Aldea Blanca, para indicar la población blanca en la zona. Según Manuel Lobo, los cálculos para Gran Canaria establecen una media de 30 ó 35 esclavos entre hombres y mujeres por ingenio y plantación que representarían entre un 10% y un 12%, de la mano de obra, lo que nos indica la probable población de la zona. (Azúcar. Los ingenios en la colonización canaria. Ana Viña Brito y colaboradores)

Por último, según Santiago Cazorla León (Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995), existe una tradición oral que afirma que los negros llegaron al Barranco de Tirajana procedentes del naufragio de algún barco hundido por aquellos mares y nos explica en su obra los pleitos de los curas de Tirajana y Agüimes (1690-1694) por la jurisdicción de estos negros del barranco que nos aportan bastante información.

Según Manuel Guedes (Coplas de Laito. 2002. Proyecto Vivencias. IES Santa Lucía) pastor, hijo y nieto de pastores, que fue vecino de Casa Pastores, y descendiente de los Guedes de Castillo del Romeral, la historia de los Guedes en Gran Canaria se inició con una embarcación portuguesa que llevaba esclavos negros para América, en el barco venían Guedes y Torres. El mal tiempo hizo que la embarcación zozobrará en la costa sureste de Gran Canaria, donde desembarcaron por la costa de Las Salinas. (Castillo del Romeral).

En este artículo hemos pretendido aportar información sobre la extraña aldea negra que existía en la comarca, en la que con toda probabilidad debieron vivir ascendientes de muchos vecinos de Castillo del Romeral, en los que todavía hoy podemos observar rasgos de sus ascendientes de color, así como de otros vecinos en los que no se observan estos rasgos que tienden a desaparecer a raíz del mestizaje, tras el paso de varias generaciones.

Por nuestras venas corre sangre de estos negros, descendientes de esclavos, que estaban en nuestra comarca desde el siglo XVI, signo inequívoco de nuestro mestizaje así como del de la población canaria en general.

BIBLIOGRAFÍA

Coplas de Laito. 2002. Proyecto Vivencias. IES Santa Lucía.

CUENCA; JULIO; GIL M. CARMEN Y BETANCOR ANTONIO, 1997. Carta Arqueológica del Término Municipal de San Bartolomé de Tirajana. El Museo Canario, Nº. 52, pp. 57-166.

DEL CASTILLO, PEDRO AGUSTIN. Descripción histórica y geográfica de las Islas de Canaria. 1737.

FAJARDO SPÍNOLA, F: “Hechicería y brujería en Canarias en la Edad Moderna”. 1992

MARÍN DE CUBAS, TOMÁS ARIAS (1986): Historia de las Siete Islas de Canarias. Real sociedad Económica de Amigos del País. Las Palmas. pág. 32.  

SÁNCHEZ VALERÓN, RAFAEL. (Cronista Oficial de Ingenio): Alonso de Matos, entre la Vega de Telde y la Vega de Aguatona 

SUAREZ V., RIVERO B., LOBO M., GONZÁLEZ A.: (1995). La comarca de Tirajana en el antiguo Régimen

SUAREZ GRIMÓN, VICENTE Y QUINTANA ANDRÉS, PEDRO: Historia de la Villa de Agüimes (1486-1850). 2003. Ayuntamiento de Agüimes.

TARAJANO, FRANCISCO: Memorias de Agüimes .

VIÑA BRITO, ANA y colaboradores. Azúcar, Los ingenios en la colonización canaria.

VIÑA BRITO, ANA y colaboradores. La organización social del trabajo en los ingenios azucareros canarios (siglos XV-XVI).

martes, 23 de agosto de 2011

LA FIESTA DE SAN BARTOLOMÉ (DE TIRAJANA) Y SU SIGNIFICADO PARA LOS ANTIGUOS CANARIOS.

Recreación de las tres naves que hiceron el ataque a Tirajana

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Cada 24 de agosto, San Bartolomé de Tirajana celebra la festividad de su patrón y por la cual recibe el nombre el municipio. El motivo de esta festividad fue una incursión castellana realizada a “Tirajana” en la que fueron derrotados por los canarios.

La incursión se realizó el 24 de agosto de 1479, día de San Bartolomé, santo patrón del municipio por encomendarse a él los castellanos durante los hechos. Los castellanos eran mandados por Pedro Hernández Cabrón, pirata y corsario de Cádiz, al servicio de Fernando El Católico. Según Abreu Galindo, la expedición es realizada a “Tirajana”, a la búsqueda y captura de canarios, para ser vendidos como esclavos en la península.

Marin de Cubas, en su “Historia de las 7 islas de Canaria”, describe los hechos de la siguiente manera.

“Andavan los canarios tan descomedidos, y atrevidos que hacian en los xristianos grandes burlas, y maldades, haziendo de noche rebatos arma falsa, y a el soldado que veian apartado, o solo le procuraban matar, y la maior fuerza de ellos estaba a la parte opuesta de la Ysla en unas sierras, y varrancos agrissimos llamados Tirajana onde viven en cuebas, y grutas altísimas como las aves de onde las mugeres arrojan piedras, y palos por su defenza y el almirante con alguna gente suia, y otros veteranos y canarios practicos amigos, y enemigos de los suios por delitos.

Envarcados en tres navios fueron al fin de la ysla y dia 24 de agosto de san Bartholome llegaron al pueblo que esta al pie de las sierras, y le hallaron sin gente bien proveidos de carne en sesina ganados, cevada, manteca, y miel silvestre en ollas y odres, y higos passados, y recojida la presa queriendo venir a embarcarse ya serca de noche le dixeron a Pedro Hernandez, que no convenia porque havia cierta emboscada de canarios a la retirada, respondio que tenia los navios sin gente, y que havia de dormir en ellos, y no temia a hombres desnudos, iendo de marcha una cuesta arriva agria, y de malos passos, salieron los canarios dando silvos gritos, y pedradas en lluvia, y palos con que mataron 26 xristianos, y mas de cien heridos, y desvaratados caminaron a la marina, y ellos en su seguimiento que fue menester que de las lanchas se disparasen armas de fuego, y ballestas salio Pedro Hernandez con una pedrada en la caveza, y quedo sin algunos dientes, y la boca torsida que no pudo hablar ni comer bien vino renegando de los canarios, de la conquista de tales fieras.”

Según Viera y Clavijo los canarios estaban al mando del Faicán de Telde, (máxima autoridad religiosa del reino o guanartemato de Telde) e hicieron a los castellanos 22 muertos, 100 heridos y 80 prisioneros.
Recreación poblado aborigen Lomo Los Gatos, Playa de Mogán. Estodotuyo.com.

Al no conocerse a ciencia exacta, por donde se realizó la incursión, en un anterior artículo planteábamos la hipótesis de que a pesar de que hoy día Tirajana se relaciona con Tunte y el interior de la isla, en el pasado también se conocía por este nombre a la zona de costa en Amurga, y lo que se describe en la crónica como “el pueblo al pie de las sierras” pudiera ser Pozo del Lentisco, hoy día ya desaparecido y situado en el actual Tarajalillo, al pie de Montaña de las Tabaibas y Amurga. (NUEVA TEORÍA ACERCA DE LA ENTRADA DE PEDRO CABRÓN A AMURGA (TIRAJANA), EN 1479)

En el artículo sentábamos las bases de una hipótesis, por la cual Amurga era para los antiguos canarios un santuario, lugar de culto y sitio de asilo y de refugio en tiempos de guerra y por ello se desarrollaron allí las últimas acciones de la conquista. Montaña de las Tabaibas, dentro de Amurga, era la montaña sagrada junto con la de Tirma, descrita en las crónicas, donde se realizaban los mas importantes ritos aborígenes.

En el artículo de hoy, vamos a dar a conocer otro importante dato que suponemos que no es casual y que viene a confirmar otros descubrimientos que hemos aportado en este blog, relacionados con el calendario de los canarios y la estrella Canopo. (LOS YACIMIENTOS ABORÍGENES DE CUATRO PUERTAS Y DEL CORONADERO (AMURGA), RELACIONADOS CON LA ESTRELLA CANOPO. El descubrimiento ayuda a descifrar el calendario de los antiguos canarios.)

En esas aportaciones veníamos a relacionar los restos arqueológicos mencionados, con fechas importantes para los canarios, por las cuales se regía su calendario y que fundamentalmente marcaban la temporada de lluvias y la temporada seca. Estas fechas importantes se regían por la aparición de la estrella Canopo en el cielo de Canarias, hecho que se daba en torno al veintitrés (23) de agosto (± 5 días), permaneciendo visible hasta el diecisiete (17) de abril (± 5 días). (Según Ignacio Reyes García, El Cielo de los antiguos).

Grafico: Larevelacionastrologica.blogspot.com
Concretamente, los 36 mojones aborígenes que se encuentran en Altos del Coronadero en Amurga, creemos que tenían una funcionalidad de marcador calendárico, puesto que según Francisco Peinado, el mojón central y de mayor tamaño se alinea con la salida del sol en dos fechas concretas, 14 de abril y 28 de agosto (en fechas actuales), que como ya hemos indicado se corresponden con la visibilidad de Canopo en Canarias.

La función del calendario de los antiguos canarios, al igual que para otros pueblos y civilizaciones antiguas era la de conocer los ciclos de la lluvia para planificar adecuadamente las actividades agrícolas y ganaderas. Controlar los periodos de apareamiento del ganado para procurar que sus crías nacieran cuando los pastos fueran abundantes. Sembrar en la época adecuada del año para que las lluvias del invierno hiciesen crecer la cosecha.

Por tanto la aparición de Canopo, alrededor del 24 de agosto (23 de agosto ± 5 días), representaba una fecha importante del calendario canario en la que se realizaban importantes ritos y ceremonias, en las que intervenía el Faicán como gran sacerdote, junto con las sacerdotisas, las harimaguadas. El pueblo, suponemos que en peregrinación, asistía a estos ritos desde los poblados importantes de la comarca, situados en las inmediaciones de Amurga: Agüimes, Tunte, Fataga, Gitagana (Arteara), Maspalomas y los poblados de la costa , que podrían ser Pozo del Lentisco y  Aldea Blanca.

Recreación a partir de fotomontaje de Jose L. Peinado. Pintaderacanaria.blogspot.com
Lo que ponemos en evidencia con todos estos datos, era que la entrada de Pedro Cabrón el día 24 de agosto, no creemos que fuera casual y sospechamos que los castellanos sabían por medio de los canarios que tenían a su servicio, que Amurga era centro de peregrinación por estas fechas (...y la maior fuerza de ellos estaba a la parte opuesta de la Ysla), a donde se trasladaban gran número de canarios para realizar sus ritos y por ello se realiza esta incursión a la caza de esclavos y rapiña, creyendo los conquistadores que les iba a resultar una tarea fácil, despreciando la capacidad de lucha de los canarios.

Como indican las crónicas, la presencia del Faicán de Telde, en el lugar al frente de los canarios y no en Telde, suma más argumentos a las hipótesis que estamos planteando.

En aquellos momentos la isla se dividía en dos reinos, Gáldar y Telde, cada uno con su santuario de peregrinación, Tirma y Tirajana (Amurga). Egonayga, Guanarteme o rey de Gáldar, fallece ese mismo año de 1479 y le sucede su hijoTenesor Semidán que pasó a llamarse después Fernando Guanarteme. El Guanarteme de Telde, Bentagoyhe, falleció en 1476 y su hijo Bentejuí, es menor de edad en esos momentos, por lo que parece ser que al frente del reino está el Faicán, llamado Tasarte, que a la vez es la máxima autoridad religiosa. Es por ello que está al mando de los canarios en la batalla contra los castellanos, y lo mas importante, que se encuentra en ese lugar y en ese momento, porque en esas fechas se realizaban esos importantes ritos del calendario.


Croquis santuario Amurga, en rojo mojones aborígenes.Elaboración própia desde plano carta arqueológica SBT.

José Barrios señala para los guanches, en la isla de Tenerife que:

“…sin perjuicio de constituirse el Beñesmer en toda circunstancia excepcional, como a la muerte y proclamación de los menceyes, declaración de la guerra, etc., por ministerio de la ley los soberanos lo convocaban tres veces al año, en la cuarta, octava y duodécima luna, durando cada legislatura nueve días que correspondían a los nueve últimos de la 3ª decena del mes de Abril, 2ª decena de Agosto y 3ª de Diciembre.” (Investigaciones sobre Matemáticas y Astronomía Guanche. Sistemas de Numeración.)

El Beñesmer o Beñesmen, era la festividad por excelencia de los guanches en Tenerife, que podríamos extrapolar a los canarios en Gran canaria. El evento se ha traspasado a la liturgia cristiana el 15 de agosto, con la festividad de La Virgen de Calendaria (cuya imagén la tenían los guanches en el momento de la conquista). Observemos que si contamos los nueve días que nos indican que duraban los festejos, se llega al 24 de agosto, fecha de aparición de Canopo, todo ello con fechas aproximadas.

“Tenian los naturales de esta dicha isla de Thenerife (...) Todos los años en los postrimeros dias del quarto mes, que es abril, celebrauan fiestas anales, por espacio de nueue dias; juntauanse los de cada reyno en el palacio de su rey; y alli se regozijauan con juegos, danças,bailes [.]: en estas fiestas auia grandes combites à costa de el rey.” (Núñez de la Peña, (1676). J. Conqvista y Antigvedades de las Islas de la Gran Canaria, y sv Descripción).

Para José Barrios en su tesis doctoral, en función de las costumbres de los bereberes, y de las fuentes recopiladas:

“El conocimiento de los ciclos astrales debió constituir uno de los aspectos más profundos del sistema de creencias de los sacerdotes canarios y guanches, del que poco estaban dispuestos a revelar a sus interlocutores europeos. Dada su profunda aversión a desvelar estos conocimientos, estimamos que las fuentes antiguas sólo alcanzaron a conocerlos en sus aspectos más superficiales. Si ello es así, cabe pensar que los ciclos más importantes desde un punto de vista religioso fueran, precisamente, los menos tratados por las fuentes. Es decir, los ciclos de las estrellas, los eclipses y los planetas.”

Por último y como reminiscencia que todavía se conserva en Gran Canaria de lo que debieron ser esas festividades aborígenes, tenemos la fiesta del charco de La Aldea que se celebra cada año el 11 de septiembre (el 10 día es San Nicolás), siendo según las fuentes, una de las mas antiguas de Gran Canaria, de procedencia aborigen y que se celebraba cuando la visita del obispo Francisco Delgado Venegas, en 1776, el día 23 de agosto.

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NUEVA TEORÍA ACERCA DE LA ENTRADA DE PEDRO CABRÓN A AMURGA (TIRAJANA), A LA CAPTURA DE ESCLAVOS, EN 1479.

LOS YACIMIENTOS ABORÍGENES DE CUATRO PUERTAS Y DEL CORONADERO (AMURGA), RELACIONADOS CON LA ESTRELLA CANOPO.

AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO IV. LOS RITOS SAGRADOS.

jueves, 11 de agosto de 2011

LA NOVELA DE JULIO VERNE QUE NOS DESCRIBE A "LOS NEGROS DE TIRAJANA".

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

La agencia Thompson y Cía., publicada en 1907, es una novela del famoso escritor francés Julio Verne que narra un viaje turístico a Madeira, Azores y Canarias, organizado por Thompson, propietario de una agencia de viajes inglesa que compite con otra agencia para lograr atraerse al mayor número de viajeros. En el trayecto se vivirán muchas aventuras así como situaciones insólitas y peligrosas, como suele acostumbrar Julio Verne en sus novelas, plasmando además en la obra como debieron ser los inicios del turismo británico en las islas.

La obra publicada después de la muerte de Verne ,se supone que fue escrita en sus primeros 20 capítulos por el escritor universal (incluido el capítulo que trata sobre Gran Canaria) siendo los restantes 10 capítulos, terminados por su hijo Michel Verne.

Un capítulo de la novela trata de una escala en Gran Canaria y un viaje al interior de la isla en el que se nos describe un poblado de negros que se encuentra en "Tirajana", con el que los viajeros entablan una lucha.

Verne describe Gran Canaria como una isla seca y cálida aunque con valles con clima agradable y benigno para enfermos venidos de Europa. Habla de la langosta y de nubes de arena así como de la carencia de agua y admira el esfuerzo de los canarios por adaptarse a un medio hostil. Dice de los canarios que tienen una mentalidad cerrada pero son corteses. Los agricultores son tan pobres que viven en cuevas, como en Artenara. Se queja de la desaparición de los pinos y que en el interior de Gran Canaria existen pueblos con idiomas extraños. Describe el gofio como una papilla de cebada o de trigo, muy tostada y diluida en la leche.

Podríamos pensar que lo que se describe como "una colonia de esclavos negros que viven en zonas inaccesibles" y atacan a los turistas, es una de las fantasías incluida en esta novela de aventuras, si no fuera por el hecho de que desde el siglo XVI se tiene noticias de este poblado de negros a escasos 2 kilómetros de Aldea Blanca en el cauce de Barranco de Tirajana, al lado de Los Cuchillos y el Gallego.

De hecho podría ser que el nombre de Aldea "Blanca", le fuera dado al pueblo en contraposición a esta otra aldea "negra", existente en la zona, hoy día ya desaparecida.

Se supone que la obra "La Agencia Thompson y Compañía" está basada en la obra del antropólogo francés René Vernau "Cinco años de estancia en las Islas Canarias" publicada en 1891.

Pedro Agustin del Castillo (Descripción histórica y geográfica de las Islas de Canaria. 1737), describe refiriéndose a Tirajana: "...su vecindad, de cuatrocientos dieciséis vecinos, muchos de ellos negros, que se mantiene su color tan atezado como si vinieran ahora de Guinea...".

Como signo de nuestro mestizaje, estamos seguros de que por nuestras venas también corre sangre de estos negros, descendientes de los esclavos que quedaban libres, de los que tenemos constancia en los ingenios azucareros y en la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral. Todavía hoy podemos observar en muchos vecinos de Castillo del Romeral, los rasgos característicos de personas de color, que tienden a desaparacer a raíz del mestizaje tras el paso de varias generaciones.

Publicamos a continuación parte del capítulo de la novela donde se describe el pasaje de la aldea "negra", así como enlace a la novela en formato digital. En un próximo artículo abundaremos en mas datos de ese extraño poblado y de sus orígenes.

ENLACE A LO NOVELA EN FORMATO DIGITAL:

http://es.scribd.com/doc/14244253/Julio-Verne-La-Agencia-Thomson-y-CIA

CAPÍTULO XIX
EL SEGUNDO DIENTE DEL ENGRANAJE
.../... PÁG. 156-160

   Habiendo partido a buena hora llegóse a buena hora también a la cima de Tirajana. El camino penetra en este antiguo cráter por una de las estrechas cortaduras de la muralla del Oeste, y después, remontando en zigzag, sigue la pared del Este. Hacía ya algún tiempo que se seguía fatigosamente la ascensión, cuando el camino se bifurcó en otros dos, de direcciones casi paralelas y formando entre sí un ángulo agudo...
    Alice y Roberto, que marchaban al frente, se detuvieron y buscaron con la mirada al guía indígena.
    El guía había desaparecido.
    En un momento se hallaron todos los turistas reunidos en el cruce de ambos caminos formado un grupo y comentando con viveza aquel singular incidente.
    Mientras sus compañeros se extendían en palabras, Roberto reflexionaba silenciosamente. ¿No constituiría aquella desaparición el comienzo del sospechado complot? De lejos observaba a Jack Lindsay, que parecía compartir muy sinceramente la sorpresa de sus compañeros. Nada había en su actitud que fuera de naturaleza a propósito para justificar los temores que a cada momento con mayor fuerza se alzaban en el ánimo del intérprete del Seamew.
    En todo caso, antes de pronunciarse y decidirse era conveniente esperar. La ausencia del guía podía obedecer a causas sumamente sencillas. Tal vez de un momento a otro se le viera regresar tranquilamente.
    Más de media hora transcurrió sin que estuviera de regreso, y los turistas comenzaron a perder la paciencia. ¡Qué diablo! ¡No iban a permanecer eternamente en aquel sitio! En la duda, no había más que penetrar resueltamente por uno de los dos caminos, a la ventura. A alguna parte se iría al fin y al cabo.
–Tal vez fuera preferible –objetó Jack Lindsay con muy buen sentido– que uno de nosotros fuese a explorar alguno de esos caminos. De este modo podría orientarse mejor acerca de su dirección general. Los otros continuarían donde estamos y esperarían al guía que, después de todo, puede llegar aún.
–Tiene usted razón –respondió Roberto, a quien correspondía aquel papel de explorador, mirando fijamente a Jack Lindsay–. ¿Qué camino cree usted que debo elegir?
    Jack se recusó con un gesto.
–¿Éste, por ejemplo? –insinuó Roberto, indicando el camino de la derecha.
–Como usted quiera –respondió Jack con indiferencia.
–Vaya por éste –concluyó diciendo Roberto, en tanto que Jack apartaba sus ojos, en los que, a pesar suyo, brillaba una mirada de placer.
    Antes de partir, Roberto llevó aparte a su compatriota Roger de Sorgues, y le recomendó la mayor vigilancia.
–Ciertos hechos –vino a decirle en sustancia–, y más especialmente esta inexplicable desaparición del guía, me hacen temer alguna celada. Así, pues, vigile con gran cuidado.
–Pero, ¿y usted? –objetó Roger.
–¡Bah! –replicó Roberto–. Si ha de tener lugar una agresión, no es verosímil que se dirija contra mí. Por lo demás, obraré con prudencia.
    Hechas estas recomendaciones a media voz, aventuróse Roberto por el camino que él mismo había elegido, y los turistas continuaron su espera.
    Los diez primeros minutos se deslizaron tranquilamente; necesitábase ese tiempo para explorar un kilómetro de camino al trote largo de un caballo. Por el contrario, los diez minutos siguientes parecieron más largos y cada uno de ellos hacía más extraño el retraso de Roberto. Roger no pudo contenerse.
–No podemos esperar más –declaró terminantemente–. La desaparición del guía no presagia nada bueno, y estoy persuadido de que alguna cosa le ha sucedido a Mr. Morgand. Por lo que a mí hace, marcho a su encuentro sin esperar ni un minuto más.
–Mi hermana y yo iremos con usted –dijo Alice con voz firme.
–Iremos todos –exclamó sin vacilar la unanimidad de los turistas.
    Cualesquiera que fuesen sus ocultos pensamientos, Jack no hizo ninguna oposición a aquel proyecto, y, al igual que los demás, lanzó su caballo al galope.
    El camino rápidamente seguido por la cabalgata se deslizaba entre dos murallas cortadas perpendicularmente.
–¡ Una verdadera madriguera! –gruñó Roger entre dientes.
    Sin embargo, nada anormal aparecía. En cinco minutos llegó a franquearse un kilómetro sin encontrar a ningún ser viviente.
    Al llegar a un recodo del camino, detuviéronse repentinamente los turistas prestando oído alentó a un tumulto confuso, semejante al murmullo de una muchedumbre, que llegaba hasta donde ellos se encontraban.
–¡Despachemos! –gritó Roger, sacando de nuevo su caballo al galope.
    En pocos segundos la tropa de los turistas llegó a la entrada de una aldea, de donde salía el ruido que llamara su atención.
    Aldea de las más singulares, no contaba con casas; era una nueva edición de Artenara. Sus habitantes se alojaban a expensas de las murallas que bordeaban el camino.
    Por el momento, aquellas moradas de trogloditas estaban vacías. Toda la población, compuesta única y exclusivamente de negros, había invadido la calzada y se agitaba lanzando increíbles vociferaciones.
    La aldea se encontraba evidentemente en ebullición. ¿A causa de qué? Los turistas no pensaban en preguntárselo. Toda su atención estaba monopolizada por el espectáculo imprevisto que ante sus ojos se ofrecía. A menos de cincuenta metros veían a Roberto Morgand, sobre el que parecía converger la cólera general; Roberto había echado píe a tierra, y, arrimado a una de las murallas transformada en colmena humana, defendíase como mejor podía, resguardándose con su caballo.
    El animal, nervioso, se movía en todos sentidos, y las coces que lanzaba por doquier mantenían libre un amplio espacio en torno de su dueño.
    No parecía que los negros poseyesen armas de fuego. Sin embargo, cuando los turistas llegaron al terreno de la lucha, tocaba éste a su término. Roberto Morgand iba debilitándose sensiblemente. Después de haber descargado su revólver, y desembarazándose así de dos negros, que permanecían tendidos en el suelo, no contaba ya como arma defensiva más que con su látigo, cuyo pesado mango había bastado hasta entonces para salvarle. Pero, asaltado a un tiempo por tres lados a la vez, apedreado por una turba de hombres, de mujeres y de chiquillos, era dudoso que pudiese resistir por más tiempo. La sangre corría por su frente.
    La llegada de los turistas le aportaba un socorro, pero no la salvación. Entre éstos y Roberto se interponían centenares de negros, gritando, aullando, con tanta excitación, que no se habían dado cuenta de la presencia de los recién llegados.
    Roger, como a un regimiento, iba a ordenar la carga a todo riesgo, cuando uno de sus compañeros previno la orden.
    De repente, saliendo de las últimas filas de los excursionistas, lanzóse un jinete como un alud, y cayó como el rayo sobre los negros.
    A su paso, los turistas habían podido reconocer con estupefacción a Mr. Blockhead que, pálido, lívido, lanzando lamentables gritos de angustia, se aferraba al cuello de su caballo, asustado por los clamores de los negros.
    A aquellos gritos respondieron los negros con exclamaciones de terror. El caballo, enloquecido, galopaba, saltaba, pisoteaba todo lo que encontraba a su paso.
    En un instante el camino se halló libre. Buscando refugio en el fondo de sus casas, todos los negros en estado de combatir habían huido ante aquel rayo de la guerra.
    No todos, sin embargo; uno de ellos había permanecido en su puesto.
    Solo, en medio del camino, éste, verdadero gigante, con musculatura de Hércules, parecía menospreciar el pánico de sus conciudadanos. Blandía con orgullo una especie de viejo fusil, algún trabuco naranjero español, que desde hacía un cuarto de hora estaba llenando de pólvora hasta la boca.
    El negro alzó aquel arma, que sin duda iba a reventar entre sus manos, y la dirigió hacia Roberto.
    Roger, seguido por todos sus compañeros, se había lanzado en el espacio despejado por la brillante acometida del estimado tendero honorario.
    ¿Llegaría a tiempo para detener el golpe pronto a partir?
    Felizmente un héroe se le adelantaba. Blockhead y su caballo, ansioso de libertad.
    De pronto hallóse éste a dos pasos del gigante negro, absorto en el desacostumbrado manejo de su antiguo escopetón. Aquel obstáculo imprevisto intimidó al asustado caballo, que, aferrándose en el suelo con sus cuatro patas, relinchó rabiosamente y se paró en seco.
    Absyrthus Blockhead prosiguió, por el contrario, su carrera. Arrastrado por su ardor, y un poco también, fuerza es reconocerlo, por la velocidad adquirida, Blockhead franqueó el cuello de su noble corcel, y describiendo una sabia y armoniosa curva, fue, a la manera de un obús, a dar al negro el pleno pecho.
    Proyectil y bombardeado rodaron de consuno por el suelo.
    En este mismo instante Roger y todos sus compañeros llegaban al sitio de aquel memorable combate.
    Blockhead fue recogido y atravesado en una silla, mientras otro turista se apoderaba del caballo. Habiendo montado Roberto sobre el suyo, la pequeña tropa huyó al galope de la aldea negra, por la extremidad opuesta a la que diera entrada.
    Menos de un minuto después del momento en que se había visto a Roberto Morgand, todo el mundo estaba en seguridad.
    Sí; aquel tan breve espacio de tiempo había bastado a Absyrthus Blockhead para ilustrarse para siempre en los fastos de la caballería, inventar una nueva arma arrojadiza y salvar, por añadidura, a uno de sus semejantes.
    Por el momento, aquel valeroso guerrero no parecía hallarse en brillante condición. Una violenta conmoción cerebral habíale sumido en un desmayo, que no mostraba ninguna tendencia a disiparse.
    Tan pronto como se hallaron lo bastante alejados del pueblo negro para no tener ya que temer un retorno ofensivo, echaron pie a tierra, y algunas abluciones de agua fría bastaron para devolver el sentido a Blockhead. Muy en breve se declaró dispuesto a partir.
    Antes, sin embargo, fuéle preciso aceptar las acciones de gracias de Roberto, ante las cuales, por un exceso sin duda de modestia, el estimable tendero honorario no dio muestras de que hubiera comprendido el porqué de la gratitud.
    Marchando al paso, rodeóse durante una hora el pico central de la isla, el Pozo de la Nieve, así llamado en razón de las neveras que los canarios han establecido en sus flancos, y luego se atravesó una vasta meseta sembrada de rocas pasándose sucesivamente, por entre las de Saucillo del Hublo, bloque monolítico de ciento doce metros, de Rentaigo y de la Cuimbre.
    Ya fuese un resto de la emoción causada por los negros, ya el resultado de la fatiga, ya otro motivo cualquiera, lo cierto es que muy pocas palabras se cruzaron mientras se atravesó aquella meseta. La mayor parte de los turistas avanzaban en silencio, casi en el mismo orden que al partir. Solamente algunas filas habían sufrido una ligera modificación. Saunders, por una parte, se había unido al valeroso Blockhead, y Roberto, por otra, cabalgaba al lado de Roger, en tanto que Alice y Dolly formaban la segunda fila.
    Los dos franceses hablaban del incomprensible acontecimiento, que estuvo a punto de costar la vida a uno de ellos.
–Había adivinado usted con exactitud –dijo Roger– previendo una emboscada; sólo que el peligro estaba delante y no a la espalda.
–Es verdad –reconoció Roberto–. Pero ¿podía yo suponer que se atentase a mi humilde persona? Además, estoy convencido de que la casualidad ha sido la que lo ha hecho todo, y que usted habría tenido igual acogida, si en mi lugar hubiera usted ido a aquel pueblo de negros.
–En realidad, ¿qué clase de colonia es esa, negra en pleno país de raza blanca?
–Una antigua república de negros –respondió Roberto–. Hoy, hallándose como se halla abolida la esclavitud en todo país dependiente de un Gobierno civilizado, esta república ha perdido su razón de ser. Pero los negros tienen cerebros obstinados, y los descendientes persisten en las costumbres de los antepasados, y así continúan enterrados en el fondo de sus cavernas salvajes, viviendo en un aislamiento casi absoluto, sin aparecer a veces en las poblaciones próximas durante más de un año.
–No son muy hospitalarios –observó Roger, riendo–. ¿Qué diablos pudo usted hacerles para ponerles de aquel modo en revolución?
–Absolutamente nada –dijo Roberto–. La revolución había estallado antes de mi llegada.
–¡Hombre! ¿Y por qué motivo?
–No me lo han contado; pero he podido adivinarlo fácilmente por las injurias con que me han abrumado. Para comprender sus razones, precisa saber que los canarios ven con malos ojos como los extranjeros llegan a su país cada vez en mayor número, pues creen que todos esos enfermos dejan en sus islas algo de sus enfermedades, y que acabarán por hacerlas mortales. Ahora bien, aquellos negros se imaginaban que nosotros acudíamos a su pueblo con objeto de fundar en él un hospital de leprosos y de tísicos. De ahí su furor.
–¡Un hospital...! ¿Y cómo ha podido nacer semejante idea en sus crespas cabezas?
–Alguno se la habrá inspirado –respondió Roberto–, y puede usted calcular el efecto de semejante amenaza en sus cerebros infantiles, imbuidos de prejuicios locales.
–¿Alguno...? ¿De quién, pues, sospecha usted?
–Del guía.
–¿Con qué objeto?
–Con un objeto de lucro; esto es natural. El bandido contaba con apoderarse de la parte correspondiente en nuestros despojos.
    Verdaderamente aquella explicación parecía bastante plausible, y no era dudoso que las cosas hubiesen pasado así.
    En el transcurso de la noche anterior debió el guía de preparar aquella emboscada y sembrar la cólera entre aquellos sencillos habitantes, fáciles de inflamar y de ser engañados.
    Lo que Roberto se callaba era la parte que con toda seguridad había tomado Jack en aquel complot, y eso con un objetivo muy distinto del pillaje inmediato.
    Después de reflexionar, había, en efecto, adoptado la resolución de no decir nada de sus sospechas. Para semejante acusación se requerían pruebas y Roberto no las tenía; tan sólo presunciones; pero, faltando el guía, no tenía medios de procurarse ninguna prueba material. En semejantes condiciones, era preferible guardar silencio sobre la aventura.
    Aun cuando se hallase más armado de pruebas, hubiera callado, por una parte, por entender que era preferible dejar impune el ataque sufrido a sacar de él una venganza que recaería sobre Mrs. Lindsay al recaer sobre su miserable autor.
    Mientras que ambos franceses debatían aquella interesante cuestión, Saunders había cogido por su cuenta a Blockhead.
–¡Mi enhorabuena, caballero! –díjole poco después de ponerse en marcha.
.../...

martes, 26 de julio de 2011

VISIÓN BRITÁNICA DEL ANTIGUO RÉGIMEN EN CANARIAS: LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA ISLEÑA.

Casa Condal y Ermita de Juan Grande, principios s. XX. Fondo FEDAC.

FELIPE ENRIQUE MARTÍN SANTIAGO.
Licenciado en Geografía e Historia por la ULL.
Diplomado en Estudios Avanzados por la ULPGC

El Antiguo Régimen fue denominado por los revolucionarios burgueses el régimen político y social existente antes de la Revolución francesa en Europa, marcando el 14 de julio de 1789, para muchos historiadores, la frontera entre la Edad Moderna y la Edad Contemporánea.

Esos cambios de una sociedad estamental a una sociedad de clases, no marcada por el nacimiento, diferenciada por el dinero, con la desaparición de los estamentos privilegiados (nobleza y clero), y la “igualdad” de todos ante la Ley. En el Archipiélago Canario el tránsito entre el Antiguo Régimen y el Sistema Liberal se prolongó durante todo el siglo XIX, con lentos cambios, que se verán frenados durante la Restauración Borbónica (1974-1931) con el auge del Caciquismo, del poder oligárquico, plasmado en el Sistema Canovista, con el turnismo en el poder, del partido conservador y el liberal.

En la primera mitad del siglo XIX, el cónsul británico en Canarias reflejó muy acertadamente la estructura social de Canarias, siendo un documento histórico de gran valor, una fuente primaria esencial para el conocimiento de nuestro pasado:

“En la descripción que sigue a continuación, hemos intentado trazar un rápido esbozo de la vida, usos, costumbres y tradiciones de los habitantes de Canarias. Sin embargo, no estará de más comenzar con una breve panorámica de su actual situación social y moral, atendiendo especialmente a las clases bajas. De acuerdo con este plan, empezaremos con la clase de ciudadanos más numerosa y provechosa, a saber, los campesinos, clase social que, desgraciadamente, es también la más oprimida en las Islas. Debido a los elevados tributos con que está gravada la propiedad rural, al campesino le ha tocado en suerte trabajar duramente y consumirse en la miseria.

Como, además, la parte más considerable y mejor del suelo se halla en manos de la nobleza y el clero, en calidad de propiedad inalienable o “manos muertas”, resulta extraordinariamente reducido el número de campesinos que poseen bienes raíces, de manera que la mayoría de ellos debe abonar un censo enfitéutico (1) al propietario de los terrenos.

Pero, lo que arrastran la situación más penosa de todos ellos son, sin discusión, los medianeros, a quienes ya mencionamos en el capítulo anterior. Éstos, que no poseen tierra alguna, no son más que esclavos del propietario, el cual puede despedirlos cuando quiera, encontrándose realmente en una situación muy poco mejor que la que tienen los siervos de la gleba en otros países. Ellos, sus mujeres y sus hijos deben estar siempre al servicio del propietario en todo lo que éste ordene. Sus caballos y asnos que estar ensillados y dispuestos, si al propietario se le ocurre hacer un viaje por la Isla. Deben compartir con el señor la cosecha de las hortalizas que cultivan, si éste lo exige; y las aves de corral o el ganado, que él les haya enviado para los alimenten, pueden causar todos los daños posibles en sus campos, sin que deba pagarles ni un céntimo en concepto de indemnización. De manera que este sistema mantiene a esa numerosa clase social en la mayor dependencia.

Muchos de ellos poseen apenas lo necesario para cubrir su desnudez; sus hijos suelen corretear de un lado para otro sin ropa, aun cuando hace mucho frio, llegándoles a faltar incluso, de vez en cuando, en épocas de malas cosechas, el alimento necesario para acallar su hambre.
En tales circunstancias, ¿quién puede sorprenderse de que siempre haya sido tan grande la tendencia del hombre común a emigrar a América?

La miseria presente y el ejemplo de sus antepasados, muchos de los cuales lograron su bienestar al otro lado del Océano Atlántico, han debido de ser siempre un poderosos acicate para la juventud emprendedora.
Campesinos en Juan Grande. Fondo FEDAC.

Es cierto que el gobierno español ha prohibido esta emigración; sin embargo, las autoridades jamás han intentado impedirla, ya que, de un lado, reconocen que es necesario y, de otro, saben que en todas las épocas han tenido un efecto beneficioso para la economía de las islas. Y en efecto, es necesaria, porque, en el marco de la presente estructura política, no hay trabajo ni pan suficientes para una población que está en crecimiento. T también es beneficioso , porque la mayoría del dinero que circula en las Islas procede de América, donde se ha obtenido como pago al trabajo personal realizado allí por los isleños.

Ciertamente muchos de éstos vuelven, a menudo tras una ausencia de muchos años, con una cantidad de dinero ahorrado, que suelen emplear en la compra o en el cultivo de terrenos, o de cualquier otra manera provechosa. Sin embargo, desde la independencia de las colonias americanas, se han cortado las relaciones de los súbditos españoles con tierra firme, y los canarios se dirigen a La Habana, a donde llegan a miles cada año; pero, aparte de que muchos mueren allí por las fiebres, los que regresan a las Islas con dinero son los menos, porque también allí el trabajo y las ganancias se han vuelto más difíciles ahora.

El proverbio de que “el artesano se hace rico” se cumple también en Canarias, pues sólo entre los artesanos de las ciudades y entre la clase media puede encontrarse cierto desahogo económico. En los últimos veinte años, esta respetable clase social, aunque tan despreciada en España, se ha incrementado de manera extraordinaria y ha mejorado en todos los aspectos. Todo el dinero en efectivo se encuentra en sus manos, como también en posesión de los comerciantes y de los tenderos, cuyo número es muy limitado.

La numerosa nobleza canaria , con excepción de unas cuantas familias, es, por lo general, pobre, aunque, en la mayoría de los casos, por su propia culpa, pues sus prejuicios de clase o la indolencia le impiden, en medio de necesidades que van en aumento, dedicarse a una mejor explotación de sus bienes. Y, en vez de residir en el campo, entre sus medianeros, los propietarios dejan que sus casas se desmoronen, y la mayoría vive en las ciudades, en medio de una inactividad total, sin recibir educación, sin cultura intelectual y sin conocimientos útiles de ningún tipo. Su mayor orgullo lo cifran en lo siguiente: ¡en ser descendientes de los conquistadores de las Islas!

Sólo unos pocos, pertenecientes, por lo general, a la alta nobleza y que se han educado en el extranjero o que se han cultivado yendo allí, suponen una excepción a esta regla.

El clero, cuyos ingresos eran considerablemente superiores antes que hoy en día, cuenta con unos pocos hombres ilustrados y bien informados entre sus miembros, de manera que sólo se encuentra una formación erudita en el estado clerical.

Los funcionarios, nacidos en su mayor parte en la Península, están mal pagados, siéndoles muy difícil, por esta razón, gozar, dentro de la consideración pública, del rango que el Estado les ha asignado.

Si se tiene en cuenta el grado de miseria con que tienen que luchar las clases bajas y el grado de ignorancia y dependencia en que se les mantiene, resulta, con razón, sorprendente que todo ello no haya influido negativamente en su moralidad. Pues, en verdad, es extraordinariamente bajo el número de delitos castigados con la pena capital. Sólo la población de las ciudades más grandes comete robos en las casas y hurtos, si bien aun allí son raros…”

Fuente: Francis Coleman Mac-Gregor (cónsul británico). Las Islas Canarias (año 1831). Traducción y estudio de José Juan Bautista Rodríguez. Taller de Historia. 2005

Análisis del texto.

Al contar el Archipiélago Canario, por su posición geoestratégica, con una “sociedad de frontera”, donde las normas estrictas de la sociedad estamental no se cumplían, con la relevante importancia, a lo largo de la etapa colonial, de los comerciantes de Génova, Flandes, Malta, del Reino Unido, con sus relaciones, incluso alianzas matrimoniales o endogamia con los grupos de poder.

El cónsul británico no tiene una buena visión de los estamentos privilegiados, de la nobleza y el clero, salvo algunas excepciones, que presenta como característica el haber estudiado en el extranjero. Haciendo mención a una minoría de ilustrados, que entendemos se refiere a los integrantes de la Tertulia de Navas e integrantes de las Sociedades Económicas de Amigos del País.

Los artesanos y tenderos, según certifica el cónsul británico, eran los únicos que tenían liquidez, dinero en efectivo. La nobleza, según Francis Coleman Mac-Gregor, dedicados al cobro de sus rentas, en gran medida en especies, vivían de forma ociosa en las ciudades, sin mejorar sus propiedades, siendo responsables de su paupérrima economía y, como consecuencia de ello, de la miseria que se daba en las Islas.

Claramente identifica como el estamento no privilegiado al campesinado, en especial a los medianeros, que malvivían pagando las rentas a los señores de las fincas, en situación parecida a los siervos de gleba.
 

(1) La enfiteusis (del griego μφύτευσις, "instauración" o "implantación"), también denominado censo enfitéutico, es un derecho real que supone la cesión temporal del dominio útil de un inmueble, a cambio del pago anual de un canon.

jueves, 14 de julio de 2011

CANARIAS7 DENUNCIA LAS OBRAS QUE HAN DESTRUIDO PARTE DEL YACIMIENTO DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS, EN TARAJALILLO.

Pinchar en la imagen para leer el artículo.
PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Adjuntamos artículo de Gabriel Suárez publicado en el Canarias7 del 22/4/11, en el que se denuncian las obras realizadas en Montaña de las Tabaibas, que han destruido buena parte del yacimiento arqueológico del lugar.

Las obras, que se vienen realizando desde hace unos 20 años, han destrozado parte de la muralla que rodeaba la corona de la montaña, para construir un camino de acceso y casetas para antenas de telecomunicación, según vemos en las fotos.

Como se recordará, en nuestro blog publicamos un primer artículo de denuncia sobre el tema, que realizó el técnico restaurador arqueológico Francisco Peinado en su blog: http://pintaderacanaria.blogspot.com/

Para Francisco Peinado, la función del yacimiento para los antiguos canarios, era la de atalaya de vigilancia de naves enemigas y dar avisos para la defensa, en el sur de la isla. Para ello, la muralla era transitable en su parte superior con el fin de ser utilizada como camino de ronda donde el vigilante realizaba las rondas de guardia. Ademas había una zona donde estaba el foguero, o lugar donde se hacia un gran fuego como señal de rebato o peligro por la llegada de naves a la captura de esclavos y rapiña.

Casetas sobre la muralla y camino de ronda y antenas en la cima. Foto: Fco. Peinado. pintaderacanaria.blogspot.com/

Para nosotros, además de la función de atalaya de vigilancia, que con toda seguridad tuvo esta montaña, desde la que se divisa toda la zona sur de la isla, debió ser el lugar donde se realizaban los ritos y actos importantes del culto de los canarios, enclavados dentro del santuario de Amurga, lugar sagrado de unas dos leguas de extensión (10 kilómetros), que era delimitado por mojones de piedra que aún se conservan y podemos ver hoy día.

 Corte transversal de la muralla  para el paso de la pista que sube a la cima.
 Foto: Fco. Peinado. pintaderacanaria.blogspot.com/

De hecho, la muralla y el foguero o bracero, que se encuentran en la corona de la montaña, se identifican con la descripción realizada en las crónicas de la conquista de la otra montaña sagrada, junto con Tirma, que tenían los canarios para realizar sus mas importantes ritos (ver artículos relacionados).

ARTÍCULOS RELACIONADOS.
(pinchar en el texto para acceder el artículo)

AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO V. LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.


AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO VI. AMAGRO, UMIAYA, MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.


DENUNCIAMOS LA DESTRUCCIÓN DE LOS RESTOS ABORIGENES DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.

jueves, 23 de junio de 2011

LAS NIEBLAS O BRUMAS DE ESTOS DÍAS, FENÓMENO QUE LOS ANTIGUOS CANARIOS USABAN PARA PRONÓSTICAR AÑO DE ABUNDANCIA.


PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Durante estos días, especialmente los días previos a la ola de calor, se ha producido un fenómeno metereológico que se da con poca frecuencia en el sur de la isla, el cual conocían perfectamente los antiguos canarios y para el que daban un significado especial.

Este fenómeno, que se produce duarante varias horas después del amanecer, en las fechas cercanas al solsticio de verano (20-21 junio-San Juan), se debe a lo que los meteorólogos llaman inversión térmica, el aire de las capas inferiores de la atmósfera es mas frío que el de las superiores con lo que no puede elevarse, y se forman los nieblas o brumas en zonas determinadas del sur.

Para los canarios estas nieblas eran los fantasmas de sus antepasados, los “magios” o “majos”, los hijos de “Magec”:

“ De las particularidades que los ysleños tubieron en algunas (islas) lo primo decían que el año que aparecían los Majos, o encantados, que son ciertas nubes a la parte de el sur por los días maiores de el año que es a fines de Junio tenían por prognóstico serles el año feliz de fructos y creían haver en ello algo sobrenatural en que el demonio les tenía engaño puesto como en otras cosa”. Marín (1986 (1687))

Para José Barrios, (Investigaciones sobre matemáticas y astronomía guanche. II), que cita a Marín, existía un fenómeno metereológico, que conllevaba un ritual de predicción del futuro, que tenía lugar en la zona sur de Gran Canaria, en las épocas cercanas al solsticio (aunque el texto habla de otoño, lo que debe ser un error):

“ Los canarios llamaban encantados a ciertos nublados o vapores levantados de los arroyos orillas de el mar a la parte del sur de esta isla de Canaria, que a la verdad duran por tres horas salido el sol, unos hacen forma de torres, navíos, hombres a caballo, ejércitos de a pie, y conforme corre el viento norte o noroeste en tiempos de otoño, que se recogen allí al sotavento de los montes: lo mismo es como causa natural en los ríos, y demás partes donde hay humedades, y vapores. Prognosticaban la abundancia o esterilidad del año o las mudanzas de su gobierno, u otras adivinaciones, y según estos encantamientos hubo de nacer de ellos el desir, que otra isla en este paraje de las Canarias andaba oculta de la cual ni historiador, ni geógrafo nos da tal noticia”. Marín (1941 (1694))

Es posible que la isla nombrada, fuera Fuerteventura, solo visible pocos días al año, e indicadora de la lluvia, señalada con el mojón mayor del yacimiento del Coronadero (Barranco Hondo).

Relacionado con los ritos anteriores, vemos otro, que era el del culto a los muertos:

…juraban por Magec que es el sol … a el alma tenían por inmortal hija de Magec, que padece afanes, congojas, angustias, sed y hambre, y llévanles de comer a las sepulturas los maridos a las mugeres, y ellas a ellos a los fantasmas llaman Magios o hijos de Magec.” Marín (17?? (1694))

Tenemos que recordar en este punto la leyenda de los antiguos pastores del Castillo, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín.

De la misma forma, se han descubierto diferentes momias aborígenes, en la zona de costa de Amurga. Aquí citamos como ejemplo, una en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de la que nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy día.

Recordamos que el año pasado se produjeron las nieblas en fechas cercanas a San Juan y durante el invierno llegaron a las islas muchas borrascas y con ellas abundantes lluvias. Si hacemos caso a las crónicas y a los pronósticos de nuestros antepasados, para este año nos espera otro invierno lluvioso.

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