martes, 26 de julio de 2011

VISIÓN BRITÁNICA DEL ANTIGUO RÉGIMEN EN CANARIAS: LA SOCIEDAD ESTAMENTAL A LA ISLEÑA.

Casa Condal y Ermita de Juan Grande, principios s. XX. Fondo FEDAC.

FELIPE ENRIQUE MARTÍN SANTIAGO.
Licenciado en Geografía e Historia por la ULL.
Diplomado en Estudios Avanzados por la ULPGC

El Antiguo Régimen fue denominado por los revolucionarios burgueses el régimen político y social existente antes de la Revolución francesa en Europa, marcando el 14 de julio de 1789, para muchos historiadores, la frontera entre la Edad Moderna y la Edad Contemporánea.

Esos cambios de una sociedad estamental a una sociedad de clases, no marcada por el nacimiento, diferenciada por el dinero, con la desaparición de los estamentos privilegiados (nobleza y clero), y la “igualdad” de todos ante la Ley. En el Archipiélago Canario el tránsito entre el Antiguo Régimen y el Sistema Liberal se prolongó durante todo el siglo XIX, con lentos cambios, que se verán frenados durante la Restauración Borbónica (1974-1931) con el auge del Caciquismo, del poder oligárquico, plasmado en el Sistema Canovista, con el turnismo en el poder, del partido conservador y el liberal.

En la primera mitad del siglo XIX, el cónsul británico en Canarias reflejó muy acertadamente la estructura social de Canarias, siendo un documento histórico de gran valor, una fuente primaria esencial para el conocimiento de nuestro pasado:

“En la descripción que sigue a continuación, hemos intentado trazar un rápido esbozo de la vida, usos, costumbres y tradiciones de los habitantes de Canarias. Sin embargo, no estará de más comenzar con una breve panorámica de su actual situación social y moral, atendiendo especialmente a las clases bajas. De acuerdo con este plan, empezaremos con la clase de ciudadanos más numerosa y provechosa, a saber, los campesinos, clase social que, desgraciadamente, es también la más oprimida en las Islas. Debido a los elevados tributos con que está gravada la propiedad rural, al campesino le ha tocado en suerte trabajar duramente y consumirse en la miseria.

Como, además, la parte más considerable y mejor del suelo se halla en manos de la nobleza y el clero, en calidad de propiedad inalienable o “manos muertas”, resulta extraordinariamente reducido el número de campesinos que poseen bienes raíces, de manera que la mayoría de ellos debe abonar un censo enfitéutico (1) al propietario de los terrenos.

Pero, lo que arrastran la situación más penosa de todos ellos son, sin discusión, los medianeros, a quienes ya mencionamos en el capítulo anterior. Éstos, que no poseen tierra alguna, no son más que esclavos del propietario, el cual puede despedirlos cuando quiera, encontrándose realmente en una situación muy poco mejor que la que tienen los siervos de la gleba en otros países. Ellos, sus mujeres y sus hijos deben estar siempre al servicio del propietario en todo lo que éste ordene. Sus caballos y asnos que estar ensillados y dispuestos, si al propietario se le ocurre hacer un viaje por la Isla. Deben compartir con el señor la cosecha de las hortalizas que cultivan, si éste lo exige; y las aves de corral o el ganado, que él les haya enviado para los alimenten, pueden causar todos los daños posibles en sus campos, sin que deba pagarles ni un céntimo en concepto de indemnización. De manera que este sistema mantiene a esa numerosa clase social en la mayor dependencia.

Muchos de ellos poseen apenas lo necesario para cubrir su desnudez; sus hijos suelen corretear de un lado para otro sin ropa, aun cuando hace mucho frio, llegándoles a faltar incluso, de vez en cuando, en épocas de malas cosechas, el alimento necesario para acallar su hambre.
En tales circunstancias, ¿quién puede sorprenderse de que siempre haya sido tan grande la tendencia del hombre común a emigrar a América?

La miseria presente y el ejemplo de sus antepasados, muchos de los cuales lograron su bienestar al otro lado del Océano Atlántico, han debido de ser siempre un poderosos acicate para la juventud emprendedora.
Campesinos en Juan Grande. Fondo FEDAC.

Es cierto que el gobierno español ha prohibido esta emigración; sin embargo, las autoridades jamás han intentado impedirla, ya que, de un lado, reconocen que es necesario y, de otro, saben que en todas las épocas han tenido un efecto beneficioso para la economía de las islas. Y en efecto, es necesaria, porque, en el marco de la presente estructura política, no hay trabajo ni pan suficientes para una población que está en crecimiento. T también es beneficioso , porque la mayoría del dinero que circula en las Islas procede de América, donde se ha obtenido como pago al trabajo personal realizado allí por los isleños.

Ciertamente muchos de éstos vuelven, a menudo tras una ausencia de muchos años, con una cantidad de dinero ahorrado, que suelen emplear en la compra o en el cultivo de terrenos, o de cualquier otra manera provechosa. Sin embargo, desde la independencia de las colonias americanas, se han cortado las relaciones de los súbditos españoles con tierra firme, y los canarios se dirigen a La Habana, a donde llegan a miles cada año; pero, aparte de que muchos mueren allí por las fiebres, los que regresan a las Islas con dinero son los menos, porque también allí el trabajo y las ganancias se han vuelto más difíciles ahora.

El proverbio de que “el artesano se hace rico” se cumple también en Canarias, pues sólo entre los artesanos de las ciudades y entre la clase media puede encontrarse cierto desahogo económico. En los últimos veinte años, esta respetable clase social, aunque tan despreciada en España, se ha incrementado de manera extraordinaria y ha mejorado en todos los aspectos. Todo el dinero en efectivo se encuentra en sus manos, como también en posesión de los comerciantes y de los tenderos, cuyo número es muy limitado.

La numerosa nobleza canaria , con excepción de unas cuantas familias, es, por lo general, pobre, aunque, en la mayoría de los casos, por su propia culpa, pues sus prejuicios de clase o la indolencia le impiden, en medio de necesidades que van en aumento, dedicarse a una mejor explotación de sus bienes. Y, en vez de residir en el campo, entre sus medianeros, los propietarios dejan que sus casas se desmoronen, y la mayoría vive en las ciudades, en medio de una inactividad total, sin recibir educación, sin cultura intelectual y sin conocimientos útiles de ningún tipo. Su mayor orgullo lo cifran en lo siguiente: ¡en ser descendientes de los conquistadores de las Islas!

Sólo unos pocos, pertenecientes, por lo general, a la alta nobleza y que se han educado en el extranjero o que se han cultivado yendo allí, suponen una excepción a esta regla.

El clero, cuyos ingresos eran considerablemente superiores antes que hoy en día, cuenta con unos pocos hombres ilustrados y bien informados entre sus miembros, de manera que sólo se encuentra una formación erudita en el estado clerical.

Los funcionarios, nacidos en su mayor parte en la Península, están mal pagados, siéndoles muy difícil, por esta razón, gozar, dentro de la consideración pública, del rango que el Estado les ha asignado.

Si se tiene en cuenta el grado de miseria con que tienen que luchar las clases bajas y el grado de ignorancia y dependencia en que se les mantiene, resulta, con razón, sorprendente que todo ello no haya influido negativamente en su moralidad. Pues, en verdad, es extraordinariamente bajo el número de delitos castigados con la pena capital. Sólo la población de las ciudades más grandes comete robos en las casas y hurtos, si bien aun allí son raros…”

Fuente: Francis Coleman Mac-Gregor (cónsul británico). Las Islas Canarias (año 1831). Traducción y estudio de José Juan Bautista Rodríguez. Taller de Historia. 2005

Análisis del texto.

Al contar el Archipiélago Canario, por su posición geoestratégica, con una “sociedad de frontera”, donde las normas estrictas de la sociedad estamental no se cumplían, con la relevante importancia, a lo largo de la etapa colonial, de los comerciantes de Génova, Flandes, Malta, del Reino Unido, con sus relaciones, incluso alianzas matrimoniales o endogamia con los grupos de poder.

El cónsul británico no tiene una buena visión de los estamentos privilegiados, de la nobleza y el clero, salvo algunas excepciones, que presenta como característica el haber estudiado en el extranjero. Haciendo mención a una minoría de ilustrados, que entendemos se refiere a los integrantes de la Tertulia de Navas e integrantes de las Sociedades Económicas de Amigos del País.

Los artesanos y tenderos, según certifica el cónsul británico, eran los únicos que tenían liquidez, dinero en efectivo. La nobleza, según Francis Coleman Mac-Gregor, dedicados al cobro de sus rentas, en gran medida en especies, vivían de forma ociosa en las ciudades, sin mejorar sus propiedades, siendo responsables de su paupérrima economía y, como consecuencia de ello, de la miseria que se daba en las Islas.

Claramente identifica como el estamento no privilegiado al campesinado, en especial a los medianeros, que malvivían pagando las rentas a los señores de las fincas, en situación parecida a los siervos de gleba.
 

(1) La enfiteusis (del griego μφύτευσις, "instauración" o "implantación"), también denominado censo enfitéutico, es un derecho real que supone la cesión temporal del dominio útil de un inmueble, a cambio del pago anual de un canon.

jueves, 14 de julio de 2011

CANARIAS7 DENUNCIA LAS OBRAS QUE HAN DESTRUIDO PARTE DEL YACIMIENTO DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS, EN TARAJALILLO.

Pinchar en la imagen para leer el artículo.
PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Adjuntamos artículo de Gabriel Suárez publicado en el Canarias7 del 22/4/11, en el que se denuncian las obras realizadas en Montaña de las Tabaibas, que han destruido buena parte del yacimiento arqueológico del lugar.

Las obras, que se vienen realizando desde hace unos 20 años, han destrozado parte de la muralla que rodeaba la corona de la montaña, para construir un camino de acceso y casetas para antenas de telecomunicación, según vemos en las fotos.

Como se recordará, en nuestro blog publicamos un primer artículo de denuncia sobre el tema, que realizó el técnico restaurador arqueológico Francisco Peinado en su blog: http://pintaderacanaria.blogspot.com/

Para Francisco Peinado, la función del yacimiento para los antiguos canarios, era la de atalaya de vigilancia de naves enemigas y dar avisos para la defensa, en el sur de la isla. Para ello, la muralla era transitable en su parte superior con el fin de ser utilizada como camino de ronda donde el vigilante realizaba las rondas de guardia. Ademas había una zona donde estaba el foguero, o lugar donde se hacia un gran fuego como señal de rebato o peligro por la llegada de naves a la captura de esclavos y rapiña.

Casetas sobre la muralla y camino de ronda y antenas en la cima. Foto: Fco. Peinado. pintaderacanaria.blogspot.com/

Para nosotros, además de la función de atalaya de vigilancia, que con toda seguridad tuvo esta montaña, desde la que se divisa toda la zona sur de la isla, debió ser el lugar donde se realizaban los ritos y actos importantes del culto de los canarios, enclavados dentro del santuario de Amurga, lugar sagrado de unas dos leguas de extensión (10 kilómetros), que era delimitado por mojones de piedra que aún se conservan y podemos ver hoy día.

 Corte transversal de la muralla  para el paso de la pista que sube a la cima.
 Foto: Fco. Peinado. pintaderacanaria.blogspot.com/

De hecho, la muralla y el foguero o bracero, que se encuentran en la corona de la montaña, se identifican con la descripción realizada en las crónicas de la conquista de la otra montaña sagrada, junto con Tirma, que tenían los canarios para realizar sus mas importantes ritos (ver artículos relacionados).

ARTÍCULOS RELACIONADOS.
(pinchar en el texto para acceder el artículo)

AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO V. LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.


AMURGA, EL SANTUARIO PERDIDO VI. AMAGRO, UMIAYA, MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.


DENUNCIAMOS LA DESTRUCCIÓN DE LOS RESTOS ABORIGENES DE MONTAÑA DE LAS TABAIBAS.

jueves, 23 de junio de 2011

LAS NIEBLAS O BRUMAS DE ESTOS DÍAS, FENÓMENO QUE LOS ANTIGUOS CANARIOS USABAN PARA PRONÓSTICAR AÑO DE ABUNDANCIA.


PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Durante estos días, especialmente los días previos a la ola de calor, se ha producido un fenómeno metereológico que se da con poca frecuencia en el sur de la isla, el cual conocían perfectamente los antiguos canarios y para el que daban un significado especial.

Este fenómeno, que se produce duarante varias horas después del amanecer, en las fechas cercanas al solsticio de verano (20-21 junio-San Juan), se debe a lo que los meteorólogos llaman inversión térmica, el aire de las capas inferiores de la atmósfera es mas frío que el de las superiores con lo que no puede elevarse, y se forman los nieblas o brumas en zonas determinadas del sur.

Para los canarios estas nieblas eran los fantasmas de sus antepasados, los “magios” o “majos”, los hijos de “Magec”:

“ De las particularidades que los ysleños tubieron en algunas (islas) lo primo decían que el año que aparecían los Majos, o encantados, que son ciertas nubes a la parte de el sur por los días maiores de el año que es a fines de Junio tenían por prognóstico serles el año feliz de fructos y creían haver en ello algo sobrenatural en que el demonio les tenía engaño puesto como en otras cosa”. Marín (1986 (1687))

Para José Barrios, (Investigaciones sobre matemáticas y astronomía guanche. II), que cita a Marín, existía un fenómeno metereológico, que conllevaba un ritual de predicción del futuro, que tenía lugar en la zona sur de Gran Canaria, en las épocas cercanas al solsticio (aunque el texto habla de otoño, lo que debe ser un error):

“ Los canarios llamaban encantados a ciertos nublados o vapores levantados de los arroyos orillas de el mar a la parte del sur de esta isla de Canaria, que a la verdad duran por tres horas salido el sol, unos hacen forma de torres, navíos, hombres a caballo, ejércitos de a pie, y conforme corre el viento norte o noroeste en tiempos de otoño, que se recogen allí al sotavento de los montes: lo mismo es como causa natural en los ríos, y demás partes donde hay humedades, y vapores. Prognosticaban la abundancia o esterilidad del año o las mudanzas de su gobierno, u otras adivinaciones, y según estos encantamientos hubo de nacer de ellos el desir, que otra isla en este paraje de las Canarias andaba oculta de la cual ni historiador, ni geógrafo nos da tal noticia”. Marín (1941 (1694))

Es posible que la isla nombrada, fuera Fuerteventura, solo visible pocos días al año, e indicadora de la lluvia, señalada con el mojón mayor del yacimiento del Coronadero (Barranco Hondo).

Relacionado con los ritos anteriores, vemos otro, que era el del culto a los muertos:

…juraban por Magec que es el sol … a el alma tenían por inmortal hija de Magec, que padece afanes, congojas, angustias, sed y hambre, y llévanles de comer a las sepulturas los maridos a las mugeres, y ellas a ellos a los fantasmas llaman Magios o hijos de Magec.” Marín (17?? (1694))

Tenemos que recordar en este punto la leyenda de los antiguos pastores del Castillo, acerca de la existencia de un cementerio de canarios en los altos de San Agustín.

De la misma forma, se han descubierto diferentes momias aborígenes, en la zona de costa de Amurga. Aquí citamos como ejemplo, una en una cueva en Altos del Coronadero, de la que nos informó Francisco Peinado, así como otras en cuevas de Barranco Hondo, en el curso superior a Altos del Coronadero, de la que nos dieron noticias pastores de Juan Grande. De igual forma relacionamos aquí, las Necrópolis de Arteara y de Maspalomas, situadas en los límites de Amurga, que debieron ser auténticos centros de peregrinación y de ritos, como lo son los cementerios de hoy día.

Recordamos que el año pasado se produjeron las nieblas en fechas cercanas a San Juan y durante el invierno llegaron a las islas muchas borrascas y con ellas abundantes lluvias. Si hacemos caso a las crónicas y a los pronósticos de nuestros antepasados, para este año nos espera otro invierno lluvioso.

ARTÍCULO RELACIONADO:

martes, 10 de mayo de 2011

EL CAMPAMENTO INGLÉS EN MASPALOMÁS EN EL AÑO DE 1797

La Charca y las dunas, primera mitad s. XX. Fuente: Fondo de Fotografía Histórica de la FEDAC

Felipe Enrique Martín Santiago.
Historiador. Licenciado Geografía e Historia, Universidad de La Laguna,
Profesor y Miembro del Centro de Interpretación e Investigación Etnográfica e Histórica del CEO Tunte.

Dentro del plan del Almirante Nelson para apoderarse del Archipiélago, junto con el ataque de la escuadra inglesa al puerto de Santa Cruz de Tenerife, parte de la flota del Reino Unido, fondeando en la playa de Maspalomas, constituyeron un campamento militar con el claro objetivo del control y ataque a todo navío enemigo.

Junto con la hipótesis del origen de la toponimia de la playa del Inglés, ligado a la familia García del Castillo, con ingenio en Gran Canaria durante el siglo XVI, que por lazos matrimoniales aportaron a la toponimia de Telde el apellido Inglés (Juan Inglés).

No debemos descartar la presencia del campamento británico de 1797 como origen de la toponimia de la playa del Inglés.

En esa coyuntura internacional, con el apoyo de Carlos IV de España a la Francia napoleónica, se contextualiza esta historia. El 20 de julio de 1797, un escuadrón británico al mando del contralmirante Horacio Nelson se presentó frente a Santa Cruz de Tenerife. Tres días más tarde, el 25 de julio de 1797, fueron derrotados, tomando nuevos rumbos la flota británica.

La Charca y Oasis. Fuente: Fondo de Fotografía Histórica de la FEDAC.

Apéndice Documental

“En este día, 24 de abril de 1797, se extendió la voz que había saltado los ingleses por Maspalomas y habían formado campo, a cuyo aviso fueron varios oficiales de esta ciudad a unirse con sus compañías en Telde.”

En este día, 25 de abril de 1797, se corrió la voz que el inglés se cogió el barco Santo Domingo de don Domingo Suárez y el barco de La Vera Cruz de Antonio Melián
...
En este día, 2 de mayo de 1797, me prestó el Viato Francisco Carme media fanega de gofio para pagársela en el tiempo de la cosecha, y al día siguiente, día de la santísima Cruz, les dí de comer a 27 palmeros que era la compañía del barco del Gallito, que los había prisionado el inglés en la guerra de este año 1797, y los cogió el día sábado 29 de abril de dicho año 1797, sobre los puertos de Ganiguin y Maspalomas, en cuyo día les dí de almorzar y comer una comida de pan y otra de gofio, carne y demás.
En este día, viernes, 12 de mayo de 1797, a las cinco de la tarde aprisionó por enfrente de la Carnicería, poco más o menos, más alto o bajo una fragata inglesa que asomó por la Punta, sería como cosa de las tres de dicha tarde, al barco de la Galinda San Caethano, que estaba barloventiando para montar la Punta y pasar a la Resifia a fondearlo en el Charco, cuyo fragata solo le tiró un pedrero con bala sin tirarle hacer daño, para que arriara la bandera española que había echado el dicho San Caethano, y en aquella misma noche hizo echar la lancha en tierra del san Caethano con el contramaestre. A Morales y tres hombres más que le diesen un refresco, ofreciendo dar el barco a Roquito Gre que se hallaba prisionero, por haber estado a bordo de dicho Caethano. Este dieron fuego al barco y echaron a Roquito y a la demás gente en tierra el día 18 de mayo, que llegaron a la ciudad por haberles echado el día antes, 17 de dicho mayo.

Oasis y las dunas, primera mitad s. XX. Fuente: Fondo de Fotografía Histórica de la FEDAC

En este día, 1º dicho (septiembre), a la tarde, viernes, se aparecieron tres navíos ingleses, dándole caza a una fragata francesa que venía cargada de América de varios efectos, cuya cargazón declarado por su tripulación, que se componía de 80 personas, ascendía a 9 millones de pesetas, que son en pesos dos millones y medio a corta diferencia. Esta le vinieron dando caza todo el día hasta las cuatro de la tarde, que por la parte del Confital se entró hasta la Punta de la barra, donde dio fondo. Y hasta allí le siguieron los buques ingleses haciéndole fuego. Y, sin embargo, que el castillo de Cabrón hizo fuego y el del puerto lo mismo, nada se consiguió a causa del mucho fuego que hizo la una [sic] de los navíos ingleses, porque a las cinco y media de la tarde se abordaron a ella varios lanchones y se la sacaron picándole los cables y se la llevaron, sin embargo, de haberse echado en tierra parte de la tripulación, como serían cincuenta hombres, quedando los demás a su bordo.”

Fuente: Los Cuadernos del Comerciante de la Calle de la peregrina don Antonio Betancourt (1796-1807). Introducción y estudio de don Antonio de Bethencourt Massieu. Transcripción de Aurina Rodríguez Galindo. Ediciones del cabildo Insular de Gran Canaria. 1996.

jueves, 14 de abril de 2011

HUNDIMIENTO DEL VAPOR “PLASENCIA”, EN 1962 FRENTE A SALINAS DE MATORRAL.


Inmersión en el Plasencia. www.museovirtualsubmarino.com
Autor: Paco Romero Vernetta.


PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Hundido a unos 34 metros de profundidad, frente a Salinas de Matorral y a la Central Térmica, a menos de dos millas de la costa, se encuentra el vapor Plasencia, que se perdió el 11 de abril de 1962, tras sufrir una vía de agua cuando era remolcado a Las Palmas GC., después de embarrancar en la zona. En estos días se cumplen 49 años del hundimiento.

El pecio, actualmente es considerado la joya del submarinismo deportivo en Gran Canaria, calificado por expertos como una de las inmersiones mas espectaculares de la isla y con mayor cantidad de vida submarina, como se puede constatar en los videos adjuntos. Ello es así, debido a que el lugar del hundimiento es poco conocido y a lo complicado de la inmersión por las condiciones de mar y las corrientes marinas en este lugar, especialmente en los meses de verano cuando soplan los vientos alisios, lo cual se suma a las mareas vivas. Ello produce lo que los pescadores del barrio de Castillo conocen como marea de “avante”, una fuerte corriente, que lleva dirección contraria a la del viento, y que produce gran marejada.

En el lugar nos podemos encontrar con bancos de roncadores, bicudas, jureles y medregales, así como morenas y congrios, en tal cantidad que es raro verlo en Gran canaria. Desde el principio los pescadores dejaron de echar sus nasas allí porque se les enrocaban y las perdían, lo que ha contribuido a la espectacularidad de la vida submarina del lugar.

El Plasencia era un barco de madera de 142 toneladas, de 28 mt de eslora por 5,80 de manga y 2,50 de puntal, propulsado por un motor de 120 caballos, que se dedicaba al cabotaje entre las islas y África, desde donde venía (Villa Cisneros) con un cargamento de pescado salado cuando sufrió la tragedia.

Pero vamos a describir como fueron los hechos y lo haremos exponiendo los artículos que se publicaron aquellos días en la prensa local:


Inmersión en el Plasencia II. www.museovirtualsubmarino.com

Lunes, 9 de Abril de 1962. Diario de Las Palmas.
EL “PLASENCIA” ENCALLÓ ANOCHE EN PUNTA TENEFÉ.

Según nos informan, esta madrugada se recibió noticias de que el vaporcito español "Plasencia", había encallado en Punta Tenefé, al sur de la isla en las proximidades del barranco de Tirajana. El barco quedó varado y se espera ponerlo a flote hoy.

Jueves 12 de abril de 1962, Diario de Las Palmas.
EL PLASENCIA SE PERDIÓ ANOCHE FRENTE A ARINAGA.
El Fortunate, después de ponerlo a flote, le iba dando remolque.

Una nueva baja más en la flota de buques de cabotaje entre las islas y el Sahara Español, se suma con la perdida del vaporcito “Plasencia” ocurrida anoche sobre las diez y medida cuando era remolcado por el Fortunate hacia Las Palmas. El pasado lunes informamos del accidente que tuvo este buque al quedar varado en el litoral del sur de la isla en las proximidades del Castillo del Romeral, cuando regresaba de Villa Cisneros.
      Después de varias tentativas el remolcador “Fortunate”, del servicio de este puerto había logrado ponerlo a flote ayer tarde y lo traía de remolque hacia Las Palmas, cuando frente a la playa de Arinaga, el “Plasencia” se viro a una banda hundiéndose rápidamente, sin que pudiera hacerse alguna maniobra para tratar de salvarlo. Según parece, al ser sacado del marisco en que había quedado varado sufrió una vía de agua en la sala de máquinas, la cual produjo el hundimiento.
      El “Plasencia” lo mandaba el patrón Juan Roger Francés y era propiedad de la Naviera Medina. Fue construido en el año 1951 en Bilbao, Astilleros Cadagua para la Compañía Colonial Marítima Pesquera y tenía matrícula de Santa Isabel.
      Sus principales características eran: 28 metros de eslora, 5;80 de manga y 2.50 mstros de puntal. Tonelaje bruto 142 toneladas y era propulsado por un motor de 120 caballos.

Viernes 13 de abril de 1962. Diario Falange.
SE PERDIÓ LA MOTONAVE PLASENCIA

El vaporcito "Plasencia", de 28 metros de eslora y 142 toneladas de desplazamiento, se acaba de perder al sur de la isla. Había embarrancado el pasado lunes frente a Castillo de Romeral, cuando procedente de Villa Cisneros se dirigía al Puerto de La Luz, y se trabajaba para ponerlo a flote, cosa que se había logrado con la ayuda del remolcador "Fortúnate". Pero ahora viene lo imprevisto: en la noche del miércoles, cuando era remolcado por el "Fortúnate" hacia nuestro puerto, a poco de iniciarse el remolque, navegándose frente a Arinaga, se observó como el "Plasencia" se escoraba rápidamente, de banda y pronto se hundía, sin dar tiempo a nada.
      La pérdida del "Plasencia" ha sido total, cuando ya se daba por descartada su recuperación después de haberse sacado del embarrancamiento, frente a Castillo de Romeral, lugar en el que hace unos cuantos años encalló un buque inglés que procedía de la Costa de África y fue igualmente salvado.
      Se supone que el "Plasencia", a consecuencia de haber encallado, quedó con el fondo dañado y ya en pleno remolque hacia el Puerto de La Luz se le abrió una importante vía de agua.

 
Sábado, 14 de abril de 1962. Diario de Las Palmas.
LA ÚLTIMA FOTO DEL PLASENCIA.

(Texto y foto de Martín Díaz).

El "Plasencia" no es —mejor, no era— un buque de gran porte. Era un carguero de unas 150 toneladas que se dedicaba al servicio de cabotaje entre los puertos de las islas y la próxima costa sahariana. Hace unos días procedía de Villa Cisneros con un cargamento de pescado seco. Bien porque el timonel se durmió sobre el timón, bien porque el faro colorado de Arinaga no brillo lo suficiente ante los ojos de aquel, es lo cierto que el Plasencia arremetió contra la costa enclavada entre los pagos de Vecindario y Castillo de Romeral.
      La tripulación ayudada por el vecindario de aquel sector de la isla pusieron en tierra el cargamento. Más tarde se metieron más de cien bidones vacíos al objeto de que pudiera establecerse la flotabilidad. La fotografía fue tomada la tarde del miércoles, cuando el Gran Tarajal, un buque de la misma naviera, realizaba las operaciones necesarias para el salvamento del primero. Como la situación no mejoró, el Fortunate fue el encargado de dar el tirón y remolcar al buque encallado hasta el Puerto de la Luz, cosa que no ha podido finiquitarse, porque, como ya saben los lectores, el Plasencia se hundió de madrugada frente a la Punta de Arinaga.

Los artículos de prensa recogen perfectamente como se fueron sucediendo los hechos a excepción de que el hundimiento no se produjo frente a Arinaga. Por otro lado debemos comentar que el remolcador Fortunate fue el que en 1952 remolcó al submarino alemán U167 desde Las Burras al Puerto de La Luz. Este submarino fue torpedeado por los aliados frente al Castillo y hundido en Las Burras en 1943, hechos de los que tenemos publicados dos artículos en nuestro blog.

Posición de Barco Quebrado en el mapa.

Hemos intentado buscar algún testigo en el pueblo del encallamiento, cosa que no ha podido ser, puesto que se confunden unos naufragios con otros. Los vecinos tienen noticias de muchos incidentes de este tipo, hechos que hemos publicado en un anterior artículo titulado Naufragios en la costa de Castillo del Romeral.

Incluso nosotros mismos hemos sido testigos de hasta dos encallamientos, lo que nos da idea de lo peligroso de este lugar para la navegación.

La zona donde se han producido los naufragios, a lo larga de varios siglos, desde donde hoy se encuentra las instalaciones de la Piscifactoría ADSA hasta la Punta de Tenefé, se la conoce desde el siglo XVI como “Barco Quebrado” por ser zona frecuente de embarrancamientos. Observese que el topónimo tiene un origen portugués, pues creemos que la población con este origen era la predominante en la zona.

BIBLIOGRAFÍA Y ARTÍCULOS RELACIONADOS.

Ros, Fernando. Revista Aquanet nº 10 abril 2000.
EL “PLASENCIA” ENCALLÓ ANOCHE EN PUNTA TENEFÉ. Diario de Las Palmas. Lunes, 9 de Abril de 1962.
EL PLASENCIA SE PERDIÓ ANOCHE FRENTE A ARINAGA. Diario de Las Palmas. Jueves 12 de abril de 1962.
SE PERDIÓ LA MOTONAVE PLASENCIA. Diario Falange. Viernes 13 de abril de 1962.
LA ÚLTIMA FOTO DEL PLASENCIA. Diario de Las Palmas.Sábado, 14 de abril de 1962.

sábado, 19 de marzo de 2011

CAÑONES Y RESTOS HUNDIDOS EN LA COSTA DE CASTILLO DEL ROMERAL. 2ª Parte.

Dibujo de uno de los falconetes que Felipe II envió a Canarias en 1587 para mejorar la defensa de las islas. En Morales Padrón. Historia del Descubrimiento de America. pág 27.

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

Enero de 1692, “Llega a la costa de las salinas un barco de las islas huyendo de navíos piratas. El barco por el aprieto en que estaba disparó un pedrero para que se le socorriese. El maestre de campo Alejandro Amoreto, que estaba oyendo misa en Juan Grande, junto con otras 20 personas, acudieron a la llamada, y fueron a las salinas donde tenían una lancha y con mucho riesgo socorrió y libró dicha barca. El castillo, que en esos momentos estaba en construcción, todavía no estaba armado” (Santiago Cazorla León, Los Tirajanas de GC).

Comenzamos la segunda parte del artículo con este episodio de nuestra historia, de los pocos que conocemos por las crónicas escritas, que parece que tuvo final feliz. Pero sabemos de otras historias que terminaron de mala manera y los restos sumergidos en nuestra costa, más los restos humanos hallados en “el balache de los muertos” nos dejan constancia de hechos de armas relacionados con la piratería, muchos de ellos cruentos que se desarrollaron aquí durante siglos.

A continuación, añadimos a lo expuesto en la primera parte, información sobre otros restos que nos ayudan a comprender nuestra rica y poco conocida historia.

FALCÓN PEDRERO ESPAÑOL MEDIADOS SIGLO XVI.

Falcon pedrero expuesto en la Casa de la Cultura. Foto: Pablo Guedes.

Esta pieza, fue encontrada y extraída por un grupo de personas mientras hacían pesca submarina en la Tabaibita, a finales de los años 80 y depositada en la playa de La Caleta, donde permaneció muchos años al aire libre y con riesgo de perderse.

Fue recuperada por nosotros y donada al Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana en 2006, con la condición de que permaneciera expuesta al público en la Casa de la Cultura de Castillo del Romeral o en un futuro museo en el mismo barrio. Es la culpable de nuestra dedicación a rescatar todas estas historias en relación a Castillo del Romeral y de la creación de este blog.

En el lugar donde se halló la pieza, habían mas restos, entre ellos otra culebrina que es la que Sergio Olmo documentó en la primera parte del artículo, lo que nos indica que podría tratarse de un pecio, hundido probablemente por corsarios ingleses. Existe documentación sobre barcos dedicados a la pesca en África que venían a cargar sal y que fueron incendiados y hundidos por dichos corsarios, de la misma forma que el incidente que relatabamos al principio del artículo.

La pieza, que tiene una longitud de 1.110 mm (caña mas recámara) y le falta la rabiza (parte trasera que servia para apuntar el arma) por haber desaparecido, es muy similar a otra que se encuentra en el Museo Naval de Madrid, de la que adjuntamos foto. Esta última perteneció a la nao Santa Ana, capitana de Miguel de Oquendo que participó en la campaña de la Gran Armada de 1588. Regresó a Pasajes (Guipúzcoa) el 23 de septiembre. Esta nao incendiada el 24 de octubre de 1588, voló con pérdida de casi toda la dotación.


Falcón pedrero que participó en el intento de invasión de Inglaterra. Museo Naval de Madrid.

Damos la descripción de dicha pieza, que podemos ver en la foto, al estar mas completa y en mejor estado de conservación y por ser prácticamente igual a la localizada en nuestra costa:

Recámara. Foto: Pablo Guedes

Falcón pedrero de hierro forjado. Calibre, 73 mm; longitud, 1.210 mm; peso, 95 kg. Disparaba bala de piedra de una libra. Caña formada por plancha de hierro reforzada por cinco zunchos del mismo metal, ( la nuestra tiene seis zunchos) cuyo extremo de contera descansa sobre un marco que forma la recámara terminada en una rabiza. Se apoya sobre horquilla que juega sobre los muñones que arrancan de la testera de la recámara. Los falcones se armaban en las bordas de los navíos. Falta el servidor o másculo y la cuña para hacerlo firme en la recámara.

La pieza fue recuperada a fines del siglo XlX y depositada en el Museo Naval de Madrid por Emilio Rotondo Nicolau, quien la donó definitivamente el 11 de marzo de 1896.

Caña. Foto: Pablo Guedes.
Los proyectiles para este tipo de cañones eran de hierro o de piedra. Los primeros se usaban para dañar el casco del navío enemigo y los segundos equivalían a granadas de fragmentación, ya que al chocar la piedra con algún objeto se partía en multitud de trozos que hacía la función de metralla entre el personal de cubierta. (Vicente Sanchez-Merchán. Armamento naval. La artillería en los siglos XV- XVI – XVII.)

Tenemos noticias de que en 1587 Felipe II envió a Canarias falconetes del mismo tipo que el encontrado para mejorar la defensa de las islas. Estos falconetes eran piezas ligeras de hierro, prácticamente portátiles. Medían entre un metro y un metro sesenta de longitud, con calibre de cinco a siete centímetros y proyectiles de unas tres libras de peso (Morales Padrón, 1981)

Recreación ataque. www.gutemberg.org
Nunca podremos saber si la pieza encontrada aquí participó con la armada invencible en la invasión de Inglaterra, o fue de las que envió Felipe II para la defensa de Canarias, pero como podemos observar es idéntica a las de las imágenes y con toda seguridad se fabricó en la misma fundición o siguiendo los mismos patrones que las otras. Posiblemente y descontando los restos aborígenes, este vestigio arqueológico es el mas antiguo encontrado en San Bartolomé de Tirajana.

Nuestra interpretación es que puede corresponder con un pecio, al encontrarse en la zona varias piezas y otros objetos metálicos pesados que nosotros hemos visto. El sitio donde se encontró corresponde a una zona donde en determinadas épocas del año hay un gran oleaje por lo que los restos menos pesados tuvieron que ser arrastrados hacia tierra. Por otro lado por temporadas, los restos permanecen enterrados y es posible que existan más restos bajo la arena. Podría ser que el ancla que se encuentra en la zona a mesnos de 200 m.), de la que dábamos información en el primer artículo, pudiera pertenecer tambien a este pecio.

MONTÍCULOS DE PIEDRAS DE LASTRE.

Aproximadamente a unos 200 o 300 metros frente a las antiguas salinas (en la Tabaibita, Castillo, Matorral y La Punta), nos encontramos con unos extraños amontonamientos de piedra, que no son naturales y que llaman bastante la atención. Después de consultas realizadas entre los antiguos salineros y marineros del barrio interpretamos que esos amontonamientos corresponden al lastre que los pesqueros llevaban para bajar el centro de gravedad del navío y darle mas estabilidad en su travesía de vacío desde Las Palmas GC hasta las salinas.

Una vez fondeados frente a las salinas se procedía a la carga de la sal y al mismo tiempo se arrojaba el lastre (las piedras) sobrantes por la borda para ir equilibrando el barco. Creemos que estos amontonamientos, unos más grandes y otros más pequeños se corresponden con varios siglos del cambio de la carga de piedras por la de sal.

ANCLAS ANTIGUAS.

Los pesqueros que acudían a las salinas a cargar la sal, tardaban entre uno y dos días en completar la tarea antes de proseguir para la costa africana. Durante este tiempo permanecían fondeados frente a las salinas, de ahí la utilización de las anclas para este cometido. Por otro lado y para protegerse de los fuertes temporales de viento, una opción era la de fondearse cerca de la costa.

La perdida de las mismas se producía por perdida del amarre, por tener que partir de forma urgente por un ataque y cortar el amarre, por “enrocamiento”, el ancla se enganchaba con el fondo y era imposible desenrocarla o por otros motivos.


Al ancla documentada en la primera parte del artículo, que vemos en la foto de Sergio Olmo, situada frente a las salinas “de Abajo”, en la Tabaibita, añadimos las siguientes:

Ancla de La Caleta Se encuentra a unos 5 o 6 m. de profundidad y era usada por los pescadores del Castillo para fondear sus barcos de pesca antes de que existiera el muelle. Era utilizada por el barco “Chano” que todavía existe y podemos contemplar en el muelle del pueblo. Suponemos que este ancla es más moderna que las otras que exponemos.

Ancla de las salinas del Castillo. A mas profundidad que la anterior, frente a donde se situaban  las antiguas salinas, se encuentra un ancla bastante grande de cerca de dos metros de longitud. Suponemos que debe ser similar a la que se extrajo frente a la central térmica.

Ancla de Juncalillo. Este ancla, está partida en varios pedazos y creemos que su perdida se debió de producir por un “enrocamiento” en un veril. Se encuentra a unos 5 o 6 m. de profundidad totalmente integrada con el fondo y mimetizada con el mismo del que es difícil de distinguir. Debido al estado en que se encuentra creemos que es la mas antigua de todas.

Ancla de Barco Quebrado (frente a la Central Térmica). Sobre los años 70 del pasado siglo, un grupo de buceadores de un club de buceo de Las Palmas GC, extrajeron un ancla de gran tamaño, de unos dos metros, de la zona comentada. Según cuentan nuestros informantes, la depositaron en la sede de su club como objeto decorativo.

Ancla extraida por un vecino del pueblo. Este vecino, ya fallecido que intervino en la extracción del ancla anterior, sacó también este ancla. Su hijo la conserva y nos comenta que es de pequeño tamaño y que cree que se extrajo de La Tabaibita.

Ancla del Pinillo. El Pinillo es una zona de pesca de “veriles” que se sitúa frente a la desembocadura de Barranco Hondo. Unos pescadores nos comentaron que en las labores de pesca, levando nasas, los cabos se enredaron con un objeto, el ancla, que levaron hasta la superficie, pero que debieron de echarla de nuevo al fondo cortando los cabos por su gran peso y la imposibilidad de subirla a bordo.

EL PLASENCIA Y OTRO PÉCIO DESCONOCIDO.

Plasencia, foto de Paco Romero Vernetta. www.museovirtualsubmarino.con

El 14 de abril de 1962 se hundió el “Plasencia”, frente a lo que hoy es la central térmica. Actualmente se encuentra en un fondo de arena a 32 m. de profundidad y según los bucedores que lo visitan, la cantidad de vida que acoge es impresionante, por lo que para ellos es el pecio en el que se pueden realizar las mejores inmersiones y más espectaculares de la isla aunque también y por suerte es poco conocido.


El Plasencia era un barco de madera de 60 m. de eslora y unas 150 toneladas que se dedicaba al servicio de cabotaje entre los puertos de las islas y la costa sahariana. Había embarrancado el 12 de abril en La Punta, en las cercanías de Barco Quebrado y cuando se logró desembarrancar, mientras era llevado a Las Palmas GC se hundió.

Barco Quebrado, es un topónimo, que demuestra nuestros orígenes portugueses y que existe desde el siglo XVI. La zona conocida también como La Punta se encuentra en la desembocadura del Barranco de Tirajana mas al sur de la Punta de Tenefé. Desde aquellos tiempos y prácticamente hasta nuestros días se han producido múltiples embarrancamientos de barcos. Ver nuestro artículo: NAUFRAGIOS EN LA COSTA DE CASTILLO DEL ROMERAL.

Próximamente publicaremos un artículo dedicado íntegramente al Placencia.

El otro pecio, del que tenemos noticia por los pescadores, está situado a unos 55 - 60 mts. de profundidad frente al pueblo y solo conocemos de él que no es de gran tamaño y que se sabe de su existencia por que las nasas de los pescadores enrocaban en el mismo.

EL SUBMARINO ALEMÁN U-167.

Submarino U167 rescatado en 1952, al fondo Amurga. Foto archivo Santiago Guillén.

El 5 de abril de 1943, casi anocheciendo, los vecinos del Castillo vieron a un avión que venía desde el sur, “por fuera de los calamaderos” (a unos 3 kilómetros frente al Castillo). De repente observaron como se levantaban dos grandes columnas de aguas, resultado de las explosiones de las cargas de profundidad que el avión había lanzado, saltando el agua de la superficie. Al día siguiente se enteraron de que por Las Burras había desembarcado la tripulación de un submarino alemán que se había hundido, resultando un oficial herido gravemente en una pierna. El submarino no se había hundido en ese momento, sino que guiado por las luces del Faro, llegó hasta la altura de Las Burras, donde finalmente fue hundido por sus oficiales y los tripulantes fueron ayudados por los pescadores.

Tenemos en el blog dos artículos que cuentan con todo detalle el ataque, hundimiento y rescate de este submarino, por lo que remitimos a los mismos en los siguientes enlaces:

ATAQUE Y HUNDIMIENTO DEL SUBMARINO U167 POR LOS ALIADOS FRENTE A CASTILLO DEL ROMERAL EN LA II GUERRA MUNDIAL
1ª parte       2ª parte

TORPEDO FRENTE A SALINAS DE MATORRAL.

Torpedos alemanes II Guerra Mundial.  Foto: www.centroeu.com

Frente al actual poblado de Salinas de Matorral, pudimos ver durante muchos años la carcasa exterior de un torpedo, o al menos eso creíamos que era. Pensabamos que se encontraba desaparecido debido a los temporales, pues hace años cuando lo vimos estaba a pocos metros de la línea de la marea baja, pero nos han informado que todavía existe.

Todo el que lo ha visto supone que los restos correspondían a un torpedo por su forma, pero lo extraño es que si este fue desactivado en la misma playa, ¿cual fue el motivo de haber abandonado  la carcasa exterior y no haberla llevado junto con la carga explosiva y el resto? Es por ello que tenemos la duda de si el objeto era en realidad un torpedo, o no y estamos a la espera de poder examinarlo de nuevo.


De esta forma terminamos la relaciónde los restos arqueológicos de nuestra costa, que como vemos son abundantes y creemos muy importantes para nuestra historia. Carecemos de fotografías de muchos de los objetos comentados, por lo que a medida que vayamos consiguiéndolas las iremos añadiendo al artículo.

Queremos pedir la colaboracíón de los vecinos del pueblo o buceadores en general, que pudieran tener información, que hayan  realizado descubrimientos que no tengamos documentados o que tengan fotos de estos restos, para que nos los remitan al mail pabloaguedes@gmail.com con el objetivo de completar los retazos de la historia de nuestro pueblo y recuperar sus restos arqueológicos.

BIBLIOGRAFÍA Y ARTÍCULOS RELACIONADOS.

CAZORLA LEÓN, S.: Los Tirajanas de Gran Canaria, 1995

GUEDES GONZALEZ, Pablo. ATAQUE Y HUNDIMIENTO DEL SUBMARINO U167 POR LOS ALIADOS FRENTE A CASTILLO DEL ROMERAL EN LA II GUERRA MUNDIAL 1ª parte      2ª parte


MORALES PADRÓN, F. Historia del descubrimiento y conquista de América, Editora Nacional, Madrid, 1981.

jueves, 24 de febrero de 2011

CAÑONES Y RESTOS HUNDIDOS EN LA COSTA DE CASTILLO DEL ROMERAL. (1ª Parte)

PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

En este artículo y en el siguiente pretendemos dar a conocer una serie de hallazgos realizados en nuestra costa, que dan prueba de la importancia que este lugar tuvo en el pasado para la economía de la isla.

Las salinas de la comarca, las más importantes de Canarias, representaban la principal industria del sur de la isla durante siglos. Una media de 30 barcos constituía habitualmente la flota pesquera isleña, que debían pasar obligatoriamente por la zona a cargar la sal necesaria para conservar el pescado. Las Salinas de Abajo, en la Tabaibita, se construyeron en 1537 y la navegación a esta costa en busca de la sal junto a la explotación de las salinas se estuvo realizando prácticamente de la misma manera hasta los años 60 del s. XX. Más de 400 años, de unas forma de vida de nuestros antepasados de Castillo del Romeral, hoy día totalmente desaparecidas.

Es por ello, debido a la frecuencia de barcos que recalan a esta costa, situada estratégicamente, el motivo por el que acuden piratas y corsarios, en busca de presas y botín, y de ahí la construcción de la Casa Fuerte de Santa Cruz del Romeral, en la que también combatieron nuestros antepasados.

Los restos descubiertos están relacionados con estos barcos pesqueros y los ataques piratas a los mismos y a la Casa Fuerte, algunos de los cuales tenemos documentados.

En esta primera parte publicamos una  artículo de D. Sergio Olmo Canales, arqueólogo, profesor de Geografía e Historia y director de la carta arqueológica subacuática de Gran Canaria, que fue expuesto como ponencia en el XV Coloquio de Historia Canario-Americana en 2002 y esta publicado en http://www.coloquiosdehistoriacanarioamericana.es/. Las fotos y dibujos públicados corresponden también al mismo artículo.

Desde HCR, queremos agradecer la amabilidad que ha tenido el señor Olmo Canales para con nosotros al permitirnos publicar su artículo e imagenes en nuestro blog.

Debido a la longitud del trabajo, publicamos solo parte del mismo, y hacemos referencia al enlace en internet para aquellos lectores que deseen consultarlo en su totalidad. (pinchar aquí para consultar el artículo original).

Sergio Olmo Canales conoció de la existencia de los restos por dos pescadores de Castillo del Romeral Pablo Trujillo Guedes y Abián Santana Trujillo, que informaron de la ubicación de los mismos.

En la segunda parte daremos a conocer otros restos existentes, algunos de ellos también conocidos por los pescadores desde hace tiempo y otros inéditos de todo lo cual, daremos nuestra interpretación.

LA ARQUEOLOGÍA SUBMARINA EN CANARIAS: BALANCE DE LOS ÚLTIMOS HALLAZGOS EFECTUADOS EN LA COSTA SURESTE DE GRAN CANARIA.

SERGIO OLMO CANALES

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REFERENCIAS HISTÓRICAS.

La importancia de este enclave terrestre ubicado en el Pago de Juan Grande, inhóspito en otros tiempos por la fuerza del viento dominante y la aridez de su suelo, estriba en la existencia de varias salinas agrupadas en un mismo espacio. La defensa de esta industria extractiva de posibles asaltantes y ataques piráticos provocó que en siglo XVII se levantara la fortaleza conocida como Casa-Fuerte de Santa Cruz del Romeral, planteándose ya en el siglo XVIII su ampliación y mejora.

En la actualidad ofrece un aspecto ruinoso y apenas quedan restos de la fábrica que allí se encontraba, desde que en el siglo XIX fuera abandonada definitivamente, cuando decayó el comercio de la sal que abastecía a los barcos de pesca que faenaban en el banco sahariano. El resultado final fue el paso de estas propiedades, a lo largo de la pasada centuria, a manos de señores que no se interesaron por su mantenimiento ni conservación.

Las Salinas del Romeral.

La referencia salinera más antigua en Gran Canaria se remonta al siglo XVI, según se deduce de la cartografía del ingeniero cremonés Leonardo Torriani, donde se señalan algunas salinas en la costa sureste de la isla, que bien pudieran ser las del Romeral, en el litoral de Juan Grande (L. Torriani, 1978).

Pero el verdadero desarrollo de la sal como industria se produciría, efectivamente, en esta zona de Gran Canaria; promovida por el Sr. D. Antonio Lorenzo de Bethencourt (1623-1696) que obtiene permiso real en 1667 para levantar a su costa la Casa-Fuerte de Santa Cruz del Romeral. Esta iniciativa venía motivada por la necesidad de proteger militarmente la industria salinera, establecida en un lugar muy aislado de las rutas de comunicación (A. Luengo y C. Marín, 1994).

En este sentido, hay que recordar que desde la incorporación de la isla a la Corona de Castilla, y hasta el siglo XIX, la única vía que recorría las comarcas meridionales partía de Las Palmas de Gran Canaria y terminaba en la villa de Agüimes, desde donde el comercio y transporte de la sal se realizaba en embarcación a otros puntos insulares como Arguineguín, Mogán o La Aldea de San Nicolás.

El municipio que tradicionalmente ha contado con mayor número de salinas, no ha sido otro que el de San Bartolomé de Tirajana, en sus pagos del Castillo del Romeral y del Matorral. Así, las construidas más al sur son las llamadas Salinas de Abajo (foto 2), por su situación meridional con respecto al núcleo poblacional del Castillo del Romeral (J. González Navarro, 1996). Junto a éste, existió un conjunto salinero que sufrió sucesivas ampliaciones y que fue vendido varias veces a diversos terratenientes locales.

La importancia de estas instalaciones radicaba en el uso de la sal como conservante en las salazones de pescado, cuya demanda era continua, debido a la inmejorable situación geográfica de Gran Canaria. El lugar elegido para su construcción fue la Punta de las Salinas, donde se piensa que ya existían algunos cocederos naturales en los que sin intervención humana y por evaporación-concentración se producía la precipitación. Este centro, que ha sido el más grande de la isla por el número de tajos y cocederos, con la crisis se fue arrendando parcelariamente, dando lugar a nuevos nombres, aunque genéricamente eran conocidas como las Salinas del Castillo del Romeral.

Según indica J. González Navarro (1996), el mercado de salazones de pescado es el factor que explica el auge de las salinas en los siglos XVII y XVIII, pues son una consecuencia directa de la demanda de sal que ejercen los barcos que pescaban en el área Canaria-Sahariana, incrementándose por ello la producción local, gracias a la privatización de las zonas potenciales del litoral.

Finalmente, a mediados del siglo XX la producción empieza a caer y la crisis amenaza al sector por la escasa demanda para la salazón; por lo que las salinas comienzan a ser una inversión no rentable y los propietarios las abandonan o las ceden a los trabajadores que las explotaban, tratando entonces de reorientarse hacia el mercado interno. En la actualidad se puede decir que están casi abandonadas por su escasa producción y rentabilidad.

Los últimos datos que se pueden recoger de la existencia de algún vestigio de la antigua salina los encontramos en el inventario histórico, arqueológico y etnográfico del litoral meridional de la isla de Gran Canaria.1

La Casa-Fuerte de Santa Cruz del Romeral.

Según ha podido recoger el investigador J. M. Pinto y de la Rosa (1996), las primeras descripciones que se relacionan con la fortaleza las encontramos gracias al Sr. D. Joseph de Arana,2 aunque igualmente encontramos relevantes noticias en los escritos del bachiller D. Isidoro Romero Ceballos,3 y en las interesantes descripciones que al respecto se encuentran recopiladas por M. Hermosilla (1799).4

Así, si nos remontamos al origen de la construcción de la Casa-Fuerte, tenemos que hacerlo hasta los momentos siguientes a la conquista de la isla, cuando el primer problema que se planteó tras la misma fue el de la defensa y fortificación del archipiélago, pues los conatos de invasión y ataques piráticos forzaron a las autoridades canarias a tomar medidas de precaución para efectuar dicha defensa, levantándose diversos torreones y fortalezas que se implantaron en puntos estratégicos (A. Rumeu de Armas, 1945-1950).

La primera de las circunstancias que hizo posible la construcción del Castillo sería la protección de la activa industria de la sal. A ella se le añadiría, por obvias razones, la inmediata protección de toda la zona sureste insular, hasta entonces abierta y desprotegida de las continuas incursiones enemigas. De esta forma, el sur de Gran Canaria desde Gando hasta Maspalomas, lugar donde acudían los corsarios habitualmente para hacer aguada, fue fortalecido de tal modo, que tanto las flotas de pesca y comercio, como la población canaria de ese litoral, pudieron considerarse más seguras.

Las obras se iniciaron en 1677 y quedaron finalizadas en pocos años, reconstruyéndose por completo hacia 1770; lo que hizo que la fortaleza quedase desde entonces dotada y con capacidad para alojar en ella hasta cien hombres. Posteriormente, en 1799, es destinado a Canarias para colaborar en sus fortificaciones el capitán de ingenieros D. Miguel Hermosilla y Vizcarrondo, quien redactó el Plan de defensa de la Isla de Canaria, proponiendo la fabricación de baterías con capacidad para cuatro o seis cañones, en diversos puertos de la isla.


Entre los siglos XVII y XVIII se van a acometer obras para la ampliación y construcción de nuevas salinas en el Castillo del Romeral por parte de aquellas familias más destacadas de la comarca (J. González Navarro, 1996). Pero como indica F. Bruquetas de Castro (1994), el fortín perdió su significado a principios del siglo XIX, si bien continuó como almacén de las salinas que la rodeaban hasta finales de la misma centuria. Sin embargo, ya en ese siglo queda en desuso convirtiéndose en residencia de recreo y, paulatinamente, la construcción termina desmantelándose.

En la actualidad la fábrica ha desaparecido casi por completo, conservándose únicamente los cimientos, como un vestigio del pasado glorioso del edificio.

PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA.

Metodología.

La finalidad de esta investigación estaba encaminada tanto a la identificación como a la verificación de una serie de restos materiales hundidos, mediante la utilización de una metodología científica que pudiera adaptarse perfectamente al tipo de labores arqueológicas a desarrollar.

En un principio, y teniendo en cuenta la extensa superficie que ocupaba el área de estudio, se hacía inabarcable una prospección extensiva de todo este espacio. Por consiguiente, la exploración del fondo se efectuó a partir de la localización de los vestigios sumergidos, aplicándose desde ese momento un patrón de búsqueda basado en el remolcador de buceadores con planeadora. Los trazados se realizaron a través de sucesivos recorridos paralelos de ida y vuelta, que se vieron complementados por otros tantos diseñados sobre círculos concéntricos en los que, progresivamente, y según nos alejábamos del centro, el diámetro de los mismos se veía incrementado.

Como ya se ha señalado, los condicionantes más importantes que presenta la zona son el oleaje y las fuertes corrientes. De hecho, el dominio del mal tiempo generalizado en este tramo insular se impone durante la mayor parte del año, salvo en ocasiones puntuales y en los meses de verano y principio del otoño en que amaina considerablemente.

La base del trabajo tenía previsto comprender la localización y ubicación exacta de los hallazgos, para lo que se realizaron inmersiones sucesivas que pudieran proporcionar, además, toda la información necesaria para la identificación de aquellos, junto a su contexto, naturaleza, estado de conservación, tipología de los objetos, etc.

Sitios localizados.

Durante la intervención se identificaron un total de cuatro sitios, perfectamente individualizados sobre un fondo conformado por la plataforma costera-rocosa, en la que también se alternan los grandes cantos rodados de playa con bancos de arena dispersos.

El primero de ellos se ubicaba en la Playa del Tarajalillo, en las proximidades de la orilla, y frente al aeródromo de Gran Canaria (foto 2).

En este lugar se descubrió un cañón de grandes dimensiones que se encontraba muy concrecionado, quedando su fisonomía desdibujada en parte (foto 3). No obstante, y a pesar de su mal estado de conservación, podían apreciarse claramente algunos elementos del mismo, tales como la boca, el alma,5 los muñones6 y el cascabel.7 Su longitud aproximada alcanza los 240 cm y su anchura máxima unos 48 cm en la zona de los muñones, donde cada uno de ellos tiene casi 10 cm. El diámetro oscila entre los 20 cm de la boca y los 40 cm de la base; y el remate del cascabel es de 15 cm de alto y 30 cm de largo (lámina 1).

Esta pieza de artillería quedó bien documentada gracias a las fotografías que se obtuvieron, así como por el dibujo a escala que se realizó in situ sobre papel poliéster.

Desgraciadamente, al estar en la misma zona del rompiente y quedar saturada permanentemente de partículas de arena, se hace inviable la obtención de imágenes fotográficas de alta resolución.

En las inmediaciones se detectó la presencia de numerosos restos cerámicos, igualmente cubiertos por concreciones. Teniendo en cuenta que con antelación ya se habían recogido del sitio una gran cantidad de fragmentos por encontrarse en las proximidades de la costa y ser de fácil acceso, se decidió exhumar los restantes, ante el grave riesgo de deterioro y expolio que los mismos pudieran sufrir.8

La siguiente localización se realizó en la Playa de la Tabaibita, junto a la desembocadura de un barranquillo, a una distancia aproximada de la costa de unos 125 metros (foto 4).

Aquí se descubrió una pieza metálica de difícil adscripción tipológica, debido a su elevado grado de deterioro y a la acumulación de organismos marinos, pero semejante a una culebrina (foto 5). Presenta una longitud de unos 130 cm y una sección circular cuyo diámetro sobrepasa ligeramente los 10 cm. En la cercanía de uno de sus extremos cuenta con un pequeño apéndice desgastado, lo que nos impide conocer de manera certera su funcionalidad, aunque no habría que descartar la posibilidad que se tratase de uno de sus muñones.


Este elemento, que fue documentado fotográficamente, se vio complementado con la elaboración de un dibujo a escala en el que se puede apreciar claramente su diseño tipológico (lámina 2).

El tercero de los sitios, también estaba en la Playa de la Tabaibita, a una distancia aproximada de la costa de unos 250 metros (foto 4).

En este área se localizó un ancla metálica de grandes proporciones, que como en el resto de las piezas mencionadas, se hallaba recubierta por abundantes concreciones. De aspecto bastante antiguo, como luego veremos, presenta un relativo buen estado de conservación. Se encuentra conformado por una caña9 de casi 11 cm de grosor, que alcanza una longitud máxima de 200 cm desde la cruz10 hasta la cabeza, donde queda
rematado por un arganeo11 lateral de 30 cm de ancho. La base, que posee una anchura total de 105 cm, está forjada con dos brazos simétricos a la cruz dispuestos perpendicularmente al asta y rematados ambos por sendas uñas12 en forma de pico de loro, cuyos bordes tienen 25 cm y 30 cm, respectivamente. Por debajo de la cruz, el ancla resulta rematada por un apéndice macizo de unos 10 cm de alto (foto 6).

Obviamente, y al igual que en los casos anteriores, se procedió a la documentación gráfica y fotográfica de la pieza (lámina 3).

De las inmediaciones fueron exhumadas un par de pequeñas piezas de tipología indeterminada, acaso de metal, fosilizadas y recubiertas por una gran cantidad de restos marinos petrificados.

El último de los lugares se situaba frente a las piscinas artificiales del núcleo poblacional del Castillo del Romeral, a una distancia aproximada de la costa de unos 200 metros (foto 7).

Este sitio fue inspeccionado debido a que de la zona se habían recuperado numerosos fragmentos cerámicos, algunos de gran tamaño, que también fueron puestos en conocimiento y entregados al Servicio Insular de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria y más tarde depositados en las dependencias del Museo Canario en Las Palmas.

REPERTORIOS MATERIALES.

Piezas metálicas.

Tanto la descomposición, como los depósitos orgánicos que se forman sobre aquellos objetos de metal que están sumergidos durante un largo período de tiempo deterioran progresivamente las piezas, dotándolas de una pátina que impide apreciar cualquier tipo de marca que hubiera sido grabada en sus superficies. Lógicamente, este hecho es el que ha impedido la pervivencia de algún sello o cuña que, indudablemente, hubiera servido para localizar el lugar de origen de su fundición, u orientarnos sobre la época exacta a la que podrían pertenecer.

Tres son los elementos que se han identificado durante los trabajos de la intervención subacuática. En primer lugar, en el denominado como Sitio 1 se identificó un cañón, casi con toda seguridad de hierro fundido. Si bien es evidente que la gran cantidad de adherencias marinas de sus paredes impiden con exactitud la adscripción cronológica del mismo, no es menos cierto que por su tipología podemos relacionarlo con algunas baterías similares a las existentes durante los siglos XVI al XVIII.

Con respecto al segundo de los objetos localizados, parece tratarse de una pequeña pieza de artillería de corte defensivo fundida en hierro, a tenor del tamaño que la misma presenta. En este sentido, y aún siendo muy cautos en lo que a su identificación se refiere, no sería descabellado pensar en un artillado similar al de una culebrina13 o falconete.14 De cualquier forma, su mal estado de conservación impide fehacientemente su correcta adscripción, tanto tipológica como cronológica, pero teniendo en cuenta lo visto hasta ahora podríamos ubicarlo en el mismo arco temporal que el cañón.

El hallazgo de un ancla de gran tamaño se mostró, sin lugar a dudas, como un resto arqueológico muy interesante. Tal y como ya señalamos, a primera vista daba la sensación de tener un aspecto bastante antiguo, y gracias a su buena preservación pudimos efectuar un estudio comparativo con otras piezas semejantes. Efectivamente, parece tratarse de un ancla de cepo de tipo antigua, similar al ancla de Almirantazgo, donde el cepo de madera habría desaparecido debido al paso del tiempo y a la acción del
medio marino. Este elemento estaría conformado por dos lienzos fuertemente enzunchados y perpendiculares al plano de los brazos, con objeto de que no arrastrase y se agarrara mejor en el fondo. Aunque las anclas de esta clase observan poca variedad morfológica desde finales del siglo XIV hasta bien entrado el XVIII, lo cierto es que hemos podido documentar instrumentos de tipología muy parecida en navíos españoles del siglo XVI (E. Manera Regueyra et al., 1981), por lo que nos inclinamos hacia esta cronología para el objeto en cuestión.

Cerámicas.

El conjunto cerámico está compuesto por un total de 66 fragmentos, todos ellos exhumados del fondo del mar en los denominados Sitios 1 y 4. Como ya se ha comentado, la mayor parte de ellos fueron sacados del agua por aficionados, en un momento anterior a la ejecución de la prospección arqueológica; por lo que desgraciadamente no se aplicó ningún tipo de metodología científica ni, por supuesto, un ulterior tratamiento de las piezas. Ello incidiría en el estado de conservación de los mismos, pues además de las fosilizaciones marinas que presentaban y la saturación de sales solubles debido al largo periodo de inmersión, podrían haber recristalizado durante su secado brusco e incontrolado y, en definitiva, haber ocasionado diferentes daños como microfisuras internas o la pérdida de la capa superficial del vedrío.

Bien distinto es el panorama de los escasos restos recuperados durante la intervención; ya que aunque también estaban saturados de sales solubles e igualmente habían sufrido la acción marina y portaban incrustaciones de organismos que cubrían parcialmente las piezas, sí fueron sometidos a un proceso exhaustivo de primeros auxilios y posterior mantenimiento (R. Amitrano Bruno, 1992). Así, una vez extraídos se mantuvieron con su nivel de humedad hasta que se lavaron con agua dulce y cepillos suaves, eliminándose la máxima cantidad posible de concreciones adheridas en sus paredes. A continuación se mantuvieron durante dos semanas en un recipiente relleno por una disolución de agua de mar y agua dulce, donde el porcentaje de la salada fue reduciéndose paulatinamente, hasta quedar reemplazada por la dulce en su totalidad.

Tras su catalogación e inventariado puede afirmarse que las cerámicas están constituidas por dos repertorios, de una parte el integrado por las pastas bizcochadas, y de otra el de las lozas vidriadas. Por lo que respecta al primero, el más abundante, puede indicarse que son una serie de fragmentos, preferentemente atípicos de diversos tamaños, entre los cuales es posible que alguno pudiera haber estado vidriado, aunque razonablemente no se ha conservado.

Dominan los restos con el interior acanalado, y también destacan unas cuantas formas donde se identifican claramente algunos elementos como la boca, gollete, o el fondo de vasijas globulares (foto 8).

En cuanto a los ejemplares decorados, éstos se componen exclusivamente de barnices plumbíferos, siendo varios los restos de cerámica que presentan el interior cubierto por un fino vedrío melado o verde, que en ocasiones ha llegado a perderse casi en su totalidad (foto 9). De la misma forma que el lote anterior, mayoritariamente son fragmentos atípicos acanalados de variados tamaños.

Debido a la elevada fragmentación del material arqueológico es muy complicado conocer con exactitud cual era la composición de este conjunto, aunque puede señalarse la presencia de algunas producciones como cacerolas, y quizás orzas o cántaros. No obstante, parece ser que los mejor representados serían los recipientes del tipo de las botijas peruleras, cuyo tamaño, engrosamiento de las paredes y morfología “ovoide” las hacía ideales para el almacenamiento y transporte de líquidos en las travesías atlánticas desarrolladas entre los siglos XVI y XVIII15 (cf. J. M. Goggin, 1960; K. Deagan, 1987; F. Amores Carredano y N. Chisvert Jiménez, 1993; G. Escribano Cobo y A. Mederos
Martín, 1998; etc.).

La localización de cerámicas a torno y vidriadas en este área marítima no es un hecho aislado, dado que es de sobra conocido la presencia de piezas similares recuperadas de los alrededores, siendo buena prueba de ello algunos de los depósitos que integran los fondos arqueológicos del Museo Canario de Las Palmas.

VALORACIÓN.

Hasta aquí, lo que se puede reseñar de forma evidente sobre los hallazgos efectuados en las inmediaciones costeras del Castillo del Romeral. Como ya sabemos, el hecho de que estas costas sudorientales sean las menos abruptas de la isla, no es óbice para que se encuentren mal defendidas contra los embates del levante y del “tiempo de sur”. Estas condiciones impiden que los pecios u otros restos sumergidos se encuentren bien conservados, ya que las mareas y fuertes corrientes desmantelan estos elementos destruyendo su estructura; y cuando se encuentran en los fondos próximos a la orilla la dificultad de la prospección es extrema pues los restos están dispersos por un amplio sector, como ha ocurrido en éste caso (S. Olmo Canales, e. p.).

Por ello, aun cuando todos los vestigios podrían ubicarse en el mismo arco temporal, no puede afirmarse que estemos ante los restos procedentes de un único navío; pues hasta la fecha carecemos de datos contrastados sobre el naufragio de algún buque en estas aguas. Más al contrario, y sin descartar esa conjetura, también se podría pensar en acontecimientos bien diferenciados para articular una explicación sobre cada uno de los
objetos descubiertos, aunque nos inclinamos por la mayor verosimilitud de la primera hipótesis. De cualquier forma, la opinión más plausible acerca de este desastre naval no debe ser la del hundimiento de una embarcación, sino la que apunta a la pérdida parcial de la carga, ya sea de manera intencional o fortuita.

Desde este punto de vista, lo más probable es que la nave se escorase en exceso hacia la orilla, bien como consecuencia de una maniobra evasiva, bien por las malas condiciones meteorológicas reinantes, y entonces tuviera que deshacerse de elementos muy pesados para no quedar encallada en estos fondos tan poco profundos.

Es de suponer que este escenario se hubiera repetido en otras tantas ocasiones como resultado de la cercanía del complejo salinero y, posteriormente, de la fortificación de Santa Cruz del Romeral, lo que originaba una densa navegación de embarcaciones hacia los fondeaderos limítrofes.

Asimismo, mientras que la situación del ancla y la culebrina no ofrece dificultades para apoyar esta tesis, no puede decirse lo mismo del cañón, donde su exigua distancia a la playa sí genera alguna duda. En este sentido, sería bastante aceptable pensar que una pieza de artillería de semejante calibre no fuera abandonada a su suerte en el fondo y que, consecuentemente, se intentara su rescate por todos los medios posibles, de ahí su cercanía; aunque, obviamente, al final se fracasara en dicha empresa. Actuaciones como ésta no serían del todo extrañas, pues en numerosos documentos ha quedado ampliamente registrado la recuperación y reutilización de piezas navales durante época moderna.

La posibilidad, por otra parte perfectamente contrastada, de que existan más yacimientos subacuáticos localizados a lo largo de esta costa tan azarosa, pone de manifiesto la gran relevancia arqueológica del litoral grancanario en general (S. Olmo Canales y J. I. Sáenz Sagasti, 1998; G. Escribano Cobo, A. Mederos Martín y D. Chinea García, 1999).

Sin embargo, tradicionalmente en el archipiélago canario no ha habido un desarrollo continuo en lo que a trabajos subacuáticos se refiere, más aún si los comparamos con los efectuados en otros campos de la arqueología, tanto de investigación como de gestión.

Así, no deja de resultar sorprendente que en un territorio insular como es el nuestro, este tipo de intervenciones carezcan de una frecuencia sistemática, que no se circunscriba exclusivamente al descubrimiento casual. Esto ha limitado la investigación arqueológica submarina, que en ocasiones se ha visto muy condicionada, como en el caso de aquellos yacimientos que ofrecen escasos materiales al estar compuestos por piezas aisladas, prácticamente carentes de contexto arqueológico.

Finalmente, no puede dejar de señalarse que la ausencia de un control riguroso sobre esta clase de yacimientos ha conducido a algunas personas y grupos a perpetrar un daño irreparable en el patrimonio submarino de la comunidad autónoma canaria. De hecho, sólo una mínima parte del expolio cometido sobre este tipo de restos es susceptible de ser detectado, salvo cuando ya se ha producido. Por tanto, hay que tener presente que si bien esta actividad expoliadora es suficientemente conocida desde hace varias décadas, no es menos cierto que en los últimos años se ha visto especialmente afectada como consecuencia de la utilización de nuevos métodos y técnicas más exhaustivas en la detección de aquellos objetos que reposan en el fondo marino (S. Olmo Canales, 2002a).

En suma, el patrimonio arqueológico que se encuentra sumergido no está libre de una amenaza de destrucción, como así ha podido constatarse, pues, al contrario, su supervivencia cada vez se hace más difícil, debido a la presión a la que se halla sometido.

AGRADECIMIENTOS.

A D. Francisco M. Mireles Betancor, licenciado en Geografía e Historia, por su inestimable ayuda en el apartado documental del presente trabajo.

A D. Ofelio Ranz López, submarinista, por su colaboración durante las inmersiones submarinas, y en especial por la documentación fotográfica realizada.

A los Sres. D. Pablo Trujillo Guedes y D. Abián Santana Trujillo, vecinos del Castillo del Romeral,
por los servicios prestados, sin cuya ayuda no hubiera sido posible la localización exacta de los restos sumergidos.

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NOTAS.

1 En la ficha E35 del inventario realizado durante mayo de 2001 por Arqueocanaria S. L. se recoge la siguiente descripción entre la Punta de Gando y la Punta de La Aldea: “Construcción de piedra y cal, con cubierta a dos aguas, con numerosas modificaciones modernas, totalmente rodeada de nuevas construcciones. Por su tipología constructiva y su emplazamiento puede corresponderse con una de las dependencias del desaparecido Castillo de Santa Cruz del Romeral que fueron destinadas por último a dependencias de las igualmente desaparecidas salinas de Las Casillas y La Caleta. Éstas últimas estaban ubicadas en lo que hoy son las piscinas naturales y el muelle pesquero respectivamente” (V. Barroso y C. Marrero, dir., 2001).


2 En una relación detalla que “(...) En la costa de Maspaloma situada á la banda del Sur de la isla a 7 legs. de la ciudad, ay una casa Fuerte llamada Sta. Cruz del Romeral, propia de D. Antonio de la Rocha Coron(l) del Rexim(to) de Milicias de Telde esta casa Fuerte está situada á 210 var(s) de la mar y domina sus orillas su figura es casi un cuadrado tiene una Batería rectángula que se eleva mas que el resto de la casa capaz de 6 cañones acia el mar, 2 a un costado y uno al otro, y por el lado que sigue la casa tiene dos troneras para otros tantos cañones en los dos ángulos del Frente el mar tiene dos garitas circulares, todas sobre dhas fortific(s) las contemplo inutiles para defender las Plaias en que estas situadas pero todas ellas necesitan de una composición grande” (Archivo de Acialcázar- AA: “Relación de las Fortca(s) de las siete Yslas Canarias en que se manifiestan su situación y figura en 1775”, firmado en Sta. Cruz de Tenerife a 11 de agosto de 1775 por D. Joseph de Arana”).


3 En sus documentos queda recogido que “(...) en Juan Grande, hay una ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, que se hizo en 1747 y de la que es Patrono el Conde Vega Grande. De esta ermita al mar, hay un cuarto de legua, y en su ribera hay un castillo propio de la Casa Rocha, y entre él y la mar, unas Salinas: su construcción es antigua, cuadrilonga y da su frente más ancho al mar, con 7 cañones, 2 garitas, dos resguardos para utensilios del uso de artillería y para abrigo también del centinela. Debajo de su explanada corre dos órdenes de Salas, y debajo de ellas, otros tantos almacenes para pertrechos y para la sal, y en las primeras están comprendidas la Sala de Armas, Oratorio y otras piezas muy cómodas para vivir en él, á un lado está la cocina. Un muro y varias
Salas terreras sueltas viene á formar un gran patio cuadrado e medio del cual se estaba haciendo un algibe: la puerta principal está en este patio y tiene una estacada en medio círculo con dos puertas” (Archivo de Acialcázar-AA: Diario y Relación de los Viajes dados por el Bachiller Don Isidoro Romero Ceballos).

4 En ellas se señala que: “... En la costa de Tirajana ó de las Salinas, al medio de una gran Playa de Mar limpia, apta para desembarco y con una gran llanura á la espalda para acampar, está construida la Fortaleza expresada, que consiste en un quadrado de 41 varas de lado y 8 de altura, y en la porción que mira al Mar y está la Batería se halla dividida en dos pisos, siendo el Techo del último una Batería de 10 Cañones, y en los inferiores donde están los Alojamientos, Almazenes y demás Oficinas necesarias, con una muy buena Plaza interior y Cisterna para uso del Fuerte, cuya Puerta está también fortificada con un Tambor y Estacada, y todo reparado de nuevo. De suerte que se pueden alojar con comodidad en ella 200 hombres, con todo lo correspondiente á executar una
honrrosa defensa...”.


5 En las piezas de artillería y en toda arma de fuego, en general, el hueco del cañón.


6 Soportes laterales que sustentan la batería a la cureña (armazón colocado sobre ruedas o correderas en la cual se monta el cañón).

7 En terminología naval, remate macizo situado en la parte posterior del cañón.

8 Estos restos fueron dados a conocer al Servicio Insular de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria y, posteriormente, depositados en las dependencias del Museo Canario, en Las Palmas de Gran Canaria.

9 Denominada también asta, es la parte longitudinal que se extiende desde la cabeza o extremo proximal hasta la cruz.

10 Zona de intersección entre la caña o asta y las extremidades o brazos laterales del ancla.


11 Argolla o grillete situado en el extremo de la cabeza, por donde se pasaba la cuerda o cadena que unía el ancla a la cubierta o la borda del castillo.

12 Cada una de las extremidades de los brazos del ancla, que forman un ángulo agudo denominado pico de loro o de papagayo; cuya parte plana se llama mapa y los bordes pestaña y orejeta.


13 Pieza antigua de artillería, larga y de poco calibre.

14 Especie de culebrina que arrojaba balas de hasta kilo y medio de peso.

15 La gran variabilidad de tipos que presentan estas cerámicas, en lo que a su clasificación se refiere, no siempre parece responder a factores cronológicos, sino más bien a la especialización y consiguiente diferencia que existía entre los distintos talleres que las fabricaban, por lo que su correcta vinculación a un espacio de tiempo preciso nunca es fácil.